Descubre Cómo la Política Fiscal y Monetaria Transforman la Economía y Garantizan la Estabilidadpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Las políticas fiscal y monetaria están intrínsecamente relacionadas entre sí a través de varios canales, y la intensidad de dicha relación cambia bajo diferentes condiciones y/o contingencias macroeconómicas.

Es esencial tener preparadas ambas políticas dentro de la caja de herramientas de los hacedores de política económica, aunque, como es bien sabido, la línea que separa las políticas monetaria y fiscal se ha vuelto cada vez más tenue.

Interacción y Objetivos de las Políticas Fiscal y Monetaria

Cuando una economía enfrenta un choque, es necesario evaluar la naturaleza del mismo.

Asimismo, se necesita considerar que, al responder a un choque usando la política monetaria, existe un sesgo a que las tasas de interés absorban una mayor porción de dicho choque.

Mientras que, al responder usando la política fiscal, existe un sesgo a que sea el tipo de cambio real el que absorba dicho choque en mayor proporción.

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Un enfoque general considera las restricciones presupuestales del gobierno y del banco central como una misma. Así, por ejemplo, cuando un gobierno tiene problemas fiscales, es posible que se vea forzado a obtener recursos del banco central.

Adicionalmente, la relación entre las políticas fiscal y monetaria puede estar sujeta a cambios estructurales.

Política Monetaria y Fiscal en el Tiempo

La política económica ha tenido tres etapas en el periodo capitalista moderno.

  • La primera tuvo lugar antes de la década de 1930, dominada por la política monetaria, cuyo objetivo fue controlar los precios, a través de variaciones de la tasa de interés por parte del banco central, limitadas por una tasa de interés natural.
  • La segunda etapa, inicia con la Crisis Financiera de 1929, y se instaura después de la Segunda Guerra Mundial. Domina la política fiscal, con una política de dinero barato, con el objetivo de lograr el pleno empleo de los factores productivos, donde el gasto de la inversión tiene un papel central.
  • La tercera etapa, inicia en la década de 1970, con la llamada “revancha de los rentistas” (Smithin, 1996), los cuales se imponen en la década de 1980, a través del control de los rentistas sobre los bancos centrales. La política monetaria domina a la política económica y recupera su objetivo de controlar los precios, para restaurar el poder adquisitivo de los rentistas, afectados por los procesos inflacionarios de las décadas de 1960 y 1970.

La reorganización del modelo de producción capitalista a raíz de la globalización, a fines del siglo XX, profundiza las relaciones financieras complejas del modo de producción capitalista.

Desafíos Fiscales y Monetarios

La historia económica de Latinoamérica y el Caribe en las últimas décadas del siglo XX y, en algunos casos, en los años recientes, se caracterizó por periodos de inestabilidad y contrastes en la implementación de políticas económicas.

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Si bien se podría pensar que las causas por las que las crisis se gestaron en cada caso son diferentes, la evolución subsecuente de los principales indicadores macroeconómicos presentó patrones similares.

Es importante enfatizar que los problemas fiscales no surgen únicamente por el tamaño del gasto, sino por la capacidad de recaudación en función del gasto gubernamental (Esquivel, C. et al., 2019). Esta capacidad se determina por la recaudación presente y la capacidad de emisión de deuda (es decir, la recaudación futura).

La acumulación de déficits fiscales puede generar presiones inflacionarias, dada la posible necesidad de financiar parte de dichos déficits con emisión de dinero (inflación).

El Impuesto Inflacionario

Parte de dichos ingresos podrían provenir del impuesto inflacionario. Así, si el gobierno no pudiese acceder a los mercados financieros para emitir más deuda, un aumento en el impuesto inflacionario disminuiría el valor real de la deuda nominal (denominada en la moneda local), con lo que se lograría satisfacer la restricción presupuestal.

En este caso, el impuesto inflacionario estaría operando sobre los tenedores de deuda denominada en moneda local, y los recursos recaudados se estarían dirigiendo para servir la deuda en moneda extranjera.

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Por supuesto, lo anterior trae consigo una redistribución de recursos, de los tenedores de deuda doméstica a los tenedores de deuda externa.

En general, para dar servicio a dicha deuda, es necesario que se generen superávits en las cuentas externas. Para ello, el tipo de cambio real tiende a depreciarse lo que, a su vez, tiende a aumentar las exportaciones y reducir las importaciones.

Sin embargo, si la política monetaria se utiliza para tratar de generar una depreciación continua del tipo de cambio nominal (y, por ende, del tipo de cambio real), esto traería como consecuencia un incremento sostenido en la inflación.

Ciertamente, existe el riesgo de que esto detone una espiral inflacionaria de tipo de cambio a precios y de precios a tipo de cambio.

Expectativas de Inflación

Por su lado, las expectativas de inflación de los agentes dependen, entre otros factores, de que las restricciones presupuestales se satisfagan, y de que las sendas de la deuda y los déficits fiscales sean sostenibles.

Cabe señalar que estas expectativas son formuladas dada la información que tienen los agentes. Por ejemplo, los agentes podrían estimar sus expectativas dependiendo de su error de estimación en el periodo anterior.

Además, si creen que la discrepancia entre su expectativa y la inflación realizada se debe a un evento que es difícil que se repita, posiblemente no considerarán relevante hacer una corrección.

Modelo de Sargent y Wallace (1981)

Un artículo seminal en esta literatura es Sargent y Wallace (1981). Bajo su modelo, la deuda nominal del gobierno se expresa en términos reales como función de los flujos fiscales y el señoreaje esperados.

Bajo el supuesto de que al final de los tiempos sí se repaga la deuda pública, los autores agregan las restricciones presupuestales del gobierno y el banco central.

Una condición necesaria para que esto suceda es la ausencia de dominancia fiscal (Sargent y Wallace, 1981).

Modelo de Bruno y Fischer (1990)

Por su parte, Bruno y Fischer (1990) estudian la estabilidad de equilibrios de inflación duales bajo déficits fiscales financiados por el impuesto inflacionario.

Intuitivamente, la capacidad que tiene la autoridad de obtener recursos a través del impuesto inflacionario depende de la rapidez con la que los agentes en la economía ajustan su demanda y sus expectativas de inflación.

En su modelo, en el equilibrio de inflación alta, si la demanda por dinero responde lentamente a la inflación esperada y las expectativas de inflación se adaptan lentamente a cambios en la inflación, el agente no se logra adaptar cuando los cambios en dicho nivel de inflación son importantes, por lo que el referido equilibrio es inestable.

En el equilibrio de inflación baja, la lentitud de sus respuestas corresponde a pequeños cambios en niveles bajos de inflación, por lo que el equilibrio bajo es estable.

Modelo de Sargent et al. (2009)

En este apartado se explica intuitivamente el modelo propuesto por Sargent et al. (2009, SWZ). Este es el modelo que se estima y utiliza para explorar la relación entre tres variables fundamentales en la interacción entre las políticas fiscal y monetaria: la inflación, sus expectativas y los déficits fiscales financiados con el impuesto inflacionario.

En particular, se estima este modelo para algunas economías latinoamericanas.

SWZ proponen un modelo que trata de capturar el financiamiento de los déficits fiscales a través del señoreaje usando las series de tiempo de la inflación como único insumo. Lo anterior se considera una cualidad del modelo dado que usualmente existe un menor acceso a los datos fiscales.

El modelo de SWZ consta de cuatro componentes principales: una demanda por dinero en función de la inflación esperada, una restricción presupuestal del gobierno, un proceso de formación de las expectativas de inflación de los agentes y déficits fiscales que siguen una distribución de probabilidades.

Reglas para "Estacionar" la Tasa de Interés

Se plantean tres propuestas para “estacionar” la tasa de interés y lograr una tasa “justa” de distribución del ingreso, sin alcanzar consenso en torno al valor de la tasa de interés.

  • La Regla de Pasinetti: está basada en una tasa de interés que debe ser igual a las variaciones de la productividad media del trabajo, construyendo un índice entre el ingreso de los rentistas y no rentistas.
  • La regla de Smithin: postula que la tasa de interés justa se garantiza a través una de tasa de interés positiva, aunque cercana a cero, en términos reales.
  • La política de tasa de interés cero (ZIRP): postula una política de tasas de interés nominal igual a cero, lo cual puede generar tasa de interés, en términos reales, negativas.

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