A lo largo de los siglos, la relación entre el Imperio Británico y sus colonias ha estado marcada por tensiones profundas, abusos sistemáticos y un sentimiento de injusticia que persiste hasta nuestros días. El colonialismo británico en Asia, África y América repudió las ideas de igualdad de las personas y la administración aún está en manos de élites racistas. Las colonias británicas, ubicadas en todo el planeta, fueron escenario de constantes abusos, fruto de un sistema que benefició a la realeza, los banqueros, esclavistas, mercaderes, capitanes de barcos y agentes de las tenebrosas empresas expoliadoras.
La opulencia de Londres, Liverpool, Bristol y Glasgow provenía de la explotación de personas, plantaciones, minas y aguas en sus colonias. Entre 1662 y 1833, 3.4 millones de esclavos fueron transportados de África a Europa y América, un negocio inmoral cuya intensidad se ilustra incluso en fachadas de edificios históricos de todo el Reino Unido. Este sometimiento inhumano e ilegal de pueblos originarios fue la base de la política de saqueo económico aplicada a decenas de países.
Ejemplos históricos de opresión y resistencia
La historia de la Corona está plagada de episodios donde el desprecio por la vida humana fue la norma. Un ejemplo fue La India, la “joya de la Corona”, dominada durante dos siglos, donde se recuerda la masacre por hambruna de Orissa en 1886. En aquel entonces, el gobernador británico Cecil Beadon sopesó que regular los precios “alteraría las leyes naturales de la economía”. Similar fue el caso de Kenia, donde los británicos saqueaban el territorio y desplazaban de sus ricas tierras a los habitantes de Tigoni hacia zonas áridas.
La relación con la monarquía también ha estado marcada por la falta de reconocimiento y disculpas oficiales. En sus 70 años de reinado, Isabel II nunca se disculpó con las mujeres y hombres de sus colonias por la represión, saqueo y expoliación de la avaricia real. Esta actitud ha generado una creciente inconformidad en la Mancomunidad Británica (Commonwealth), donde los pueblos exigen hoy autodeterminación e indemnizaciones por los daños históricos recibidos.
La confrontación histórica con la autoridad real
La desconfianza hacia el monarca inglés no es un fenómeno reciente. Ya en 1215, Juan I de Inglaterra, descrito como un “tirano, mujeriego, calculador e impredecible”, fue obligado a firmar la Carta Magna por los barones ingleses para intentar apaciguar el descontento civil y la rebelión. Aunque el documento se convirtió en un símbolo de libertad y del Estado de Derecho, en su momento fue un fracaso que no trajo la paz, sino la guerra. Los rebeldes no dejaron las armas y trataron de hacer cumplir la Carta con todas sus letras y aún más allá.
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| Contexto | Consecuencia del colonialismo |
|---|---|
| Tráfico de personas | 3.4 millones de esclavos transportados (1662-1833) |
| Saqueo económico | Desplazamiento y hambrunas en India y Kenia |
| Exigencias actuales | Referendos republicanos y solicitudes de indemnización |
Hoy en día, las voces de las excolonias, especialmente en el Caribe y Australia, instan a la Corona a iniciar conversaciones para compensar a las poblaciones indígenas que vieron como los colonos saqueaban sus tesoros y destrozaban su cultura. Este rechazo al imperialismo y la búsqueda de soberanía marcan una nueva era geopolítica donde la figura del monarca es cuestionada no solo por su pasado, sino por su falta de reparación ante las víctimas del atroz colonialismo.
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