El plástico es un material que se empezó a utilizar en los años 50 y que ha tomado una gran presencia en todos los sectores de nuestra sociedad. El uso del material plástico se popularizó en el siglo XX, en la década de los cincuenta, y desde entonces se ha incrementado, entre otras razones por su disponibilidad, versatilidad, durabilidad, resistencia al agua y utilidad en diversos sectores, especialmente en el área de la salud.
A finales de los años 70, las bolsas de plástico salieron al resto del mundo y se introdujeron de forma masiva en los Estados Unidos. Proliferaron rápidamente las empresas que empezaron a producirlas y comercializarlas como producto superior al papel y la tela. Muchos años de publicidad, combinados con la desinformación, contribuyeron a arraigar en México (y en el mundo) el consumo de refrescos y bebidas en envases desechables como parte de nuestros hábitos de consumo. Hoy estamos en la era de lo desechable y las bebidas embotelladas son el mejor ejemplo. Vamos a la tienda, compramos agua o un refresco, cuando se acaba tiramos la botella ¡y listo! Un envase desechable no es gran problema… ¿pero que tal cien millones?
El principal uso del PET en nuestro país es en botellas de refresco (más del 50 por ciento del que se produce), seguido del agua embotellada (17 por ciento). Tal vez suene descabellado, pero además de los efectos contaminantes que tienen los plásticos en el medio ambiente, también debe preocuparnos saber que los plásticos mal desechados pueden terminar en nuestro propio cuerpo. La nefasta gestión de los residuos plásticos durante las últimas décadas se ha convertido en un grave problema mundial, causando un impacto agresivo, peligroso y desmesurado sobre nuestro planeta y, en consecuencia, en la vida de todos los seres vivos que lo habitamos. Los residuos plásticos se han vuelto en los últimos años los más abundantes en todo el mundo y… ¡los más peligrosos!
La Amenaza Invisible: Microplásticos y Nanoplásticos
Para comprender mejor el alcance de este problema, es fundamental entender qué son los microplásticos y cómo se infiltran en nuestro entorno y en nosotros mismos. Existen plásticos de tamaño menor a 5 milímetros a los que se les denominan microplásticos; algunos se fabrican intencionalmente de estas dimensiones para usarse en la fabricación de artículos de consumo como ropa sintética, pasta dental, detergentes y productos para el cuidado de la piel. Durante los procesos químicos o biológicos de degradación de los residuos plásticos, se generan partículas micro o nano que se definen como microplásticos (MP), con un diámetro inferior a 5 mm, o nanoplásticos (NP), que varían en diámetro de 1 a 1000 nm. Es más, pequeños trozos de plástico, conocidos como microplásticos, se desprenden de este material todo el tiempo y ahora se encuentran en los alimentos, el agua y el aire. Además de la liberación de sustancias químicas, el desgaste hace que pequeños micro y nanoplásticos se desprendan, contaminando los alimentos y acumulándose en el polvo doméstico que luego se respira.
Cómo los Microplásticos Llegan a Nuestro Organismo
¿Cómo es que llegan a nuestro organismo? Al encontrarse microplásticos en la naturaleza pueden ser consumidos o absorbidos por animales y plantas de los que nos alimentamos, es así como se han incorporado a la cadena alimenticia de muchos seres vivos, incluyéndonos. Los millones de toneladas de plástico lanzadas a nuestros océanos cada año, destruyen la fauna marina y se introducen en la cadena alimentaria llegando a causar incalculables daños a nuestra propia salud. Según estudios recientes, más de 100.000 mamíferos marinos mueren cada año por ingerir plástico, llegando a encontrarse en sus intestinos restos de estas diminutas partículas (microplásticos). Hoy se sabe que existen más de 100 especies que contienen plásticos en sus estómagos y más de la mitad de ellas están destinadas a la alimentación.
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Investigadores del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia han realizado recientemente un estudio del tracto digestivo de gambas compradas en el mercado para el consumo humano. Los resultados fueron alarmantes: se encontraron 7 pedazos de plástico en el estómago de una gamba. Pero este hecho no es aislado o infrecuente. Así, un informe de las Naciones Unidas sobre el efecto del plástico en las personas concluye que éstas tienden a consumir pequeños volúmenes de plástico. Otra de las razones para reciclar plástico es que los humanos, debido a la bioacumulación en la cadena alimenticia, también ingerimos plástico.
Ingesta de Microplásticos en Alimentos y Agua
Los microplásticos en el cuerpo humano generan una seria preocupación entre la comunidad científica y organizaciones de salud a nivel global. Los plásticos ya están en nuestra sangre, pulmones y alimentos. En abril del 2022, un grupo de científicos holandeses hallaron microplásticos en el torrente sanguíneo de un pequeño grupo de personas sanas. Estudios recientes han detectado MP y NP en heces humanas, lo que confirma la exposición a través de los alimentos o el agua. La presencia de los microplásticos no solo es visible en el cuerpo, sino también en especies de alto consumo humano.
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los microplásticos ya se encuentran en todos los niveles de la cadena alimentaria y en el agua potable. Se estima que los humanos consumen de 39.000 a 52.000 partículas de microplásticos por año en los alimentos. Algunos estudios han encontrado MP presentes en los tejidos blandos de dos clases de bivalvos (Mytilus edulis y Crassostrea gigas) de consumo común por los humanos; de acuerdo a dichos hallazgos, se estima que los consumidores europeos de mariscos pueden ingerir 11.000 tipos de MP en su dieta cada año. Se ha detectado la presencia de MP y NP de hasta 193 partículas/L en muestras de agua potable, concentración mucho menor que las utilizadas en modelos de estudios en animales mamíferos, por lo que se considera razonable suponer que las partículas plásticas pueden acumularse y afectar la salud. Basado en el hecho de que la gente consume entre 1200 y 1600 ml de agua por día, se puede considerar de importancia a mediano y largo plazo la exposición a MP y NP. Estas sustancias también se han detectado en la sal de mesa, la miel y el azúcar, lo que implica otras fuentes de exposición de los seres humanos. La suma de todos los plásticos presentes en nuestros alimentos es equivalente a comer ¡una tarjeta de crédito a la semana!
A continuación, se presenta una tabla con algunas estimaciones de la exposición humana a microplásticos:
| Vía de Exposición | Cantidad Anual Estimada / Concentración | Fuente de Consumo |
|---|---|---|
| Ingesta de microplásticos | 39.000 a 52.000 partículas | Alimentos en general |
| Ingesta de microplásticos | Hasta 11.000 tipos de MP | Mariscos (consumidores europeos) |
| Presencia de MP y NP | Hasta 193 partículas/L | Agua potable |
| Plásticos consumidos (equivalente) | Una tarjeta de crédito/semana | Alimentos en general |
Sustancias Químicas del Plástico y sus Efectos Nocivos
Hay al menos dos mecanismos a través de los cuales, según los investigadores, la exposición al plástico puede afectar la salud humana: la exposición a las sustancias químicas del plástico y la ingestión o absorción de micro y nanoplásticos. El plástico se deriva en gran medida del carbón, el petróleo y el gas, y las personas que viven cerca de donde se extraen o procesan estos materiales están expuestas a altas tasas de sustancias químicas peligrosas y contaminación del aire. Se añaden miles de productos químicos a los plásticos por diversas razones, como por ejemplo hacerlos más flexibles, más estables o resistentes al fuego. “En su mayor parte, esos químicos no están estrechamente unidos al plástico, sino que están pegados a la estructura de plástico”, agrega Landrigan.
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Ciertos factores hacen que los plásticos sean más propensos a liberar sustancias químicas: el calor puede liberarlos de la estructura plástica y las grasas y aceites pueden extraer compuestos como los ftalatos. Debido a estos motivos, las personas pueden quedar expuestas cuando lavan un plato de plástico en el lavavajillas o almacenan alimentos grasos en recipientes de plástico. Muchos de los plásticos que consumimos actualmente contienen Bisfenol A, material que provoca trastornos hormonales relacionados con el autismo, las anomalías congénitas y los problemas reproductivos.
Aunque el PET no es considerado un material peligroso, el consumo excesivo de productos envasados en recipientes de este material puede ocasionar a largo plazo problemas en el sistema respiratorio y problemas en la piel por acción de los «ftalatos», compuestos químicos que se agregan para hacer el plástico más flexible y duradero, éstos pueden desprenderse con facilidad, por ejemplo, con altas temperaturas. Estudios científicos de la Food and Drug Administration, en Estados Unidos, apuntan a que, silenciosamente, éstos compuestos afectan la fertilidad de hombres y mujeres, además de presentar riesgos para el desarrollo fetal.
Los datos recopilados por CR son particularmente preocupantes porque los problemas con los químicos en el plástico no se limitan a los ftalatos y el bisfenol-A (BPA por sus siglas en inglés). Los investigadores han catalogado miles de sustancias químicas que se encuentran en el plástico. Muchas se han relacionado con riesgos para la salud, según Tracy Woodruff, PhD, y profesora de ciencias reproductivas de la Facultad de California en San Francisco. Varios de ellos se utilizan ampliamente, no obstante, todavía no se han estudiado ni probado adecuadamente su seguridad, afirma Maffini.
Las sustancias químicas que se encuentran en el plástico “incluyen carcinógenos, sustancias químicas neurotóxicas y sustancias químicas que alteran el sistema endocrino”, expone el doctor Philip Landrigan, pediatra, epidemiólogo y director del Programa de Salud Pública Global y el Bien Común (Global Public Health and the Common Good) del Boston College. Algunas de ellas pueden dañar directamente los órganos y provocar enfermedades con el tiempo. Esto sucede porque varias de las sustancias químicas del plástico pueden afectar los mismos receptores biológicos que las hormonas en nuestro cuerpo. Las sustancias químicas, conocidas como disruptores endocrinos, también han cambiado las viejas ideas sobre cómo la dosis produce el veneno.
Después de décadas de estudio, se comprenden mejor los efectos sobre la salud de la exposición a algunas sustancias químicas del plástico, como los bisfenoles y los ftalatos. Los reguladores estadounidenses han gastado dinero y tiempo estudiando el BPA, pero sin tomar las medidas adecuadas para proteger a las personas de la exposición, dice Woodruff. Los umbrales de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés) para niveles aceptables de BPA en los alimentos no tienen en cuenta las últimas investigaciones sobre los niveles de exposición que pueden causar daño, según Tunde Akinleye, el científico de CR que supervisó nuestras pruebas recientes. En Europa, los funcionarios de seguridad alimentaria están en el proceso de establecer límites nuevos y mucho más estrictos para el BPA en los alimentos, lo que debería brindar una mejor protección a los consumidores, comparte Woodruff.
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Impactos Específicos en la Salud Humana
La ingesta de microplásticos por parte del hombre podría generar múltiples afecciones cardiovasculares debido a que promueven la inflamación, el estrés oxidativo, la necrosis y la apoptosis y, los científicos, creen que puede contribuir a la aparición de problemas neurológicos y reproductivos. Además, también pueden inhalarse o tener contacto con la piel, afectando así al sistema inmune y algunos órganos como riñones, hígado, al sistema renal, gastrointestinal, cardiovascular, neurológico y reproductivo. Woodruff añade que a medida que ha aumentado la producción de plástico, también ha aumentado la incidencia de enfermedades crónicas. Es difícil cuantificar el impacto exacto de cada sustancia química a la que las personas están expuestas en la vida cotidiana. Pero hay una creciente corriente de investigación sobre químicos plásticos que ha seguido a las poblaciones a lo largo del tiempo para observar patrones de enfermedades y examinar cómo estos químicos afectan directamente a los animales y, en algunos casos, a las personas.
Estos hallazgos son preocupantes porque existe una evidencia clara que vincula la exposición a estas sustancias químicas en particular con una serie de efectos nocivos sobre la salud, incluidas alteraciones del sistema endocrino u hormonal. Dicha alteración se ha relacionado con problemas del desarrollo neurológico, trastornos metabólicos y problemas reproductivos. La exposición a disruptores endocrinos puede aumentar el riesgo de obesidad, trastornos metabólicos como diabetes, problemas de desarrollo neurológico y problemas reproductivos. Las mujeres embarazadas y sus hijos son los más susceptibles a estos efectos, afirma Landrigan. El motivo se debe a que los bebés y los niños pequeños son extremadamente vulnerables a cambios en los niveles hormonales a medida que se desarrollan. En las áreas cercanas a las instalaciones de producción de plástico, los investigadores han documentado un mayor riesgo de padecer leucemia y linfoma, cáncer de pulmón, asma, derrames cerebrales, parto prematuro y muerte fetal.
Estos expertos aseguran que todavía no sabemos suficiente sobre los efectos de los microplásticos en la salud, pero hay motivos para preocuparse. Además, según Woodruff, los investigadores han descubierto que la exposición a los microplásticos está relacionada con problemas de fertilidad masculina, biomarcadores de cáncer de colon e intestino y posibles problemas respiratorios. El mecanismo de estos efectos aún no está claro. Los microplásticos pueden generar daño físico en los tejidos, acumularse en los sistemas digestivos, provocando una falsa sensación de saciedad, que genera desnutrición. Uno de los principales efectos de los microplásticos en el sistema digestivo es la alteración del microbioma intestinal, crucial para una buena digestión y el sistema inmune. Respecto a los efectos de los microplásticos en el sistema digestivo, una investigación de la Universidad Autónoma de Barcelona, demostró que incluso al preparar una simple infusión con bolsitas de té hechas de nailon o polipropileno, se liberan millones de partículas plásticas por mililitro de agua. Una de las consecuencias de los microplásticos más preocupantes es su potencial capacidad para atravesar la barrera hematoencefálica, una estructura que protege al cerebro de toxinas. Por si esto fuera poco, se ha comprobado que los microplásticos también afectan al sistema inmunológico. Un estudio publicado en Frontiers in Toxicology en 2022, reveló que los microplásticos al ser ingeridos o inhalados son detectados por los macrófagos, los cuales son células que defienden al cuerpo de agentes extraños y generan reacciones inflamatorias.
Impacto Ambiental como Precursor de Daños a la Salud
El impacto ambiental del plástico es muy agresivo, especialmente por su lenta degradabilidad y por la composición química que presentan. La contaminación del medio ambiente con consecuencias sobre la flora y la fauna causada por estas sustancias ha sido demostrada por múltiples estudios. En muchas fuentes de agua dulce y en todos los mares se han detectado materiales poliméricos, macro y micro plásticos, que llegan a los cuerpos de agua por lixiviación, inundación y por el viento. Todos estos desechos plásticos que llegan al mar, en su forma original o descompuestos, tienen efectos nocivos, no solo por la contaminación causada por sí mismos, sino por el riesgo generado y los daños sobre la fauna marina. Se ha mencionado que por lo menos 690 especies diferentes han sido afectadas por desechos, que en el 92 % de los casos corresponde a plásticos.
Si hablamos sobre cuál es el impacto medioambiental del plástico, o sobre cómo afecta el plástico en el planeta, debemos analizar qué sucede en tierra, mar y aire. Cuando un envase, bolsa o botella de plástico cae al suelo, rápidamente se produce la liberación de sustancias tóxicas que van a dañar sus propiedades. El impacto medioambiental del plástico en el mar es quizá el más visible. Se puede decir que el mar se ha convertido en uno de los grandes vertederos de este material a nivel mundial. Si hablamos sobre el impacto medioambiental del plástico, y en concreto en el aire, tenemos que diferenciar entre su fabricación y su quemado. Son las dos grandes fuentes de contaminación en este medio. Por último, cuando se eliminan los plásticos, existen aún más posibilidades de exposición a estos. En realidad, se recicla poco plástico: menos del 9% de los desechos plásticos en 2018 se reciclaron, según datos de la Environmental Protection Agency (Agencia de Protección Ambiental), y un informe de Greenpeace de 2022 fijó la cantidad de desechos plásticos reciclados en 2021 en alrededor del 5%. Este material que se tira a la basura o se envía a los vertederos puede liberar sustancias químicas y descomponerse en microplásticos, y el plástico que se incinera crea una contaminación atmosférica nociva.
La Pandemia de COVID-19 y el Aumento del Riesgo
Desde antes de la pandemia por COVID-19 se consideraba el manejo inadecuado de los residuos plásticos como una epidemia. A nivel mundial, las políticas gubernamentales tendientes al control de los residuos plásticos han aumentado, pero la capacidad actual de reciclaje y las buenas prácticas no son suficientes, comparadas con la producción y consumo que se han incrementado en esta época. La pandemia por el COVID-19 afectó de manera importante el desarrollo de las políticas de reducción de plástico a nivel mundial, con un impacto negativo en el medio ambiente y en la salud humana.
La pandemia también propició el incremento en el consumo de alimentos para llevar, lo que generó una mayor producción y contaminación por cubiertos plásticos y recipientes para la distribución o entrega de comida y de otros recipientes desechables o de un solo uso; igual ocurrió con el consumo de agua embotellada. Se dio un incremento y generación de nuevos insumos por la pandemia COVID-19, como caretas, plásticos de protección, alcohol y vestidos desechables en unidades de endoscopia, así como desinfectantes, delantales y filtros en unidades quirúrgicas. El aumento en el consumo de tapabocas es tal que, en junio de 2020 se produjeron en China 200 millones de mascarillas faciales por día, cuando a principios del mismo año se fabricaba una cantidad veinte veces menor. Las mascarillas desechables pueden ser hechas en diferentes materiales poliméricos como polipropileno (materia prima en la fabricación de los plásticos), poliuretano, poliacrilonitrilo, poliestireno, policarbonato, polietileno, o poliéster y constan de tres capas, una interna que es un material fibroso, una intermedia o de filtro y una exterior resistente al agua. La capa principal, intermedia o de filtrado, está fabricada con nano o microfibras dependiendo del tamaño de la partícula a filtrar. La pandemia causó un aumento de los residuos domésticos, tanto orgánicos como inorgánicos que se acompaña indirectamente de una amplia gama de problemas ambientales. Los desechos médicos también se han aumentado; por ejemplo, los hospitales de Wuhan produjeron un promedio de 240 toneladas métricas de desechos médicos por día durante el brote inicial, en comparación con su promedio anterior de menos de 50 toneladas.
Infortunadamente algunas instituciones han aprovechado esta pandemia para derogar las prohibiciones en el uso de bolsas desechables. Empresas que alguna vez incentivaron en los consumidores el uso de bolsas reutilizables han cambiado sus políticas por el uso de empaques plásticos.
Hacia la Conciencia y Regulación
Aunque la conciencia sobre estas cuestiones está aumentando, el problema sigue empeorando, en lugar de mejorar. La producción de plástico continúa incrementando, lo que significa que hay cada vez más plástico al que estamos expuestos todo el tiempo. Y se espera que la cantidad de plástico producido casi se triplique para 2060, según la Organisation for Economic Co-operation and Development (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), y una proporción cada vez mayor de esa cantidad estará hecha de productos plásticos de un solo uso y de corta duración. Hoy en día, representan entre el 35 y el 40% de la producción de plástico.
Para Paulo Quintana, investigador del Instituto de Neuroetología y coordinador del proyecto de investigación, la propuesta más sensata es que los consumidores tomen conciencia de lo que significa comprar. Se deben crear programas de educación y reforzar los ya existentes para concientizar a las personas y a las instituciones sobre el adecuado manejo de los residuos plásticos, con el fin de prevenir un aumento en la contaminación y una mayor afectación ambiental y de la salud humana. Los sistemas de gestión de residuos han sido impactados por la pandemia, por lo que se deben plantear estrategias, revisando a nivel nacional y mundial la normatividad y leyes relacionadas con el uso de elementos plásticos, insumos médicos y el manejo de todos estos residuos.
En Estados Unidos, Woodruff mantiene que los reguladores deberían hacer más para evaluar la seguridad de los químicos que se usan en el plástico para que podamos comprender mejor nuestra exposición. Los autores de ese informe recomendaron límites globales a la producción de plástico centrados en restringir severamente la producción de artículos plásticos problemáticos (como microperlas de plástico manufacturadas, plásticos que contienen químicos tóxicos y plásticos que están hechos de tantos químicos diferentes que son imposibles de reciclar), así como artículos de un solo uso, que tienen un impacto desproporcionado en la cantidad de plástico que se produce y se desecha. Una forma muy útil para saber qué plásticos deben evitarse consiste en revisar el número que aparece en el triángulo de reciclaje. No consumir comida enlatada.
