El presente estudio tiene por objeto establecer la incumbencia que podría corresponder a la contabilidad en el campo de la investigación social. Para ello resulta interesante hacer una incursión sobre las proposiciones que, según Corbetta (2007), se conocen como indicadas para reconocer la evolución sociológica y sobre el paradigma que la identifica en el método y las técnicas de investigación que acepta.
Paradigma, entendido como la perspectiva o visión inspiradora de las ciencias, es lo que orienta sobre el objeto que se persigue al investigar. En la justificación de las ciencias sociales, especialmente, se ha intentado explicar esta definición apelando a significados atributivos con alcance diverso, que ubicaron la finalidad asignada en posiciones que van desde la expresión de un modelo hasta calificarla como una corriente de opinión o justificarla en el método que las acredita.
El Concepto de Paradigma en la Contabilidad
Corbetta (2007) analiza la noción de paradigma y, entre los distintos significados atribuidos a dicha noción, entiende útil considerar al concepto como lo plantea Thomas Kuhn en los inicios de la década del 60. Menciona que “la reflexión de Kuhn tiene como objeto el desarrollo histórico de las ciencias y supone un rechazo al concepto tradicional de ciencia como acumulación progresiva y lineal de nuevos logros” (Corbetta, 2007, p. 4).
Esa interpretación del paso de una perspectiva a otra tiene consecuencias para la disciplina afectada y Kuhn la califica como “revolución científica” al entenderse que cambian los problemas y criterios involucrados; para la observación del analista “se realiza una reorientación de la disciplina que consiste en ‘transformar la estructura conceptual con la cual los científicos estudian el mundo’” (Corbetta, 2007, p. 5).
Al reconocer la “estructura conceptual” de lo que Kuhn llama “paradigma”, señala que una ciencia sin paradigma “no tendría orientaciones ni criterios de elección: todos los problemas y todas las técnicas serían válidos”; el científico cuando aprende un paradigma “adquiere de manera simultánea teoría, métodos y criterios, que suelen aparecer combinados de manera inextricable” (como se citó en Corbetta, 2007, p. 5).
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Desconocer el paradigma sería negar la existencia de algo y, en consecuencia, dejaría de tener sentido pensar en una entidad justificada, lo que es indispensable para considerarlo efectivo. La aceptación del paradigma no consiste sólo en identificar la guía a seguir, sino también en indicar los procedimientos que deberían emplearse para determinar el camino a transitar, las hipótesis a desarrollar y las técnicas a emplear en la investigación a efectuar.
El paradigma representa un marco conceptual de amplitud abarcadora, comunicador de una proyección teórica. Puede evolucionar por agregación de conocimientos integradores que lo confirmen y lo amplíen, pero también es posible que encuentre, repentinamente, una redefinición que, manteniendo sus elementos basales relevantes, en los que introduce agregados modificatorios de cursos de acción, se sostenga al no alterarse su consistencia estructural. Es igualmente probable la consagración de un cambio que lo modifique totalmente.
Dentro de las ciencias sociales se encuentran vías clasificatorias que podrían inducir a que se dude de la vigencia de disciplinas con identidad propia, y que, por ello, en ese campo pueda entenderse que se está viviendo una situación prearadigmática -que excluiría de esa calificación a la economía, ya que sus cultores coincidirían en su definición-. Alternativamente, que se deba admitir para el conjunto un alcance multiparadigmático con términos que darían cabida a aspectos específicos no determinados con claridad, que alcanzarían para tratarlas separadamente.
Corbetta (2007) advierte que “un paradigma es más amplio y también más general que una teoría: es una visión del mundo, una ventana mental, una pauta de lectura que precede a la elaboración de la teoría” (p. 5). En esta consideración no debería omitirse la interpretación de paradigma en “términos de perspectiva teórica global”, que, según Corbetta (2007), puede considerarse “la más difundida en las ciencias sociales”, así, y coincidiendo con otros autores: “De este modo se abre la posibilidad de convivencia, dentro de una determinada disciplina, de varios paradigmas, y la sociología pasa de ser preparadigmática, a ser una disciplina multiparadigmática” (p.6).
La Función Esencial de la Contabilidad
Las propiedades de su oficio debieran conceptuarse como meramente informativas, para expresar efectos de acontecimientos ocurridos, conducentes a un estado momentáneo que interesa conocer como resultado de las actividades de una entidad económica. Para satisfacer hábilmente ese cometido, le bastaría con aplicar el sistema dual que la caracteriza, utilizando un módulo de comunicación que permita el agrupamiento uniforme de los datos -en moneda- y que garantice una valoración que le dé certidumbre porque se ha sometido a las condiciones de pertenecer a la empresa y provenir del acuerdo recíproco de las partes protagonistas en los hechos que le dieron existencia objetiva.
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De confirmar esa como su función esencial, ello ratificaría las afirmaciones de muchos estudiosos de la disciplina, que se pueden observar en las citas que se ofrecen seguidamente:
- “Al registrar los hechos en las cuentas la pregunta que realmente importa es: ¿cómo afectan estas operaciones al negocio?” (Anthony, 1964, p. 10).
- “…de un objeto determinado (obtener cierto tipo de información)” (Fowler Newton, 1991, p. 6).
- “Su propósito principal es suministrar información” (Gordon y Shillinglaw, 1974, p.1).
- “…de ellos define las características de[l]… objetivo del sistema” (Bértora, 1975, p. 51).
Es imprescindible que se valga de esa herramienta que sería la contabilidad. Esa documentación se contrapone a la idea de asociar a la contabilidad con un fin superior que la saque de considerarla solo un medio de información, convirtiendo su propósito de determinar la maximización de los beneficios procurados en optimizarlos social y ecológicamente.
Investigación Social y Paradigmas
Ese ejercicio ayuda a mostrar una evolución histórica que acompañó operativamente la investigación científica y la que en el campo social orientó la acción de los responsables en esa tarea, generalizando en el tiempo su significación paradigmática, porque ello puede demostrar la existencia de claros marcos de referencia global en la orientación de los estudios realizados.
Puede afirmarse que han existido dos orientaciones sobre investigación social que señalan divisiones opuestas de su realidad y la manera de entenderla y conducen a técnicas de investigación diferenciadas -objetivismo y subjetivismo-. Ontológicamente, se admite en el positivismo que hay una realidad social externa al hombre que es concebible en su esencia. Epistemológicamente se accede al conocimiento debido al dualismo que entiende al hombre estudioso y al objeto social estudiado como dos entidades independientes, y que considera que aquel puede analizar ese objeto sin influir en él o recibir su influencia. El conocimiento se traduce en leyes naturales que ignoran los valores del investigador para reconocer el hecho social como dato externo inmodificable (Corbetta, 2007, p. 14).
En el campo de la investigación social -que podría llamarse neopositivista- la consecuente afirmación de esta posición introdujo la aplicación de las estadísticas como lenguaje prevaleciente para establecer los atributos y propiedades reconocibles en los fenómenos sociales. El elemento empleado con ese fin pasó a ser la variable que permite despersonalizar la asimilación de los conceptos y hacer la cuantificación de las relaciones y la formulación de modelos causales con proposiciones verificables para confirmar o invalidar de manera más objetiva.
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En todos los órdenes científicos -en el siglo XX- las teorías pierden su carácter determinista que imponía explicar los sucesos mediante esquemas rígidos y restrictivos y gana terreno sustituirlos por el respaldo en la probabilidad de ocurrencia, con su carga perturbadora de imprevisión y fluctuación. Esta concepción, aceptable en las ciencias naturales, tiene más fácil acogida en las sociales. Se percibe, entonces, más fuerte el concepto de que la afirmación científica adquiere el modo de constancia conjetural y queda necesariamente en estado permanente de provisionalidad.
Al avanzar en esa proposición puede advertirse una orientación postpositivista, que impulsa la teoría de que el registro de la realidad se nutre de la opinión del que investiga, de la percepción que de ella hace y del condicionamiento que las circunstancias le imponen en el medio en que se desarrollan los hechos, pero conserva su fundamento empirista. La adopción de técnicas cualitativas no resta la importancia que siempre reconoce a la cuantificación valorativa.
Ontológicamente, neo y postpositivismo asumen la palpable imperfección del conocimiento humano y la necesidad de someter probabilísticamente sus alcances, es decir, a admitir la incapacidad mental del hombre para captar la realidad, que lo coloca frente a la duda. Epistemológicamente, empieza a desarrollarse como base objetiva la idea de la aproximación y el mecanismo de la impugnación razonable de las hipótesis formuladas. Las leyes reconocen limitación y provisionalidad temporal. El método sigue manteniendo la identidad separada de investigador y objeto de estudio en la cuantificación de variables, experimentos, demostraciones estadísticas, pero no descarta la utilización de apreciaciones cualitativas. La repetición de los resultados empieza a aceptar la validación de leyes generales.
El autor que se referencia explica las respuestas del neo y postpositivismo a las tres cuestiones de fondo considerando: “Ontología: realismo crítico”, “Epistemología: dualismo-objetividad modificados; leyes de alcance limitado, probabilísticas y provisionales” y “Metodología: experimiental-manipuladora modificada” (Corbetta, 2007, p. 19).
Responsabilidad Social Empresarial y Contabilidad
Tomando como base el paradigma interpretativo o social intentamos relacionar el mismo con el concepto de responsabilidad social que enuncia como principal parámetro de la misma el prestar atención a las expectativas que, sobre el comportamiento de las empresas, tienen los diferentes grupos de interés. El problema se suscita al ver que no existe un modelo unificado que satisfaga las necesidades de información de los distintos usuarios lo que impide la comparabilidad y en algunos casos tampoco facilita la legitimidad de la información. (D’Onofrio, 2009, p. 5).
En primer lugar, parece necesario modificar el paradigma de la maximización de beneficios. El modelo correspondiente ya no estaría representando la forma en que llevan a cabo sus actividades las empresas toda vez que la RSE entre a formar parte de sus motivaciones. No puede discutirse el principio de que la empresa debe generar beneficios. Ello es una condición necesaria para hacerla sostenible y además los mismos constituyen la esencia de los negocios.
Pero en el nuevo contexto definido por la RSE ese objetivo deberá ser compatibilizado con otras demandas dirigidas a la empresa. En el modelo tradicional de maximización de beneficios sólo se discuten los medios. En el nuevo enfoque que se propone deberán discutirse tanto los medios como los fines. Y los fines serán múltiples y deberán ser definidos en términos de los intereses de los stakeholders. En cuanto a los medios, al proceder a su análisis para identificar a los más eficientes, deberá tenerse cuidado para que los mismos no entren en conflicto con alguno de esos intereses múltiples. (Montuschi, 2002, p. 10).
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