Es lamentable que muchas personas no comprendan la complejidad del problema de la pobreza. ¿Qué disciplinas están involucradas en esta problemática? Biología, neurociencias, economía, sociología, filosofía, etc. La realidad es que cualquier persona medio normal que viva bajo los niveles de estrés, angustia y temor de estar cerca de la pobreza no tendrá las más mínimas ganas de que alguien le explique sus errores. No han hecho creer que la pobreza es una elección, pero es falso. Lo que es real es que quien vive en una situación de pobreza debe sortear más obstáculos que quienes vivimos en una situación más cómoda. Es reduccionista y privilegia decir que una persona es pobre porque quiere. La pobreza está influenciada por múltiples factores estructurales, como el acceso desigual a educación, redes de apoyo y oportunidades laborales. Afirmar que todo depende de la voluntad individual ignora los obstáculos que enfrenta quien nace en una situación económica desfavorecida.
Definiendo al "Trabajador Pobre"
En el presente estudio se analiza la noción de “trabajadores pobres”, que no corresponde propiamente a un concepto jurídico, más bien se refiere a un fenómeno sociológico caracterizado por personas que a pesar de trabajar y recibir una remuneración, tienen un ingreso familiar por debajo del umbral de pobreza. Los “trabajadores pobres” constituyen, por decir lo menos, un “blanco en movimiento” con características únicas. De hecho, una de las dificultades para caracterizar esta categoría se debe a que frecuentemente se combinan dos criterios: un criterio -individual- de actividad profesional y uno -colectivo o familiar- de ingreso. En todos los casos lo determinante es la debilidad del ingreso familiar más que el bajo salario individual.
La Experiencia de la Pobreza y sus Efectos Cognitivos
Ser pobre, me contó una persona, es no poder hacer nada, nada en absoluto; es no poder ir a comer fuera, no poder llevar a los niños al cine, no poder comprarles juguetes o llevarlos a la ciudad. Es no poder apuntarlos a actividades extraescolares, porque no podía salir temprano de uno de sus dos trabajos para ir a recogerlos. Desde que recordaba, la palabra que más había repetido a sus hijos era «no». Sin televisión, sin ese pequeño lujo que apenas podía pagar, no se veía capaz de aguantar esos días que volvía del trabajo a las once de la noche, cansada y oliendo a McDonalds, sin perder la cabeza.
Lo que no estaba viendo, en el caso de esa mujer, es que, aún no llegada a la treintena, tenía dos empleos a tiempo parcial, dos niños llenos de energía y absolutamente nadie que la ayudara. No se había tomado unas vacaciones desde hacía años, y no sabía si temía más el verano porque no sabía dónde iba a meter a sus hijos mientras estaba en el trabajo, o porque le iban a reducir las horas en el curro y no podría pagar el alquiler. Su cansancio no era la clase de agotamiento que se va con una buena noche de sueño. La pobreza es una mierda.
Hay un libro sobre este tema absolutamente fascinante, publicado hace unos meses, llamado Scarcity: The New Science of Having Less and How It Defines Our Lives, de Sendhil Mullainathan y Eldar Shafir. El foco de los autores, su pregunta inicial, es explicar por qué los pobres toman decisiones que a menudo parecen irracionales. Por qué compran alcohol, juegan a la lotería, fuman o tienen televisión por cable. Su conclusión, basada en una cantidad tremenda de evidencia empírica, es que los humanos tenemos un “ancho de banda” limitado a la hora de procesar información y tomar decisiones. Cuando alguien afronta una situación de escasez material inmediata, su capacidad cognitiva se concentra en responder a esa amenaza, a ese riesgo inmediato, dejando de lado cualquier otro problema a afrontar.
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Alguien en la pobreza tiende a vivir obsesionado por lo inmediato, por el problema que tiene justo ahora mismo al frente. No hace planes sencillamente porque su cerebro no le deja pensar en nada más. Es una respuesta primaria, el cerebro de cazador-recolector obsesionándose con su necesidad imperativa de supervivencia. Y lo es hasta el punto de producir una reducción de la capacidad de razonamiento medible y verificable; un descenso del coeficiente intelectual de quince puntos solo por estar sufriendo ese estrés. La experiencia de la pobreza, el día a día de no saber cómo vas a pagar el alquiler, no saber qué vas a hacer con tus hijos, no saber cómo vas a poder alargar los treinta dólares para una compra que te llegue hasta el viernes, es algo increíblemente duro. Es angustioso para los adultos que viven en este mundo, y es aún peor para los hijos que crecen en una familia así, con padres que viven abrumados por este miedo constante. Para un niño crecer en un contexto de estrés tóxico, de inestabilidad familiar, padres agotados, gritos constantes y el temor constante de perderlo todo es extraordinariamente doloroso, especialmente durante la primera infancia.
Factores Estructurales y la Precariedad Laboral
Las implicancias distributivas de la situación laboral de los países han estado tradicionalmente presentes entre las preocupaciones de la OIT en sus análisis de los mercados laborales de las naciones en desarrollo, y de los de América Latina en particular. El fenómeno del “trabajador pobre” evidencia que tener un empleo no es un reaseguro contra la pobreza en la región.
Los asalariados que trabajan en unidades informales suelen no contar con ningún tipo de cobertura de las normativas laborales y de seguridad social, en tanto su evasión o elusión constituyen una de las estrategias de supervivencia de estas firmas. Esto significa decir que la mayoría de los ocupados en el sector informal son trabajadores informales. Adicionalmente, en un contexto de insuficiente demanda de trabajo, las empresas del sector formal cuentan con facilidades “de hecho” para contratar a asalariados sin que se respeten las normativas laborales -son los asalariados informales del sector formal-. Este conjunto de trabajadores dependientes precarios resulta amplio en América Latina, y son los que reciben menores remuneraciones que la de los asalariados formales y comparten algunos de los rasgos negativos de quienes se desempeñan en el sector informal. Esta diferenciación del conjunto de los asalariados del sector formal entre trabajadores formales (cubiertos por las normas laborales) y los informales (no cubiertos) constituye un desarrollo más reciente de la OIT, lo cual puede explicar parte de la presencia de trabajadores del sector formal como miembros de hogares pobres.
Capital Humano vs. Heterogeneidad Productiva
El énfasis en las características de la unidad productiva como uno de los factores explicativos de la desigualdad de las remuneraciones es cuestionado con frecuencia, en tanto se argumenta que las brechas de ingresos son resultado de las existentes en el “capital humano”. Aquellos trabajadores con reducida capacitación son los que están en su mayoría ocupados en los establecimientos de baja productividad, características que también comparten quienes se desempeñan precariamente en empresas del sector formal. La elevada presencia de pobreza asociada en buena medida a las muy bajas remuneraciones de un conjunto amplio de ocupados en el sector informal y de asalariados precarios no sería más que el resultado de sus bajos niveles de calificación.
Esta evidencia, sin embargo, no es sustento, per se, para apoyar la visión fundada, en última instancia, en la teoría del capital humano. Desde un punto de vista conceptual, se plantea que la baja productividad de las unidades informales no se deriva solo (o mayormente) del hecho de que sus trabajadores son menos productivos, sino que tales unidades tienen escasa eficiencia y rentabilidad por una serie de razones. Algunas de ellas son el bajo o inexistente uso de capital, una tecnología inadecuada y obsoleta, la dificultad para acceder a insumos y la competencia de empresas formales. Consecuentemente, estas unidades solo pueden generar ingresos bajos a los que allí trabajan (propietarios o asalariados).
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La relevancia de las características de la unidad productiva en la determinación de los ingresos no solo ha sido planteada a partir de la argumentación conceptual, sino que en América Latina el PREALC ha sido pionero en ofrecer evidencia empírica directa acerca de la presencia de brechas entre los ingresos de personas de igual nivel de capital humano pero que trabajan en firmas de diferentes características. Existe segmentación en los mercados de trabajo, en el sentido de que las brechas de ingreso no se explican solamente en funciones de las diferencias en las características personales, sino también por las diferencias que se registran en las unidades productivas en las que se ocupan. El sector informal es heterogéneo e incluye unidades productivas con distintos grados de subocupación, esto es, con diferencias en los niveles de eficiencia-productividad. Esta diferenciación en la productividad da lugar también a heterogeneidades en los ingresos que se generan. Consecuentemente, no todos sus trabajadores reciben remuneraciones tan bajas que los hagan caer en la pobreza. De cualquier manera, investigaciones más cercanas en el tiempo han mostrado que, en general, sus remuneraciones se ubican en la parte baja de la distribución.
Otros Factores de Vulnerabilidad
Más allá de una matriz distributiva de largo plazo influenciada por la estructura ocupacional, los niveles de la desigualdad también responden a las evoluciones de las economías, acentuando y reduciendo el grado de concentración. Las limitaciones que imponen las políticas de protección social han sido otro aspecto que se ha destacado en la influencia de la informalidad sobre la distribución. Esto obedece a que los países de América Latina, como en la mayoría de las otras regiones, han basado una parte significativa de los mecanismos de protección en los de tipo contributivo. Solo en las últimas dos décadas se han extendido en algunos países mecanismos no contributivos que cubren algunas de estas situaciones para los trabajadores no asalariados y para los que no tienen (o no han tenido) cobertura de la seguridad social, que componen una parte mayoritaria del empleo del sector informal. Si bien estos dispositivos han mejorado el bienestar de los trabajadores informales, y de sus hogares, su impacto en la desigualdad y/o la pobreza suele ser escaso.
Más recientemente, la OIT ha focalizado su preocupación sobre la creciente presencia de ocupaciones, asociadas de alguna manera a empresas medianas y grandes (del sector formal), que pueden no ser informales de manera estricta, pero presentan signos más o menos intensos de precariedad. Estas abarcan desde las formas atípicas de empleo que cuentan con más tradición -aquellos a tiempo determinado o de jornada parcial- hasta las modalidades de uso creciente, como los contratos de cero hora o los trabajos asociados a las economías de plataforma. Estos puestos de trabajo en muchos casos son esporádicos, tienen horarios no determinados, ofrecen baja o nula cobertura de riesgos laborales y sus remuneraciones son menores a otros de similares calificaciones, pero plenamente formales. Estos y otros rasgos que caracterizan a estas ocupaciones generan, en conjunto, un mayor grado de inseguridad de ingresos para quienes se desempeñan en ellas, lo cual los hace más proclives a caer en situaciones de muy bajos ingresos y pobreza. Se convertirá, probablemente, en una fuente adicional de trabajos precarios y de bajos ingresos, aunque aquellos asociados a la informalidad tradicional seguirán constituyendo el grupo más amplio de trabajos de baja calidad. Este es uno de los principales desafíos para reducir la pobreza y mejorar la distribución de los ingresos laborales y familiares.
Tipos de Trabajadores y su Vulnerabilidad
La siguiente tabla resume las características de los distintos tipos de trabajadores y su relación con la pobreza:
| Tipo de Trabajador | Características Principales | Cobertura de Normativas Laborales y Seguridad Social | Nivel de Remuneración |
|---|---|---|---|
| Informal | Opera en unidades de baja eficiencia, sin separación entre capital y trabajo. | Nula o muy limitada | Muy bajas, a menudo por debajo del umbral de pobreza |
| Asalariado informal del sector formal | Contratado por empresas formales, pero sin respeto a las normativas laborales. Precario. | Nula o muy limitada | Menores que los asalariados formales |
| Asalariado formal | Cubierto por las normas laborales y de seguridad social. | Plena | Generalmente más altas, pero con riesgo de "efecto Mateo" |
| Independiente (simulado) | Estatus impuesto para evitar obligaciones empresariales; vende su fuerza de trabajo sin protección legal. | Nula o muy limitada | Riesgo elevado de pobreza |
| Atípico/Precario | Contratos a tiempo determinado/parcial, cero horas, plataformas. Esporádicos, horarios no determinados. | Baja o nula cobertura de riesgos laborales | Menores que otros con similares calificaciones formales |
El Derecho Social y la Pobreza Laboral
La pobreza no es en nada extraña al derecho social. En Europa se encuentra incluso en sus orígenes: el derecho del trabajo y el derecho de la protección social han sido “inventados” como respuesta a la cuestión social, y a los riesgos políticos que potencialmente representaba la naciente organización de los “condenados de la tierra”. Algunos críticos cuestionaron la elección de sistemas de ayuda social señalando que en realidad permitía perpetuar la pobreza, ya que los empleadores tenían en cuenta la existencia de un “complemento social” en la determinación de los salarios. El fenómeno de los trabajadores pobres, así como los debates y las respuestas que suscitan no son nuevos. En realidad, volvemos a redescubrir, al menos en Europa occidental, el mismo fenómeno. Desde el siglo XX habíamos olvidado a los “trabajadores pobres”, debido particularmente a la instauración de sistemas de normas mínimas de empleo, de remuneración y de protección social. Estas construcciones son actualmente cuestionadas en el marco de las reformas que han generado el regreso en Europa de los “trabajadores pobres”.
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El tema de los “trabajadores pobres” ilumina de una luz cruda el campo de aplicación del derecho del trabajo y sus fronteras. El tema de los trabajadores pobres revela el problema muy concreto de la distinción real o supuesta entre trabajador subordinado y trabajador independiente. El estatus oficial de trabajador independiente puede corresponder a un “vestido” o a un “disfraz” impuesto. Una parte importante de tipos de trabajo independiente corresponde a la vez a una simulación o una ocultación y a riesgos elevados de pobreza. En Europa, el 15% de los trabajadores independientes vive en un hogar pobre contra el 5% de los asalariados. La simulación es impuesta por los responsables de empresas no solamente para conservar una completa libertad en materia de terminación de las relaciones de trabajo, sino también para evitar las prestaciones sociales a cargo del empleador cuando existe un trabajo asalariado. La aceptación de tales condiciones, bajo la presión de la necesidad económica, hace posible una correlación entre simulación de independencia y pobreza relativa. Las transformaciones del trabajo han participado en el desvanecimiento de las fronteras entre el trabajo subordinado y el trabajo independiente; creando una zona gris que en realidad frecuentemente es una amplia zona de abuso y de inseguridad jurídica.
Cuando hablamos de perversión puede parecer paradójico referirse al “efecto Mateo en materia de derecho del trabajo”: “el derecho del trabajo -ya sea de fuente legal o convencional- puede aparecer en algunos aspectos desigual o generador de desigualdades”. Se está, efectivamente, obligado de señalar que no existe en ninguna parte un derecho del trabajo para todos los trabajadores, sino un derecho del trabajo sólo para los “asalariados”, que ha tomado en ocasiones aires de “matrioska”, ya que es en la muñeca de derechos más pequeña en donde frecuentemente se encuentran los trabajadores pobres. El acceso a ciertas prestaciones o a ciertas garantías está sujeto, en el derecho social, a un requisito de antigüedad. Los bajos salarios se practican más frecuentemente en las pequeñas empresas, incluso salarios aún más bajos que el mínimo legal. Esto es común en las micro-empresas y las pequeñas empresas, en donde los empleadores ignoran las tasas salariales mínimas establecidas en los consejos de negociación o en las determinaciones ministeriales.
Se ha mostrado cómo en Canadá la falta de acceso a la autonomía colectiva era una fuente de exclusión y de pobreza: este sistema, gracias a las formas precarias de empleo y a la terciarización de la economía, experimenta serias dificultades para unir a la mano de obra que no corresponde a criterios típicos. Los trabajadores que tienen un empleo atípico pueden ser los parientes pobres de la negociación colectiva. La existencia de una disparidad de trato en función del estatus del trabajador se desprende claramente del análisis del contenido de los contratos colectivos. Los contratos a tiempo determinado ya no son más las herramientas secundarias que permitían responder a las necesidades momentáneas, sino una fórmula contractual normal. En España, una tercera parte de los trabajadores son precarios; la gran mayoría de las nuevas contrataciones se hacen a través de contratos de tiempo determinado.
Desmontando Mitos: La Pobreza ¿Una Elección o una Trampa Estructural?
Comencemos aclarando un punto, lo creas o no, tú no eres pobre. Recientemente, vimos un programa de televisión que señaló que una persona de clase media tiene un estilo de vida que exigiría más de 200 esclavos en el mundo antiguo. El punto aquí es… ricos y pobres son términos relativos. Sólo porque te sientes pobre, no significa que seas realmente pobre. En realidad, es posible «hacerte pobre» sin que tus ingresos cambien. Esto es, ser pobre a pesar de que tus ingresos actuales no disminuyan. Si quieres ser pobre, trata de calificar para la hipoteca más grande que puedas. Ese dinero que sale de tu bolsillo cada mes te llevará con rapidez al camino de la pobreza. ¡Incorrecto! Estamos hablando de CASH FLOW, activos y pasivos. La hipoteca de una casa sólo disminuirá tu flujo de caja mensual y únicamente lo aumentará en el mes que la vendes, si es que logras venderla… Algunos de las personas más pobres que conocemos tienen casas muy, muy grandes.
Si logras manejar la forma de pagar muchos, muchos impuestos, emplear todo tu tiempo en un empleo que te da un salario “seguro”, evitar siempre iniciar tu propio negocio, nunca educarte financieramente o hacer cualquier tipo de inversión, tú serás pobre. Simplemente no hay manera de evitarlo. Puede ser que tu aspecto no sea de pobre, porque para mantener en el terreno negativo ese flujo de caja mensual, puede que tengas que conducir un coche grande y elegante y vivir en una casa gigante. Ahora ya sabes cómo ser pobre.
De estos cuatro tipos de ingresos, el que más te ayuda para ser pobre es el #1, tener un empleo “estable”. La razón de esto es que un empleo no te permite tener control sobre tus ingresos, puedes llegar un día al trabajo y descubrir que la empresa va a cerrarse o que tu puesto se lo dieron o alguien más. Además tu querido gobierno local, estatal y nacional te ayudará a ser pobre automáticamente a través de la deducción mágica de los impuestos que te retienen en rol de pagos. Si por alguna razón no eres capaz de conseguir un trabajo para ayudarte a ser pobre, trabajar por cuenta propia es la segunda mejor opción. Normalmente la carga en impuestos para los auto empleados es casi igual a la de los empleados.
Sin embargo, si eres dueño de un negocio, es decir, no eres empleado de ningún tipo, encontrarás que se hace más difícil pagar impuestos. En el momento de hacer todas las deducciones normales de los costos que implican manejar un negocio, encontrarás que el gobierno te permite pagar menos impuestos. Bueno, ahí se tira por la ventana una forma de hacerte pobre. Además, como dueño de un negocio que opera durante todo el año, los impuestos se pagan luego de hacer la contabilidad anual. Esto significa que puedes guardar ese dinero de impuestos por 12 meses y tendrás que lidiar con el molestoso interés que esto te genera. Inversionista, olvídalo, es casi imposible que un inversionista pague impuestos. Es mucho más fácil llegar a la pobreza trabajando 40+ horas por semana en un empleo, que sentado en un sofá de cuero siendo el dueño de una colección de inversiones.
El título de este artículo es una frase que comúnmente escuchamos, hace poco escuché una frase de un conocido diciendo “Sí, yo soy pobre porque quiero”. Pero, ¿el pobre es pobre por que quiere?, o ¿acaso nuestro gobierno no apoya a los pobres? En nuestro país el 43.9 % de personas están en pobreza y el 8.5 % está en pobreza extrema, ¿realmente es lógico pensar que una gran cantidad de personas está en esta situación porque no quieren o no se esfuerzan? Pienso que en un sistema de libre mercado, las oportunidades están ahí para quienes estén dispuestos a aprovecharlas, a trabajar duro, a ahorrar, a invertir en su educación y habilidades. Entiendo que la vida no es fácil para todos, y reconozco que hay barreras y desafíos que algunas personas enfrentan más que otras. Aun así, creo que el mercado recompensa el esfuerzo y la innovación. He visto cómo personas que empezaron con muy poco lograron prosperar gracias a su ambición y determinación.
No puedo caminar por una parálisis infantil cerebral y mi mamá tenía que chambear para traer pan a la mesa. Tuve que sacrificar mis terapias para estudiar ¿Es justo? No ¿En está vida nada es justo? Exacto nada es justo, pero no por ello debemos de hacer que las personas deban pasar por sufrimiento para salir adelante.
