Stanley Kubrick: Descubre las Controversias y Acusaciones que Rodearon al Genio Perfecto del Cinepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Stanley Kubrick es uno de los cineastas más influyentes de la historia. Ganador de solo un premio Oscar por ’2001: Una odisea del espacio’ -algo que muchos consideran una de las mayores injusticias de Hollywood- a los mejores efectos especiales, el director estadounidense de nacionalidad británica logró otras 12 nominaciones por auténticas obras de culto de sus respectivos géneros como ‘La naranja mecánica’, ‘El resplandor’ o ‘La chaqueta metálica’, siendo la controvertida ‘Eyes Wide Shut’ de 1999 con Tom Cruise y Nicole Kidman su obra póstuma. Sea como fuere, la figura de Kubrick será siempre recordada por dos palabras: genio y perfeccionista. La figura de Stanley Kubrick se ha vuelto legendaria.

Su conocida obsesión por los detalles y su trato frío con las estrellas, lo volvieron un personaje particular. Más al cultivar un perfil reservado y meticuloso, que acrecentaron el mito. Acá una revisión a ciertos puntos que retratan al genio, que a veces podía ser difícil.

La Visión Artística de Kubrick y su Búsqueda del Control

Stanley Kubrick siempre ha sido considerado como uno de los directores de cine más perfeccionistas y obsesivos con su propia obra; y es de ahí de donde nace una de sus citas más célebres: “No siempre sé lo que quiero, pero sí sé lo que no quiero”. Una frase que pone en evidencia su proceso creativo a la hora de rodar sus películas, centrándose básicamente en descartar lo innecesario para alcanzar su visión definitiva, incluso después de terminar la producción, tal y como sucedió con ‘El resplandor’ y su final alternativo con Jack Nicholson.

Es precisamente de esta forma tan peculiar de creación que se creó un aura de misterio alrededor de la personalidad de Kubrick, un director que no tenía reparos en redefinir una y otra vez sus filmes, eliminando todo aquello que consideraba superfluo o no encajaba en su visión cinematográfica. En este sentido, la cita del director neoyorquino sugiere que la claridad artística surge al descubrir qué es lo que no funciona en lugar de definirse por una visión inicial perfecta.

Desde sus primeras películas, Kubrick demostró su interés en mantener el control total de lo que hacía. Cuando Kirk Douglas lo contrató para dirigir Espartaco (1960), apenas tuvo margen para imponer algunas de sus ideas, lo que le enfrentó con Douglas. Hizo algunos cambios, reemplazó a Sabine Bethmann por Jean Simmons, pero no mucho más. Incluso, se cuenta que quiso eliminar la hoy icónica escena cúlmine de “yo soy Espartaco”.

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Pero esa experiencia le enseñó que dirigir para la gran industria tenía códigos que a él no le interesaban. Al menos, se dio un gusto; contrataron la friolera de 8.500 soldados españoles para las escenas de batallas, y el director le dio una instrucción específica a cada uno. Mientras, el dictador español Francisco Franco también se hizo notar a su manera. Por dar el permiso para la participación de sus hombres en el rodaje, el “generalísimo” exigió pago en efectivo destinado a la organización benéfica de su esposa.

Conflictos con la Música Clásica

En las seis últimas películas de Kubrick, la banda sonora está integrada por piezas musicales ya existentes. En particular, de música clásica. Un gusto adquirido de sus días de su juventud, en que tocaba la batería, era un aficionado al jazz y a escuchar por largas horas a los maestros de la música docta.

Todo comenzó cuando trabajaba en 2001: Odisea del espacio. En esos días encargó una partitura al compositor Alex North, con quien había trabajado en Espartaco. El músico trabajó en el encargo y lo entregó en la forma en que convinieron.

Sin embargo, para su sorpresa, no contó con que Kubrick en la prueba de edición alucinó con el resultado que logró al montar varias piezas clásicas, y decidió usarlas sin mas. Su entusiasmo fue tal que ni siquiera se molestó en preguntar por derechos de autor. De esta forma es que una composición como el preludio de Así habló Zaratustra Op.30 del alemán Richard Strauss entró en la historia del cine, gracias a la famosa secuencia del homínido al principio del filme.

Y desde ahí no paró; por ello suenan en sus películas piezas de Rossini, Mendelshon y otros. Pero la más recordada fue La naranja mecánica, en la que deseaba incluir un fragmento del segundo movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven, lo que no fue fácil. Kubrick exigió a su productor Jan Harlan, conseguir la pieza como sea. Y el director era de los que no aceptaban las respuestas negativas. “Pude hacer un trato más favorable con Deutsche Grammophone para comprar esta pista mono, que ya no estaba en el catálogo de la compañía, pues entonces la novedad era el estéreo. Entonces usamos una mezcla mono y la actuación de la Orquesta Filarmónica de Berlín bajo Ferenc Fricsay fue excelente”, detalló el productor años más tarde.

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Controversias en el Set de Filmación

La Experiencia de Shelley Duvall en 'El Resplandor'

En el rodaje de El resplandor (1980), la adaptación de la novela homónima de Stephen King, descansa buena parte de la mitología asociada a Stanley Kubrick. El cineasta tenía la idea de privilegiar la expresividad de los actores y por ello, no dudaba en estirar los rodajes a fin de lograr que los intérpretes soltasen todo lo que tenían. Lo detalló él mismo: “En una escena con fuerte carga emocional, siempre es mejor poder rodar tomas completas para permitir al actor mantener una emoción continua, y es raro que un actor llegue a este punto más de una o dos veces. Hay, empero, escenas que se benefician de las tomas extra, pero incluso en estas no estoy seguro de que las primeras tomas no sean más que ensayos a los que se les añade la adrenalina de estar siendo grabado por la cámara”.

El principio lo aplicó en El resplandor. Y la principal atención se la llevó Shelley Duvall, la actriz que interpreta a Wendy, la esposa de Jack Nicholson en la cinta. A diferencia del personaje que trazó King, Kubrick veía a Wendy como una ama de casa sumisa y de carácter blando, lo que le permitía resaltar el interés en las relaciones de poder en las parejas.

Por ello, su plan era mantener a la actriz en constante estado de tensión, para lograr una interpretación lo más auténtica posible. Así, Kubrick fue hasta el límite. No dudó en humillarla delante de sus compañeros y pidió que el resto del equipo le hablara lo menos posible, para así generar el sentimiento de soledad y angustia. “Stanley me presionó y me presionó más de lo que nunca me habían presionado antes. Es el papel más difícil que he tenido que interpretar”, detalló la artista.

De allí vinieron los momentos más complejos. Allí está la historia de la escena con el bate, en la que no se le avisó a Duvall lo que sucedería, a fin de verla con auténtica cara de pavor. La escena se repitió en 127 tomas, a fin de lograr la perfecta. Duvall, exhausta y deshidratada, no podía más. El estrés emocional fue tal, que a la actriz se le caía el cabello. A la crítica tampoco le gustó. De hecho, tanto Kubrick como Duvall fueron nominados a los Golden Raspberry Awards, los Oscar a las peores películas del año.

Años después, en 2016, una Shelley Duvall retirada concedió una entrevista en que recordó esos aterradores 13 meses de rodaje. “Había un gran elenco. Todos eran personas maravillosamente divertidas...pero luego estaba Stanley Kubrick, el director de esta obra maestra icónica. Todo lo que diré es que si el director no hubiera hecho lo que hizo, con tanta fuerza y crueldad, no habría obtenido el mismo resultado en la película”.

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Recientemente se conoció la muerte a los 75 años de la actriz estadounidense Shelley Duvall, recordada por su papel de esposa atormentada en el filme "El resplandor" de Stanley Kubrick. Esa película de 1980, protagonizada también por Jack Nicholson, está basada en el libro del mismo nombre de Stephen King y con el paso de tiempo se convirtió en un filme de culto.

La Presión en 'Eyes Wide Shut'

Un ejemplo de su carácter fue el rodaje de Ojos bien cerrados (1999), la última película que realizó en vida. El rodaje duró unos largos 15 meses. La historia dice que, siguiendo sus habituales tácticas, Kubrick hizo repetir escenas a los actores y los habría presionado a tal nivel, que se achaca a ese desgaste parte de la ruptura posterior del matrimonio de Kidman y Cruise.

Pero ella, en una entrevista de 2011 al New York Times, detalló una historia que resume el cuidado que tuvo Kubrick con sus estrellas. “Cuando fui a trabajar con Stanley Kubrick, me dijo: ‘Voy a querer una desnudez frontal completa’, y yo dije: ‘Ahh, no sé’ -detalló-. Entonces llegamos a un gran acuerdo, que fue contractual. Él me mostraba las escenas de desnudo antes de que llegaran a la película. Entonces podría sentirme completamente segura. No dije que no a nada de eso.”

Adaptaciones Literarias y Discrepancias con los Autores

Se decía que cuando no estaba filmando o en algún proceso de la pre o post producción cinematográfica, se le encontraba leyendo. No resulta entonces extraño que la mayoría, si no es que todos sus proyectos, estén basados en una obra literaria. Ahora bien, a diferencia de Coppola, que invitó a Mario Puzzo a trabajar en el guion de “El Padrino (1972), Kubrick tomaba las historias de escritores contemporáneos a él, pero a los que jamás les preguntó su opinión, y que algunos, abiertamente, objetaran el resultado.

'La Naranja Mecánica' y Anthony Burgess

Empecemos con el caso de La Naranja Mecánica. Anthony Burgess, que publicó la novela en 1962, manejó que por muchos años hubo dos versiones de su trabajo, una en la que no hay esperanza y terminaba en 20 capítulos, y una donde Alex crecía y superaba esa fascinación adolescente por la violencia extrema. Y acusó que la versión que Kubrick llevara al cine (1971), era en exceso desesperanzadora.

'Lolita' y Vladimir Nabokov

En mi lectura, Lolita, de Vladimir Nabokov (1955), se trata más de una reflexión acerca de Humbert Humbert, su papel en el mundo y su condición de hombre maduro atraído por lo que él llama las ninfas, a través del propio romance. Kubrick, en su película de 1962, creo que escogió esta historia porque a través de ella podía narrar la tensión sexual entre Dolores y Humbert Humbert. Como, aunque él fuera un adulto de mediana edad, se ve arrebatado por la intensidad de la sexualidad de una menor de 13 años. El poder narrativo de esta relación tan asimétrica es lo que dirige la mayor parte de la obra fílmica.

'El Resplandor' y Stephen King

Finalmente el caso que a mí me parece más interesante: El Resplandor, de 1980. Aquí hay diferencias sustanciales entre la historia del libro y la historia en la pantalla. En la novela de Stephen King, publicada en 1977, Jack Torrance ciertamente es un hombre tendiente a la violencia, pero no es hasta que el hotel actúa, un ente complejo y cruel en sí, que es envuelto en la locura y la maldad. Al final, antes de morir, tiene un momento de redención. Y bueno, el cocinero sobrevive (de hecho, es el héroe de la historia). Kubrick, en cambio, decide que el hotel está poblado de fantasmas y seres sobrenaturales, pero que es el aislamiento y la presencia de estos seres fantasmales, lo que llevará a Jack a convertirse en un monstro.

Creo que Kubrick quería narrar el descenso a la psicosis de un alcohólico atrapado en un hotel, aislado en una montaña en el crudísimo invierno, y todo el terror que fue capaz de infligir a su familia. Jack Torrance llega con el germen de la maldad, y el aislamiento y los seres del hotel propician que germine. La conclusión de Kubrik es un Jack consumido por su caída, derrotado por su ansía de sangre. Algo muy diferente a la conclusión del autor, Stephen King.

Teorías y Mensajes Ocultos en 'El Resplandor'

No son pocas las especulaciones sobre los mensajes que Kubrick supuestamente escondió en los fotogramas de la película, un asunto que hace unos años se trató en el documental "Habitación 237". Tanto la novela como el filme de "El resplandor" cuentan la historia de Jack Torrance, un escritor en apuros y alcohólico en recuperación, su esposa y su pequeño hijo Danny. La familia se muda al Hotel Overlook, un imponente y aislado retiro montañoso. Jack ha sido contratado como cuidador del lugar mientras está cerrado durante el invierno. La tensión crece a medida que Danny, quien tiene habilidades psíquicas, y su abusivo padre se encuentran con los espíritus malignos que acechan en los pasillos del hotel y en su siniestra habitación 237.

Son muchos los que creen que "El resplandor" es mucho más que un filme aterrador. Están convencidos de que los diálogos de los personajes, sus ropas e incluso el diseño de las alfombras del hotel tienen mensajes ocultos. Así, se ha llegado a decir que estas pistas crípticas revelan mensajes sobre el genocidio de la población indígena americana o el holocausto judío, y contienen una admisión de que la llegada del hombre a la Luna en 1969 fue un invención.

Los cineastas y amigos Rodney Ascher y Tim Kirk exploraron estas y otras teorías en su documental de 2012 "Habitación 237". Leyland afirmó que a Kubrick le gustaban los simbolismos y lo críptico.

Alusiones al Holocausto y el Genocidio Indígena

Entre los entrevistados en ese documental está el profesor de historia Geoffrey Cocks, quien asegura que "El resplandor" alude a la exterminación del pueblo judío en la Alemania nazi. Cocks, autor del libro "El Lobo en la puerta: Stanley Kubrick, historia y el Holocausto", destaca el uso repetido del número 42 en la película: Danny lleva una camiseta de béisbol con ese número en las mangas, mientras que en otra escena en un televisor están pasando la película "Verano del 42". En 1942 los nazis se reunieron en la conferencia de Wannsee para planificar el genocidio de los judíos europeos.

Otras pistas sobre la teoría del holocausto incluyen la decisión de Kubrick de cambiar el color del auto de la familia Torrance, un Volkswagen Escarabajo, del rojo descrito en la novela de King a amarillo, el color de la identificación en forma de estrella de David que los judíos eran obligados a usar.

Otro entrevistado, el veterano periodista de televisión y excorresponsal de guerra Bill Blakemore, sugiere que "El Resplandor" trata sobre el abuso a los indígenas estadounidenses. La evidencia que señala Blakemore incluye la explicación que se hace al principio de la película de que el hotel Overlook fue construido en 1907 sobre un cementerio indígena.

Conexión con el Alunizaje del Apolo 11

Se ha dicho que el hotel está sentado dentro de una forma hexagonal, la misma que, asegura Weidner, tiene la plataforma de lanzamiento del Apolo 11. Cuando Danny se levanta, un cohete con la inscripción Apolo 11 puede verse en la ropa del niño, que empieza a caminar lentamente hacia la habitación 237.

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