La política pública de subsidios y financiamientos a la agricultura tiene una explicación económica; primero, porque se busca que la agricultura cumpla con su papel de proveedora de alimentos y materias primas a bajo costo; segundo, porque obliga a los países a fortalecer sus procesos de autosuficiencia alimentaria. No obstante, las tendencias globales de los subsidios a la agricultura han determinado la desigualdad en las condiciones de competitividad en los mercados mundiales. De acuerdo con Etxezarreta (2006), los precios de los productos agrícolas no se fijan necesariamente por la oferta y demanda, hay otro factor que incide en los precios mundiales, es el efecto dumping.
Potencias económicas como Estados Unidos, exportador de soya y maíz, proporciona sustanciales subvenciones a sus productores. Automáticamente, la producción de los países más pobres queda en desventaja competitiva con respecto a los precios internacionales, y se opta por la importación. Además del efecto dumping, la diferencia en los niveles de productividad, la falta de precios de garantía y financiamientos inadecuados, fueron factores constantes en la desventaja de los productores mexicanos con respecto a los productores de Estados Unidos. Se sugiere que los subsidios al campo deberían ser eliminados y en su caso invertir en servicios de apoyo a la productividad. Indudablemente los autores tienen razón, la productividad en el campo sería el detonante fundamental de crecimiento en la producción agropecuaria.
La estructura de los subsidios y la competitividad
González y Orrantia (2006) mencionan que México recibió altos montos de subsidios al campo y los comparan con los subsidios a los Estados Unidos y Canadá, aunque menores que los de la Unión Europea y Japón. En el entorno internacional, lejos de eliminar los subsidios, se otorgan a los productores y juegan un papel central en la política desigual de comercio internacional. En el caso de la Unión Europea, los subsidios que asignan al sector agropecuario ascienden a 60 mil millones de euros al año. Esta política se complementa con la aplicación de aranceles, lo cual permite proteger sus productos de la competencia externa.
Por otra parte, a partir de la década de los ochenta se estableció en México el modelo de “sustitución de exportaciones”. Este modelo económico favoreció la producción de exportables agroindustriales. En este crecimiento agropecuario las empresas trasnacionales extranjeras o nacionales tienen una importante función. González-Estrada (2016) contabilizó 130 empresas en México; su impacto se deja sentir en el control de la comercialización, industrialización, mercado interno de granos, sector pecuario, renta de tierras, uso de mejoras genéticas, acopio y comercio al menudeo.
Análisis de programas y financiamiento rural
La dependencia encargada para el otorgamiento de financiamientos a productores en el ramo de competitividad fue la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA). Para los subsidios a población en pobreza, fue la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL). La hipótesis que se plantea es: si los programas de subsidios y financiamientos se ejercieron de manera desigual en los productores mexicanos, entonces se espera una afectación directa en la autosuficiencia alimentaria de México.
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El siguiente cuadro resume la dinámica de diversos programas de apoyo identificados en el sector rural:
| Programa | Enfoque principal |
|---|---|
| PROCAMPO | Apoyos directos a pequeños productores de maíz. |
| DICONSA | Abasto en zonas de pobreza con mayor número de beneficiarios. |
| FINANCIERA RURAL | Intermediario financiero con bancos privados. |
| PROMUSAG | Financiamiento y capacitación para mujeres en sector agrario. |
| 70 y Más | Apoyo a adultos mayores en zonas rurales y urbanas. |
Hacia una reforma del sector financiero rural
La complejidad, heterogeneidad y diferentes niveles de desarrollo de la agricultura mexicana impiden un modelo único de financiamiento. El problema de fondo es la perspectiva de la economía rural en el marco de la globalización. El origen real de la cartera vencida está en las políticas de ajuste estructural, la apertura comercial y el cambio de las políticas agrícolas, acentuado por el rezago tecnológico y productivo del sector. Se propone establecer una política de precios a largo plazo (cinco años), con precios objetivos, los cuales den seguridad al productor y propicien la inversión en la planta productiva, única forma de incrementar la productividad del sector.
La competitividad del sector primario es inimaginable si los agricultores no tienen acceso a mejores técnicas de producción. Por tanto, se requiere de una reestructuración funcional de la banca de desarrollo, permitiendo una distribución más equitativa de crédito a los pequeños y medianos productores. Asimismo, el seguro agrícola es un elemento indispensable en la actividad del sector, sobre todo para los pequeños y medianos productores que comercializan la mayor parte de su producción. La adopción de medidas estratégicas de reactivación productiva es necesaria para dar una solución estructural a las carteras vencidas.
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