Las transformaciones producidas por la implantación del modelo neoliberal afectaron tanto al Estado benefactor de los países desarrollados, como al Estado interventor, que en países como México construyó una economía pública que incentivó, mediante apoyos corporativos, el desarrollo de la economía de mercado. Sin embargo, la puesta en práctica de las directrices del neoliberalismo implicó la reconfiguración del Estado y el establecimiento de un esquema de racionalidad financiera que ha ido acotando las funciones y las actividades públicas, sobre todo las relacionadas con el bienestar social.
El Estado benefactor constituyó el marco preciso para la construcción de un proyecto económico basado fundamentalmente en una economía pública que serviría para legitimar y brindar consenso respecto de las acciones de gobierno. Ese proceso se interrumpe a principios de la década de 1970, cuando el contexto económico e ideológico mundial cambia radicalmente y se abren espacios para el resurgimiento de las propuestas económicas y políticas contrarias a la figura estatal y a la acción pública. A partir de ahí, uno de los aspectos más relevantes, por las consecuencias sociales que trajo consigo, es la restructuración estatal que se dio por el tránsito del Estado benefactor en los países desarrollados -el Estado intervencionista en los de menor desarrollo- a lo que genéricamente se ha dado en llamar Estado neoliberal. Ello no sólo modificó la percepción acerca de la importancia de las actividades públicas y del papel que la iniciativa y el capital privados debían tener en la economía, sino que añadió de manera particular el progresivo deterioro de los vínculos político-sociales que existían entre el ejercicio del poder público y de la gestión gubernamental, por un lado, y la atención a las demandas sociales, por el otro.
La Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) ha contribuido al análisis de este proceso, con estudios como los de María Guadalupe Huerta Moreno, de la Unidad Azcapotzalco, quien ha abordado las visiones teóricas del neoliberalismo y la conformación del Estado subsidiario. Asimismo, Andrea Revueltas ha publicado diversas obras sobre las reformas del Estado en México y el viraje neoliberal, incluyendo "Neoliberalismo y transformaciones del estado contemporáneo" (1995) y "Las transformaciones del Estado en México: un neoliberalismo "a la mexicana"" (1996), editadas por la UAM.
Del Estado Liberal al Estado Benefactor: La Transición en Países Desarrollados
El Estado liberal anteponía los intereses de la burguesía al resto de las clases sociales en la promoción de las condiciones de acumulación, justificándose en términos de "la reivindicación de los derechos naturales del hombre y del novísimo ciudadano: libertad, igualdad, propiedad y seguridad". Este Estado destruyó la vieja estructura social y política del Estado absolutista enarbolando los principios de legalidad para poder asegurar el monopolio del uso de la fuerza y garantizar la seguridad y los derechos de propiedad de los individuos, así como vigilar que las relaciones laborales y mercantiles entre los "ciudadanos libres e iguales" se realizaran sin obstaculizar la buena marcha del comercio y de la naciente industria. Esto se traducía en que las clases sociales y los factores de la producción debían asumir obligadamente el papel que les correspondía para alentar el progreso del capitalismo. El Estado liberal hizo de las propuestas del liberalismo económico su estandarte y su guía. Con esto, la libertad económica se convirtió en uno de los valores supremos, y en la condición sine qua non para avanzar en la realización de actividades vinculadas al interés público.
La salida a la gran crisis de los años treinta del siglo pasado, con sus secuelas de depresión y paro, se produjo con el incremento de las inversiones y el gasto público. Esto mejoró el nivel de renta y contribuyó a crear una visión positiva acerca de los beneficios que las acciones del Estado tenían para la sociedad. La idea detrás de esto era que si el Estado podía fomentar la acumulación de capital y la rentabilidad privada, también era capaz de crear los medios de consumo social necesarios para lograr la satisfacción de las demandas que iban surgiendo de una sociedad en constante crecimiento. Así, desde el punto de vista social se aceptaba que la gestión pública propiciara, mediante los instrumentos y los recursos económicos a su alcance, la disminución de la brecha existente entre los ingresos de las élites más poderosas y las masas populares, por lo que se aceptaba que parte de los recursos públicos se utilizara para aminorar la supremacía del capital sobre la fuerza de trabajo y "de esa forma atenuar las desigualdades sociales provocadas por el funcionamiento del libre mercado".
Lea también: Estado de Resultados con IVA y Ejemplos
Es decir, se reconoció que con una política económica activa se podían alcanzar varias metas:
- Favorecer el desarrollo de las industrias y los mercados.
- Contribuir a mejorar el empleo y las condiciones de vida de la población.
- Ampliar las opciones de participación democrática con el desarrollo del sistema de partidos y la promoción del voto.
A este orden de cosas se le conoció como Estado benefactor. Para alcanzar sus objetivos se dio a la tarea de crear un pacto entre los diferentes actores económicos y sociales. De ahí que permitiera participar a las clases trabajadoras en los diseños contractuales y en los planes de desarrollo industrial, alentando en paralelo la integración de estructuras sociales y políticas que pudieran incidir en la formulación de los programas públicos. En ese mismo sentido, para asegurar el compromiso de las clases más favorecidas económicamente con las propuestas de gestión pública del Estado benefactor, se otorgaron apoyos fiscales, productivos y financieros al capital y se incorporó la burguesía a la estructura de poder.
El resultado de ese gran pacto social fue que el desarrollo acelerado del capitalismo se alcanzó en un contexto caracterizado por un importante margen de bienestar social, donde la retribución pública a cada grupo o clase se expresaba en inversiones y gastos que, traducidos en plantas, tecnología, infraestructura y políticas sociales, incrementaron la productividad y las ventajas competitivas de las empresas. De esa forma, en un ambiente social e ideológico propicio no era extraño que en países como Austria, Inglaterra, Alemania, Francia, Suecia o Estados Unidos, el Estado benefactor -que se consolidó con la revolución keynesiana- interviniera directamente en la economía a fin de modificar la distribución del ingreso proporcionando sistemas de seguridad social, creando los marcos de regulación de las actividades económicas, interviniendo en la composición de la oferta y la demanda agregadas, así como prestando servicios y bienes públicos de uso generalizado. Lo anterior se complementaba con esquemas de asistencia basados en transferencias y servicios públicos extensivos que beneficiaban a la población en su conjunto, sin descuidar la lógica de acumulación del capitalismo maduro.
De ahí que la participación estatal en el financiamiento y la ejecución de programas sociales o en la actividad industrial o el fomento agrícola, además de considerarse como una obligación del poder público, daba una connotación progresista a las acciones públicas y legitimaba el ejercicio del poder político. Esto facultó al Estado para hacer valer su posición hegemónica frente a las distintas clases e incorporar a la población, por medio de la participación colectiva, en la toma de decisiones y en el ejercicio del poder mediante procesos democráticos. Así, la aceptación de que el mercado tenía fallas -las actividades privadas podían generar externalidades negativas, asumir características monopólicas y oligopólicas que en términos de precios y costos siempre eran cargados a los consumidores, o bien que podían existir asimetrías de información que afectaban la toma de decisiones de los individuos- y que su libre funcionamiento no aseguraba una mejor distribución del ingreso ni una adecuada acumulación privada, justificaba la expansión de las funciones públicas y la intervención del Estado en las actividades económicas, por lo que en un ambiente de expansión de la economía mundial, donde la rentabilidad del capital productivo y la tasa de ganancia estaban en ascenso, el Estado benefactor pudo desplegar todas sus capacidades de gobierno.
La Configuración del Estado Interventor en México
El Estado mexicano se convirtió, desde la figura del Estado Social de Derecho creada en 1917, en el punto de encuentro de los distintos intereses y en el centro de objetivación de las transformaciones económica y sociales. Su objetivo fundamental se construyó ampliando las funciones estatales a través de la estructura económica y administrativa creciente. En paralelo, comenzó a utilizar políticas fiscales y monetarias expansivas no sólo para hacer frente a las fluctuaciones económicas y reforzar el sistema económico y la rentabilidad del capital, sino también para brindar atención, aunque fuera de forma parcial, a las demandas de amplios sectores de la población, por lo que impulsó un conjunto de políticas públicas orientadas a apuntalar la estrategia de desarrollo. Entre los objetivos de esas políticas se pueden mencionar los siguientes:
Lea también: ¿Qué es el Estado de Capital Contable?
- Promover reformas sociales, vinculadas a las garantías y los derechos ciudadanos establecidos en la Constitución, y que implicaban la participación estatal en la gestión de servicios de salud pública, educación, vivienda, así como producción y distribución de bienes de consumo básico, entre otros.
- Poner en marcha un esquema amplio de subsidios, no sólo en la forma de apoyos fiscales, financieros y con precios y tarifas públicas reducidas a fin de mejorar la rentabilidad del capital, sino también con la creación de infraestructura industrial y urbana.
- Crear conglomerados productivos de carácter público, cuya producción se destinó -en la forma de insumos, bienes y servicios- a fortalecer las cadenas productivas de la industria nacional.
Esta lógica de operación del naciente Estado mexicano fue útil para obtener el aval social que, desde la lógica de una red de subordinación de tipo corporativo, se requeriría para poder implantar, frente a todos los actores, una política reformista impulsada por la creciente intervención del Estado en la economía, y al mismo tiempo ser identificado como el centro de conjunción de los intereses privado y colectivo con lo que asumió el papel de máxima autoridad política y se erigió como juez y parte en la solución de los conflictos entre clases derivados de la dinámica de desarrollo. En esos términos, sus actividades se ampliaron más allá de las relacionadas con las áreas económicas y los procesos distributivos. Ese tipo de conducción económico-social se explica en la medida en que la viabilidad institucional del Estado dependía del grado en que las acciones de gobierno permitieran armonizar, en la lógica del crecimiento económico, los intereses de los diferentes grupos y actores.
Por tanto, conforme se fue consolidando el poder del Estado mexicano en las décadas de 1930 y 1940, el manejo de los recursos públicos y las decisiones estatales se dirigieron a ampliar las oportunidades de valorización del capital y a lograr cierta justicia social, no sólo como un objetivo estrictamente ético del Estado, sino porque lograr cierta correspondencia entre la acumulación privada y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población era la clave para mantener una organización social estable que no fuera un impedimento en la construcción del capitalismo mexicano. Con el crecimiento del aparato de gestión estatal y la ampliación de las funciones de gobierno se iban produciendo distorsiones sectoriales y desequilibrios en las finanzas públicas, pero tal situación tenía que ver con dos fenómenos:
- Uno, relacionado con la urgencia de que el Estado paliara las tensiones sociales resultantes de una acumulación de capital que iba dando origen a un crecimiento económico distorsionado.
- Otro, que dada la incapacidad empresarial y económica del capital privado para encabezar la estrategia de desarrollo industrial, el Estado se veía en la obligación de abarcar cada vez más actividades en diferentes ramas económicas.
Esto llevó a la configuración del Estado intervencionista donde lo público devino social, como una dimensión intrínseca de su carácter político. Así, aunque el incremento en las funciones y los gastos públicos podría cuestionarse en términos de costo-beneficio, en su momento fue determinante para cimentar una economía pública, que en ausencia de una alternativa viable por parte del capital privado, permitió al Estado desempeñar un papel clave "en la definición del rumbo y de las características internas de la dirección y la planeación de los procesos económicos".
El Viraje Neoliberal: Origen y Principios
Neoliberalismo es una corriente de pensamiento económico y político que promueve la reducción del papel del Estado en la economía, la privatización de empresas y servicios públicos, así como la desregulación del mercado y la apertura comercial. Este modelo, heredero del liberalismo clásico, tiene su origen en el Coloquio Walter Lippmann, un encuentro en París organizado por intelectuales liberales para debatir el futuro del liberalismo en respuesta al auge del intervencionismo estatal, el fascismo y el comunismo.
En la década de los 30 el estado de ánimo general era antiliberal por la Gran Depresión. Para unir fuerzas un grupo de 25 liberales organizaron el coloquio Walter Lippman, un encuentro internacional que tuvo lugar en París en agosto de 1938. Entre estos liberales se encontraban Louis Rougier, Walter Lippmann, Friedrich von Hayek, Ludwig von Mises, Wilhelm Röpke y Alexander Rüstow. Rüstow, Lipmann y Rougier concluyeron que el liberalismo laissez faire había fracasado y que el nuevo liberalismo debía tomar el relevo. No obstante, Mises y Hayek no estaban convencidos de ello. Aun así, todos los participantes del coloquio se unieron en su llamado para un nuevo proyecto liberal. El planteamiento que emanó del coloquio estaba de acuerdo en alejarse de la idea de una libertad sin restricciones propia del liberalismo clásico y orientar la economía de mercado hacia una economía regentada por un estado fuerte. Durante el coloquio las diferencias entre los verdaderos liberales y los "liberales clásicos" se hicieron patentes. Mientras que los verdaderos liberales exigían la intervención del estado para corregir las estructuras del mercado indeseables, Mises siempre había insistido en que el único papel legítimo del Estado era abolir las barreras para la entrada en el mercado libre.
Lea también: Secretaría de Hacienda: Rol en el Gobierno de Sonora
Sin embargo, el neoliberalismo con algunas de las variantes por las que en la actualidad se le reconoce tiene su origen en la llamada Sociedad Mont Pélerin formada en Suiza a fines de la década de los 40 por iniciativa de economistas como Friedrich von Hayek o Ludwig Von Mises. Allí se reunieron algunos de sus principales pensadores, como Karl Popper o Henry Hazlitt. La Sociedad Mont Pelerin es una asociación multidisciplinaria creada, en palabras de sus propios fundadores y seguidores, para preservar los derechos humanos amenazados por la difusión de ideologías relativistas y afines a la extensión del poder arbitrario. No obstante, en la práctica, la SMP estuvo conformada por individuos con ideas muy divididas en cuanto a la libertad e intervencionismo como relató el propio Milton Friedman respecto a Ludwig von Mises, quien en el primer encuentro celebrado por la Mont Pelerin Society, en el año 1947, en un punto del debate sobre la distribución del ingreso y un sistema tributario progresivo se levantó, se dirigió a los presentes, entre quienes se encontraban Hayek, y proclamó «todos ustedes son un grupo de socialistas»; y salió de la habitación. También se aprecia esta división de ideas en lo que recoge Jorg Guido Hulsmann en su ensayo “Contra los neoliberales”: «La coexistencia dentro de la Sociedad Mont Pèlerin de grupos con orientaciones tan distintas era conocida por sus miembros. También era bastante evidente incluso para las incorporaciones. Un buen ejemplo fue Jean-Pierre Hamilius, un joven catedrático de empresa y economía en Luxemburgo, a quien Mises conocía por correspondencia. El joven catedrático de Luxemburgo estuvo tomando notas y discutiendo ansiosamente los planes intervencionistas de diversos miembros que no eran todavía parte de “la vieja guardia”».
En un sentido más actual, el neoliberalismo se refiere a una serie de teorías y propuestas económicas liberales que comenzaron a tomar relevancia durante la recesión de 1973 -cuestionando al keynesianismo dominante hasta entonces- y que alcanzaron su periodo de mayor influencia durante los años siguientes en occidente (reaganomics en los años 80 y el consenso de Washington en los años 90). El término se ha usado también para referirse a varias corrientes políticas que surgieron tras 1973 y que cuestionaban el modelo económico imperante en occidente (políticas económicas keynesianas muy arraigadas y políticas industriales avanzadas).
A finales de los años 70 estas teorías ganaron amplia popularidad en el mundo académico y político como alternativa al fracaso del keynesianismo en la gestión de la crisis de 1973. Las ideas keynesianas sugerían una relación inversa entre inflación y desempleo, tal como sugiere la curva de Phillips. Sin embargo, Milton Friedman había señalado que esa relación no era necesaria, como quedó demostrado por el fenómeno de la estanflación. El nuevo escenario antiinflacionario desafiaba los postulados keynesianos, en esas circunstancias, las ideas monetaristas revivieron audiencia y credibilidad, como consecuencia se implementaron nuevas medidas antikeynesianas, como simultanear acciones antirrecesivas y antiinflacionarias. La mayor parte de los aportes teóricos fueron rápidamente aceptados poniendo fin a la predominancia que el keynesianismo tenía en la mayoría de las escuelas de pensamiento económico desde la década de 1930.
El triunfo de movimientos políticos «neoliberales» como los gobiernos de Thatcher en Reino Unido (1979-1990) y el de Reagan en Estados Unidos (1981-1989), cambiaron el paradigma de las economías occidentales, dando paso a una legislación más laxa en cuanto a política arancelaria, rebajas de impuestos y una aceleración en el proceso de globalización económica. En los años 1980, se asocia al conjunto de políticas económicas introducidas por Margaret Thatcher en el Reino Unido y Ronald Reagan en los Estados Unidos. Por ello se lo relaciona con la burocracia de los organismos públicos internacionales, debido a que sus políticas son principalmente impulsadas desde el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismos que no dependen de las Naciones Unidas y están por ello exentos del control directo de la comunidad internacional de países y a los que en ocasiones se acusa de ejercer presión política y extorsión.
Características del Modelo Neoliberal y el Estado Subsidiario
Esquemáticamente, puede decirse que el modelo neoliberal de reforma del Estado comprende tres líneas de acción centrales:
- La privatización del sector estatal de la economía y el saneamiento de las finanzas públicas.
- La desregulación sistemática de toda actividad económica.
- La apertura internacional a la competencia y al libre mercado.
En un sentido doctrinado, el axioma del modelo consistiría en asumir que el libre mercado es el principio óptimo de regulación del sistema económico, y de algún modo, de todo el orden social. El neoliberalismo propone que se deje en manos de los particulares o empresas privadas el mayor número de actividades económicas posible. Igualmente propone una limitación del papel del Estado en la economía, la reducción del tamaño del Estado, es decir, una reducción del porcentaje del PIB controlado o administrado directamente por el Estado. Se implementan políticas fiscales restrictivas, que buscan aumentar los impuestos sobre el consumo y reducir los impuestos sobre la producción, la renta personal y los beneficios empresariales.
Los partidarios de políticas neoliberales defienden la liberalización o desregulación para el comercio como para las inversiones por considerarlas positivas para el crecimiento económico. Igualmente se considera positiva la eliminación de muchas reglas y restricciones, reduciéndolas a un mínimo necesario (sobre todo la garantía del régimen de propiedad y de la seguridad). En general unos opinan que la reducción del Estado debe ser real hasta limitarlo a lo completamente imprescindible mientras otros, inspirados por pensadores como Hayek, no son contrarios a ciertos efectos redistributivos o que el gobierno pueda proveer de ciertos bienes que el mercado es incapaz.
Consecuencias y Críticas del Neoliberalismo
En los últimos años, se ha asociado con resultados económicos y sociales negativos, razón por la cual mantiene connotaciones peyorativas. En la última década del siglo XX y la primera del siglo XXI, el término ha sido crecientemente usado con carácter peyorativo. Ya no quedan dudas de que el modelo neoliberal es incapaz de dar respuesta a los principales problemas que siguen aquejando a la sociedad: altos índices de desempleo, trabajo en negro, pobreza y exclusión social. Su debacle fue el resultado de la aplicación de las políticas del «derrame», según las cuales bastaba con el crecimiento de los grandes grupos concentrados, ya que estos últimos difundirían los beneficios hacia el resto de la sociedad productiva y laboral.
Sus críticos sostienen que el neoliberalismo multiplica dramáticamente el impacto de las crisis de confianza, culpabilizándolo del alcance de diversas crisis financieras a escala más o menos global, ocurridas entre 1990 y 2008 (ponen de ejemplo el Efecto Tequila de 1994 o la Crisis asiática de 1997). Algunos economistas institucionalistas consideran que las políticas neoliberales minusvaloran la influencia que el gasto público ha tenido históricamente en muchos casos tanto en el crecimiento como para el desarrollo.
Para otro sector de críticas, muchas de las medidas acusadas de neoliberales, entre las que se incluyen la globalización, lejos de ser negativas han sido las que han empujado a los países que se adherían a ellas un crecimiento medio 1,5 puntos superior al de aquellos otros países que no lo hicieron. Para estos grupos, en su mayoría liberales, ha quedado demostrado que los países que más se adhirieron a lo que se conoce popularmente cómo «neoliberalismo globalista» tienen menos pobreza extrema que los que no han adherido. Afirman que los países que adoptan medidas de libre mercado reducen su pobreza y su desigualdad social.
El significado del término neoliberalismo ha ido cambiando en el transcurso del tiempo y no es idéntico en todos los países del planeta. Originalmente la teoría que limitaba el poder del Estado y entregaba la economía a los agentes privados era el liberalismo, y hasta bien entrado el siglo XX los partidarios de estas ideas siguieron siendo llamados liberales. Con neoliberalismo no se está haciendo alusión a una teoría política o económica en particular, sino más bien se está refiriendo a una generalización de escuelas y teorías económicas, por lo que resulta algo complejo compararlo con el liberalismo ortodoxo.
tags: #uam #estado #neoliberal #y #estado #subsidiados
