Entre el 7 y el 10 de junio de 1994, en Salamanca, España, representantes de noventa y dos gobiernos y de veinticinco organizaciones internacionales se reunieron en una Conferencia organizada por el Gobierno español y la UNESCO para discutir problemáticas y objetivos en torno a la educación inclusiva, su alcance, significado, horizontes y prioridades. En esta importante cumbre se firmaron los principios, valores, líneas políticas y principales prácticas en relación a la educación de las personas con necesidades educativas especiales (NEE), diseñándose además un Marco de acción específico. La Conferencia elaboró la Declaración de Salamanca de Principios y Prácticas para las Necesidades Educativas Especiales. Se trata de un documento que reconoce «[…] la necesidad y urgencia de impartir enseñanza a todos los niños, jóvenes y adultos con necesidades educativas especiales dentro del sistema común de educación […]», y que amplió el horizonte de inserción y plan de acción que la educación debe proponerse ante las personas con aptitudes, capacidades motoras e intelectuales especiales. Si bien antes de la Declaración de Salamanca se habían adelantado diferentes esfuerzos, se puede afirmar que dicho documento, suscrito el 10 de junio de 1994, constituye uno de los hitos más importantes en el marco del movimiento en pro de la educación inclusiva.
Antecedentes y Contexto de la Declaración
Es oportuno reafirmar que la Declaración de Salamanca no constituye un hecho aislado. La Declaración recoge algunos principios reconocidos y compromisos asumidos en la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos (Tailandia, 1990) y la Cumbre Mundial a favor de la Infancia (Nueva York, 1990). El tema central de la Conferencia Mundial de 1994 apuntaba a la necesidad de garantizar a todos los niños el acceso a la educación, en particular a aquellos en situación vulnerable. Entendemos entonces, que tanto la Declaración de Salamanca como sus antecedentes forman parte de una iniciativa que persigue, en términos generales, socavar la discriminación que las sociedades han consumado hacia las personas con capacidades diferentes. Con una propuesta y Programa de Acción incluidos en el mismo documento, la Declaración entiende que los centros escolares y los niveles iniciales son la instancia adecuada para corregir las actitudes discriminatorias que deterioran la idea de una sociedad integrada por personas con diferentes capacidades, que a su vez puedan convivir en un ambiente de mutuo respeto y aprendizaje.
Los Principios Fundamentales de la Declaración de Salamanca
La reunión que tuvo lugar en Salamanca (España) durante los días del 7 al 10 de junio de 1994 fue un acto clave en la reafirmación del derecho a la educación de todas las personas dentro de un sistema educativo, con una perspectiva inclusiva e integradora y de rechazo de las organizaciones escolares basadas en la segregación y la separación de los alumnos en función de supuestos coeficientes intelectuales o determinadas potencialidades. Basándose en estos criterios, los asistentes a la reunión firmaron una declaración donde se citan explícitamente los siguientes principios:
- Se reconoce el derecho, la necesidad y la urgencia de todas las personas (tanto niños, como jóvenes y adultos) con NEE de recibir una enseñanza de calidad, donde tengan la oportunidad de adquirir un nivel aceptable de conocimientos.
- Los alumnos con NEE deben tener acceso a las escuelas ordinarias, que deberán integrarlos con una pedagogía adaptada a sus especiales características o problemas de aprendizaje y que sea capaz de satisfacer sus necesidades.
- Los sistemas educativos deben ser diseñados y aplicados teniendo en cuenta toda la gama de diferentes características y necesidades de cada persona.
- Se deben potenciar las escuelas ordinarias de orientación integradora, ya que son el medio más eficaz para combatir las actitudes discriminatorias.
- Se apela a los gobiernos y comunidad internacional a velar por el cumplimiento de estos principios.
Además, la Declaración insta a los Estados a que diseñen políticas y planifiquen programas de estudio para que las carreras de enseñanza de todos los niveles otorguen prioridad al espíritu de inclusión e integración propuesto. Así, todos los niveles de educación que un Estado imparte deberían ajustarse a los principios de integración, según el cual debe incluirse a personas con capacidades diferentes a los sistemas de educación común. De esta forma, las diferencias que puedan presentar los alumnos en su aspecto individual respecto de sus características, capacidades y necesidades de aprendizaje que le son propios, no serían motivo de relegamiento y quedarían integrados a un sistema de educación común que a su vez brinde atenciones diferenciadas y personalizadas. La Declaración de Salamanca es un texto bastante conciso, breve, pero no por ello menos contundente o veraz. En tal sentido, su numeral segundo resume lo que para muchos constituye, aun hoy día, el faro o el norte que guía las acciones que se emprenden sobre el particular, claramente definiendo los principios de la educación inclusiva. Y, por último, se señala que todo esto es responsabilidad de la escuela regular, no de instituciones especiales.
El Marco de Acción sobre Necesidades Educativas Especiales
La Declaración de Salamanca no se limitó a plantear unos objetivos ideales, sino que también se plantearon una serie de directrices en distintos ámbitos para poder alcanzarlos, que incluían desde aspectos de política y organización escolar a servicios de apoyo y recursos necesarios. A este conjunto de recomendaciones y medidas concretas se le denominó Marco de Acción sobre Necesidades Educativas Especiales. Este documento recogía las siguientes líneas de actuación:
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- Se recomienda a los países que a la hora de elaborar sus distintas políticas educativas antepongan por encima de todo el concepto de educación para todos.
- La legislación de cada país debe reconocer el principio de igualdad de oportunidades de los niños con discapacidades en todas las etapas educativas.
- La enseñanza debe ser impartida en la medida de lo posible en centros integrados. Se debe procurar que cada niño, con independencia de su problema o incapacidad, acuda a la escuela que le tocaría por zona.
- Las políticas educativas deben valorar las diferencias individuales y las distintas situaciones.
- Las escuelas de educación especial deben regirse por un modelo de rehabilitación basado en la comunidad.
- Los programas de estudios deben adaptarse a las necesidades de los niños y no al revés y lo mismo ocurre con los procedimientos de evaluación, los cuales deben revisarse periódicamente.
- El estado debe asegurarse de que los escolares con NEE reciban el apoyo o refuerzo adecuado y los materiales y recursos técnicos que precisen, dotando para ello de la financiación necesaria.
- Se debe flexibilizar la gestión de los centros escolares y otorgarles mayor autonomía con el fin de aportar dinamismo y eficacia.
- Fomentar la investigación pedagógica y facilitar la información de los resultados de dichas investigaciones y estudios.
Impacto, Avances y Desafíos en el Siglo XXI
El documento que recoge las conclusiones de la Declaración de Salamanca fue ampliamente difundido en todo el mundo y la mayoría de países acogieron sus ideas con gran entusiasmo, intentando aplicar sus principios a sus políticas y sistemas de organización en materia educativa. Cada país ha intentado aplicar las ideas globales de integración e inclusión educativa que se desprenden del texto, adaptándolos a sus creencias, valores, nivel de desarrollo, capacidades organizativas y recursos económicos. El pasado mes de junio se cumplieron 20 años de la aprobación de la Declaración de Salamanca. Por lo tanto, con la amplia y densa perspectiva que nos da sus dos décadas de existencia, podemos afirmar que la Declaración de Salamanca sobre necesidades educativas especiales está plenamente vigente y su esencia sigue guiando la definición de políticas y las acciones en el día a día escolar de cada centro y aula. Así mismo, en un análisis posterior, se ha reflexionado sobre los aportes de la Declaración y Marco de Acción de Salamanca a la educación inclusiva 25 años después, y cómo el apoyo se constituye en el factor clave para responder a las dificultades que por diversas causas experimentan los estudiantes en la escuela y posibilitar así que tengan éxito en sus aprendizajes.
No obstante, aún en pleno siglo XXI, se siguen observando notables diferencias entre la teoría planteada en las políticas educativas y su puesta en práctica. Especialmente en los países más pobres y los que se encuentran en vías de desarrollo, se observan déficits importantes en inclusión educativa. Faltan recursos en forma de profesores de apoyo e infraestructuras adecuadas, con consecuencias tan negativas como la escolarización en colegios especiales de niños con discapacidades leves, que no justifican para nada la segregación. Otro aspecto planteado en la Declaración al que aún le queda mucho camino por recorrer en un buen número de países, incluido España, es el de la adaptación de los programas escolares (currículos).
Este artículo tiene como objetivo reflexionar sobre los aportes de la Declaración y Marco de Acción de Salamanca a la educación inclusiva y cómo el apoyo se constituye en el factor clave para responder a las dificultades que por diversas causas experimentan los estudiantes en la escuela y posibilitar así que tengan éxito en sus aprendizajes. Se abordan de manera sucinta las condiciones necesarias para escuelas inclusivas poniendo un especial énfasis en el apoyo a los aprendizajes, que aparece como un denominador común de los mejores sistemas educativos del mundo. A manera de ejemplo, se presentan algunas experiencias que se han desarrollado en República Dominicana en las últimas décadas relacionadas con el apoyo a los aprendizajes y que posteriormente han sido asumidas como políticas públicas.
De cierto modo, la Declaración de Salamanca ha contribuido con la visibilización del alcance del problema. Y aunque se ha avanzado en la materia, muchas de estas situaciones siguen ocurriendo en diversos lugares, por lo que las metas propuestas aún no se han alcanzado. Finalmente, se reflexiona en torno a los riesgos de una visión limitada y segmentada en torno al tema hasta tratar cómo está siendo concebida y abordada la educación inclusiva hoy día, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Sólo de esta manera podremos asegurarnos de que las metas propuestas en la Declaración de Salamanca se alcancen, sin importar cuantos años más transcurran...
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