Descubre Cómo Bill Clinton Enfrentó la Amenaza de Guerra y las Intervenciones Militares Más Impactantespost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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A lo largo de la historia moderna, la fuerza ha sido un recurso recurrente para imponer el orden mundial. Todos los presidentes norteamericanos de este siglo han hecho uso de la fuerza en mayor o menor proporción. De hecho, todos los presidentes desde la II Guerra Mundial, con excepción de Jimmy Carter y Gerald Ford, han ordenado invasiones de países extranjeros. Durante su presidencia, Bill Clinton, aunque dedicó gran parte de su mandato a la reconstrucción interna, se encontró frente a diversos conflictos cuyo desarrollo lógico podía conducir hacia operaciones militares.

Haití: Restauración de la Democracia

La política norteamericana durante la administración Clinton mostró un planteamiento similar en situaciones como la de Haití y Corea del Norte. En ambos casos, el Gobierno norteamericano hizo del problema un asunto de interés nacional para EE UU. En el país del Caribe, Washington creía ver en juego el principio de la democracia y, más importante, un compromiso personal del presidente Clinton y una fuente de emigración difícilmente asimilable.

A diferencia de casos anteriores, EE UU actuó con extrema prudencia, resistiéndose a precipitar las condiciones para el empleo de sus tropas. Tanto en Haití como en Corea del Norte, la Administración norteamericana intentó primero la negociación directa, optando después por las sanciones económicas internacionales. Sin embargo, en ambos países se reservó la posibilidad del uso de la fuerza si las sanciones no lograban sus objetivos, aunque las probabilidades de éxito de la negociación o las sanciones eran bajas.

En Haití, un mes después de que el país quedara aislado, no se detectaron síntomas claros de debilitamiento de la voluntad de los jefes militares de mantenerse en el poder. EE UU confiaba en que los militares haitianos "entendieran que vivirían mejor en una mansión en el sur de Francia que en un país sin recursos y sin dinero". No obstante, la situación se tensaba y sólo quedaba por saber cuánto tiempo más esperaría Bill Clinton. Si la Administración norteamericana quería ser coherente, la intervención militar sería necesaria para la solución de la crisis.

El 15 de septiembre de 1994, el presidente estadounidense Bill Clinton pronunció un discurso televisado en el que advirtió a los líderes militares de Haití de la inminencia de una intervención liderada por Estados Unidos. Desde la Casa Blanca, Clinton anunció que Estados Unidos estaba dispuesto a usar la fuerza para reinstaurar al presidente Jean-Bertrand Aristide, derrocado en un golpe de Estado en 1991. Este discurso se produjo tras años de sanciones internacionales y negociaciones fallidas. Apenas unos días después, una delegación encabezada por el expresidente Jimmy Carter, el senador Sam Nunn y el general Colin Powell viajó a Puerto Príncipe para negociar un acuerdo de última hora, lo que llevó a una solución sin una invasión a gran escala.

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Corea del Norte: El Desafío Nuclear

En Corea del Norte, el desafío era mucho mayor debido al riesgo de que el país produjera armas nucleares para su propio consumo y para abastecer a enemigos de EE UU como Irán o Libia, un argumento capital para que Washington defendiera una política de firmeza con Pyonyang. En este escenario, incluso la aplicación de sanciones podía desencadenar una guerra.

Corea del Norte posee una de las Fuerzas Armadas más poderosas del mundo, con un vasto ejército, miles de tanques, artillería y una importante fuerza aérea y naval, sin contar la posibilidad de armamento químico y nuclear. Esta capacidad bélica hacía que una segunda guerra en la península coreana tuviera efectos devastadores para Corea del Sur y exigiera un alto sacrificio de vidas por parte de EE UU. Durante 41 años, el régimen del Norte había preparado estrategias de invasión que le permitirían colocar soldados en Seúl en poco tiempo. Aunque la superioridad aérea de EE UU, con la capacidad de desplegar medio millón de hombres en dos meses, preveía una victoria, el precio de este triunfo podía ser altísimo.

Mientras se buscaban soluciones pacíficas, una fuente del Departamento de Defensa señalaba que "si el caso de Corea del Norte se deja así, en cinco años más será absolutamente inmanejable para la comunidad internacional". El reloj, por tanto, corría en una dirección muy peligrosa.

Irak: Sadam Husein y las Armas de Destrucción Masiva

Cuando Bill Clinton asumió la presidencia de Estados Unidos, fue especialmente explícito respecto a la amenaza que suponía Sadam Husein para la paz y la seguridad. Poco tiempo después, la noticia de que los servicios de inteligencia iraquíes pretendían asesinar al expresidente Bush obligó a Clinton a actuar. Clinton denunció con claridad la existencia de un arsenal químico y biológico en Irak, el continuo incumplimiento de las obligaciones de desarme por parte de Sadam Husein y su empeño en desarrollar capacidad nuclear.

En su primera intervención ante los jefes de Estado Mayor y el Pentágono después de ser reelegido presidente, Clinton incluso llegó a sugerir la posibilidad de una intervención militar. Literalmente, sentenció: "La fuerza no puede ser la primera respuesta, pero a veces es la única respuesta". Sadam Husein era una preocupación estratégica de primer orden para Estados Unidos. Este consenso se materializó en la Iraq Liberation Act, una ley aprobada por el Congreso en diciembre de 1998 y firmada por Bill Clinton, que establecía como política oficial de Estados Unidos la de "apoyar los esfuerzos para derrocar al régimen encabezado por Sadam Husein y promover el surgimiento de un Gobierno democrático que lo sustituya". La ley comprometía la ayuda norteamericana a los grupos de oposición, incluido equipamiento militar, y preveía un tribunal de crímenes de guerra para enjuiciar a los dirigentes del régimen.

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El año anterior, Clinton ya había planteado formalmente la petición de apoyo a España para una intervención sobre objetivos del régimen iraquí, solicitando apoyo logístico para las operaciones planeadas. El 17 de diciembre tuvo lugar un contundente ataque sobre objetivos iraquíes de interés militar. En su comparecencia, Clinton no dejó lugar a dudas sobre su análisis de la situación: "Si Sadam desafía al mundo y no somos capaces de responder, nos enfrentaremos a una amenaza mucho mayor en el futuro". Con una afirmación inequívoca, advirtió: "Sadam volverá a atacar a sus vecinos. Declarará la guerra contra su propio pueblo. Y, quédense con mis palabras, Sadam desarrollará armas de destrucción masiva. Las desplegará y las usará".

La trayectoria de Sadam Husein era una historia terrorífica. Era un factor de inestabilidad y un peligro para sus vecinos, habiendo mantenido una guerra de ocho años con Irán, invadido Kuwait y atacado a Israel y Arabia Saudí. Durante esos años, Irak fue objeto de acciones militares de contención y castigo por parte de Estados Unidos y el Reino Unido.

El Debate Interno y el Conflicto en Kosovo

La presidencia de Bill Clinton también se vio marcada por el conflicto en Kosovo y el debate interno sobre los poderes presidenciales. La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una resolución que obligaba al presidente a pedir permiso al legislativo antes de implicar tropas terrestres en Kosovo. Acto seguido, se debatió una propuesta para declarar la guerra a Yugoslavia o retirar las fuerzas de inmediato. Su autor, el republicano Tom Campbell, argumentó que Clinton había abusado de sus poderes al implicar a EE UU en un conflicto bélico contra Yugoslavia sin pedir al Congreso una declaración formal de guerra.

"Estamos en guerra pero el Congreso no la ha declarado, y eso es anticonstitucional", dijo Campbell, citando el Acta de Poderes de Guerra de 1973. La jornada en Washington fue de viva discusión política, con Clinton pidiendo al Congreso que "hable con una sola voz" mientras se desarrollaba un debate que reflejaba la pluralidad de opiniones del país. Mientras algunos congresistas instaban a Clinton a pasar a la ofensiva terrestre, otros proponían el fin inmediato de las hostilidades, argumentando el coste humano y económico de la intervención. Los que apoyaban la campaña de la OTAN, en cambio, defendían los valores de EE UU y su liderazgo mundial, aunque criticaban a Clinton por negarle al Congreso el poder para declarar la guerra.

El presidente Clinton dio una pista sobre la duración de los bombardeos: "El tiempo en los Balcanes es mejor en mayo que en abril, mejor en junio que en mayo, mejor en julio que en junio". La Cámara de Representantes, finalmente, decidió atar las manos del presidente en el espinoso asunto del envío de fuerzas terrestres de combate. El fantasma de Vietnam, donde los presidentes fueron escalando la participación en una guerra sin la aprobación del Congreso, planeó una y otra vez sobre el debate en el Capitolio.

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