El concepto de “depreciación del conocimiento” no es un tema recurrente en investigaciones o artículos académicos, pero es un fenómeno que ocurre todos los días y de forma acelerada. Esta devaluación de los conocimientos y la experiencia no sólo se refleja en las personas, también en las empresas. El conocimiento es un activo fijo que se deprecia, y esta realidad siempre ha sido así; la diferencia es que la transformación digital vino a acelerar el proceso de obsolescencia de lo que aprendimos cuando nos formábamos en la universidad, escuela superior, taller o curso.
La naturaleza del desgaste en el conocimiento
Es un tema sensible en el mundo laboral, pues los conocimientos no se descomponen como la maquinaria. Toda materia o partícula física sufre un desgaste con el paso del tiempo y, en una empresa, todos los bienes o activos sufren una pérdida de valor, es decir, se deprecian. El conocimiento es abstracto y por eso es difícil distinguir cuáles pensamientos son obsoletos. No obstante, si algo es seguro es que es necesario transformarse constantemente.
De acuerdo con un estudio del Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), el conocimiento adquirido de la experiencia puede ser básicamente más susceptible a la depreciación que otros tipos de conocimiento. Aun así, muchas empresas consideran la experiencia como el principal factor que puede dar a un candidato el puesto de trabajo, pero las constantes disrupciones en los negocios y en el mundo hacen que este elemento pierda más peso.
Formas de depreciación y su impacto empresarial
El conocimiento se deprecia de dos formas principales:
- Obsolescencia por innovación: El conocimiento pierde valor debido a la rapidez con la que se innova tecnológicamente.
- Pérdida por rotación: El conocimiento se deprecia en una organización cuando la gente poseedora del mismo se va.
Mientras que en algunas industrias el desgaste es moderado, en otros sectores, como los servicios, la devaluación del conocimiento puede ser de hasta 100 por ciento al año. Ante los cambios tecnológicos, la innovación ya no es una opción, sino el camino a seguir. No hay una sola industria que no vaya a ser impactada de manera importante por la disrupción, y aunque muchos empresarios se confían pensando que estos cambios no les afectarán, es imperativo reconocer que estamos ante un entorno donde el Client Center ha sustituido al Product Center.
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Cómo evitar la depreciación: el valor de las preguntas
Muchos de los conocimientos adquiridos se pueden volver obsoletos en un plazo perentorio, por lo que se hace imperativo reinventarse continuamente. Una herramienta clave para evitar que nuestro conocimiento se deprecie es la habilidad para hacer preguntas poderosas, lo cual nos ayuda a tener un mejor sentido del mundo y a innovar. Como afirman Vogt y otros, la utilidad del conocimiento que adquirimos y la efectividad de las acciones que tomamos dependen de la calidad de las preguntas que hacemos.
Atributos de las preguntas poderosas
- Son breves, precisas y únicas.
- Abiertas, provocadoras y capaces de invitar a una reflexión profunda.
- Centradas en la acción y el cambio de comportamiento personal.
- No contienen suposiciones ni son tendenciosas.
Aprender a hacer preguntas podría ser la habilidad que nos permitiría mantenernos vigentes y agregar valor en todas nuestras actividades, pues seríamos capaces de diseñar conversaciones poderosas y estratégicas que nos empujen a generar soluciones ante situaciones desconocidas o problemáticas.
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