Descubre Cómo la Política Fiscal Transforma la Economía y Afecta Tu Bolsillopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La política fiscal forma parte de la política económica y, a través de ella, los gobiernos influyen en la economía del país. Las autoridades gubernamentales utilizan los impuestos y/o el gasto público para controlar y estabilizar la actividad económica de un país. Ésto es conocido como política fiscal. La política fiscal puede influir en la economía mediante variables como los ingresos que recauda el Estado vía impuestos, o el gasto público que realiza. Mediante estas decisiones, el Gobierno influye en la producción y el empleo.

La política fiscal juega un rol fundamental en la movilización de recursos internos para permitir a los gobiernos financiar de manera sostenible sus planes de desarrollo económico y social. La política fiscal se refiere a las decisiones económicas de los Gobiernos, que pueden decidir gastar dinero en prestar servicios públicos, apoyar a la economía y reducir las desigualdades.

Efectos de la Política Fiscal Expansiva

Durante las recesiones o en tiempos de crisis económica, por ejemplo, la producción es baja y las tasas de desempleo son altas. Para estimular el crecimiento económico, el gobierno puede recortar impuestos o incrementar el gasto público. Actualmente, nos encontramos en medio de una política fiscal expansiva, en la que las empresas tienen la oportunidad de crecer e invertir.

Incremento del Gasto Público

Primero veamos cómo un aumento en el gasto público puede acelerar el crecimiento económico. Parte de la demanda agregada en una economía viene directamente del dinero gastado por el gobierno. Al igual que las unidades familiares y empresas, los gobiernos compran por sí mismos bienes y servicios, por ejemplo, cuando construyen carreteras, edificios u otra infraestructura o cuando contratan nuevos empleados y trabajadores para realizar diferentes servicios. Un aumento en el gasto público, asumiendo que el dinero es gastado en bienes y servicios producidos nacionalmente, se traduce en un aumento directo de la demanda por los bienes y servicios producidos nacionalmente.

Las empresas incrementarán la producción y contratarán nuevos trabajadores para satisfacer la demanda. Una importante cuestión es saber cuánto aumentará la producción si el gobierno decide hacer un gasto adicional. La producción aumentará en una cantidad superior al incremento inicial en el gasto público, ya que el aumento en el ingreso generado por el estímulo inicial incrementará aún más la demanda. Las empresas venderán más, debido al aumento en la demanda y generarán ingresos más altos. Parte de este ingreso lo mantienen como beneficios y otra parte es utilizada para pagar a sus trabajadores. De este modo, aumentan los ingresos de los trabajadores y los empresarios. Adicionalmente, algunos trabajadores que se encontraban anteriormente desempleados, ahora tienen un trabajo y un ingreso y pueden por lo tanto comprar más bienes y servicios. Ésto a su vez aumenta de nuevo el ingreso en ciertos sectores y de este modo la demanda agregada.

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Este efecto es también conocido como efecto multiplicador. La magnitud del efecto multiplicador depende crucialmente de la propensión marginal al consumo (mpc) de las unidades familiares, es decir, de la fracción del ingreso que las unidades familiares consumen y no ahorran. Claramente, cuanto mayor sea la propensión marginal al consumo, mayor será el efecto multiplicador. Por lo tanto, un aumento en el gasto público incrementará el PIB en una cantidad superior que el aumento inicial en el gasto debido al efecto multiplicador.

Reducción de Impuestos

Otro instrumento de política fiscal son los recortes de impuestos. La reducción de impuestos puede estimular el consumo privado si el recorte del impuesto da lugar a un aumento directo del ingreso disponible de las unidades familiares. Las unidades familiares obtienen un ingreso, parte del cual pagan al gobierno en forma de impuestos. El ingreso restante se llama ingreso disponible y se divide entre el consumo y los ahorros. Por lo tanto, una disminución de los impuestos aumenta el ingreso disponible de las unidades familiares privadas. Parte de este ingreso adicional será gastada por las unidades familiares en bienes y servicios.

Este aumento en la demanda no se podrá satisfacer a menos que las empresas incrementen la producción, para lo cual tendrán que contratar más trabajadores. De esta manera, la producción aumenta y el desempleo disminuye. Otro canal mediante el cual las reducciones de impuestos pueden estimular el crecimiento económico es el impacto que los recortes de impuestos tienen sobre la actividad inversora de las empresas. Los recortes de impuestos pueden estimular la inversión y un aumento en la inversión da lugar a un incremento en la demanda de bienes y servicios.

Inconvenientes y Limitaciones de la Política Fiscal

Ahora, puede que te estés preguntando cuáles son los inconvenientes de las políticas fiscales que acabamos de describir. Por un lado, un aumento en el gasto público puede causar un efecto exclusión, el cual dificultará el crecimiento. El efecto exclusión describe el siguiente fenómeno: para financiar el aumento del gasto público, el gobierno debe pedir fondos prestados. Este aumento en la demanda de fondos prestables causará que el precio del dinero, por ejemplo, la tasa de interés, aumente.

A una tasa de interés más alta, será menos interesante pedir dinero prestado y más interesante prestarlo. Las empresas y las unidades familiares con ahorros preferirán prestar el dinero en lugar de gastarlo o invertirlo. Aquellos que no tengan ahorros propios puede que no sean capaces o no estén dispuestos a pedir dinero prestado a esta elevada tasa de interés. Si las unidades familiares y las empresas piden menos dinero prestado, éstas no podrán invertir en nuevas estructuras, edificios o máquinas.

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El principal problema es el aumento de la deuda pública. Un aumento del gasto público sin un incremento de los impuestos aumentará el déficit presupuestario, y, por analogía, también los recortes de impuestos que no son acompañados por una disminución del gasto. Unos niveles de deuda elevados son problemáticos por diversas razones. Entre otras, altos niveles de deuda resultarán en pagos de interés elevados o puede que incluso den lugar al efecto exclusión que anteriormente mencionamos.

Además de ésto, los efectos de los recortes de impuestos o del incremento en el gasto público dependen profundamente del tipo de la reducción de impuestos o del gasto público. Por ejemplo, el efecto de una reducción del impuesto sobre la renta no será el mismo que el efecto de una reducción del impuesto sobre el valor añadido. Para quienes toman las decisiones en la política es importante tener una idea sobre qué tipos de políticas fiscales funcionan mejor.

En un contexto de fuerte inflación por un exceso de demanda agregada es necesario controlar el auge de los precios, mediante políticas fiscales restrictivas.

La Perspectiva Keynesiana y la Inversión

El argumento fundamental para avalar la intervención estatal directa en la economía es que el gasto privado no puede garantizar el pleno empleo de las fuerzas productivas, porque los mecanismos de mercados no son funcionales para emplear el conjunto de los factores productivos disponibles en la economía. Con base en ello se argumenta que los equilibrios económicos generalmente están acompañados con subempleo y, sólo por casualidad, el gasto privado logra el pleno empleo.

El argumento de Keynes y, en general, del principio de la Demanda Efectiva, descansa en el planteamiento de que la inversión es el gasto dinámico del crecimiento económico en el sistema capitalista, el cual no depende del ahorro, sino del financiamiento. A la luz de la inestabilidad financiera, la mayoría de los autores señalan que el gasto privado no puede garantizar el pleno empleo a las fuerzas productivas; y el desempleo (problema muy agudo en la crisis de 1929) es estructuralmente involuntario y no puede ser resuelto mediante mecanismos de mercado.

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Keynes planteó que la intervención gubernamental directa en la economía debe estar dirigida a potenciar las actividades privadas y aboga por una intervención gubernamental prolongada en la economía, otorgando particular importancia al gasto de capital fijo. Por consiguiente, la política fiscal debe promover el gasto de inversión pública, la cual, a su vez, dinamiza el gasto privado de la acumulación. El propósito de la política fiscal debe ser la estabilidad de la demanda, mediante la ampliación de la oferta, a través de la inversión productiva, ya sea directamente por el gasto público o por políticas que dinamizan el gasto privado de la inversión. Ello implica una intervención constante en la economía y no únicamente en periodos de recesión.

Un objetivo adicional del gasto público es potenciar el multiplicador del ingreso, lo cual implica reducir las fugas externas del ingreso, o sea, reducir los desequilibrios económicos estructurales y reducir las ganancias financieras, lo cual resumió bajo el enunciado de 'eutanasia a los rentistas'. Las bases de la argumentación de Keynes es que la intervención pública es necesaria por la falta de coordinación del sector privado para generar un volumen de inversión productiva que garantiza la plena utilización de los factores productivos. Desde la perspectiva de Keynes, los dueños de capital pueden obtener crecientes ganancias a través de maximizar el valor de sus acciones en el mercado financiero, con fines especulativos, dominados por los 'inversionistas profesionales' que buscan ganancias rápidas y de corto plazo. Ello desalienta el 'espíritu empresarial', cuyos rendimientos provienen de la inversión productiva en el largo plazo.

Evolución de la Política Fiscal y su Impacto en Países en Desarrollo

Los hacedores de política económica del periodo posguerra, especialmente en la economía estadounidense, que otorgaron una importancia central a la política fiscal, adoptaron un planteamiento diferente, denominado keynesiano. Este planteamiento se mantuvo en el periodo neoliberal, canalizándose el gasto de manera indirecta a la economía, a través de transferencias, añadiéndose las participaciones, el creciente pago de intereses y otros costos financieros (gasto no programable) como una forma de garantizar la estabilidad de las ganancias, con efecto limitado sobre el crecimiento económico.

La intervención pública, especialmente en los países en desarrollo de la región latinoamericana (particularmente en México) no siguió estas políticas; solo estabilizó el gasto de la inversión, sin lograr potenciar el volumen de la formación bruta de capital fijo privado en el último periodo de industrialización por sustitución de importaciones; modificándose radicalmente el objetivo del gasto público en el periodo neoliberal. En el periodo neoliberal, dominado por una profunda contrarrevolución teórica que repudió las políticas de intervención gubernamental en la economía, no se desmontó el andamiaje de las grandes estructuras gubernamentales, aunque se modificó la composición del gasto público, reduciéndose su impacto en el crecimiento económico. Aumentó el gasto corriente y el pago de los intereses y de costos financieros relacionados al gasto público, independientemente de la formación bruta de capital fijo.

Nuestra hipótesis es que el gasto público debe mantener el espíritu de Keynes, o sea, debe dirigirse a fortalecer el sector de acumulación, el cual, empero, para ser exitoso debe ir acompañado de consensos políticos con el sector privado para potenciar el gasto privado y el crecimiento económico.

La Política Fiscal en Tiempos de Crisis

En medio de la crisis sin precedentes causada por la pandemia de COVID-19, los gobiernos reaccionaron con políticas fiscales expansivas para abordar los efectos sociales y económicos de la pandemia, fortaleciendo los sistemas de salud pública, apoyando a las familias y protegiendo la estructura productiva. Durante la pandemia de la COVID-19 muchos países han reaccionado con medidas de confinamiento severas, a fin de parar la expansión del virus, el cual, al mismo tiempo, tiene consecuencias económicas severas, tal y como un aumento del desempleo y una disminución de la producción.

La política fiscal, apoyada por la monetaria, ha sido la principal línea de defensa contra los estragos que la pandemia ha causado en la economía. En julio de 2020, el Consejo Europeo acordó un instrumento excepcional de recuperación temporal conocido como Next Generation EU, dotado con 750.000 millones de euros para el conjunto de los Estados Miembros. Los resultados de este trabajo adquieren importancia en la reconfiguración de la intervención pública en la economía que se discute a partir de la recesión económica de Estados Unidos que tuvo lugar en 2008, y la crisis europea.

Interacción con la Política Monetaria

La política monetaria y la política fiscal son dos instrumentos importantes para mantener la buena salud de la economía. Ambas influyen en ella, pero de maneras diferentes. La política monetaria trata de mantener estables los precios de los bienes y servicios que compramos. Las políticas monetaria y fiscal funcionan de maneras distintas, pero también interactúan entre sí, ya que la estabilidad de precios y el equilibrio económico son dos caras de la misma moneda. Este vínculo es particularmente estrecho en tiempos de crisis, como hemos visto durante la pandemia. Este enfoque conjunto ayudó a muchas personas y empresas a superar la crisis.

Las políticas monetaria y fiscal deben ir de la mano para que la economía funcione sin problemas. Cuando la economía no va bien y los tipos de interés son ya muy bajos, tiene sentido que las políticas monetaria y fiscal trabajen juntas para reactivarla. Cuando la economía va bien, no es tan necesario que vayan de la mano. La política monetaria, por ejemplo, a través de las decisiones sobre la emisión de dinero, puede generar efectos sobre el crecimiento y dinamización económica, la inflación o las tasas de interés; la política fiscal, a través de las determinaciones de gasto público e impuestos, puede tener efectos sobre la actividad productiva de las empresas y, en últimas, sobre el crecimiento económico.

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