El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es una de las disfunciones del neurodesarrollo más comunes durante la infancia. Aunque los tratamientos farmacológicos y las intervenciones cognitivo-conductuales han sido durante mucho tiempo la base de su gestión, la reciente investigación científica ha puesto de relieve el potencial de una intervención complementaria poderosa, accesible y de bajo coste: la actividad física. Hacer ejercicio con regularidad es una de las formas más fáciles y efectivas de reducir los síntomas del TDAH y mejorar la concentración, la motivación, la memoria y el estado de ánimo.
Neurobiología del ejercicio y el TDAH
Para comprender cómo la actividad física puede tener un impacto en la sintomatología de estos trastornos, primero hay que entender cómo funciona el TDAH a escala neurobiológica. El TDAH está relacionado con disfunciones en los sistemas de neurotransmisores, particularmente la dopamina y la noradrenalina. Estos neurotransmisores son cruciales para la motivación, la atención y la regulación de la conducta.
La actividad física aumenta inmediatamente los niveles de dopamina, norepinefrina y serotonina del cerebro, neurotransmisores que portan información desde los lóbulos frontales a las demás zonas del cerebro y viceversa, favoreciendo respuestas cognitivas adecuadas y el control de impulsos. Además, la actividad física aumenta la expresión del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína crucial para la supervivencia, el crecimiento y la diferenciación de las neuronas. En resumen, la actividad física no sólo «quema energía», sino que remodela activamente el cerebro, haciéndolo más eficiente en las áreas donde las personas con TDAH presentan mayores dificultades.
Tipos de ejercicio y su impacto
No todos los tipos de actividad física generan los mismos beneficios cognitivos. Para diseñar programas que maximicen el impacto en la sintomatología del TDAH, es fundamental distinguir entre diferentes niveles de movimiento:
- Ejercicio aeróbico: Son actividades que implican movimientos relativamente estables y repetitivos que exigen una baja demanda cognitiva, como correr en una cinta, nadar o saltar a la cuerda.
- Ejercicio cognitivamente exigente: Este tipo de ejercicio requiere un alto grado de compromiso cognitivo, puesto que implica tomar decisiones, planificar estrategias y utilizar la memoria en tiempo real, como deportes de equipo, artes marciales o deportes de raqueta.
Comparativa de beneficios
La investigación demuestra que las intervenciones con actividad física tienen un efecto positivo en las funciones ejecutivas, observándose mejoras en el control inhibitorio, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva.
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| Tipo de ejercicio | Efecto en funciones ejecutivas | Ejemplos |
|---|---|---|
| Aeróbico | Mejora transitoria de atención y concentración. | Correr, ciclismo, natación. |
| Cognitivamente exigente | Mayor impacto en funciones ejecutivas y neuroplasticidad. | Fútbol, baloncesto, artes marciales. |
Recomendaciones para la práctica
No existe una fórmula única que sirva para todos. La selección del tipo de actividad, la frecuencia y la duración debe basarse en las diferencias individuales de la persona con TDAH. La recomendación para niños y adolescentes es de 60 minutos diarios de ejercicio de intensidad moderada a vigorosa, que también se puede distribuir en bloques.
Es muy importante que los padres presten atención al tipo de actividad en que están inscribiendo a sus hijos. En el mundo de hoy, hay muchos deportes infantiles que son muy competitivos, y esos no serían la mejor opción para los niños con TDAH, que tienen dificultad para seguir instrucciones o que no son tan coordinados como sus compañeros. Si un niño no se siente cómodo participando en deportes de equipo, busca actividades no competitivas que aumenten la frecuencia cardíaca sin ponerlo en situaciones potencialmente estresantes.
Para convencer a tu cerebro TDAH de hacer ejercicio físico incluso cuando no tienes ganas, puede ser útil encontrar la motivación que funcione para ti. Llevar un registro de tus progresos y entrenamientos puede ser una excelente manera de sentirte realizado y más motivado para alcanzar nuevos objetivos. El ejercicio no es una cura milagrosa para el TDAH, pero puede contribuir a que la persona se desempeñe mejor y se sienta mejor, y eso es definitivamente algo que vale la pena probar.
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