La industrialización por sustitución de importaciones (ISI) es una política económica basada en la premisa de que un país en vías de desarrollo debe intentar sustituir productos que importa, normalmente manufacturas, por sustitutos fabricados localmente. El modelo de industrialización sustitutiva de importaciones surge en un contexto histórico donde el orden liberal había fracasado, debido a la ola globalizadora de finales del siglo XIX y a la crisis que desembocaría en una fuerte depresión. Esto se debió a la drástica disminución de los productos provenientes del polo industrial de Europa, como consecuencia tanto de la Gran Depresión previa a la Segunda Guerra Mundial, como a la devastación que ambos conflictos significaron para el continente europeo.
No cabe duda de que las guerras y las depresiones económicas han desempeñado un papel muy importante al llevar industrias a los países de la “periferia” que anteriormente estaban clasificados en el grupo de los países no industrializados. Estas situaciones ocasionaron una baja en las divisas de los países del Tercer Mundo, que a su vez se vieron incapaces de importar lo que usualmente consumían, ya que la caída en la actividad industrial significó menor consumo de materias primas. Ante este panorama, los países latinoamericanos ya no tenían alternativa entre un vigoroso crecimiento por este cauce y la expansión interna a través de la industrialización.
Etapas y características del proceso
El modelo ISI atravesó dos grandes etapas en un periodo que comprendió desde 1930 hasta 1982. En la primera etapa, el modelo tuvo un mayor impacto en los países que facilitaron la intervención del Estado en la economía, apostando por un modelo desarrollista. Durante este periodo, se logró sustituir realmente las importaciones de manufactura por fabricación interna, donde primaron las fuertes restricciones a las importaciones y el Estado tuvo una participación decisiva en la protección arancelaria de la industria, el financiamiento público de las inversiones y la aplicación de estímulos fiscales.
La segunda etapa, de mayor dificultad para los países latinoamericanos, se inicia hacia mediados y fines de los años 50. En esta fase, las empresas transnacionales capitalizaron el desarrollo del mercado interno y se apoderaron de las ramas y actividades más dinámicas de la industria. Esto implicó el traslado hacia el exterior de las tomas de decisiones, debilitando la conducción nacional del proceso, además de limitar el campo de acción y la influencia de las políticas económicas de los gobiernos.
Evolución de la estrategia industrial
Independientemente de su impulso original, la ISI empieza en forma predominante con la manufactura de bienes terminados de consumo que anteriormente se importaban, y después sigue con mayor o menor rapidez con las “etapas superiores” de la fabricación, es decir, maquinaria y bienes intermedios. El siguiente cuadro resume los pilares estratégicos del modelo:
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- Control de comercio: Regulación de importaciones y exportaciones mediante aranceles y cuotas.
- Participación estatal: Producción estatal en sectores clave e inversión en infraestructura.
- Estímulos al sector: Subsidios directos e indirectos, tasas de interés preferenciales y protección fiscal.
- Objetivo social: Expansión del empleo y distribución equitativa del ingreso para fortalecer el mercado interno.
Desafíos y limitaciones del modelo
Pese a los resultados favorables iniciales, existieron factores trascendentales que limitaron su continuidad. La protección sostenida de la industria generó un exceso de confianza en las empresas nacionales, lo que las desalentó a reinvertir sus elevadas utilidades, deteriorando con ello la competitividad y la productividad. El principal problema del modelo es que, en el largo plazo, puede traer como consecuencia que los beneficios otorgados a las industrias se traduzcan en ineficiencias, bienes obsoletos y demasiado costosos.
Además, el deterioro del sector agrícola mermó la fuente de financiamiento del modelo sustitutivo, porque para desarrollar la industria era necesario importar bienes de capital y, dado que los productos manufacturados nacionales estaban orientados exclusivamente al mercado interno, la exportación de bienes primarios era el medio clave para saldar la balanza comercial. En última instancia, la profundización de la industrialización requería de mayores importaciones de insumos y bienes de capital, lo cual tendió a incrementar la dependencia de las importaciones, en vez de resolver los problemas de la balanza comercial, tal como se pretendía.
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