Descubre Cómo la Actividad Física Revoluciona el Tratamiento del Hígado Grasopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Hoy en día, es casi imposible no escuchar hablar de los beneficios del ejercicio. La ciencia ha demostrado ampliamente que la actividad física y el ejercicio de fuerza pueden ayudar a evitar muchos problemas de salud. Pero cuando usted o uno de sus seres queridos vive con hígado graso, los beneficios del movimiento son vitales. Junto con la dieta, el ejercicio es uno de los dos pilares básicos de su tratamiento.

Entendiendo la esteatosis hepática metabólica

La esteatosis hepática metabólica es una enfermedad crónica que afecta al 30 por ciento de la población mundial. Esta afección ocurre cuando el hígado presenta una acumulación de grasa mayor de lo normal (más del 5 al 10 por ciento de su peso corporal). Como consecuencia de esta acumulación de grasa, el hígado puede inflamarse y dañarse. La forma más avanzada de la enfermedad es la esteatohepatitis metabólica (MASH), en la que el hígado presenta tejido cicatricial (fibrosis hepática). Si no se trata a tiempo, puede llegar a desarrollarse cirrosis o incluso cáncer de hígado.

Los factores de riesgo relacionados con la esteatosis hepática metabólica están vinculados al síndrome metabólico. Esto incluye condiciones como la diabetes tipo 2, la resistencia a la insulina, la obesidad, el colesterol alto, y otras alteraciones en el funcionamiento del metabolismo.

Tabla: Beneficios del ejercicio en la salud hepática

Tipo de intervención Impacto clínico observado
Ejercicio aeróbico Reducción de triglicéridos intrahepáticos y mejora de ALT
Ejercicio de fuerza Estimulación de la lipofagia y mejora del metabolismo
Pérdida del 5-7% de peso Reducción significativa de grasa hepática e inflamación
Pérdida del 10% de peso Posible reversión parcial de la fibrosis hepática

El ejercicio como tratamiento de primera línea

Dada la gravedad de esta enfermedad para la salud pública, se han realizado cientos de estudios para entender cómo el ejercicio físico puede ayudar a reducir la cantidad de grasa del hígado. El ejercicio físico es un tratamiento de primera línea contra el hígado graso porque ayuda a reducir la grasa acumulada en el órgano y mejora la sensibilidad a la insulina.

Una revisión bibliográfica que analizó ensayos clínicos con pacientes adultos demostró que las intervenciones con programas de ejercicio aeróbico, anaeróbico o combinados logran una reducción del contenido graso hepático (aprox. 10-12%), mejora en el perfil lipídico y disminución de la resistencia a la insulina. Es fundamental destacar que, incluso sin una pérdida de peso significativa, el ejercicio mejora los niveles de grasa en el hígado y de ALT en personas con hígado graso, especialmente cuando se mantiene durante más de 3 meses.

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¿Qué tipo de ejercicio es el más efectivo?

A la hora de mejorar la función hepática, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) recomiendan un régimen que combine actividad aeróbica y ejercicio de resistencia. El ejercicio aeróbico es cualquier actividad que acelere los latidos del corazón, como correr, bailar, nadar, o incluso caminar a paso ligero. Por otro lado, el ejercicio de resistencia, también llamado entrenamiento de fuerza, implica hacer trabajar los músculos intensamente, lo cual estimula la lipofagia, es decir, la autodegradación de grasa almacenada en el hígado.

Las recomendaciones prácticas incluyen:

  • Realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada.
  • Incluir 2 o 3 horas semanales de ejercicio de resistencia (pesas, bandas o peso corporal).
  • Alternar tipos de ejercicio para potenciar los beneficios metabólicos.
  • Priorizar la constancia, ya que es lo más importante para la salud a largo plazo.

Antes de empezar cualquier rutina de ejercicio, consulte con su doctor. Cada persona tiene necesidades y condiciones de salud distintas. Su médico le puede dar más información sobre la relación entre la salud hepática y el ejercicio, y darle recomendaciones específicas sobre cómo incorporar el ejercicio físico en su vida cotidiana.

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