La práctica del consentimiento informado (CI) en la medicina clínica es tanto inconsistente como inadecuada. A pesar de su importancia para el bienestar de los usuarios de los servicios médicos, para salvaguardar sus derechos, su integridad y su capacidad de decisión, la práctica de obtener el CI en este ámbito enfrenta muchas dificultades. Quizá la mayor dificultad que existe es la distorsión de su función; en vez de considerarlo primordialmente como un instrumento a favor de la integridad de los usuarios, el CI es considerado por parte del personal de salud, sobre todo los médicos, como una obligación legal suya que opera a favor de su propia protección. El consentimiento informado, más que un documento formal, es un modelo de una virtuosa relación entre los profesionales de salud y los pacientes, donde el respeto por la autonomía y autodeterminación del sujeto afectado por la enfermedad es el principio más importante en el proceso de decisión.
Definición y componentes del consentimiento informado
El CI se sustenta en la relación médico-paciente, en la que el paciente recibe información suficiente y adecuada para poder tomar decisiones relacionadas con procedimientos diagnósticos y tratamiento de su enfermedad, sin ningún tipo de coacción por parte del médico. Es un proceso a través del cual el profesional médico informa al paciente sobre el tratamiento que le realizará, así como de los riesgos, beneficios y alternativas. Los tres requisitos necesarios para su validez son la voluntariedad, la información y la comprensión. El consentimiento informado médico es un proceso de explicación verbal y escrita. Existe una confusión entre el proceso verbal de entrega de información por parte del profesional al paciente y el documento de CI. El documento tan sólo prueba que el profesional ha facilitado la información y que el paciente la ha recibido y está de acuerdo con lo que se le ha propuesto.
Requisitos legales del consentimiento informado
El consentimiento válidamente informado es un derecho fundamental del paciente, una exigencia ética y legal. Para que un consentimiento informado sea válido debe incluir, al menos, los siguientes requisitos:
- Nombre de la institución y del establecimiento médico.
- Título del documento, lugar y fecha de emisión.
- Diagnósticos completos y acto autorizado.
- Señalamiento de los riesgos y beneficios esperados.
- Consecuencias posibles, riesgos típicos personalizados y contraindicaciones.
- Autorización al personal de salud para la atención de contingencias.
- Nombre completo y firma del paciente, del médico y de dos testigos.
El consentimiento como proceso continuo
Pensar que el consentimiento informado es un momento aislado y puntual en la relación clínica, centrado en el formulario y preocupado sobre todo por obtener la firma del paciente, es equivocarse totalmente en el plano ético y legal. El CI debe ser concebido como una práctica continua, un proceso integrado en la relación médico-paciente como una faceta de todas las etapas de la toma de decisiones. Al mantener que la comunicación con los usuarios de los servicios de salud es continua a lo largo de ese amplio rango de intervenciones, y no sólo en un momento particular, se favorece decididamente una mejor actitud de respeto y consideración por parte del personal de salud.
Categorías de intervención y riesgo
El modelo de continuidad permite clasificar las intervenciones según el grado de riesgo para el paciente. A continuación se presenta una estructura lógica basada en la práctica del proceso continuo:
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| Categoría de intervención | Nivel de riesgo | Tipo de comunicación | Forma de consentimiento |
|---|---|---|---|
| Consentimiento informado formal | Alto | Deliberativa/Prudencial | Escrito/Firmado |
| Asentimiento | Medio | Informativa/Participativa | Verbal/Explícito |
| No disentimiento | Bajo | Rutinaria | Tácito/Presunto |
Desafíos en la implementación actual
La mayoría de los pacientes ignora a qué se refiere el consentimiento informado, pero aun así lo firman. La mayor frecuencia de mujeres autorizando los procedimientos refleja el papel de cuidadora que tiene la mujer aún en nuestra sociedad. Cuando se precisan los motivos de no lectura, la presión ejercida por el médico se coloca en un preocupante primer lugar. El médico, al no percibir el interés por parte del paciente, muchas veces no se esmera en dar toda la información completa y por consiguiente reproduce involuntariamente este modelo paternalista. Ante esta realidad, se vuelve imperativo que los médicos y profesionales de la salud mejoren sus habilidades de comunicación, de tal forma que se privilegie el derecho del paciente de elegir lo mejor para él o ella, basado en sus principios, filosofía, religión, creencias y características personales.
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