Descubre las Características Únicas del Ser Humano y Sus Fascinantes Similitudes con el Reino Animalpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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En años recientes, muchas características que antaño se pensaban eran exclusivas de los humanos fueron halladas en el reino animal. Entonces, ¿qué es lo que nos hace especiales? Puede que la lista sea ahora más corta, pero hay ciertos rasgos que no compartimos con ninguna otra criatura terrestre. Desde que comenzamos a escribir, hemos documentado cuán especiales somos. Somos "animales racionales" que buscamos el conocimiento por el hecho mismo de conocer, escribió Aristóteles hace 2.000 años. Mucho de lo que él decía sigue siendo válido. Tenemos similitudes con todo lo demás en la naturaleza, sería sorprendente si no las tuviésemos. Pero tenemos que centrarnos en las diferencias, señala Ian Tattersall, paleoantropólogo del Museo Estadounidense de Historia Natural en Nueva York.

El Chimpancé: Nuestro Pariente Más Cercano

¿Sabías que el chimpancé comparte el 96 por ciento del código genético con el ser humano? Es el pariente vivo más cercano al hombre. Los chimpancés (Pan Troglodytes) son animales muy sociables que viven en grupos formados por varias docenas de individuos. Es uno de los animales con mayor variedad de expresiones faciales. Sus gritos y gestos les permiten comunicarse fácilmente entre ellos. Su hábitat natural lo encontramos en las junglas, bosques y sabanas de África. Son muy adaptables a la variedad de entornos. Estos animales caminan normalmente a cuatro patas, aunque también son capaces de levantarse y caminar erguidos, al igual que el ser humano. El chimpancé es capaz de fabricar y utilizar herramientas. Moldean palos y los utilizan para hacer salir a los insectos de sus guaridas, utilizan piedras para abrir frutos secos y emplean hojas para recoger agua potable de la lluvia. Los chimpancés son capaces incluso de aprender algunos elementos básicos del lenguaje humano de signos. Estos grandes simios se hallan en peligro de extinción. Sus grandes amenazas son los cazadores que trafican ilegalmente con su carne y la destrucción de su hábitat a manos de los humanos. Una oportunidad única de conocer a estos simpáticos primates la encontramos en Madrid, en el Zoo Aquarium.

La Singularidad Humana: Un Largo Camino Evolutivo

Para entender estas diferencias, un buen lugar para empezar es pensar cómo llegamos hasta aquí. ¿Por qué somos la única especie humana viva mientras que muchos de nuestros ancestros se extinguieron? Los humanos y los chimpancés se separaron de nuestro ancestro común hace seis millones de años. El cambio fue gradual. Dejamos los árboles, comenzamos a caminar y empezamos a vivir en grupos más grandes y nuestro cerebro se agrandó. Durante al menos 100.000 años, la evidencia muestra que nuestra tecnología era muy similar a la de los neandertales. Pero, hace 80.000 años, algo cambió. Comenzamos a producir artefactos culturales y tecnológicos superiores. Nuestras herramientas se tornaron más complicadas. Comenzamos a darle valor simbólico a ciertos objetos. En cambio, hay muy poca evidencia de otros homínidos produjeran ningún tipo de arte.

El hombre más estúpido basta para dirigir al más diestro de los animales, le manda, y le hace servir para su uso, no por la superioridad de su fuerza, sino por la inteligencia de su naturaleza, porque tiene un proyecto razonado, un orden en sus acciones, y un sistema en los medios por los que obliga al animal a obedecer. Así no vemos que los animales más fuertes, más astutos manden a los otros haciéndole servir de ellos, esto sería efecto de la inteligencia, lo que si vemos diariamente es que el más fuerte devora al más débil, acción que no supone otra cosa mas que una necesidad, un apetito, cualidad por cierto muy diferente de la que produce una serie de acciones dirigidas a un mismo objeto. No hay en todo el reino animal señal alguna de esta subordinación, ni la más remota apariencia de que alguno de ellos conozca y ejerza la superioridad de su naturaleza sobre los demás.

El Lenguaje y el Pensamiento Reflexivo

Aún no está claro cuándo evolucionó nuestro lenguaje, o cómo. Pero parece que fue impulsado en parte por otro rasgo humano único: nuestras capacidades sociales superiores. De alguna manera, nuestra habilidad para desarrollar el lenguaje se fue, gradualmente, "encendiendo". De la misma manera que las aves desarrollan sus plumas antes de que puedan volar, nosotros contábamos con las herramientas mentales para producir un lenguaje complejo antes de desarrollarlo. El hombre por signos externos manifiesta lo que pasa en su interior, comunica su pensamiento por medio de la palabra, signo común a toda la especie humana. El hombre salvaje habla, el hombre civilizado habla, y ambos usan de los sonidos que articulan su lengua, y constituyen las palabras para darse a entender. Ningún animal usa de la palabra, este signo por el que se revela el pensamiento, y no es como creen algunos por defecto de la configuración de sus órganos. No. La lengua del mono aparece después de un examen anatómico tan perfecta, tan bien configurada como la del hombre, y sin embargo los monos no hablan. ¿Y por qué? Porque la palabra proviene del pensamiento. Si los monos pensasen hablarían nuestro lenguaje, y si suponemos que son capaces de pensar aunque en un orden más inferior que el hombre, hablarían con los otros monos, pero nunca se les ha visto, jamas se les ha oído hablar, discurrir juntos, porque para esto se necesitaría un orden, una serie de pensamientos a su modo, pero semejante a los nuestros. La prueba de que el no hablar los animales no consiste en la configuración de sus órganos, es que se conocen muchas especies en las que se les ha enseñado a pronunciar palabras, más aún, a repetir largas frases, pero jamas se ha conseguido hacerles entender lo que significaban estas palabras, las repiten, las articulan solo como un eco o una máquina artificial podría repetirlas, y articularlas. Una lengua, un idioma aun el menos perfecto supone una serie de pensamientos. Como los animales no piensan, por eso carecen de lenguaje.

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Capacidades Sociales Superiores y la Teoría de la Mente

Estudios comparativos entre humanos y chimpancés señalan que si bien es cierto que ambos cooperan, los humanos siempre ayudan más. Los niños, por ejemplo, ya tienen el instinto de ayudar. Los humanos también lo hacen, pero además, se preocupan por lo que obtendrá su pareja. La capacidad de cooperar está ligada a nuestra increíble capacidad de leer la mente. Sabemos lo que otros piensan basándonos en nuestro conocimiento del mundo, pero también entendemos lo que los otros no pueden saber. El experimento llamado Sally-Anne es una manera simple de poner esta capacidad de los niños a prueba. Un niño ve como una muñeca llamada Sally pone una pelotita en una canasta a la vista de otra muñeca, Anne. Cuando Sally sale de la habitación, Anne saca la bolita y la pone en una caja. Sally regresa y se le pregunta al niño a dónde irá a buscar la pelota. Como Sally no vio que Anne la sacaba y la guardaba en una caja, tendrá la "creencia falsa" de que todavía está en la canasta. La mayoría de los niños de 4 años puede entender esto y decir que Sally la buscará en la canasta. Sin embargo, no pueden entender las "creencias falsas" de otros. En la versión de Sally-Anne para chimpancés, investigadores descubrieron que los chimpancés saben lo que los otros saben y pueden ver, pero no lo que los otros creen. Mientras que no somos los únicos que entendemos que los demás tienen intenciones y metas, "somos ciertamente únicos en el nivel de abstracción con el que podemos razonar sobre los estados mentales de los otros", asegura Katja Karg, también del Instituto Max Planck. Cuando juntamos nuestras extraordinarias capacidades lingüísticas, nuestra capacidad para inferir los estados mentales de los otros y nuestro instinto para la cooperación, tenemos algo sin precedentes: nosotros.

Acumulación Cultural y Visión del Futuro

Contamos historias, soñamos, imaginamos cosas sobre nosotros y los demás y pasamos mucho tiempo pensando en el futuro y analizando el pasado. Y hay más, enfatiza Thomas Suddendorf, psicólogo evolutivo de la Universidad de Queensland, en Australia. Tenemos una necesidad fundamental de unir nuestras mentes. Esto nos permite aprovechar las experiencias, las reflexiones y lo que imaginan los demás para guiar nuestro propio comportamiento. Unimos nuestras mentes en redes más grandes de conocimiento. Y esto a su vez contribuye a que podamos acumular información a través de las generaciones. Además, hasta donde sabemos, somos las únicas criaturas que intentamos entender de dónde venimos.

Aun cuando queramos suponer en el hombre común con los animales las sensaciones mas groseras, y maquinales es cierto que son incapaces de la asociación de ideas, que es lo que únicamente puede producir la reflexión, en lo que consiste la esencia del pensamiento. Como los animales no pueden reunir ni combinar una sola idea, no piensan, y como no piensan no hablan, y por esta razón no inventan ni perfeccionan nada. Si aun en el grado más ínfimo e imperceptible fuesen capaces de reflexión, serían capaces de progreso, adquirirían perfección en su industria. Las golondrinas construyen hoy sus nidos del mismo modo que los construían hace dos mil años. Los castores edifican con la misma solidez sus habitaciones a la margen de los ríos como los edificaban los primeros castores. Las abejas perfeccionarían en sus colmenas sus admirables celdillas diariamente, a no ser que supongamos que ya no son susceptibles estas obras de mayor perfección. Esto equivaldría a conceder a este insecto más talento que al hombre concediéndole una inteligencia superior y capaz de percibir de un solo golpe el último punto de perfección a que puede elevar su obra, ínterin el hombre jamas ve a primera vista este punto al que solo llega después de muchos años de reflexión, trabajo y experiencia. La historia de las artes y de las ciencias comprueban esta verdad.

¿De que provendrá esta uniformidad en las obras de los animales? ¿Por qué cada especie hace las cosas siempre lo mismo que los que les precedieron? ¿Por qué cada individuo no hace más que otro? Porque sus operaciones son resultados mecánicos, y puramente materiales. Porque si tuviesen la más ligera chispa de la luz que nos ilumina ya que no perfección encontraríamos variedad en sus obras: cada individuo de la misma especie obraría aunque fuese con alguna ligera diferencia de un modo distinto de los demás, y no trabajarían todos sobre un mismo modelo, ni el orden y método de sus acciones marcaría el de la especie entera. Examinemos por la inversa, ¿por qué hay tanta variedad, y son tan diversas las obras de los hombres? ¿Por qué al hombre le cuesta más la imitación servil que la creación? Si las sensaciones interiores perteneciesen a la materia y dependiesen de los órganos corporales, ¿no veríamos entre los animales de una misma especie, como entre los hombres, una marcada diferencia en sus obras? Los que estuvieran mejor organizados, ¿no harían con más exactitud, más solidez, elegancia y perfección, sus nidos y madrigueras? ¿Si alguno excediese a los demás en su organización no lo manifestaría en esto? Jamás ha sucedido esto, ni sucederá, y prueba que la perfección de los órganos corporales no influye en nada sobre la naturaleza de las sensaciones internas, debiendo concluir manifestando como una verdad incontestable que los animales no tienen sensaciones internas, que estas no pueden pertenecer a la materia ni depender por su naturaleza de los órganos corporales. Por consecuencia hay en el hombre una substancia, que no tienen los animales, diferente de la materia, que es el objeto y causa que produce las sensaciones.

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