Descubre la Impactante Evolución de los Sueldos y Salarios a lo Largo de la Historiapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Desde los comienzos mismos de la humanidad, los salarios han constituido uno de los temas más delicados, por las implicaciones humanas y sociales que han dado origen en los distintos periodos en que se ha dividido la historia del hombre sobre la tierra. En la economía, se considera al salario como la forma de pago por el factor trabajo. Los salarios son todos aquellos pagos que compensan a los individuos por el tiempo y el esfuerzo dedicado a la producción de bienes y servicios.

Los Orígenes del Intercambio y la Retribución

Los hombres fueron perfeccionando la división de tareas y con esto surgió la necesidad del cazador de acceder a los productos del agricultor y viceversa. Es aquí donde surge esa primera necesidad de intercambiar mediante el simple trueque, pero más tarde nació la necesidad de darle un valor de intercambio a un objeto universal. Los trueques eran utilizados por algunas civilizaciones como la maya, xinca, olmeca entre otras. Los primeros tipos de monedas son artículos de consumo en nuestro día a día tales como: arroz (China), dientes de perros (Papúa-Nueva Guinea), guijarros de cuarzo (Ghana) o fichas de juegos (Hong Kong), entre otros.

La historia del dinero comienza con la utilización de metales preciosos como forma de pago, en Mesopotamia, alrededor del año 1500 a. C. La acuñación de monedas comienza alrededor del siglo VI al VII a. C. con la primera seca de moneda. El dinero es cualquier objeto de valor claramente identificable que es aceptado de forma general para el pago de bienes, servicios y deudas en un mercado o lo que es moneda de curso legal dentro de un país. Sin sitio a dudas, esos pueblos con más tradición comercial desarrollaron para su extensión económica; basta rememorar a los fenicios y la sólida hegemonía mercantil que ostentaban en la antigüedad.

La información más remota de la cual existe testimonio conduce a la historia de los salarios de los trabajadores agrícolas en el poblado de Eschuna, Mesopotamia, a principios del segundo milenio a.C. Si hablamos de salarios, podemos asegurar que son tan antiguos como el trabajo. No se pagaba de la misma manera como en la actualidad, ya que el pago era en especie. Después de realizar la cacería, el líder daba a cada uno su parte como forma de expresar el pago por lo que realizó, por lo cual retribuía de esa manera su esfuerzo.

La palabra “salario'' deriva del latín salarium, que significa pago de sal o por sal. Esto viene del antiguo imperio romano donde muchas veces se hacían pagos a los soldados con sal, la cual valía su peso en oro. En el imperio romano a los soldados y funcionarios públicos se les pagaba con sal, un producto muy valioso y apreciado. Además de servir para sazonar y evitar la deshidratación. La sal es otro producto que se relaciona con el comercio, y fue utilizada tanto por Etiopía en épocas anteriores a la colonización italiana.

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Los datos existentes sobre la retribución en Grecia se refieren a la vida de los trabajadores que abrieron las tumbas reales. La servidumbre en la modalidad laboral surgió después de la extinción de la esclavitud, comenzando en Inglaterra en los albores del siglo XVII y luego extendiéndose por toda Europa Medieval. Tenían la libertad para trabajar sus propias parcelas, siempre que no descuidaran sus deberes para cultivar la tierra de sus señores y además tenían la obligación de guerrear por sus intereses. Con el advenimiento de la artesanía, a principios de la Edad Media, el trabajador alcanza su verdadera finalidad como ser libre. Con sus propios utensilios puede trabajar para sí y puede vender él mismo sus productos en el mercado.

El Salario Mínimo en México: Una Perspectiva Histórica

El salario mínimo en México pesa más de lo que a veces se reconoce. Está en el día a día de millones de trabajadores y también en cómo operan las empresas. Ha cambiado con los años, no de forma lineal, más bien respondiendo a lo que va pasando en la economía y en el entorno social. Mirar esa evolución sirve, sobre todo, para entender mejor el punto en el que estamos ahora.

El salario mínimo en México viene de tiempo atrás. No es algo nuevo. Desde 1934 ya existía, cuando se definió por primera vez como una forma de dar una base a los trabajadores por su labor. En ese momento se fijó en 1.50 pesos diarios.

Periodos de Crecimiento y Estancamiento

La evolución de los salarios mínimos en las últimas décadas puede observarse claramente a partir de los datos oficiales. De acuerdo a la serie estadística más larga disponible para el periodo más reciente, publicados por el Banco de México e INEGI, se pueden distinguir los siguientes periodos:

  • De 1969 a 1977, el salario mínimo real crece a 5.7% anual llegando a su punto más alto en este último año.
  • Luego seguirá un periodo más corto, de 1977 a 1982 en que el salario mínimo tiene un ligero decrecimiento de 1.3% anual.
  • En cambio, entre 1982 y 1992 se da la peor caída del salario mínimo en la historia del país: 6.36% anual acumulando una baja de 63.6 por ciento.
  • Posteriormente entre 1992 y 1995 la caída es un poco más suave, de 2% anual.
  • Luego volvió a incrementarse entre 1995 y 2003 a un ritmo negativo de 2.5% anual.
  • Finalmente entre 2003 y 2014 el salario mínimo se mantiene constante, ni crece ni decrece.

La evolución de los salarios mínimos desde 1977 hasta el presente contrasta con su comportamiento en la etapa anterior, particularmente la que corre entre 1954 (año de la devaluación del peso) y 1977. Fue también un largo periodo de crecimiento lo que permitiría un aumento sostenido del empleo urbano. Según Bortz, el salario mínimo legal en el Distrito Federal aumentó en términos reales de 1.09 pesos en 1955 a 3.15 en 1975. Lo que es más importante, las remuneraciones de los trabajadores como porcentaje del PIB también aumentan de 26.9 a 38.1% en ese mismo periodo. Carlos Tello muestra un crecimiento del salario mínimo real en todo el país con tasas muy elevadas sobre todo entre 1959 y 1964, pues llegan a alcanzar casi 8% anual. Este crecimiento se sostiene según el autor hasta 1981-82 en el caso de los salarios contractuales.

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Al parejo de un aumento de los salarios mínimos y contractuales se presentó una mejor distribución del ingreso entre los factores de la producción. Reyes Heroles señala que la participación de los asalariados en el ingreso total aumentó rápidamente en México entre 1950 y 1976, pasando de 27.3 a 49.4% en 1976. David Márquez calcula que la remuneración de los asalariados llegó hasta casi 44% en 1976. El crecimiento económico y el aumento en los salarios reales y el empleo, sobre todo urbanos, parecía anunciar un país que se dirigía hacia una modernidad compartida. Pero la verdad era que este crecimiento se basaba, en mucho, en el sacrificio del campo. La agricultura mexicana aportó cuantiosos recursos para el desarrollo urbano e industrial.

El otro lado de la moneda de la modernidad del milagro mexicano se reflejaba en los altos niveles de pobreza y en el atraso que sufrían particularmente las áreas rurales. Además de esta tendencia, el otro ingrediente negativo de este periodo fue el autoritarismo. La oposición política era muy reducida y su influencia casi marginal en el Congreso de la Unión y en los gobiernos estatales y municipales. Los sindicatos se controlaban con base en un sistema corporativo que se distinguía por la ausencia de democracia. La movilización social, aunque presente todos estos años, no era tolerada.

El Salario Mínimo y la Pobreza Actual

Si la etapa que culminó en 1977 se distinguió por el crecimiento del salario mínimo legal y de la masa salarial total, la más reciente se ha caracterizado por su contrario: la caída del salario mínimo y, en casi toda esta etapa (hasta el año 2000), de los salarios en su conjunto, lo que se ha traducido en un aumento de la pobreza y la desigualdad en México ya no sólo en el campo sino en el conjunto del país. Ello es explicable, pues como ha señalado la CEPAL: "El mundo del trabajo cumple un rol fundamental en la generación y perpetuación de las desigualdades que caracterizan a las sociedades latinoamericanas. En este espacio se generan la mayor parte de los ingresos de los hogares de la región y las desigualdades inherentes a su distribución...".

De acuerdo a los estudios de CONEVAL, los trabajadores que reciben un salario mínimo diario están por debajo de los mínimos de bienestar. Por lo menos entre 2005 y 2014, el salario mínimo no ha sido suficiente para cubrir las necesidades elementales en las zonas urbanas y su cobertura ha oscilado entre 81 y 77%. Más grave todavía, si consideramos no sólo al trabajador individualmente sino a su familia, los índices se desploman. Según los criterios de la CEPAL para que un hogar de cuatro miembros, dos de ellos perceptores de ingresos, logre superar el umbral de la pobreza, la relación entre el salario mínimo y el valor de la línea de la pobreza debe ser superior a dos.

Con base en lo anterior, puede señalarse que en México, sólo los trabajadores que reciben un salario mínimo en las áreas rurales cumplen este criterio y únicamente para adquirir la canasta alimentaria, pero no para su bienestar general. Aún más, los trabajadores que perciben dos salarios mínimos en las áreas urbanas tampoco superan el nivel de la pobreza desde el punto de vista de su bienestar general, pues cubriría tan sólo 80% de sus necesidades en 2013. Así, más de 10 millones de trabajadores (5.3 en las áreas más urbanizadas y 4 en las menos urbanizadas y un millón en las áreas rurales) se encontraban en 2013 en una situación de pobreza. Ello quiere decir que alrededor de 40% de la población mexicana está en esa condición por razones laborales (salariales).

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Mantener deprimido el salario mínimo ha ahondado las brechas salariales y la desigualdad. Por lo tanto, se sostiene que los salarios mínimos han sido un indicador de cómo se ha movido el conjunto de la estructura salarial: su aumento estimula una economía en crecimiento, mientras que su caída genera una economía en crisis. Por ello, se sugiere un cambio en la política salarial, pues podría inducir una nueva dinámica en la que un crecimiento de la demanda interna incremente la productividad y los niveles de empleo y de ingresos. Tal estrategia permitiría un mayor bienestar y una disminución efectiva de la pobreza y la desigualdad; y con ello se impactaría positivamente en el nivel de vida de los trabajadores.

Características de los Trabajadores con Salario Mínimo

Los trabajadores que ganan hasta un salario mínimo diario (SMD) han representado entre 11% (en 2005) y casi 9% (en 2014) del total. Observando con más detalle las estadísticas disponibles, se puede afirmar que los trabajadores que con este nivel de ingresos se ubican principalmente en las áreas menos urbanizadas: más de 66%. De ellos, casi la mitad son trabajadores rurales. En la Ciudad de México, por comparación, el número de trabajadores que recibía un SMD representaba 7% y 6.4% del total en esos mismos años. De la misma manera, puede advertirse que los trabajadores que reciben un salario mínimo tienen distinta composición según el género: la proporción de mujeres que ganan un SMD es mayor respecto al total que en el caso de los hombres.

Segmentación del Mercado Laboral

El mercado laboral mexicano se encuentra muy segmentado. Podemos hablar de dos grupos de trabajadores que se distinguen por características tales como el acceso a las instituciones de salud, las prestaciones laborales, la disponibilidad de un contrato escrito y si éste es temporal o de base. Casi la mitad de los trabajadores mexicanos (asalariados) pertenecen al segmento más desfavorecido que se caracteriza por no tener acceso a las instituciones de salud, carecen de prestaciones (como aguinaldo, vacaciones, fondos de pensiones y de vivienda), no tienen un contrato escrito y si lo tienen son temporales.

Es posible señalar, además, que otra característica muy importante que los distingue es que estos trabajadores laboran en micronegocios o pequeños establecimientos. Los trabajadores que reciben hasta dos SMD y una buena parte de los que ganan hasta tres SMD (los que se encuentran en las áreas menos urbanizadas y rurales) formarían parte de este segmento de trabajadores sin protección social y que laboran en condiciones precarias.

Por su parte, un estudio de McKinsey considera que el empleo "informal", entendido aquí como el que otorgan las empresas que emplean trabajadores que no cumplen con la ley al no otorgar seguridad social, lo que en otros términos se conoce como empleo precario, está muy relacionado con la región, la edad, el nivel de educación y el sector productivo: aumenta en los estados más pobres como Oaxaca y Guerrero, en los grupos etarios más viejos y más jóvenes, en el sector primario y en los niveles de educación más bajos.

Como puede verse, la precariedad (o informalidad laboral) distingue a un grupo de los trabajadores mexicanos que se ubica en el sector inferior de la estructura del mercado laboral mexicano que concentra alrededor de 50% de la fuerza de trabajo activa en México. Este piso inferior se ubica principalmente (aunque no exclusivamente) en las entidades más pobres del país, entre los trabajadores más viejos y más jóvenes que apenas ingresaron al mercado laboral, en el sector rural y de servicios, y en los niveles de educación más bajos, pero también, como vimos, proporcionalmente más entre las mujeres que los hombres. Esta condición, además, está vinculada al tipo de unidad económica, de tal manera que la mayoría de los trabajadores de hasta dos SMD y con un trabajo informal o precario, laboran en micro y pequeños negocios.

Distribución Funcional del Ingreso

La caída del salario mínimo ha ido al parejo del conjunto de los salarios por lo menos hasta el comienzo del siglo XXI. Ello se ha reflejado también en la concentración del ingreso y en particular en la distribución funcional del ingreso. Se advierte esta tendencia desde 1982. Diez puntos porcentuales del PIB fue la pérdida que sufrieron los trabajadores en tan solo ocho años. Por su parte, Márquez calcula que la desigualdad entre ambos factores tuvo una caída de ocho puntos entre 1982 y 2004. Los datos de INEGI más recientes nos muestran que la distribución factorial del ingreso ha permanecido casi constante entre 2005 y 2009 con una pequeña ventaja para los empleadores.

Este fenómeno no se presentó sólo en México. Según el informe sobre salarios de la OIT: "...desde el decenio de 1980, la mayoría de los países han experimentado una tendencia a la baja de la participación de los ingresos del trabajo, lo que significa que se ha destinado una proporción menor de la renta anual a la remuneración de la mano de obra y una proporción mayor a las rentas procedentes del capital". La OIT advierte además que "si se excluye del cálculo la retribución de 1% superior de los trabajadores, la caída en la participación del trabajo resultaría mayor...".

Según datos de un estudio de Stockhammer, en los países desarrollados la parte del PIB correspondiente a los sueldos y salarios (cuota salarial) bajó entre 1980 y 2007 de 73.4 a 64%. Por su parte, en los países en desarrollo la caída fue de 15 puntos porcentuales entre los años ochenta y los primeros años del siglo XXI, antes de la gran recesión de 2008. Norma Samaniego diseñó una gráfica gracias a una investigación propia con datos de diversas instituciones que coincide con la caída de 15 puntos de Stockhammer, pues, según la autora, la parte de los asalariados llegó en su punto más alto a 42.6% y luego bajó hasta 27.0 por ciento.

México: Un Caso Excepcional en América Latina

En la primera década del nuevo siglo, no todos los países de América Latina mantuvieron deprimidos los salarios mínimos legales. En este sentido, México ha sido una excepción. En el informe de la OIT sobre salarios 2013/2014, se destacan las diferencias entre México y Brasil en torno a la política salarial.

"En América Latina, un país donde el salario mínimo ha tenido un impacto significativo es el Brasil. Aun cuando la estrategia de revaloración del salario mínimo se ha mantenido durante aproximadamente veinte años, se aceleró desde 2005 cuando, como parte de una estrategia para fomentar el consumo doméstico, los ajustes regulares se vincularon sistemáticamente a la inflación más el crecimiento del PIB. Esta misma estrategia se siguió aun durante los años de la crisis financiera, cuando la política salarial era parte de una estrategia anticíclica. Por el contrario, en México el salario mínimo aumentó solo modestamente en términos reales entre 2005 y 2011, debido a que la política de salario mínimo ha sido fuertemente determinada por los esfuerzos para lograr un equilibrio fiscal (ya que el salario mínimo determina numerosas prestaciones de seguridad social) y aumentar la competitividad exportadora. Como resultado, el salario mínimo está por debajo de los niveles del mercado, aun para los trabajadores no calificados."

Políticas Recientes y el Incremento del Salario Mínimo en México

En los últimos años el tema del salario mínimo volvió a tomar fuerza. Se han impulsado ajustes para mejorar el salario mínimo y, en medio de eso, la CONASAMI ha sido clave. Es quien define los montos, considerando inflación y lo que necesitan cubrir los trabajadores, con revisiones que no son únicas, sino que se van haciendo con el tiempo. El aumento del salario mínimo en México no ha seguido una línea recta. Ha ido cambiando con el tiempo, influido por distintas decisiones de política económica y por el contexto de cada momento. En los últimos años, se han impulsado medidas con la intención de mejorar el poder adquisitivo y reducir la brecha salarial, aunque no siempre bajo las mismas condiciones.

Detrás de estos incrementos hay un equilibrio que no es sencillo. Por un lado, están las necesidades de los trabajadores. Por otro, la estabilidad económica. En ese punto entran factores como la inflación, el crecimiento del país y la capacidad de las empresas para absorber esos cambios. La idea es evitar efectos que puedan afectar el empleo o generar presiones adicionales en la economía.

Ajustes Recientes

En los últimos años, el salario mínimo en México cambió de forma que no se había visto en mucho tiempo. Basta con comparar: en 2018 estaba alrededor de 88 pesos diarios, y para 2026 ya supera los 315. El salto es evidente. En menos de diez años prácticamente se triplicó, con incrementos constantes y, en varios casos, por arriba de lo que se acostumbraba.

Ahora, más allá del número, lo que llama la atención es la tendencia. Durante mucho tiempo el salario mínimo crecía apenas al ritmo de la inflación. Eso cambió. Hoy hay una lógica distinta, más enfocada en recuperar el poder adquisitivo. Si se ve en términos acumulados, el aumento supera el 150% desde 2018, lo que habla de un giro en cómo se está utilizando esta herramienta. Y hacia adelante, todo apunta a que seguirá en esa línea.

Hasta el año 2025, el salario mínimo en México ha experimentado un aumento gradual. Según el histórico de la CONASAMI, en enero de 2021 el salario mínimo general era de 213.39 pesos diarios en la Zona Libre de la Frontera Norte. Para 2026, el salario mínimo en México mantuvo la tendencia que ya se venía observando. El general subió 13 %, pasando de $278.80 a $315.04 pesos diarios. En la Zona Libre de la Frontera Norte el ajuste fue menor, de 5 %, al pasar de $419.88 a $440.87 pesos diarios desde enero de ese año.

Estos ajustes buscan mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y reducir la equidad laboral en el país. Son cambios que, más allá del porcentaje, reflejan una continuidad en la política salarial. Visto en conjunto, este tipo de incrementos ya no se explican solo por inflación. Hay una intención más clara de recuperar poder adquisitivo y responder a cómo se está moviendo la economía. Y eso empieza a tener implicaciones más prácticas.

Beneficios y Desafíos de los Incrementos Salariales

El incremento histórico del salario mínimo en México sí ha tenido efectos claros para los trabajadores. En lo más básico, permite cubrir necesidades que antes quedaban cortas y mejora, al menos en parte, la calidad de vida. También influye en algo más amplio: reduce ciertas brechas económicas y aporta estabilidad en lo social, aunque no de forma automática ni en todos los casos.

Ahora, tampoco es un tema sin matices. Un aumento acelerado puede generar presión en las empresas, sobre todo en costos y en su capacidad de competir. Ahí es donde aparece la discusión. Encontrar un punto medio no es sencillo: se busca mejorar las condiciones laborales sin generar efectos que terminen afectando el empleo o el ritmo de la economía. Para las empresas, esto empieza a sentirse en lo operativo: tabuladores que se ajustan, presupuestos que se recalculan y decisiones de talento que requieren más previsión. Es un cambio que conviene mirar con cierta anticipación.

El salario mínimo en México sigue generando posturas distintas. Para algunos, lo que se paga todavía no alcanza para cubrir lo básico. Para otros, subirlo más puede traer efectos que no siempre son positivos, como presión en los costos o ajustes en el empleo. Es una conversación que no se ha cerrado, y que sigue presente cada vez que se anuncian nuevos incrementos. Si se mira el histórico, queda claro que el salario mínimo ha ido cambiando junto con el contexto económico y social del país. Ha habido avances, sí, pero también pendientes. Llegar a un salario que realmente sea suficiente sigue siendo un reto. Por eso, el tema sigue en análisis constante, con la idea de acercarse a condiciones laborales más justas y equilibradas.

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