El sistema tributario ha sufrido diversas y constantes modificaciones a lo largo del tiempo. La década de 1980 fue un periodo de importantes cambios fiscales tanto en México como en los Estados Unidos, marcando nuevas direcciones en la recaudación y la política económica.
Contexto Fiscal en México antes de los Años 80
Entre los sesenta y setenta, México era fiscalmente débil, aunque fuerte en lo político. Si en la década de 1930 se introdujo el Impuesto Sobre la Renta (ISR), fue con la Segunda Guerra Mundial que comenzó a lograrse un incremento en su aplicación y recaudación.
Simultáneamente, se aplicaron nuevos impuestos sobre industrias para reemplazar el viejo impuesto del timbre. En un plazo de cuatro décadas, de 1940 a 1980, el ISR se convertiría en la fuente más importante de ingresos del gobierno federal, aunque en una proporción mucho menor que en otros países.
No obstante, el partido gobernante, el PRI, no realizó esfuerzos coherentes para establecer un sistema fiscal progresivo, que gravara adecuadamente a los que más tenían. El ISR tendía a caer sobre la población contribuyente llamada cautiva: el salario de los trabajadores, de los empleados del gobierno, los maestros, etcétera.
Los demás sectores sociales, incluyendo la mayoría de los propietarios, grandes industriales y banqueros, escapaban al fisco; pero también los campesinos ejidatarios. La lentitud en alcanzar logros sustanciales a partir de las innovaciones fiscales de los años cuarenta puede medirse comparando el tamaño del Estado en relación con la economía del país: entre 1940 y 1970 se produjo un primer aumento de los ingresos como porcentaje del PIB (Producto Interno Bruto), pero pronto la recaudación alcanzó un techo de entre 7 y 10% del PIB.
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En resumidas cuentas, el Estado, bajo el régimen priista, era fiscalmente débil aunque, de manera paradójica, era políticamente fuerte. Esta paradoja no ha sido explicada de forma adecuada por los investigadores políticos.
Sin duda, estaba relacionado en parte con la negociación de exenciones fiscales a cambio de la colaboración política con el partido que monopolizaba el poder. También debe tenerse en cuenta el impacto regional de las reformas fiscales en México en esa época, mirando la recaudación por entidades geográficas.
Se observa, en los estudios de Aboites y otros expertos, que entre 1940 y 1970 tuvo lugar una impresionante centralización de la recaudación en manos del gobierno federal, a expensas de estado y municipios. Es decir, la centralización política reforzó extraordinariamente la centralización fiscal y, efectivamente, fue enterrado el llamado federalismo fiscal.
La Introducción del Impuesto al Valor Agregado (IVA) en México (1980)
El establecimiento de un impuesto sobre el consumo final fue un objetivo importante en la fiscalidad mexicana. Y en efecto, el 1 de enero de 1980, entró en vigor el Impuesto al Valor Agregado (IVA).
Este nuevo gravamen, al igual que el ISIM, recaía sobre las ventas, pero el IVA es un impuesto indirecto, en donde el agente económico que lo recauda no es generalmente quien termina soportando la carga fiscal. Su principal característica es su capacidad de anular el efecto acumulativo (o en cascada) sobre los precios, ya que el comerciante puede restar el impuesto que le fue trasladado. El impuesto que le fue trasladado como fabricante, es una cuenta por cobrar. Así, se eliminaba el problema del "4 por ciento acumulado quien sabe cuántas veces".
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El IVA es un impuesto que grava el consumo final de manera fraccionada y fue considerado una herramienta más apta de equidad social y fomento a la producción. Su establecimiento también buscaba la consolidación del mercado interno y se veía como un factor de control fiscal que ya pagó su precio y sirve al país.
Sin embargo, la propuesta de establecer el IVA generó objeciones. Entre los señalamientos que expresaron destacaban dos: el efecto inflacionario que la novedad podría provocar. Se consideraba que la oportunidad de establecerlo en el contexto inflacionario de aquellos años, no favorecía su imposición y podría generar una situación de inflación de precios en el peor momento. El segundo es el relacionado con la coordinación, ya que se temía que el diseño del IVA rompería con los avances logrados en ese sentido entre el gobierno federal y los estados.
A pesar de estas preocupaciones, el gobierno federal cumplió con su cometido y el IVA fue establecido. No hubo mayor obstáculo en relación con las entidades federativas, y el arreglo fiscal con los causantes no resultó conflictivo. Este impuesto tiene importancia para efectos de la repartición de las participaciones entre los estados.
Tabla de Tasas del Impuesto al Valor Agregado (IVA) en México (1980-1992)
A continuación, se presenta una tabla con las tasas del Impuesto al Valor Agregado (IVA) en México, con especial atención a los cambios y las tasas vigentes en la década de 1980 y principios de 1990, basándose en la información disponible:
| Año | Tasa General del IVA | Tasa en Ciudades Fronterizas | Tasa para Artículos de Lujo |
|---|---|---|---|
| 1980-1989 | 10% | No especificado | No especificado |
| 1990 | 15% | 6% | 20% |
| 1992 | 10% | No especificado | No especificado |
Aumentos de Impuestos y Reformas en Estados Unidos durante los Años 80
En los Estados Unidos, la década de 1980 también fue un periodo de importantes cambios fiscales, comenzando con una significativa reducción de impuestos bajo la administración Reagan.
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Cuando Ronald Reagan llegó a Washington en 1981, las circunstancias eran muy diferentes a las de hoy. La inflación era de casi el 10 por ciento. La Reserva Federal había elevado las tasas de interés a dos dígitos. La deuda federal era aproximadamente la mitad de lo que es hoy, medida como proporción de la economía.
El recorte de impuestos de Reagan fue enorme, con la tasa máxima cayendo del 70 por ciento al 50 por ciento. Sin embargo, el recorte de impuestos no se autofinanció. Según estimaciones posteriores del Tesoro, redujo los ingresos federales en aproximadamente un 9 por ciento en los primeros dos años. De hecho, la mayoría de los altos funcionarios de la administración Reagan no pensaron que el recorte de impuestos se autofinanciaría; contaban con recortes de gastos para evitar disparar el déficit.
Como las proyecciones de déficit empeoraron, quedó claro que el recorte de impuestos de 1981 fue demasiado grande. Así, con la firma de Reagan, el Congreso deshizo una buena parte del recorte de impuestos de 1981 al aumentar los impuestos en 1982, 1983, 1984 y 1987. George H.W. Bush firmó otro aumento de impuestos en 1990 y Bill Clinton hizo lo mismo en 1993.
El Impacto Económico y la Ley de Reforma Fiscal de 1986
Lo que enseñan los años 80 es que no se pueden ver los impuestos de forma aislada. La guerra de la Reserva Federal contra la inflación elevó las tasas de interés a casi el 20 por ciento y provocó una grave recesión de doble caída, una de las peores de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial. El desempleo superó el 10 por ciento en 1982 y 1983.
Cuando la Reserva Federal redujo las tasas, la economía despegó. Los recortes de impuestos sin duda contribuyeron, al igual que los grandes aumentos en el gasto federal en defensa y carreteras.
La Ley de Reforma Fiscal de 1986 fue un evento importante. El hecho de que no se haya hecho una reforma fiscal real durante tres décadas es un recordatorio de que la reforma fiscal es difícil porque hay tantos perdedores como ganadores. El proyecto de ley de 1986 fue muy diferente a otros esfuerzos posteriores.
Fue precedido por un par de años de trabajo preparatorio por parte de expertos fiscales del Tesoro y fue bipartidista. Tenía como objetivo mejorar el código tributario, pero recaudar la misma cantidad de dinero que el código tributario existente en ese momento, ni más ni menos. Fue diseñado para ser “distribucionalmente neutral”, es decir, para evitar trasladar la carga fiscal de ricos a pobres o de pobres a ricos.
Básicamente, la Ley de 1986 aumentó los impuestos a las empresas y redujo muchos refugios fiscales para pagar un recorte de impuestos para las personas. Ronald Reagan dijo que el objetivo era “equidad, simplicidad y crecimiento económico”. Esta ley quitó muchos obstáculos del código tributario y eso mejoró el código tributario. El caso teórico sigue siendo válido para un sistema tributario con una base amplia y limpia que minimice la recompensa a la actividad económica impulsada por los impuestos.
