Mata Hari: La Fascinante Historia de la Bailarina Exótica Convertida en Espía Durante la Gran Guerrapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Orígenes y Primeros Años de Margaretha Geertruida Zelle

Margaretha Geertruida Zelle, más conocida como Mata Hari, nació en Leeuwarden, Países Bajos, el 7 de agosto de 1876 y falleció en Vincennes, Francia, el 15 de octubre de 1917. Fue una bailarina, cortesana y espía neerlandesa. Era hija del sombrerero Adam Zelle y de Antje van der Meulen, padres de otros tres hijos varones. En la escuela donde las chicas eran educadas para ser maestras, Margaretha, que ya era consciente de su belleza y de su cuerpo, tenía dieciséis años y se enredó en amores con uno de los directores del instituto: los expulsaron a los dos.

Cumplidos los 18 años sin haber terminado sus estudios, Margaretha respondió a un anuncio del capitán Rudolph MacLeod (1856-1928), un militar veinte años mayor que solicitaba esposa. Se comprometieron una semana después de conocerse y se casaron en 1895. El matrimonio se trasladó a Java, donde había sido destinado MacLeod, y tuvieron dos hijos: Norman-John, nacido el 30 de enero de 1897, y Louise Jeanne, nacida el 2 de mayo de 1898. El tipo, un escocés que casi la doblaba en edad, resultó un borracho, infiel y golpeador destinado en Java, hoy Indonesia, que formaba parte de las Indias Orientales Holandesas. Lo que parecía un paraíso se convirtió en infierno.

En 1899, los niños enfermaron y Norman-John falleció. Aunque en un principio se creyó que había fallecido de complicaciones por el tratamiento de la sífilis contagiada por sus padres, posteriormente se descubrió que ambos niños habían sido víctimas de un envenenamiento en venganza contra Rudolph por sus maltratos a un sirviente nativo, quien envió a su esposa, la doméstica de la casa, a envenenar a la familia. La muerte de este hijo supuso un duro golpe para un matrimonio ya deteriorado. El marido buscó amparo en la bebida. La pareja regresó a Europa en 1902, separándose a los pocos años. En el juicio de divorcio, en 1906, el marido de Margaretha obtuvo la custodia de la hija: acusó a Margaretha de haber llevado una vida libertina en Java, lo que era verdad. Sola y sin un peso, Margaretha, con el nombre de Lady McLeod, modeló desnuda para algunos artistas.

El Nacimiento de Mata Hari: La Bailarina Exótica

Entonces se inventó otra vida, la real la había defraudado. A finales de 1904, armada de valor y amparada en sus conocimientos orientales, volvió a París. Sus rasgos extranjeros, herencia materna, su pelo negro, su cuerpo “largo, delgado y orgulloso que París no había visto moverse hasta entonces”, al decir de la escritora Colette, su interés en las danzas orientales que Java le había despertado y su imaginación desbocada, la convirtieron en Mata Hari. Aprovechando estas circunstancias, se hizo pasar por una supuesta princesa de Java con el nombre de Mata Hari, que significa Sol en malayo (Mata = Ojo, Hari = Día; Mata Hari = El ojo del día), y debutó en el Museo Guimet propiedad del coleccionista Émile Étienne Guimet el 13 de marzo de 1905.

A partir de allí, vivió ejerciendo de bailarina exótica, protagonizando espectáculos de strip-tease que comenzaron a darle cierto renombre. La mentira e imaginación, como salida obligada para superar su penosa situación económica, empezaron a dar sus frutos y, a la vista de sus ventajosas consecuencias, pasaron a convertirse en algo habitual. En París hubo un revuelo con auténticas pugnas por conseguir localidades de las primeras filas en sus espectáculos de danza erótica y exótica. Bailaba las danzas sagradas que aseguraba había aprendido con su gente desde su niñez, y usaba unos finos velos translúcidos de los cuales se iba despojando poco a poco durante el acto, hasta quedar vestida únicamente con una malla del mismo color de su piel y las joyas orientales que lucía. Aunque daba la ilusión de que se desnudaba casi completamente, lo cual era el principal atractivo de su número, e incluso ejercía de cortesana, la verdad es que nunca llegaba a mostrar sus pechos. Se colocaba dos cúpulas metálicas enjoyadas sujetas por cadenas, con las que los ocultaba.

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Su atuendo se hizo cada vez más revelador y, aunque se publicitaba como bailarina exótica, habría sido más exacto decir erótica. Su fama, sin duda reforzada por su principesca biografía ficticia, le permitió ganarse bien la vida y relacionarse con la élite, convirtiéndose en amante de personajes ricos y poderosos. Amparada por el mito que había creado, tuvo romances secretos con numerosos funcionarios militares e incluso políticos de alto nivel, y en general, con la alta sociedad. Por aquella época, intentó recuperar a su hija, que vivía con su padre, pero resultó imposible. Mandó a su ama de llaves, que volvió con las manos vacías tras varias horas de espera a la puerta del colegio donde estudiaba, ya que aquel día su padre fue a recogerla y llevársela lejos. Para 1910, Mata Hari tenía ya treinta y cuatro años. Sus encantos perduraban, pero su cuerpo debía competir ahora desde el escenario con el de otras muchas imitadoras, más jóvenes y acaso más audaces. De a poco, la falsa princesa de Java se retiró de la vida artística y se concentró en el poder.

Mata Hari Durante la Primera Guerra Mundial: Sospechas de Espionaje

Entonces, llegó la guerra. Mata Hari estaba en Alemania cuando estalló. Durante la Primera Guerra Mundial, los Países Bajos se mantuvieron neutrales. Como ciudadana neerlandesa, Zelle pudo cruzar las fronteras nacionales libremente, lo que la perfilaba como la perfecta espía, requerida en todos los círculos de poder y en constante viaje de una ciudad a otra. Actuaba en Berlín y era amante del jefe de policía de la ciudad, que la contactó con Eugen Kraemer, uno de los jefes de inteligencia del imperio. Parece que después de un breve curso intensivo en la escuela de espionaje de Lorrach, le adjudicaron un nombre clave, H21, una nomenclatura usada en los agentes que actuaban en el período anterior a la guerra. Con eso, Alemania se aseguró que podría decir en el futuro, si era necesario, que Mata Hari era espía alemana desde tiempo atrás.

En el medio de la guerra, llegó el amor. A punto de cumplir cuarenta años, Margaretha Zelle, que dejó a Mata Hari de lado, se enamoró como una muchacha de un piloto ruso de veintitrés, el capitán Vadim Maslov, que servía en el ejército francés como parte de la fuerza expedicionaria rusa de cincuenta mil soldados enviados al frente occidental. En la primavera de 1916, Margaretha y Vadim entablaron una intensa relación romántica y sexual que ella definió con seis palabras categóricas: “Es el amor de mi vida”. Pocos meses después, Maslov fue derribado por los alemanes en un combate aéreo, quedó herido de gravedad y perdió el ojo izquierdo. En el verano de 1916, Maslov fue derribado y herido de gravedad durante un combate aéreo con los alemanes, perdiendo el ojo izquierdo, lo que llevó a Zelle a pedir permiso para visitar a su amante herido en el hospital de campaña donde se encontraba cerca del frente.

Como ciudadana de un país neutral, a Zelle normalmente no se le permitiría estar cerca del frente. A Margaretha no la recibió Vadim. Fue el capitán Georges Ladoux quien recibió a Mata Hari con una condición previa para ver a su amado: debía ser espía en favor de Francia. Y ella aceptó. Ladoux era una de las cabezas del Deuxieme Bureau, el servicio de informaciones del ejército francés. Francia quería acceder a secretos militares alemanes colando a Mata Hari en las sábanas del heredero al trono. Sin darse cuenta de que el príncipe heredero no tenía mucho que ver con la dirección del 5.º Ejército, el Deuxième Bureau le ofreció a Zelle un millón de francos si podía seducirlo y proporcionar a Francia una buena inteligencia sobre los planes alemanes. También le pidieron, u ordenaron, seducir y espiar al embajador alemán en Madrid para disponer de más información.

De alguna manera, Mata Hari obtuvo también cierta información secreta de Francia que pasó a los alemanes. O al menos esa fue parte de la acusación que le hizo Francia: haber pasado a los alemanes información sobre el desarrollo de un “buque tanque” británico, y haber confiado al enemigo los datos esenciales sobre la ofensiva aliada en el Chemin des Dames, que le permitió a Alemania derrotar a los franceses y provocar más de cincuenta mil bajas a su ejército. A fines de 1916 viajó a Madrid y se reunió con el agregado militar alemán, el mayor Arnold Kalle, a quien le pidió una entrevista con el príncipe heredero. También se ofreció a compartir secretos franceses con los alemanes. En noviembre de 1916, viajaba en un barco de vapor desde España cuando su barco llegó al puerto británico de Falmouth. Allí fue arrestada y llevada a Londres, donde fue interrogada por sir Basil Thomson, comisionado asistente en Scotland Yard a cargo del contraespionaje. Él dio cuenta de esto en su libro de 1922 Queer People, diciendo que ella finalmente admitió trabajar para el Deuxième Bureau. Inicialmente detenida en la estación de policía de Cannon Street, fue liberada y se quedó en el Hotel Savoy.

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El bando aliado interceptó un mensaje con un nombre en clave: H21. En enero de 1917, el mayor Kalle transmitió mensajes de radio a Berlín describiendo las actividades útiles de un espía alemán con el nombre en código H-21, cuya biografía coincidía tan estrechamente con la de Zelle que era evidente que el Agente H-21 solo podía ser Mata Hari. El Deuxième Bureau interceptó los mensajes y, por la información que contenían, identificó a H-21 como Mata Hari. En diciembre de 1916, la Segunda Oficina del Ministerio de Guerra francés permitió que Mata Hari obtuviera los nombres de seis agentes belgas. Cinco eran sospechosos de presentar material falso y trabajar para los alemanes, mientras que el sexto era sospechoso de ser un agente doble para Alemania y Francia. Dos semanas después de que Mata Hari había salido de París para viajar a Madrid, los alemanes ejecutaron al agente doble, mientras que los otros cinco continuaron sus operaciones.

Arresto, Juicio y Ejecución

El 13 de febrero de 1917, Mata Hari fue arrestada en su habitación en el Hotel Elysée Palace en los Campos Elíseos en París. Para salvarse del arresto, se excusó diciendo que iría a asearse y cambiarse antes de ir con ellos, pero al volver del tocador estaba completamente desnuda y les ofreció a los oficiales bombones en un casco de uniforme alemán. Fue juzgada el 24 de julio, acusada de espiar para Alemania y, en consecuencia, causar la muerte de al menos 50 000 soldados. Las investigaciones concluyeron con que los franceses la habían enviado a España para relacionarse con miembros de la naval alemana y recopilar información para los franceses. Mata Hari entró a juicio y fue acusada de ser doble espía.

Aunque la inteligencia francesa y británica sospechaba que estaba espiando para Alemania, ninguno de los dos podía presentar pruebas definitivas en su contra. Supuestamente, se encontró tinta invisible secreta en su habitación durante el registro, que era evidencia incriminatoria en ese período. El interrogador principal de Zelle, que la interrogaba implacablemente, era el capitán Pierre Bouchardon; más tarde fue a enjuiciarla en el juicio. Bouchardon pudo establecer que gran parte de la personalidad de Mata Hari fue inventada, y lejos de ser una princesa javanesa, Zelle era en realidad neerlandesa, lo que debía usar como evidencia de su carácter dudoso y deshonesto en su juicio.

En su juicio, Zelle insistió vehementemente en que sus simpatías estaban con los Aliados y declaró su apasionado amor por Francia, su patria adoptiva. Afirmó: "Mis conexiones internacionales se deben a mi trabajo como bailarina, nada más..." y "Realmente no espié, es terrible que no pueda defenderme”. Sin embargo, la misma Mata Hari admitió bajo interrogatorio que tomó dinero para trabajar como espía alemán. Su consejo de defensa, el veterano abogado internacional Édouard Clunet, enfrentaba probabilidades imposibles; se le negó el permiso para interrogar a los testigos de la fiscalía o para examinar a sus propios testigos directamente. Mata Hari fue condenada a muerte en un proceso muy irregular en el que no se garantizaron sus derechos de defensa.

En 1917, Francia se vio gravemente sacudida por los Grandes Motines del ejército francés en la primavera de 1917 tras el fracaso de la ofensiva de Nivelle junto con una gran ola de ataque, y en ese momento muchos creían que Francia podría colapsar simplemente como resultado de agotamiento de guerra. En julio de 1917, un nuevo gobierno bajo Georges Clemenceau había llegado al poder, completamente comprometido a ganar la guerra. El historiador canadiense Wesley Wark declaró en una entrevista de 2014 que Mata Hari nunca fue un espía importante y que acababa de hacer de chivo expiatorio por fracasos militares franceses con los que no tenía nada que ver, afirmando: "Necesitaban un chivo expiatorio y ella era un objetivo perfecto para esto". Del mismo modo, la historiadora británica Julie Wheelwright declaró: "Realmente no transmitió nada que no pudieras encontrar en los periódicos de España". Wheelwright describió a Zelle como "... una mujer independiente, una divorciada, una ciudadana de un país neutral, una cortesana y una bailarina, lo que la convirtió en un chivo expiatorio perfecto para los franceses, que estaban perdiendo la guerra. Es probable que ni siquiera el Deuxième Bureau creyera en su culpabilidad y que necesitara una cabeza de turco a la cual atribuir la responsabilidad de las graves pérdidas francesas durante la guerra: durante el juicio los agentes de inteligencia desmontaron la historia de la “princesa de Java”, pero la usaron convenientemente como prueba de que se trataba de una mujer que había vivido del engaño.

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Zelle fue ejecutada por un pelotón de fusilamiento de doce soldados franceses justo antes del amanecer del 15 de octubre de 1917. Tenía cuarenta y un años. Según un relato de un testigo presencial del periodista británico Henry Wales, rechazó llevar la venda en los ojos y ser atada al poste. Un artículo de The New Yorker de 1934 informó que en su ejecución llevaba "un elegante traje a medida amazónico, especialmente hecho para la ocasión y un par de guantes blancos nuevos", aunque otra fuente indica que llevaba el mismo traje, blusa escotada y un conjunto de sombreros de tricornio que habían sido elegidos por sus acusadores para que se los pusiera en el juicio, y que seguía siendo el único atuendo completo y limpio que tenía en prisión. Atada a un poste, empujó sus labios hacia el aire frío del otoño francés y lanzó un beso, el último de su vida, hacia los doce fusileros que la mataron poco después. Wales registró su muerte, diciendo que después de que la ráfaga de disparos sonó, "lenta, inerte, se acomodó de rodillas, con la cabeza siempre en alto, y sin el menor cambio de expresión en su rostro. Por una fracción de segundo pareció tambalearse allí, de rodillas, mirando directamente a los que le habían quitado la vida. Luego cayó hacia atrás, doblando la cintura, con las piernas dobladas debajo de ella". El cuerpo de Mata Hari no fue reclamado por ningún miembro de la familia y, consecuentemente, se utilizó para estudios médicos. Su cabeza fue embalsamada y mantenida en el Museo de Anatomía de París.

La Leyenda y el Debate sobre su Culpabilidad

La tesis más extendida sobre Mata Hari es que, aunque reveló algunos datos sobre algunos movimientos militares alemanes, como el desembarco nocturno de algunos oficiales del káiser en Marruecos, y que comunicó al enemigo movimientos de tropas francesas que conocía por la propia prensa de Madrid y París, no parece que Mata Hari fuera una espía importante, pese a que llegó a ser acusada por Francia de haber sido entrenada en una escuela en los Países Bajos para tal fin. En aquellos momentos, Mata Hari era más bien una cortesana que aceptó encargos de este tipo para mantener su caro nivel de vida y después para poder visitar, en territorio de guerra, a su joven amado herido en combate.

Una tesis muy seguida se basa en que los alemanes, al decidir que Mata Hari les resultaba molesta, prepararon su eliminación a manos del propio enemigo, tendiendo una trampa al contraespionaje francés para que la asociaran como un agente alemán. Numerosos mensajes de este tipo eran enviados para confundir sobre las verdaderas intenciones del enemigo y el movimiento de tropas. Algunos historiadores sostienen que Mata Hari pudo haber aceptado simplemente dinero de los alemanes sin llevar a cabo ninguna tarea de espionaje. Su papel como espía durante la guerra sigue envuelto en misterio y controversia, con versiones contradictorias sobre su culpabilidad. La leyenda de Mata Hari persiste como símbolo de seducción, traición y víctima de la política bélica de su época. En la vida de Mata Hari, todo tiene más de una versión.

En octubre de 2001, un grupo neerlandés, la Fundación Mata Hari, utilizó los documentos publicados en los archivos del MI5 (contrainteligencia británica) para pedirle al Gobierno francés que exonerara a Zelle, ya que argumentaban que los archivos del MI5 demostraban que no era culpable de los cargos de los que fue condenada. Un portavoz de la Fundación Mata Hari argumentó que, a lo sumo, Zelle era una espía de bajo nivel que no proporcionó secretos a ninguna de las partes, afirmando: "Creemos que hay suficientes dudas sobre el expediente de información que se utilizó para condenarla para garantizar la reapertura del caso. Tal vez ella no era del todo inocente, pero parece claro que no era la espía maestra cuya información envió a miles de soldados a la muerte, como se ha dicho”. Muerta a los cuarenta y un años en 1917, Mata Hari sigue siendo un personaje de leyenda. Pese a la distancia en el tiempo, pocos son los acercamientos a su persona que la dibujan claramente como era en realidad. «No sé si en el futuro se me recordará, pero si así fuera, que nadie me vea como a una víctima sino como a alguien que nunca dejó de luchar con valentía y pagó el precio que le tocó pagar», llegó a decir Mata Hari sin imaginar siquiera que acabaría convirtiéndose en una leyenda.

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