Descubre Cómo el Régimen Jesuita Transformó Baja California: Historia y Legado Inolvidablepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
771 715 4434

Los estudiosos del pasado peninsular bajacaliforniano han señalado, durante mucho tiempo, que el periodo colonial o misional en las Californias se divide en tres etapas internas: el jesuita (1697-1767), el franciscano (1768-1773), y el dominico (1773-1849). Tal vez lo anterior puede sostenerse para el caso de los jesuitas, con su estado de excepción basado en la licencia virreinal de 1697. Con relación a la historia de la California bajo la administración del clero jesuítico (1697-1767) mucho se ha trabajado, principalmente con las aportaciones de Ignacio del Río (1998a).

Contexto y Primeros Contactos

En 1533, ya de nuestra era, se dio el primer contacto entre la cultura occidental y los grupos indígenas peninsulares, al llegar a lo que hoy es La Paz de un grupo de amotinados españoles. Entre este año y 1685 se dieron una serie de intentos de colonización por parte de las autoridades novohispanas, así como innumerables viajes de exploración, cabotaje, piratería y extracción clandestina.

Durante el siglo XVII y XVIII los jesuitas en la Nueva España ampliaron su presencia misionera en Chihuahua (Sierra Tarahumara), Sonora, Baja California y Nayarit.

El Inicio de la Empresa Jesuita en la Antigua California

En 1683 se organiza una expedición a California al mando del almirante Isidro de Atondo y Antillón que lleva al jesuita Francisco Eusebio Kino como cosmógrafo y cartógrafo. Los barcos se construyen en la misión jesuita de Río en Sinaloa. Ese mismo año Kino establece la misión de San Bruno que se mantiene 18 meses. Ahí quedaron 400 indígenas que se habían establecido en la misión y convertido al cristianismo. Kino les promete regresar.

En 1686 se le destina a evangelizar en la Pimería Alta en la hoy Sonora. En 1691, el padre Juan María de Salvatierra, visitador de las misiones, se encuentra con Kino quien le comenta de las posibilidades enormes que para la evangelización representa California. El historiador Gabriel Gómez Padilla afirma que en esa ocasión Kino siembra en Salvatierra la inquietud por misionar en esa geografía.

Lea también: Obligaciones del ISN en Baja California

Salvatierra y los también jesuitas Juan de Ugarte y Francisco María Piccolo crean el Fondo Piadoso de las Californias. En 1697 obtienen, por fin, el permiso de sus superiores para trasladarse a esa región e iniciar el trabajo misional. El virrey ese mismo año acepta que los jesuitas se trasladen a ese lugar. Queda claro que los gastos no corren a cargo de la Orden y tampoco del virreinato.

Para 1697, el padre Juan María de Salvatierra inició un nuevo proyecto de colonización, solventado por los donativos privados a la Compañía de Jesús y con base en las experiencias del padre Eusebio Francisco Kino, fundando la misión de Nuestra Señora de Loreto. La cual se convertiría en la primera de una larga serie de fundaciones misionales en la península de Baja California, que en ese entonces se conocía como California. En 1697 Salvatierra funda la primera, la de Nuestra Señora de Loreto que va a ser la madre de todas. A propósito de esta misión, la historiadora Mónica Martí sostiene que los jesuitas dieron una gran importancia al arte como parte de la evangelización.

Entre 1697 y 1767 los jesuitas fundaron 16 misiones, comprendiendo de manera práctica lo que hoy conocemos como Baja California Sur y su inicio de expansión hacia el norte con Santa Gertrudis, San Francisco Borja y Santa María de los Ángeles.

Expansión Misional y Fundaciones Clave

Retomando el análisis de la periodización, es que se propone una división del periodo jesuita en tres etapas de expansión basadas en las fechas de fundación de las misiones. Después de un lapso de cerca de catorce años sin nuevos establecimientos misionales, fue que se realizaron tres fundaciones hacia el norte, por la costa del golfo de California, adentrándose en el Desierto Central.

La tercera etapa inició en 1751, y se considera importante no denominar a esta como la última de las fundaciones jesuitas, ya que se pierde la idea de que fue un periodo de expansión.

Lea también: Baja de obligación fiscal: Guía paso a paso

Principales Misiones Jesuitas Tempranas en Baja California
Misión Año de Fundación Fundador(es)
Nuestra Señora de Loreto 1697 Juan María de Salvatierra
San Francisco Javier Viggé-Biaundo 1699 (restablecida en 1701) Francisco María Piccolo / Juan de Ugarte
Santa Rosalía de Mulegé 1705 Juan Manuel de Basaldúa
Nuestra Señora de los Dolores Apate 1721 Clemente Guillén
Purísima 1722 Nicolás de Tamaral
Todos los Santos 1723 Jaime Bravo
San Ignacio Kadakaamán 1728 Juan Bautista Luyando

El Régimen de Excepción Jesuita

El establecimiento del sistema misional Jesuita en la península (1697-1768), tenía entre sus objetivos realizar tareas de evangelización a las poblaciones indígenas que ahí habitaban.

El denominado régimen de excepción jesuita se estableció con una continuidad entre 1687 y 1767, y a grandes rasgos consistió en que la colonización, en su totalidad, estuvo bajo la supervisión de los jesuitas comisionados a la California, lo que implicó que tanto los soldados como los diversos acompañantes quedaran supeditados al padre rector jesuita. Al concedérseles la prerrogativa de nombrar y luego postular al capitán del Real Presidio de Loreto, todas las autoridades, en la práctica, quedaron bajo la obediencia de los jesuitas en las Californias. A lo que hay que señalar que todos los asuntos no eclesiásticos, lo que hoy denominamos asuntos civiles, estaban bajo la supervisión del capitán de presidio, el cual era nombrado o postulado por los jesuitas.

Sin embargo, el régimen de excepción comenzó a tener cambios a inicios del siglo XVIII, cuando el propio Juan María de Salvatierra tuvo que solicitar apoyo del gobierno virreinal para cubrir los gastos de los soldados, primero como un subsidio, a partir de 1702. Después, “en 1738, la corona acordó pagar sesenta soldados y los dividió entre Loreto y el recién formado Presidio del Sur de California en San José del Cabo. Esa distribución se mantuvo hasta 1768 cuando los jesuitas fueron expulsados”. Esta última medida fue la consecuencia de la rebelión de los pueblos originarios del sur peninsular, pero esta circunstancia no modificó la prerrogativa de los jesuitas de postular al capitán del presidio, que era el mismo para ambas agrupaciones de soldados (Loreto y el sur).

Cabe mencionar que, durante la etapa segunda, el virrey Juan Francisco de Güemes y Horcaditas otorgó los primeros títulos de propiedad a particulares en la península de California, la mayoría a soldados en retiro o trabajadores de las misiones, lo cual originó los primeros centros de población no religiosos en la península, como El Triunfo de la Santa Cruz, o San Pedro y San Pablo. Esta política de poblamiento respondía a la cédula real emitida el 13 de noviembre de 1744, en la que se ordenaba que se fundara un establecimiento que sirviera de refugio a los religiosos, en el caso de que surgiera otra rebelión indígena. Los jesuitas nunca estuvieron de acuerdo con que se establecieran centros de población independientes de las misiones, por lo que, de distintas maneras, les negaron el apoyo.

Las Poblaciones Indígenas de la Antigua California

Las poblaciones humanas que habitaron en la península de Baja California antes de la llegada de los jesuitas fueron cazadores-recolectores-pescadores seminómadas que se agrupaban en pequeños grupos compuestos por alrededor de entre veinte y cincuenta individuos, emparentados por familias consanguíneas que se asentaban alrededor de distintos aguajes para explotar recursos vegetales, animales o minerales como forma de subsistencia. A esta forma de organización se les ha denominado desde la perspectiva antropológica como: bandas. Las cuales se diferencian de otras formas de organización social como los poblados, pues la forma de vida de las bandas es completamente migratoria en torno a los alimentos que puedan obtener durante distintas épocas al año.

Lea también: Requisitos para la baja del SAT

La conformación familiar de los grupos peninsulares estaba organizada bajo un sistema patrilineal exogámico, descrito por el padre Baegert de la siguiente manera: “mientras existía entre ellos la poligamia, acostumbraban casarse con todas las hermanas, si había varias en una familia”. Esta forma de organización, además de conservar a las mujeres dentro de un grupo, les permitía a los bajacalifornianos intercambiar hombres y mujeres mediante acuerdos matrimoniales, de manera que las parejas se unían a la banda del hombre y era en esta unidad donde crecían los hijos de ambos.

Aunque recientemente se ha planteado que la poligamia entre los grupos al sur de la península fue una estrategia para conservar y garantizar la reproducción biológica y social de los grupos de esa región debido a la acelerada tasa de defunciones que comenzaron a sufrir con la llegada de los europeos. La costumbre de intercambiar hombres y mujeres entre los distintos grupos permitía que se formaran y reforzaran alianzas entre ellos, lo cual era benéfico para uno u otro grupo al momento de entrar en guerra en contra de otro y durante la recolección de alimentos o caza de animales, pues las alianzas le permitían a estos grupos acceder a los territorios explotados por otros durante las temporadas de escasez de alimentos.

Los jesuitas no observaron la existencia de formas de autoridad o de gobierno entre los grupos bajacalifornianos, únicamente llegaban a sobresalir los mejores cazadores y los hombres más valientes, a los cuales se les daba la oportunidad de indicar las direcciones hacia donde se desplazaría el campamento en búsqueda de alimentos y de dirigir las tareas de pesca o caza. Sobre el sistema de creencias de estos grupos se sabe que existía una persona que tenía un papel simbólico dentro de las ceremonias, similar a la figura de chamán para la antropología contemporánea, es decir, especialistas mágico-religiosos de tiempo parcial que intervienen en la opinión pública y evitan la generación de conflictos dentro de una sociedad. Estos grupos vivían en un sistema igualitario, en donde ningún individuo tenía más posesiones que otro, por este motivo los jesuitas notaron que entre los individuos de cada grupo no se hurtaban cosas unos a otros, debido a que tenían pocas cosas y razón por la cual las riñas entre familiares o personas de una misma banda eran inexistentes, siendo las guerras o luchas únicamente en contra de otros grupos, con los que estaban enemistados.

Durante su estancia en la península diferentes misioneros elaboraron documentos en los cuales describen las formas de vida, costumbres, tradiciones y cultura material de los pobladores que ahí habitaban al momento del contacto con los misioneros. Los primeros datos sobre las poblaciones que habitaban en la península de Baja California fueron recolectados en el siglo XVIII por misioneros de la Compañía de Jesús. El establecimiento del sistema misional Jesuita en la península (1697-1768) permitió mediante la observación y participación directa que los misioneros recopilaran datos etnográficos de gran valor, que presentan una visión global de la cultura de los grupos bajacalifornianos.

La condición académica de los misioneros jesuitas fue uno de los principales factores para que los datos proporcionados por ellos sean considerados los de mayor importancia dentro del ámbito histórico, ya que documentos elaborados por jesuitas como Juan María Salvatierra, Juan de Ugarte, Clemente Guillén, Sigismundo Taraval, Fernando Consag o Wenceslao Linck presentan un alto nivel de interés científico en la descripción de las costumbres y formas de vida de grupos bajacalifornianos específicos. La mayoría de estos religiosos durante su estancia en la península tomó apuntes, escribió cartas, notas o realizó dibujos motivados por la necesidad de registrar ambientes, sucesos y datos que se presentaban ante ellos en diferentes circunstancias.

Entre los documentos que los jesuitas generaron se pueden encontrar transcripciones gramaticales del idioma correspondiente al de los grupos indígenas con quienes interactuaban, esto lo hacían con el objetivo de poder realizar las traducciones escritas de las oraciones, los artículos de fe católica o las homilías doctrinales a la lengua de los habitantes locales de cada región en la que se establecía una misión. Este tipo de traducciones sirvió para que desde el siglo XVIII, Sigismundo Taraval pudiera determinar la existencia de tres lenguas distintas en la península de Baja California: la pericú al sur, la guaycura y uchití en la región de Loreto, y la cochimí al centro-norte de la península.

Fue hasta 1753 cuando el padre Fernando Consag, durante sus viajes de exploración por las costas del golfo de California, encontró el límite de la lengua cochimí al norte, cerca del actual poblado de San Felipe. Mientras que el padre Wenceslao Linck, durante las exploraciones que realizó al centro de la península en el año 1766, encontró el límite de esta lengua en las estribaciones al sur de la sierra de San Pedro Mártir, no hallando rasgos de esta más al norte de este lugar. Fueron los cochimí los pobladores del desierto central bajacaliforniano, estos grupos se dispersaban por un territorio más amplio en comparación con los grupos hablantes del pericú o guaycura.

Durante el siglo XVIII, los cochimí se encontraban sobre aproximadamente 400 millas al centro de la península de Baja California y debido al amplio territorio en el que habitaban se propició la diversificación de diferentes dialectos de esta lengua. La misión de San Borja fue el centro de diversificación y para poder diferenciar entre todos los dialectos que se hablaban en la región ocupada por estos grupos, los misioneros jesuitas los agruparon en dos ramas: el cochimí del norte y cochimí del sur.

Contribuciones Intelectuales y Legado Historiográfico Jesuita

Los documentos jesuitas existentes sobre la península de Baja California, a la cual se suele llamar Antigua California, son considerados importantes fuentes de información de carácter etnológico que permiten conocer más acerca del pasado indígena, sobre su cultura material, la forma de organización y el entorno en el cual subsistían estos grupos.

El padre alemán Juan Jacobo Baegert (1717-1772) que en 1771 publica, ya en Alemania, Noticias de la península americana de California que describe las características de la península, las costumbres, el lenguaje de los nativos y narra la historia de la misión que funda. El padre español Miguel del Barco González (1706-1790) escribe obras etnográficas y sobre la historia de las misiones y el padre bohemio Ignacio Tirsch (1733-1781) realiza dibujos a color sobre los nativos y la flora y fauna de California.

Una de las obras más amplias que se conocen actualmente sobre la etnología, la botánica, la minería y ciertas crónicas sobre el pasado de Baja California es la que escribió el padre de origen español Miguel Del Barco en la década de 1770, bajo el título Correcciones y adiciones a la Historia o Noticia de la California en su primera edición en Madrid, año de 1757. Aún y con las aportaciones del padre Del Barco a la obra de Venegas, se puede considerar a la obra de Del Barco como independiente, ya que está elaborada a partir de la experiencia personal de él en tierras peninsulares, y a diferencia de Venegas y Buriel, Del Barco sí habitó en la Antigua California por casi treinta años, donde llegó a ser visitador, el cargo más importante de las misiones en California. En la península, Del Barco fundó y construyó la misión de San Francisco Javier, a 35 kilómetros al sur de Loreto, considerada una de las misiones hasta ahora mejor conservadas por su construcción de cantera y donde desde su llegada comenzó a aprender la lengua cochimí de la región, en la cual permaneció hasta el momento del destierro de la Compañía de Jesús en 1768 de las colonias españolas. En 1973 Miguel León-Portilla editó la obra del padre Del Barco y fue publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México bajo el título Historia Natural y Crónica de la Antigua California.

Otra de las obras tomadas en cuenta en este estudio es la del padre de origen alemán Juan Jacobo Baegert, titulada Noticias de la Península Americana de California, con un doble apéndice sobre falsas informaciones, publicada en 1771. El padre Baegert habitó en la misión de San Luis Gonzaga durante casi 17 años, hasta su expulsión de la península en 1768, esta región era habitada por grupos de lengua guaycura, los cuales, a pesar de que eran grupos lingüísticamente diferentes a los cochimí, eran culturalmente semejantes. Paul Kirchhoff, en el prólogo que hizo a la edición en español de esta obra, considera que la misión de San Luis Gonzaga era la más aislada de todas, pues se encontraba fuera de las rutas que conectaban a las misiones más importantes. La obra de Baegert es una de las que más pasiones y polémicas ha desatado dentro de los estudios históricos de la península, ya que en ella describe con atención la pobreza y carencias que sufrían los indios y misioneros en la Antigua California. Esto se ha interpretado como una respuesta del propio Baegert a la edición francesa de la obra de Venegas, la cual en su momento alimentó con falsas ideas a los que consideraba eran los enemigos de los jesuitas en España sobre supuestas riquezas en la Antigua California. La primera edición de esta obra en español fue publicada en 1942; la edición más reciente de esta obra fue editada por Elizabeth Acosta en el año 2013 y publicada por el Archivo Histórico Pablo L. Martínez, de la ciudad de La Paz, Baja California Sur, México.

Otra de las fuentes consultadas para realizar este trabajo fue la del mexicano Francisco Xavier Clavijero, quien ingresó a la Compañía de Jesús en 1748 y sobresalió como profesor, filósofo e historiador. Clavijero escribió su obra en italiano -durante su exilio en Italia-, fue publicada dos años después de su muerte, en 1789, bajo el título Historia de la California. Aunque Clavijero nunca estuvo en la península de Baja California pudo conocer a algunos misioneros que sí habían estado ahí, con quienes intercambió información y reunió documentos referentes a las noticias de la península. Conoció las obras de Venegas y de Baegert, aunque nunca pudo consultar la obra de Baegert, sí pudo notar, al igual que Del Barco, ciertas carencias y errores en el trabajo de Venegas. Por lo que interesado en la historia indígena de México y en especial de la California jesuita, se dio a la tarea de elaborar un manuscrito que reuniera la información generada por los jesuitas antes de su expulsión de la península utilizando textos de los padres Del Barco y Lucas Ventura. En su obra se presenta un resumen sobre la visión etnológica que tenían los jesuitas de las culturas de la Antigua California, los diversos intentos de colonización de la península, ocurridos desde el siglo XVI por Hernán Cortés hasta las realizadas en el siglo XVIII por el establecimiento del sistema misional jesuita, las fundaciones que realizó la Compañía de Jesús en la tierra peninsular y la posibilidad en aquella época de explorar más al norte de los establecimientos jesuitas, gracias a la fundación y exploración de nuevos territorios por estos. Arturo Reynoso, historiador jesuita, sitúa la obra Historia de la Antigua o Baja California que en 1789 publica el padre Francisco Xavier Clavijero en Bolonia, Italia, donde reside después de la expulsión y luego la supresión de la Compañía de Jesús.

Declive y Expulsión de la Compañía de Jesús

No obstante, en la California desde la rebelión de los pericúe de 1734, la administración jesuita empezó a perder el control político y militar de la región debido a la intervención del gobernador de Sonora y Sinaloa, Manuel Bernal de Huidobro, quien se trasladó a la península para sofocar dichos disturbios, por instrucciones de la autoridad virreinal, a pesar de que los propios misioneros y sus soldados ya habían logrado posicionarse en el área y controlar la situación.

La expulsión jesuita, en 1767, ha sido vista por los académicos como un periodo de auge cortado de seco. No obstante, en 1767 el monarca español Carlos III decretó la expulsión de los cerca de 5000 jesuitas que se encontraban en todos los territorios bajo su autoridad, medida que se fue ejecutando en la América española y las Filipinas durante los meses siguientes. En ese momento había 680 jesuitas en la Nueva España. Las causas de esta enconada animadversión de las monarquías borbónicas y de la portuguesa contra la Compañía se remitían a la lucha entablada por las Coronas y sus cortes, motivadas por un fuerte sentimiento regalista y absolutista, contra el principio de autoridad de la Iglesia y sus dignatarios.

Los jesuitas expulsos de la Nueva España vivieron su exilio en los Estados Pontificios, sobre todo en la ciudad de Bolonia. Es ahí donde los sorprende en 1773 la decisión del Papa Clemente XIV de suprimir la Compañía de Jesús. A pesar del duro golpe de la supresión, la fortaleza y creatividad de varios jesuitas mexicanos se consolidó y varios de ellos se dieron a la tarea de producir en su exilio escritos notables de carácter historiográfico, científico, estético, filológico, literario, filosófico y teológico.

Después de la expulsión de los jesuitas llegaron los franciscanos a hacerse cargo de las misiones. Para el 14 de julio de 1767, salieron nueve franciscanos del colegio apostólico de Propaganda Fide de San Fernando de México hacia Tepic, en donde se reunirían con otros cinco frailes provenientes de las misiones de la Sierra Gorda de Querétaro, para tomar cargo de las congregaciones misionales de la California jesuítica. El padre presidente de este grupo fue fray Junípero Serra, quien estando ya en Tepic, se enteró de la salida de una balandra y una lancha a la península, la cual estaba organizada por el recién nombrado gobernador, Gaspar de Portolá.

Así, los que habían sido los subordinados con los jesuitas en el régimen de excepción hasta 1767, se convirtieron en las autoridades con los franciscanos.

tags: #baja #california #bajo #el #regimen #jesuita