Los impuestos saludables son aquellos que se aplican a productos que dañan la salud, como el tabaco, alcohol, bebidas azucaradas y ultraprocesados. El consumo de estos productos aumenta significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles (ENT), como cánceres, diabetes, enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales, entre otras. Por otro lado, también traen consecuencias negativas a nivel social, como la violencia y problemas de salud mental.
Estos impuestos contribuyen a crear una población más sana, a lograr una reducción de los costos de salud a largo plazo y a alcanzar posibles aumentos de la productividad laboral a largo plazo, además de generar ingresos fiscales estables y predecibles.
El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) en México
Contexto Histórico y Nuevo Acuerdo (2025)
El Gobierno de México, el Congreso de la Unión y el sector productivo alcanzaron un acuerdo integral para la aplicación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a las bebidas calóricas y endulzadas. La medida, anunciada el 16 de octubre de 2025 por la Secretaría de Salud, busca fortalecer la prevención de enfermedades crónicas, reducir el consumo de ultraprocesados y promover opciones más saludables, manteniendo la estabilidad del sector industrial.
El nuevo esquema fija el IEPS en 3.8 pesos por litro para bebidas con azúcar y 1.5 pesos por litro para las que contienen edulcorantes, como parte de la estrategia nacional “República Sana”.
Un Consenso Multisectorial con Visión Preventiva
El anuncio fue encabezado por el presidente de la Junta de Coordinación Política, Ricardo Monreal Ávila, junto con el secretario de Salud, David Kershenobich, y el subsecretario de Integración Sectorial, Eduardo Clark García Dobarganes. También participaron representantes del sector empresarial, entre ellos Andrés Massieu Fernández, de la Asociación Mexicana de Bebidas (MexBeb), y Patricio Caso Prado, de Coca-Cola México.
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El acuerdo fue descrito como un consenso multisectorial sin precedentes, que combina medidas fiscales, educativas y regulatorias. Según Kershenobich, el objetivo no es recaudatorio sino “educativo y transformador”, orientado a promover hábitos saludables desde la infancia y fortalecer la corresponsabilidad entre gobierno, industria y sociedad.
Eduardo Clark destacó que el IEPS busca enfrentar la crisis cardiometabólica que vive el país, donde México ocupa el primer lugar mundial en consumo de refrescos, con 166 litros por persona al año. El nuevo impuesto pretende incentivar la reformulación de productos y orientar al consumidor hacia opciones sin azúcar.
Impacto en la Salud Pública y el Consumo
Desde su implementación original en 2014, el IEPS ha demostrado capacidad para modificar los patrones de consumo. Sin embargo, el nuevo acuerdo de 2025 consolida un enfoque integral de salud pública, que combina medidas fiscales con incentivos a la innovación y educación alimentaria.
El impuesto de 3.8 pesos por litro para bebidas con azúcar representa un incremento significativo y busca reducir la demanda en los grupos más vulnerables al sobrepeso y la diabetes tipo 2. En contraste, el gravamen de 1.5 pesos por litro a las bebidas con edulcorantes premia la reformulación industrial, impulsando la transición hacia opciones más saludables sin castigar la competitividad empresarial.
De acuerdo con proyecciones del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), una disminución de apenas 10% en el consumo de bebidas azucaradas podría evitar más de 20,000 muertes por enfermedades crónicas en los próximos diez años. Asimismo, se estima que los ingresos derivados del IEPS podrán destinarse a programas de salud preventiva y educación nutricional, fortaleciendo la capacidad del Estado para intervenir en fases tempranas de la enfermedad.
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El consumo nacional aparente de bebidas azucaradas en México registró una reducción de 9% desde la aplicación del impuesto especial en 2014, al pasar de 179 litros per cápita en 2013 -0.5 litros al día- a 163 litros per cápita en 2024, informó Arantxa Colchero, especialista del Centro de Investigación en Sistemas de Salud del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP). La investigadora explicó que, aunque el impuesto ha demostrado eficacia, su tasa sigue siendo baja y debería incrementarse para alcanzar un mayor impacto en la salud pública. “Los impuestos funcionan: los precios aumentan y el consumo disminuye. Es una prueba de concepto”, destacó Colchero.
La especialista recordó que el gravamen se implementó para reducir el consumo de productos asociados a enfermedades como obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, daño renal y cardiovascular, así como algunos tipos de cáncer. Añadió que su aplicación también contribuye a mitigar los daños ambientales, ya que producir un litro de refresco implica el desperdicio de entre 168 y 309 litros de agua.
En el caso de México, el impacto ha sido mayor entre los hogares de menores ingresos: el quintil más bajo redujo su consumo en 11.7% y su gasto en 0.22% del total, mientras que el quintil más alto lo hizo en 5.1% y 0.008%, respectivamente. Colchero también rechazó que el impuesto afecte el empleo, ya que las empresas han diversificado su oferta hacia bebidas sin impuesto, y los consumidores han reasignado su gasto a otros productos.
Compromisos del Sector Empresarial
El acuerdo incluye una agenda voluntaria de compromisos asumidos por el sector productivo, orientada a fortalecer la corresponsabilidad. Entre ellos destacan:
- Reducción del contenido de azúcar y calorías en bebidas tradicionales.
- Eliminación de publicidad dirigida a menores de edad.
- Impulso de presentaciones más pequeñas y reformuladas.
- Promoción preferente de productos sin azúcar o con bajo contenido calórico.
El presidente de MexBeb, Andrés Massieu Fernández, afirmó que “la salud pública requiere colaboración intersectorial; asumimos el reto de innovar y orientar al consumidor hacia mejores opciones”. Por su parte, Patricio Caso Prado, de Coca-Cola México, anunció una reducción del 30% en las calorías de su versión regular, además de impulsar el consumo de versiones sin azúcar y retirar toda publicidad dirigida a menores de 16 años. Se estableció, además, una mesa de trabajo permanente con la Secretaría de Salud para el seguimiento técnico de los avances.
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Alineación con Recomendaciones Internacionales
El nuevo esquema fiscal de México se ajusta a las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que recomiendan gravar los productos con alto contenido de azúcar como estrategia prioritaria contra la obesidad y las enfermedades no transmisibles. Países como Reino Unido, Chile y Sudáfrica han reportado resultados positivos tras implementar impuestos similares, con reducciones significativas en el consumo de bebidas azucaradas. México, que fue pionero en la región, consolida ahora un modelo híbrido que combina gravámenes diferenciados, autorregulación y educación sanitaria.
El senador Ricardo Monreal Ávila calificó el acuerdo como “innovador y ejemplar”, al colocar la salud pública por encima de los intereses recaudatorios. Este consenso, además, refuerza la estrategia nacional “República Sana”, basada en prevención, educación y corresponsabilidad.
El uso eficaz de impuestos podría reducir en gran medida el consumo de bebidas azucaradas, según un informe publicado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). “Las bebidas azucaradas contribuyen en gran medida al sobrepeso y la obesidad, y se sabe que estas condiciones, a su vez, causan enfermedades cardíacas, diabetes y otras enfermedades graves relacionadas”, afirmó la directora de la OPS, Carissa F. Etienne. Los impuestos selectivos suelen ser pagados por el fabricante de un producto y trasladados al consumidor en forma de precios más altos. Según Etienne, las políticas efectivas como los impuestos a las bebidas azucaradas se han vuelto más urgentes en tiempos de la pandemia por COVID-19.
En las Américas, el 64% de los hombres y el 61% de las mujeres tienen sobrepeso u obesidad, las tasas más altas del mundo. “Los impuestos selectivos sobre las bebidas azucaradas podrían generar un triple beneficio para los países”, consideró Anselm Hennis, Director del Departamento de Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental de la OPS. Actualmente, 120 países aplican impuestos a las bebidas azucaradas, lo que ha derivado en una disminución promedio del 15% en sus ventas, de acuerdo con un metanálisis internacional de 62 estudios.
El reporte La tributación de las bebidas azucaradas en la Región de las Américas señala que muchos impuestos sobre las bebidas azucaradas en las Américas se han diseñado teniendo en cuenta las metas fiscales y sin considerar el importante papel que pueden desempeñar en la protección de la salud.
