Descubre la Verdad Oculta Tras la Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica: Todo lo Que Debes Saberpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
771 715 4434

La década de 1960 fue una época de crisis en la iglesia, una crisis que estaba centrada en la doctrina de la autoridad de la Escritura. Muchos bautistas, luteranos y presbiterianos se alejaron de la postura de la inerrancia, la cual afirma que la Biblia no contiene errores. Por esta razón estos teólogos, pastores y misioneros piadosos se reunieron en Chicago para definir la inerrancia y también para hacer una declaración advirtiendo los peligros de alejarse de la misma.

Origen y Contexto de la Declaración

En el otoño de 1978, en Chicago, se celebró un extraordinario encuentro de mentes. En octubre de 1978, el Consejo Internacional de Inerrancia Bíblica (ICBI - por sus siglas en inglés) patrocinó una conferencia en la que varios centenares de cristianos representantes de cuarenta y una iglesias y treinta y ocho denominaciones cristianas se reunieron para estudiar, orar y deliberar sobre una cuestión doctrinal esencial: la inerrancia de las Escrituras.

Durante tres días se reunieron, estudiaron, oraron y deliberaron 268 participantes, entre ellos representantes de treinta y cuatro seminarios, treinta y tres universidades, cuarenta y una iglesias y treinta y ocho denominaciones cristianas. La conferencia fue convocada por el Consejo Internacional de Inerrancia Bíblica, un grupo formado por eruditos como el Dr. R.C. Sproul, J. I. Packer, James Montgomery Boice, Earl Radmacher, Edmund Clowney y muchos otros. Este grupo no solo se reunió como consejo, sino que también invitó a líderes de todo el ámbito evangélico. En 1978, más de 200 hombres, entre ellos R.C. Sproul, se reunieron para afirmar la inerrancia de la Biblia. Los delegados formularon la Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica.

El resultado es lo que se conoce como la Declaración de Chicago sobre la Inerrancia de la Biblia, un tratado histórico sobre la doctrina de la Escritura.

¿Qué es la Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica?

La Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica se redactó para abordar la inerrancia de las Escrituras, la doctrina según la cual la Biblia está libre de errores. La palabra inerrancia significa sin error; aplicada a la Biblia, y siguiendo las pautas marcadas por la Declaración de Chicago, significa que la Biblia no contiene error alguno, palabra a palabra, desde el inicio del Génesis hasta el último capítulo del Apocalipsis, por lo que es preciso aceptar literalmente todo su contenido.

Lea también: Cómo escribir una carta de presentación para auditor

La declaración incluye un prefacio, una breve declaración y diecinueve artículos, cada uno de los cuales afirma una postura y niega una falsedad respecto a la inerrancia. El prefacio establece que "la autoridad de las Escrituras es esencial para la Iglesia cristiana en esta y en todas las épocas". La breve declaración que sigue al prefacio esboza cinco puntos principales sobre la doctrina de la inerrancia y la importancia del tema.

Principios Fundamentales de la Declaración

La autoridad de la Escritura es un tema clave para la Iglesia cristiana de esta y de todas las épocas. Los cristianos que son fieles a la Biblia están de acuerdo en que la Escritura tiene autoridad. La pregunta es: ¿Cómo articulamos esta doctrina? La declaración comienza con la doctrina de la inspiración.

La Inspiración Divina

En primer lugar, se analiza la inspiración divina. Los redactores de la Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica estuvieron de acuerdo en que la Sagrada Escritura es la Palabra autorizada de Dios porque está inspirada por Dios para revelarse a la humanidad. La Biblia no se originó de abajo hacia arriba; es decir, no procede del hombre, representando nuestra comprensión de lo divino. Si la Biblia no tuviera un origen divino, podría argumentarse que la Escritura recibe su autoridad de la Iglesia, la tradición o cualquier otra fuente humana. La Biblia está libre de errores porque es la Palabra inspirada de Dios. Una vez establecida la doctrina de la inspiración, la siguiente pieza es la inerrancia: si es la Palabra inspirada de Dios, entonces es verdadera.

Además, afirma que las Escrituras son la comunicación de Dios con nosotros. Dios nos hizo a Su imagen y eligió relacionarse con nosotros utilizando nuestro lenguaje; no tenemos que preocuparnos de que el lenguaje sea inadecuado para la revelación divina.

Fiabilidad e Interpretación de las Escrituras

La Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica también analiza la fiabilidad del texto bíblico. Varios de los artículos confirman que la Biblia es verdadera y fiable en todos los asuntos que trata y que la Escritura muestra unidad y coherencia interna. Por lo tanto, podemos utilizar la Escritura para interpretar la Escritura. La Escritura también debe "interpretarse mediante la exégesis gramatical-histórica, teniendo en cuenta sus formas y recursos literarios". Cuando estudiamos la Escritura, debemos mantenerla en su contexto, comprender su significado original y no relativizar las verdades, basándonos en la comprensión humana o en la falta de ella. Dios proporciona además comprensión a través del Espíritu Santo.

Lea también: Constancia de Situación Fiscal: Requisitos y trámites

Importancia para la Vida Cristiana

La Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica es una descripción concisa y útil de los componentes de la doctrina de la inerrancia bíblica y su importancia para la vida cristiana. La doctrina de la inerrancia bíblica es fundamental para todo creyente. Podemos confiar en lo que dice la Biblia. Podemos permitir que la Palabra de Dios nos enseñe, reprenda, corrija y forme en la justicia, de modo que estemos completamente equipados para toda buena obra (2 Timoteo 3:16-17). Si la Biblia es la Palabra inspirada de Dios, entonces es verdad. Si es verdad, debemos seguirla. Quienes profesan la fe en Jesucristo como Señor y Salvador están llamados a mostrar la realidad de su discipulado obedeciendo humilde y fielmente la Palabra escrita de Dios. Apartarse de la Escritura en fe o conducta es deslealtad a nuestro Maestro.

Perspectivas Críticas sobre la Declaración de Chicago

Dicho lo que antecede, nos ocuparemos ahora de la Declaración de Chicago, un documento firmado por 240 teólogos evangélicos los días 26-28 de octubre de 1978, que representaban a los sectores más radicales y fundamentalistas de los evangélicos norteamericanos. Este documento fue adoptado por The Evangelical Theological Society en el 2003. En lo que a The Evangelical Theological Society se refiere, digamos que se trata de una sociedad integrada por pastores, educadores y estudiantes de teología, fundada en el año 1949 con la vocación de convertirse en defensores de la pureza doctrinal. Representa a diferentes instituciones y denominaciones eclesiales. Esa asociación se ha dado a conocer especialmente por su adhesión al concepto de la inerrancia, la defensa de la lectura literal de la Biblia y su identificación con los movimientos más radicales de la religión y la política norteamericana. A lo largo de su existencia, varios de sus dirigentes más representativos han sido expulsados por sustentar posturas teológicas “inapropiadas”.

Inicialmente el problema consiste en confundir inspiración con dictado. Todas las tradiciones cristianas aceptan que la Biblia ha sido inspirada por Dios, al margen de que existan diferentes formas de entender en qué consiste la inspiración. Quisiéramos analizar artículo por artículo el contenido de la Declaración para señalar los aspectos más radicales o contrarios a la enseñanza de Jesús de Nazaret, pero en realidad toda ella adopta un lenguaje radical, exclusivo y excluyente, en un tono marcadamente intolerante que hace muy difícil entresacar frases o afirmaciones concretas.

Críticas a Artículos Específicos

Ahora bien, como en realidad se trata de contraponer “inspiración” y “dictado de Dios”, que es a fin de cuentas lo que la Declaración pretende, resulta curiosa la afirmación que se hace en el artículo 7: “El origen de la Escritura es divino. El modo de la inspiración divina sigue siendo, en gran parte, un misterio para nosotros”. El origen es divino y la inspiración no sabemos en qué consiste.

Su postura sobre el “dictado de Dios” (inspiración mecánica), queda claramente expresado en el artículo 8, en el que se dice referido a Dios que “hizo que escribiesen [los autores] las mismas palabras que Él había escogido”. Claro que el artículo 9 coloca al lector de la Biblia en una situación comprometida: “Afirmamos que la inspiración, aunque no confirió omnisciencia a los autores, sí garantizó que sus declaraciones en cuanto a cualquier tema sobre el cual hablaron o escribieron fueran veraces y fidedignas”. “Veraces y fidedignas”. Véase con cuidado y detenimiento el Antiguo Testamento y repárese en la falta de ética de algunos relatos, los crímenes masivos, la venganza con los pueblos vencidos, etc., etc., y todo ello, atribuido a Jehová.

Lea también: Modelo de Carta de Presentación para Servicios de Auditoría

El conocimiento de la revelación de Dios en Jesucristo, Palabra encarnada, nos obliga a incorporar algunas herramientas hermenéuticas para entender y asimilar el mensaje de dichos pasajes veterotestamentarios, desechando la lectura literal.

El artículo 10, por su parte, es absolutamente inexacto. No es cierto, en manera alguna, que se conozcan “los autógrafos originales de las Escrituras”. Los manuscritos disponibles son fragmentos (sólo fragmentos) de copias antiguas, pero en ningún caso se trata de originales. La Declaración de Chicago está repleta de afirmaciones y negaciones absolutamente subjetivas y de ocurrencias personales que se han elevado a colectivas, sin rigor ni soporte bíblico, racional o histórico. Se fundamentan en la exclusiva autoridad de sus firmantes.

Resulta axiomático el dicho popular que afirma que no hay mayor sordo que el que no quiere oír ni mayor ciego que el que no quiere ver. De ahí se deriva nuestro pesimismo de que quienes militan en las filas del fanatismo religioso acepten reflexionar sobre el tema de la inerrancia, una doctrina que, como ya hemos dejado escrito en otras ocasiones, resulta falaz no solo a ojos de la teología y de la ciencia sino de la más elemental lógica humana; una doctrina que reduce la imagen Dios a límites humanos.

tags: #información #detallada #carta #oficial #de #la