La Crisis de 1929, conocida como la Gran Depresión, fue uno de los eventos más impactantes en la historia económica y política del siglo XX. Fue la depresión más larga en el tiempo, de mayor profundidad y la que afectó a un mayor número de países en el siglo XX. Su duración dependió de los países que se analizaron, pero en la mayoría comenzó alrededor de 1929 y se extendió hasta finales de los años treinta.
La Gran Depresión fue una gran crisis financiera mundial originada en los Estados Unidos que se prolongó durante la década de 1930, en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. La depresión tuvo efectos devastadores en casi todos los países, ricos y pobres, donde la inseguridad y la miseria se transmitieron como una epidemia, de modo que cayeron la renta nacional, los ingresos fiscales, los beneficios empresariales y los precios.
El Auge Previo y la Burbuja Especulativa
Durante los años previos a la Gran Depresión, Estados Unidos experimentó un fuerte crecimiento económico y desplazó al Reino Unido del liderazgo económico mundial. Se incrementó en aquel país la producción y la demanda de sus productos, con una profunda transformación productiva dominada por la innovación tecnológica. La prosperidad de la década de 1920, después de la Primera Guerra Mundial, contribuyó a un período de crecimiento económico sostenido gracias a la industrialización, la innovación tecnológica y el aumento de la producción en masa.
Del optimismo y de la bonanza económica también participó la Bolsa de Valores de Nueva York, que vivió un prolongado incremento de las cotizaciones, lo que permitió la formación de una burbuja especulativa, financiada por el crédito. Las acciones se convirtieron en una inversión popular, y el mercado de valores creció exponencialmente. La especulación bursátil se generalizó, y millones de personas invirtieron sus ahorros en unas acciones que siempre aumentaban de valor.
Todo ello, unido a la facilidad de acceso al crédito que ofrecían los bancos para entrar en ese mercado, produjo una burbuja especulativa que parecía no tener fin. Las políticas de fácil acceso al crédito permitieron a los estadounidenses comprar bienes de consumo y acciones con dinero prestado.
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El Colapso Bursátil: Jueves Negro y Martes Negro
La Crisis de 1929 se desató a raíz del colapso del mercado de valores, pero su impacto se extendió mucho más allá de Wall Street. Los primeros indicios de recesión se dejaban sentir ya en los países productores de materias primas, mientras Wall Street vivía aún en plena euforia, primer síntoma de la falta de vigilancia y prevención de las situaciones cambiantes, por exceso de confianza.
El 24 de octubre de 1929, conocido como el Jueves Negro, se produjo un récord de órdenes de venta, 12.9 millones de acciones. Ese día, el valor de los títulos se redujo en miles de millones y las grandes acciones cayeron a las cifras más bajas de su historia. Las acciones perdieron gran parte de su valor, lo que llevó a una ola de pánico y ventas masivas. Sin embargo, ese récord duraría poco.
El 29 de octubre de 1929, el pánico volvió a apoderarse de los inversores de la Bolsa de Nueva York, que se deshicieron de más de 16 millones de acciones provocando el caos financiero y el desplome del valor de las acciones de las empresas más importantes del país. Este día, que pasó a la historia con el nombre de "Martes Negro", fue la jornada más sombría de Wall Street y culminó el desastre que se había iniciado cinco días antes. Cuando el mercado tocó fondo en 1932, se había perdido 90% del valor de las acciones.
El Derrumbe del Sistema Financiero Estadounidense
La quiebra estadounidense no fue en sus comienzos sino una quiebra de índole bolsística, el brusco estallido y desmoronamiento de un mito creado por los especuladores; no obstante, sus consecuencias fueron hondas y duraderas. El colapso de la Bolsa de Valores desencadenó una contracción masiva del crédito.
Durante 1930-1933, el sistema financiero estadunidense experimentó condiciones que se encontraban entre las más difíciles y caóticas de su historia. Las oleadas de quiebras bancarias culminaron con el cierre del sistema bancario (y de una serie de otros intermediarios y mercados) en marzo de 1933. La verdadera gravedad de las crisis bancarias en la Depresión es bien conocida, con porcentajes de bancos operativos que quebraron en cada año desde 1930 hasta 1933 incluido, siendo estos 5.6, 10.5, 7.8 y 12.9%, respectivamente.
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El funcionamiento del sistema bancario estadounidense fue el factor individual que mayor influencia tuvo sobre la profundidad alcanzada por la depresión. El sistema estadunidense, compuesto principalmente por pequeños bancos independientes, siempre había sido particularmente vulnerable. El predominio de los bancos pequeños en los Estados Unidos se debió en gran parte a un entorno regulatorio que reflejaba los temores populares de los grandes bancos y “fideicomisos”. Por ejemplo, había numerosas leyes que restringían las sucursales bancarias a niveles tanto estatal como nacional.
La inexistencia en los Estados Unidos de un sector bancario fuerte de ámbito nacional y la quiebra inicial de algunos bancos hizo que la crisis bancaria se extendiera por todo el país, lo que multiplicó los efectos de la crisis. El que los pasivos de los bancos fueran principalmente en forma de deuda exigible a precio fijo (es decir, depósitos a la vista), mientras que muchos activos eran altamente no líquidos, creó la posibilidad del perverso equilibrio de expectativas conocido como “corridas bancarias”. En una corrida, el temor de que un banco quiebre induce a los depositantes a retirar su dinero, lo que a su vez fuerza la liquidación de los activos del banco.
La Reserva Federal era la única que podía haber evitado una caída en cadena de los bancos mediante concesión de liquidez de forma masiva a los bancos, pero los gestores de la Reserva Federal, muy al contrario, redujeron la oferta monetaria y subieron los tipos de interés, y provocaron una oleada masiva de quiebras bancarias. Aunque la Reserva Federal no introdujo medidas cautelares específicas contra la suspensión de la convertibilidad, las cámaras de compensación aparentemente sintieron que la existencia de la nueva institución las relevaba de la responsabilidad de luchar contra las corridas. No se produjeron corridas serias entre la primera Guerra Mundial y 1930, pero las muchas malas noticias financieras que llegaron de todo el mundo en 1930-1932 fueron como chispas en la yesca. Las corridas fueron claramente una parte importante de los problemas bancarios de este periodo.
La Insolvencia Generalizada de los Deudores
Otro aspecto importante de la crisis financiera fue la omnipresencia de la insolvencia de los deudores. Debido a que los contratos de deuda se escribieron en términos nominales, la caída prolongada de los precios y los ingresos monetarios aumentó considerablemente la carga de la deuda. La “crisis de la deuda” tocó a todos los sectores. La gravedad del problema en la Gran Depresión se debió no sólo al alcance de la deflación, sino también a la amplia expansión de la deuda interna en la década de 1920.
Por ejemplo, la proporción de casas ocupadas por propietarios e hipotecadas con algún interés o deuda en mora en ninguna de las veintidós ciudades encuestadas fue menor a 21%, y en la mitad superó 38%. Los agricultores se encontraban en más dificultades que los propietarios de viviendas. A principios de 1933, los propietarios de 45% de todas las granjas de los Estados Unidos estaban en mora en los pagos.
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Impacto Económico y Social
El efecto sobre la economía real fue severo. Miles de empresas que habían dependido del crédito y la inversión se declararon en bancarrota. La producción industrial se redujo drásticamente, y el desempleo se disparó. Las personas arruinadas a causa del derrumbamiento de la bolsa de valores limitaron sus gastos, los afortunados que todavía disponían de algún capital quedaron atemorizados y se negaban a invertirlo de nuevo, y las fuentes de crédito se agotaron.
La depresión subsiguiente fue la peor de la historia estadounidense. Para 1932, la economía estadounidense se había reducido a la mitad y una tercera parte de la fuerza laboral estaba desempleada. En 1932 el producto interno bruto (PIB) había disminuido un 27 %, y la producción industrial, un 50 %. En 1933, el desempleo llegó al 25 %. Solo en 1940 se recobró el nivel de producción previo a 1929, y esto se debió al estallido de la II Guerra Mundial.
La Gran Depresión dejó sin trabajo ni esperanza de encontrarlo a millones de personas. La miseria que siguió a la Gran Depresión hizo proliferar los comedores sociales, en los que los desempleados obtenían la comida caliente que no podían pagar. El campo de los EU fue uno de los lugares donde más afectó la crisis, y el nivel extraordinariamente bajo de los ingresos agrícolas fue decisivo y retardó considerablemente la recuperación. La agricultura fue el sector más deprimido de la economía, y los productores habían disminuido sus ingresos en un 70 %.
Esto provocó que ciudades como Detroit y Chicago, que dependían de la industria pesada, sufrieran la crisis con más intensidad. Ciudades de todo el mundo se vieron gravemente afectadas, especialmente las que dependían de su industria pesada, y de la industria de la construcción, que se detuvo prácticamente en muchas áreas.
Análisis Teórico de la Crisis
Un aspecto interesante de las crisis financieras generales, o más claramente, de las quiebras bancarias, fue su coincidencia en el tiempo con desarrollos adversos en la macroeconomía. Una posible explicación de estos movimientos sincrónicos es que el sistema financiero simplemente respondió, sin retroalimentación, a las caídas del producto agregado. Sin embargo, esto se contradice con el hecho de que los problemas del sistema financiero tendieron a provocar caídas en la producción, y de que muchos autores han documentado fuentes de pánico financiero no relacionadas con la caída de la producción estadunidense.
Entre las explicaciones que enfatizan la dirección opuesta de la causalidad, la más destacada es la de Friedman y Schwartz (1963). Ellos señalaron dos formas en que las dificultades de los bancos empeoraron la contracción económica general: primero, al reducir la riqueza de los accionistas bancarios; segundo, y mucho más importante, al conducir a una rápida caída en la oferta de dinero. Hay mucho soporte para esta visión monetaria.
No obstante, esta no es una explicación completa del vínculo entre el sector financiero y la producción agregada en la década de 1930. Un problema es que no existe una teoría de los efectos monetarios en la economía real que pueda explicar la no neutralidad prolongada. Otro conflicto es que las reducciones de la oferta monetaria en este periodo parecen cuantitativamente insuficientes para explicar las posteriores caídas de la producción.
Una premisa básica alternativa es que, debido a que los mercados de derechos financieros son incompletos, la intermediación entre algunas clases de prestatarios y prestamistas requiere servicios no triviales de creación de mercado y recopilación de información. Las perturbaciones de 1930-1933 redujeron la eficacia del sector financiero en su conjunto en la prestación de estos servicios. A medida que aumentaron los costos reales de la intermediación, algunos prestatarios (especialmente los hogares, los agricultores y las pequeñas empresas) encontraron que el crédito era costoso y difícil de obtener.
La Respuesta del Gobierno: El New Deal
La elección de Franklin D. Roosevelt como presidente y el establecimiento de sus nuevas políticas económicas que él llamó, el New Deal (el Nuevo Trato o el Nuevo Acuerdo) en 1932, marcó el inicio del final de la Gran Depresión en los Estados Unidos. El “New Deal” se refiere a una serie de programas y políticas implementadas por el gobierno federal durante la década de 1930, bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt, con el objetivo de enfrentar los desafíos económicos y sociales de la Gran Depresión.
Durante su campaña presidencial, Roosevelt prometió un “New Deal” para los estadounidenses, una serie de medidas destinadas a combatir la Gran Depresión y restaurar la confianza en la economía y el gobierno. Los objetivos principales del New Deal incluyeron:
- Recuperación económica: Revitalizar la economía estadounidense mediante la creación de empleo, la estabilización de los precios y el restablecimiento de la confianza en el sistema financiero.
- Reforma bancaria y financiera: Se implementaron medidas como la Ley Glass-Steagall, que separó los bancos comerciales de los bancos de inversión, y la creación de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) para regular el mercado de valores. Estas reformas buscaban evitar la especulación y el colapso financiero. La Ley Glass-Steagall y la creación de la SEC ayudaron a restaurar la confianza en el sistema financiero, evitando excesos y prácticas especulativas que habían contribuido a la crisis.
- Asistencia a los desempleados: Programas como la Administración de Trabajo Público (WPA) y el Cuerpo Civil de Conservación (CCC) proporcionaron empleo a millones de desempleados a través de proyectos de obras públicas y conservación de recursos naturales.
- Reformas en el sistema de bienestar social: Se estableció el Seguro Social para proporcionar una red de seguridad económica para los ancianos y discapacitados, así como programas de ayuda para los desempleados y necesitados.
- Regulación económica: Se promulgaron leyes como la Ley Wagner (Ley Nacional de Relaciones Laborales) para proteger los derechos de los trabajadores y fomentar la negociación colectiva. Paralelamente la Ley Wagner protegió los derechos de los trabajadores a sindicalizarse y negociar colectivamente. Esto llevó a un aumento en la afiliación sindical y a mejoras en las condiciones laborales y salarios.
El “New Deal” tuvo un impacto significativo en la sociedad estadounidense y en la economía del país. A lo largo de la década de 1930, la economía estadounidense experimentó una lenta pero constante recuperación. El PIB aumentó, y la tasa de desempleo disminuyó gradualmente. Los programas de obras públicas del WPA y el CCC crearon millones de empleos, y la estabilización del sistema financiero brindó una mayor confianza a los inversores, también ayudó a aliviar la pobreza al proporcionar empleo y asistencia a quienes más lo necesitaban. Lo cierto es que el legado del “New Deal” es innegable y ha perdurado a lo largo de las décadas.
A pesar de sus logros, el “New Deal” también enfrentó críticas. Algunos argumentaron que las reformas gubernamentales eran excesivas y que el gobierno estaba asumiendo demasiado control sobre la economía. Otros sostenían que el “New Deal” no había ido lo suficientemente lejos en la reforma y que no había logrado resolver completamente la Gran Depresión. Además, hubo preocupaciones sobre la deuda acumulada por el gobierno para financiar los programas del “New Deal”.
La Propagación Internacional de la Crisis
La Crisis de 1929 no se limitó a Estados Unidos. Se propagó a nivel mundial a medida que el comercio internacional se contrajo y otros países experimentaron sus propias crisis económicas. Esto produjo una gran reducción del flujo de dólares hacia Europa y el resto del mundo. Dada la importancia de Estados Unidos en la economía mundial, el impacto de su crisis sobre el resto del mundo fue fuerte; por eso se dice que Estados Unidos exportó su crisis.
El comercio internacional descendió entre un 50 % y un 66 %. De 1930 a 1933 se da la suspensión de pagos de miles de empresas al punto de llevarlas a la quiebra; también cayó estrepitosamente el comercio internacional al reducirse el valor de las importaciones y exportaciones, esto desembocó en más bancarrotas. La crisis llevó a un aumento del nacionalismo y la adopción de políticas proteccionistas, como el establecimiento de aranceles más altos, que dificultaron aún más la recuperación económica a nivel global.
Prácticamente todos los países padecieron declives tanto en la producción industrial como en el PIB, y la URSS fue la principal excepción al estar aislada del capitalismo moderno. La crisis llevó a un aumento del nacionalismo y la adopción de políticas proteccionistas. En un contexto de escasez de crédito, el resultado para los países periféricos fue la pérdida de reservas y la depreciación del tipo de cambio.
La crisis también tuvo un impacto significativo en el sistema monetario internacional. La crisis no solo tuvo como epicentro a Estados Unidos, sino también a Europa. Comenzó en Austria, en mayo de 1931, cuando el gran banco Creditamstalt de Viena se declaró en quiebra. La desconfianza se extendió en Alemania, entre mayo y junio de 1931, donde provocó corridas bancarias y fuga de capitales.
Ambos países salieron del patrón oro, aplicando control de cambios. Seguidamente, la desconfianza llegó a Gran Bretaña. Hacia finales de julio de 1931, el mercado cambiario londinense comenzó a sufrir una fuerte presión producto de la fuga de capitales. Entonces, en septiembre de 1931, se decidió abandonar el patrón oro devaluando la libra papel. Esto marcó el principio del fin del patrón oro como institución monetaria internacional.
