Conocido como “El Palacio Negro de Lecumberri”, el edificio que albergó la antigua carcelaria del país se inauguró el 29 de septiembre de 1900, durante el gobierno de Porfirio Díaz, en la zona oriente de la Ciudad de México. La prisión se inauguró tras quince años de construcción desde que se colocó la primera piedra. El origen arquitectónico fue la Reforma al Código Penal de 1871; dando como resultado la elaboración del proyecto por parte del arquitecto Lorenzo de la Hidalga e iniciando los trabajos de su construcción en 1885 por los ingenieros Antonio Torres Torija, Antonio M. Falcón y Miguel Quintana. La Penitenciaría de Lecumberri fue la gran cárcel del país; estableció el modelo panóptico para vigilar las distintas crujías dispuestas radialmente; inspirada en esquemas que buscaban la expiación de los reos, integrando el trabajo con la vida cotidiana, con la finalidad de lograr la reinserción de los reclusos a la sociedad concluida la condena.
Propósito y realidad del sistema penal
En su trabajo "Paralelo de las penitenciarías”, Lorenzo de la Hidalga comparó diferentes tipos de panópticos, retomando la idea original del filósofo inglés Jeremías Bentham. El gobierno porfirista buscó poner en práctica los avances de las ciencias penal y criminalística que se desarrollaban en Europa y Estados Unidos. Así, se vanagloriaba por su edificación y misión: sería un lugar ejemplar en donde se buscaría que algunos criminales pagaran una pena y luego se integraran de nuevo a la comunidad. Sin embargo, la sobrepoblación y corrupción al interior frustraron esos ideales, derivando en una prisión que se convirtió en sitio de purgación, terror y sometimiento.
La vida al interior del penal
Llegar ahí era, para la mayoría, “llegar al infierno”. Todo adentro se manejaba con cuotas por pagar: talleres, baños, comida, bebidas… El costo de las celdas variaba: todo era venta de privilegios y extorsiones. El que tiene más saliva traga más pinole. La gran mayoría eran explotados y extorsionados por los presidentes o mayores y por los comandantes y cabos. También las autoridades, celadores y defensores de oficio sacaban su tajada. Los que se negaban o no podían costear las visitas familiares cada domingo, los baños, la fonda, la tienda o la tintorería, más los señalados de mala conducta, eran enviados a los apandos, diminutas celdas de castigo sin sanitario, oscuras, y que guardaban un insoportable calor y humedad por encontrarse arriba del baño de vapor.
Acontecimientos históricos y personajes
Uno de los acontecimientos históricos más destacados que involucran al edificio es sin duda el asesinato del entonces presidente y vicepresidente Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, quienes previamente fueron forzados a firmar la renuncia de sus cargos políticos, hacerlos prisioneros y asesinarlos a solicitud de Victoriano Huerta. La noche del 22 de febrero de 1913, las detonaciones de las armas marcaron la inminente muerte de ambos hombres en los solitarios llanos de la Escuela de Tiro.
Lecumberri alojó a maleantes e inocentes, también presos políticos, algunos de ellos plasmaron las infamias que se vivían al interior. El artista David Alfaro Siqueiros fue enviado a la cárcel cuatro veces, acusado por diversos motivos como insubordinación o intentos de asesinato. Asimismo, el movimiento estudiantil de 1968 llevó a decenas de presos políticos a Lecumberri, donde muchos fueron acusados del delito de disolución social. El edificio funcionó como penitenciaría desde 1900 hasta 1976.
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| Aspecto | Descripción |
|---|---|
| Inicio de construcción | 1885 |
| Inauguración | 29 de septiembre de 1900 |
| Cierre como penitenciaría | 1976 |
| Modelo arquitectónico | Panóptico |
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