La tributación sobre el consumo tiene la característica de componer el precio de los bienes y servicios producidos y ofertados en un País. Con ello, las oscilaciones en su alícuota tienen como caracterítica interferir en la economía, pues, en tesis, los tributos sobre el consumo serían pagados por el consumidor em el precio de compra.
El IVA es un impuesto indirecto aplicado sobre el consumo, es decir, es financiado por el consumidor final. Como el IVA integra el valor pagado por las mercancías o servicios vendidos, es necesario observar la Teoría Económica al explicar que no es todo el aumento de precio que el mercado tendrá capacidad de absorber en el valor de las mercancías vendidas o servicios prestados, obligando a las empresas a absorber en todo o en parte a gastos tributarios con eventuales aumentos de la alícuota del IVA, disminuyendo así su margen de contribución (Keynes, 1936).
En ambiente de crisis económica y competencia a nivel global, las empresas necesitan ser lo más eficiente posible en su gestión para mantenerse en funcionamiento. Para no perecer en el mercado, además de tener que reaccionar con celeridad a las alteraciones tecnológicas, económicas y políticas. Las empresas necesitan ampliar continuamente su capacidad de innovación, modernizando y buscando un mejor posicionamiento estratégico frente a la competencia del mercado (Santos, 2008).
De ese modo, las empresas pasaron a preocuparse, no sólo con sus costos operacionales, sino también, con sus costos tributarios, que han sido determinantes en la toma de decisiones de los gestores (Noble, Souza, & Almeida, 2006). El costo de oportunidad verificado en las actividades realizadas por las empresas es constantemente medido utilizando la planificación tributaria como herramienta, para buscar disminuir el costo tributario o incluso desistir de la actividad o operación cuando esos costos superan el beneficio esperado por la tasa de retorno mínimo de los inversores (Martins & Dantas, 2010).
El efecto de la tributación en la economía es destacado por el triángulo de Harberger, en lo que se refiere al estudio resultante del deadwirght loss (exceso de peso o ineficiencia alocativa) causada por los impuestos en los mercados debido a la intervención gubernamental, generando pérdidas en la recaudación tributaria por ineficiencia económica. En la Figura 1, según Harberger (1995), se percibe que con la ausencia de tributos se tiene el equilibrio de mercado representado por el punto “A”. En este escenario las empresas venden la cantidad “q1” de mercancías a un precio “p1”. Aquí, el rectángulo formado por los puntos “B”, “q1”, “A” y “P1” representa el valor recibido por la empresa, mientras que el triángulo formado por los puntos “C”, “P1” y “A” es el excedente de consumo.
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El aumento de la alícuota del IVA cumple el mismo papel que figura en la Figura 1, por lo que puede contribuir significativamente al proceso inflacionario, debido al IVA está contenido en los precios de las mercancías producidas y los servicios prestados por las empresas. Por lo tanto, es factible que su costo no se transfiera íntegramente al precio de las mercancías y servicios, siendo probable que sea absorbido como costo por las empresas, desestimulándolas a reinvertir debido a la reducción del retorno sobre el capital invertido.
IVA en América Latina
El IVA mueve altos valores en la economía, pues incide sobre casi todo lo que se consume dentro de los Países. El campo de su incidencia abarca tanto mercancías y servicios esenciales, como transporte, telefonía y telecomunicación, como productos superfluos que tienen alícuotas aún mayores, como cosméticos, bebidas alcohólicas y cigarrillos (Rezende, Pereira, & Alencar, 2010). Según datos de Baker & McKenzie, una firma legal que asesora a compañías globales, el promedio del IVA que se cobra a nivel mundial es de 15%.
La alícuota media del IVA en América Latina está en torno al 15%. La mayor tasa se encuentra en Uruguay, con un 22%, incidido por casi todos los bienes y servicios consumidos dentro de su territorio, y en Argentina, con el 21%, el cual corresponde al impuesto más significativo para sus finanzas, siendo de atribución de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) recogerlo. Los países con el menor porcentaje son Paraguay (10%) y Panamá (7%). Los ejemplos más llamativos de exenciones al pago del IVA son los del transporte público (Perú) y la venta de hidrocarburos (Venezuela), entre otros.
Uruguay reinstauró el impuesto a la compra de carnes blancas (pollo, cerdo y cordero) luego de siete años de exenciones. Y los resultados están a la vista, añade: «En América Latina hay países como Argentina en los que el IVA representa un 30% del total de la recaudación fiscal.
El IVA en Brasil (ICMS)
En Brasil, el impuesto sobre el consumo está dividido, básicamente, en tres impuestos. Cada impuesto perteneciente a una de las tres esferas de la Federación: Unión Federal, Estados y Municipios. La Unión instituye el Impuesto sobre Productos Industrializados (IPI); los Estados el Impuesto sobre Circulación de Mercancías y Servicios (ICMS); y, los Municipios, cobran el Impuesto sobre Prestación de Servicios (ISS).
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No obstante, entre los tres impuestos brasileños asociados al IVA, el que mejor representa el impuesto incidente sobre el consumo es el ICMS. Este impuesto se refiere a todas las mercancías que circulan en todo el ámbito del territorio brasileño, así como los servicios de telecomunicación, energía y transporte intermunicipales e interestatales prestados en Brasil.
Por lo tanto, aunque el ICMS no esté directamente relacionado con la operación de consumo de un servicio, por ejemplo, este se refleja em su precio por um efecto rebote, visto que, normalmente, los insumos utilizados para la prestación del servicio o producción y, la venta de cualquier mercancía sirvió de base para el cobro, en algún momento, del ICMS. En Brasil, el IVA es denominado como Impuesto sobre Mercancías y Servicios (ICMS) y es un tributo de competencia de los Estados, respondiendo por más del 85% de su recaudación y representando, en 2015, el 4.5% del PIB nacional (Landim, 2016).
Impacto del IVA en las Empresas
Los estudios relacionados a la demanda y oferta, por las teorías económicas, explican que no siempre el mercado estará dispuesto a pagar cualquier precio por las mercaderias, imponiendo a veces su reducción para alcanzar el equilibrio de mercado (Keynes, 1936; Musgrave & Musgrave, 1983). Así, cuando hay aumento de las alícuotas del IVA, puede no haber alternativa para las empresas, sino absorber el costo de un eventual aumento en la carga tributaria incidente sobre el precio de las mercancías y servicios.
La absorción de ese costo puede comprometer la generación de flujos de caja futuros de las empresas, afectando el retorno sobre el patrimonio invertido y desestimulando la reinversión. Damodaran (2012) destaca que el valor de la empresa está íntimamente ligado a su expectativa de generación de flujo de caja, y que la tasa de crecimiento es el índice más utilizado para proyectar ingresos y beneficios futuros.
A pesar de ello, el impacto del IVA sobre el crecimiento y la generación de valor en las empresas es un asunto poco explotado en la literatura científica. Entre las evidencias existentes en la literatura, Caldeira (2006) observa que ellas se limitan a investigar la influencia de los impuestos sobre la renta. Sin embargo, se olvida de los tributos incidentes indirectamente en las ventas, que pueden impactar los ingresos y, en consecuencia, el resultado financiero de las empresas (Rezende, Pereira, & Alencar, 2010).
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Esta influencia es perceptible a medida que los tributos incidentes en las actividades operativas, así como los de renta, afectan la competitividad de forma directa, sufriendo influencia por la política fiscal del gobierno (Riani, 1997). Incluso influyen en el cálculo del resultado operativo bruto, modificando reactivamente la liquidez y la rentabilidad de las organizaciones.
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