Contexto y Relevancia del Empleo
El empleo es el principal motor de la reducción de la pobreza. Ayuda a construir sociedades más resilientes y autosuficientes, reduce la necesidad de ayuda humanitaria y aborda las causas fundamentales de la inestabilidad social y de la migración. El empleo fue la clave para combatir la pobreza en América Latina durante su último período de reducción sostenida de la pobreza (2009-14). La sólida creación de empleo y el fuerte crecimiento de los salarios fueron los impulsores de la disminución de dos tercios en las tasas de pobreza.
La situación del mercado laboral en América Latina y el Caribe (ALC) registra avances, pero aún enfrenta barreras estructurales importantes, informó la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En su publicación anual Panorama Laboral, la OIT enfatizó la recuperación del empleo tras la pandemia de COVID-19, pero advirtió que muchos de los problemas históricos siguen sin resolverse. La edición de mayo de 2025 del Panorama Laboral Regional proporciona nuevos conocimientos sobre los obstáculos a la creación de más y mejores puestos de trabajo en toda ALC.
Dinámica del Crecimiento del Empleo y Puestos Asalariados
A pesar de tener el crecimiento económico más bajo entre las regiones del mundo desde 2015, el crecimiento del empleo en ALC siguió el ritmo del de los países de otras regiones. Entre 2016 y 2024, ALC generó alrededor de 27 millones de nuevos empleos netos. El comercio minorista y la hostelería aumentaron en 7,9 millones de puestos de trabajo, mientras que la educación, la salud y los servicios personales crecieron con fuerza en 7,3 millones, representando en conjunto más de la mitad de todos los nuevos puestos.
Las empresas más grandes (más de cinco empleados) lideraron la creación de empleo con 11,1 millones de nuevos puestos netos, mientras que las pequeñas empresas contribuyeron con 7,9 millones. Es relevante destacar que el crecimiento de los nuevos puestos asalariados fue más del doble del aumento de los puestos de trabajo por cuenta propia, alcanzando los 18,6 millones.
El informe de la OIT señala que la primera mitad de 2025 estuvo marcada por una recuperación moderada del empleo en la región, cuya tasa de participación alcanzó el 63% y la de ocupación el 60%, mientras que la desocupación se ubicó en 6%, uno de los menores niveles en los últimos 15 años. La cantidad de personas que trabajan o buscan empleo se mantiene estable en relación con el año anterior, y una mayor proporción ha logrado insertarse en el mercado laboral.
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Desafíos Persistentes en el Mercado Laboral
No obstante los avances, la informalidad y la desigualdad persistieron en medio de las transformaciones del mundo del trabajo. La informalidad es el gran reto, abarcando a cerca de la mitad de la fuerza laboral regional, lo que expone a millones de trabajadores a la precariedad, ingresos inestables, y falta de seguridad social y acceso a las prestaciones básicas asociadas al empleo formal. Aunque se redujo ligeramente en el primer semestre de 2025 (46,7%), la informalidad sigue siendo uno de los rasgos característicos de la región. La agencia de la ONU recordó que la informalidad no solo limita la dignidad del trabajo, también entorpece la productividad y el desarrollo económico sostenido de las economías regionales, que aún no consiguen traducir los avances cuantitativos en empleo en mejores condiciones laborales.
A pesar del cambio del trabajo autónomo no calificado y el trabajo no remunerado hacia puestos calificados y asalariados durante la última década, una parte significativa de los nuevos empleados asalariados carecen de beneficios de pensión o seguro médico.
Desempleo Juvenil y Desigualdad de Género
El desempleo juvenil en América Latina y el Caribe cayó más de 5,4 puntos porcentuales a partir de 2016, pero se mantuvo en 14 por ciento en 2024, más del doble de la tasa de desempleo general. La proporción de jóvenes que ni trabajan ni estudian (ninis) también ha disminuido, hasta alcanzar el 18,3 por ciento en 2024. Sin embargo, la desocupación juvenil sigue siendo uno de los aspectos más preocupantes: aunque la tasa de desempleo entre jóvenes ha mostrado leves descensos, sigue muy por encima de la de los adultos, y muchos jóvenes que sí consiguen empleo lo hacen en condiciones precarias o informales. Las personas jóvenes (15 a 24 años) registran una tasa de desocupación casi tres veces la de los adultos.
En cuanto a la desigualdad de género, el informe destaca que la participación de las mujeres sigue siendo 22 puntos porcentuales menor que la de los hombres. La desocupación femenina supera en dos puntos porcentuales la de los hombres, y la diferencia salarial también persiste con las mujeres ganando menos que ellos por trabajos iguales, u ocupando empleos de menor calidad. La OIT alertó de que estas brechas no solo afectan la equidad de género, sino que tienen un impacto negativo en el potencial de crecimiento económico de la región: menos participación femenina implica menor dinamismo en el mercado de trabajo y menor impulso al consumo interno.
Educación, Salarios y Productividad
En la última década, la fuerza laboral de ALC ha experimentado una transformación, y millones de ciudadanos han ascendido en la escalera educativa. Los empleos entre los trabajadores de mediana y alta calificación se expandieron más rápidamente que sus respectivos segmentos de la población, destacando un cambio claro hacia una fuerza laboral más educada. No obstante, el aumento del nivel educativo de la fuerza laboral coincidió con la disminución de la prima salarial por la mano de obra calificada, lo que indica que la demanda relativa de trabajadores calificados no siguió el ritmo de su creciente oferta.
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Los datos de alta frecuencia sobre la contratación de trabajadores calificados indican que la región aún no ha retornado a los niveles de crecimiento de la contratación anteriores a la pandemia. Hasta febrero de 2025, este último permanecía estancado por debajo de los niveles de 2017, lo que indica una recuperación incompleta del mercado laboral.
Los salarios y los ingresos laborales crecieron modestamente a pesar del estancamiento de la productividad. El crecimiento salarial de ALC se alineó con el de países comparables a nivel mundial en posiciones económicas similares, aunque la mayoría de las economías comparables lograron aumentos de productividad más altos que sus contrapartes de ALC. Esto sugiere una demanda laboral potencialmente más débil, en promedio, en ALC.
El Rol del Sector Público en el Empleo Asalariado
El tamaño del sector público representa un andamiaje pesado de cargar para varios Estados en Latinoamérica, pero a la vez es una fuente importante en la generación de empleo formal y asalariado en la región. El empleo en el sector público en Latinoamérica genera bastantes contrastes. Hay países con altos niveles de empleo público, como por ejemplo Brasil, Costa Rica o Chile, en donde está por encima del 10%. Colombia, junto con Ecuador o Perú, son países en donde el tamaño es más moderado en términos de empleo público, no alcanzando a ser el 5% en Colombia, según el profesor Andrés García. En todo caso, el sector público “es un empleador de primera instancia en muchas ocasiones y una buena muestra fue durante la pandemia de Covid-19″, cuando fue clave para la reactivación de la economía.
Los trabajadores del sector público en Latinoamérica y el Caribe reciben salarios 36% más altos que los del sector privado de similar edad, educación y género. Estos datos proceden de encuestas de hogares y de población activa realizadas por las autoridades estadísticas nacionales de los respectivos países. Los salarios de los funcionarios del Estado en Latinoamérica representan el 28,3% del gasto público de los países, por encima del promedio global del 27,4%. No obstante, como porcentaje del PIB, el gasto en los salarios del sector público en la región es del 8,8%, ubicándose levemente por debajo del promedio mundial del 9,8%, de acuerdo a cifras compartidas por el Banco Mundial (BM).
De acuerdo al BM, en Latinoamérica el empleo que se genera en el sector público representa el 11% del total, el 20% del empleo remunerado y el 27% del empleo formal. Las cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indican que los asalariados del sector público en LatAm contribuyeron en el 2022 con el 10,5% del empleo total en la región. En contraste, en el mundo, el sector público contribuye con el 17% del empleo total, el 30% del empleo remunerado y 38% del empleo en la formalidad, según los Indicadores Mundiales de Burocracia (WWBI) del Banco Mundial.
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Distribución del Empleo Público y Tendencias Regionales
Las cifras del Banco Mundial muestran además que el 7% del empleo en el sector público se concentra en ocupaciones elementales y el 23% en empleos administrativos en Latinoamérica. Del total del empleo en el sector público, un 33% son altos funcionarios. Los empleados de este sector se dividen en un 30% que son técnicos y 54% profesionales. Por áreas, la mayor proporción de empleos remunerados del sector estatal está concentrada en el campo de la administración pública (40%), seguida por educación (31%), otros (16%) y la salud (13%). Las mujeres contribuyen en Latinoamérica con el 51% del empleo en el sector público, muy por encima del privado (38%).
En México, la contribución del empleo del sector público en el total fue del 13,66% en 2021, mayor al 12,50% registrado en el 2019. En Costa Rica esta contribución pasó del 12,09% al 13,52% entre 2019 y 2021. El especialista Zahid Hasnain considera que, en general, no existe una correlación evidente entre el tamaño del sector público (en términos de empleo público) y la eficiencia del mismo.
Ejemplos de Países Latinoamericanos y el Gasto Público Salarial
- Brasil: El gasto público en personal aumentó solo el 0,96% del PIB de 2002 a 2020. En 2019, el gasto total en empleados federales llegó a R$319.500 millones (unos US$64.452 millones). Se calculó que el salario público en Brasil llegó a ser superior en un 96% al que ofrece el sector privado para cargos similares.
- Argentina: La planta total de trabajadores estatales tuvo un incremento del 26,5% en la última década, pero el gasto salarial real total cayó un 11% por la inflación. El presidente Javier Milei ha expresado la expectativa de realizar un recorte de US$20.000 millones en el gasto del sector público y ordenó no renovar 5.000 contratos de trabajadores estatales en diciembre.
- Chile: El gasto en personal del Estado superará los US$17.000 millones, representando un 20% del presupuesto total.
- Colombia: El gasto en la nómina de las 677.748 personas que trabajan en el sector público se estima en COP$59,87 billones (unos US$15.320 millones).
- Ecuador: El gasto en salarios de la burocracia se estimó en US$6.174 millones hasta agosto de 2023, lo que supondría el nivel más alto en 15 años.
El Caso Específico de México
En el primer trimestre de 2025, la población económicamente activa de México fue de 60.5 millones de personas. La fuerza laboral ocupada alcanzó las 59 millones de personas, de las cuales 40.7% eran mujeres y 59.3% hombres, con un salario promedio mensual de $6 mil MX. La tasa de desocupación fue de 2.46% (1.49 millones de personas), lo que implicó una disminución de 0.1 puntos porcentuales respecto al trimestre anterior. La tasa de participación laboral en México fue del 59.2%.
Respecto a la formalidad, el 45.7% de la población ocupada es formal, mientras que el 54.3% es informal. El salario promedio mensual en el sector formal fue de $7.49 mil MX, y en el sector informal de $4.74 mil MX, resultando en un salario promedio general de $6 mil MX.
Heterogeneidad y Calidad del Empleo: Perspectivas Teóricas y Comparación Internacional
Los aportes latinoamericanos a las teorías del mercado laboral destacan que la región se caracteriza por la existencia de una importante heterogeneidad productiva, que se expresa en la convivencia de puestos de trabajo de variado ingreso y calidad. Se han desarrollado teorías para explicar el funcionamiento de los mercados de trabajo de América Latina, caracterizados por magros niveles de ingreso y baja calidad promedio del empleo. Estas visiones señalan que la estructura del empleo presenta una marcada heterogeneidad interna y una gran participación del empleo de baja calificación realizado en unidades productivas pequeñas.
Gran parte de las investigaciones sobre el mercado de trabajo en América Latina estuvieron influenciadas por las ideas estructuralistas de Raúl Prebisch. Este autor planteó que la falta de capitalización de los países latinoamericanos conlleva una 'insuficiencia dinámica' de sus economías, que no pueden absorber toda la mano de obra disponible. Ello genera que una porción de la población se vea forzada a subsistir empleándose en actividades de baja productividad y bajos ingresos. Este fenómeno da lugar a la llamada 'heterogeneidad estructural', típica de los países latinoamericanos.
Los primeros aportes en este sentido destacaron que la heterogeneidad de la estructura productiva tiene un correlato en las diferencias de calidad del empleo, dando lugar a dos segmentos laborales. Por una parte, el sector informal está relacionado con el sector tradicional de la economía donde operan empresas de reducida escala, capitalización y tecnología. Por otra parte, el sector formal está vinculado con el sector moderno de la economía, donde existe protección social, la relación asalariada es la más difundida y los establecimientos operan a mayor escala, tecnología y capitalización.
Recientemente, la mayor disponibilidad de datos de encuestas de hogares ha permitido la realización de estudios detallados sobre la extensión y características de la precariedad laboral en América Latina. La teoría del sector informal urbano fue revisitada luego de los procesos de restructuración productiva de la última década del siglo XX, emergiendo lo que se dio a conocer como la "nueva informalidad". La base de esta propuesta es la existencia de una porción de la mano de obra que trabaja en actividades informales desde empresas muy pequeñas que se vinculan con el sector formal mediante procesos de subcontratación y tercerización.
Sintéticamente, Fields (2009) sostiene que existen tres hipótesis que explican que una porción de la fuerza de trabajo se emplee en el segmento informal de la economía: primero, es la última opción en términos de empleo (involuntario); segundo, existe preferencia por la informalidad debido a dimensiones extra-salariales (voluntario); y tercero, se le considera como sector dual, con mejores y peores empleos. De esta sintética revisión de la literatura es posible concluir que la heterogeneidad de la calidad del empleo en América Latina es un fenómeno presente desde hace décadas y estudiado por diversos enfoques.
Para analizar las condiciones de empleo de América Latina trabajamos con 13 países de la región (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Paraguay, Perú y Uruguay), adicionando a Estados Unidos como punto de referencia para la comparación.
Brecha de Productividad y Salarial con Países Desarrollados
La diferenciación del mercado de trabajo, si bien está presente tanto en nuestra región como en los países desarrollados, es mayor en los primeros. Esto se debe a la mayor homogeneidad existente entre las empresas de los países desarrollados, asociada a un mayor nivel de capitalización, escala y tecnología de las unidades productivas. La productividad que se verifica en nuestra región, no solo se caracteriza por ser más heterogénea, sino que, salvo contadas excepciones, se encuentra históricamente en niveles muy alejados de los estándares internacionales. Esto implica que, frente a la intención de obtener una tasa de ganancia similar, las empresas buscan compensar esa menor productividad con peores condiciones de empleo y menores salarios. Por lo tanto, mientras mayor sea esa brecha de productividad internacional, mayor será la presión para reducir los ingresos y degradar la calidad del empleo generado.
Los resultados confirman que los aportes de la literatura siguen vigentes en la actualidad, y que los niveles salariales se encuentran marcadamente por debajo de los de Estados Unidos, inclusive para los perfiles de buena calidad. La ausencia de comparación con países desarrollados omite así que incluso los sectores formales de la región latinoamericana presentan deficiencias en la calidad del empleo, derivadas del rezago productivo general que presentan estos países. El análisis en perspectiva comparada permite conocer hasta qué punto el segmento informal del mercado laboral se encuentra particularmente perjudicado en nuestra región, o si ello ocurre en proporciones similares en los países desarrollados. Esto permitirá poner a discusión qué tanto es posible hablar de empleos de calidad en Latinoamérica, aún en los perfiles que nacionalmente aparecen como los más favorecidos.
Tabla: Estadísticas Clave del Empleo en América Latina y el Caribe (ALC)
| Indicador | Valor | Periodo/Notas |
|---|---|---|
| Nuevos empleos netos generados | 27 millones | 2016-2024 |
| Aumento de puestos asalariados | 18.6 millones | 2016-2024 (más del doble que autoempleo) |
| Tasa de participación laboral (OIT) | 63% | Primera mitad 2025 |
| Tasa de ocupación (OIT) | 60% | Primera mitad 2025 |
| Tasa de desocupación general (OIT) | 6% | Primera mitad 2025 (uno de los menores en 15 años) |
| Tasa de informalidad | 46.7% | Primer semestre 2025 (ligera reducción) |
| Tasa de desempleo juvenil | 14% | 2024 (más del doble de la tasa general) |
| Proporción de jóvenes NINIS | 18.3% | 2024 |
| Empleo en el sector público (% del total) | 11% (BM), 10.5% (OIT) | BM: total, remunerado 20%, formal 27%; OIT: 2022 |
| Salarios sector público vs. privado | 36% más altos en público | ALC |
| Gasto en salarios sector público (% gasto público) | 28.3% | ALC (vs 27.4% global) |
| Gasto en salarios sector público (% PIB) | 8.8% | ALC (vs 9.8% global) |
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