El bautismo artístico de Rodrigo Eduardo González Guzmán, conocido como Rockdrigo, ya insinuaba el sentido lúdico que impregnaba su obra, a la vez tan crítica con las injusticias sociales. Ese es también el apelativo que aparece en la placa de su estatua en Balderas, la estación de metro de Ciudad de México a la que dedicó una de sus composiciones más exitosas. El Manifiesto Rupestre, en el que definió su poética y la de sus compañeros de colectivo artístico, dejaba claro su marcado sentido del humor.
Rockdrigo definía lo 'rupestre' como «un membrete que se cuelgan todos aquellos que no están muy guapos ni tienen voz de tenor ni componen como las grandes cimas de la sabiduría estética o, lo peor, no tienen un equipo electrónico sofisticado lleno de 'sintes' y efectos muy locos». Así que, cuando quiso reflejar los apuros de las clases trabajadoras ante la crisis económica que atravesaba México en los 80, Rockdrigo supo combinar la aguda conciencia del problema con un enfoque distendido, de irónico costumbrismo, y el resultado fue 'Balada del asalariado'.
La situación económica de México en los años 80 se había vuelto realmente asfixiante. En una conferencia de hace seis años, el secretario de Hacienda del país, Luis Videgaray, se refirió a los 80 como la «gran fábrica de pobreza». La década había arrancado con la Crisis de la Deuda y ya no logró remontar: en 1982, la inflación rozó el 100%, y después de la muerte de Rockdrigo, superaría (en 1987) el temible listón del 150%.
El protagonista de la canción es un empleado que va viendo cómo todas sus ilusiones cotidianas degeneran en aprietos financieros. El narrador de la balada se asoma a la ventana y ve venir al cartero, pero no trae una carta de amor, sino la cuenta del refrigerador y del televisor. Ni siquiera la familia o la religión se libran de esa escasez obsesiva. La llegada a casa de la esposa y los hijos solo sirve para recordar que «la despensa y la escuela se tienen que pagar». Cuando el narrador acude a la iglesia en busca de un milagro, en lugar de un santo bondadoso se le aparece «el diablo de la devaluación».
Un puñado de versos resume la angustia del dinero insuficiente:
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- Pagar, pagar, pagar,
- pagar tus pasos, hasta tus sueños,
- pagar tu tiempo y tu respirar,
- pagar la vida con alto costo
- y una moneda sin libertad.
Rockdrigo, originario de Tampico e influido de manera evidente por Bob Dylan, incluyó la balada en 'Hurbanistorias', una casete autoeditada en 1984 que él mismo vendía en los conciertos. Se trata de la única de sus referencias discográficas que no es una recopilación póstuma. En su última entrevista, publicada en 'La Jornada', el cantautor se declaraba «anartista» y defendía «el rock como elemento revolucionario», pero su prometedora carrera quedó truncada cuando se convirtió en una de las víctimas mortales del terremoto de 1985. Adquirió, eso sí, la categoría de mito contracultural, objeto de varios documentales y de exposiciones como la que le dedicó el año pasado la Biblioteca de México.
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