Descubre el Legado de Sor Juana Inés de la Cruz: Entre el Brillo Intelectual y las Controversias que Marcó su Épocapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La memoria de México es larga, sus historias son infinitas y sus personajes resultan emblemáticos. A mediados del siglo XVII nace Juana Inés, cuya mente prodigiosa es asunto de innumerables registros. La ruta, como la vida de Juana Inés, termina en el convento de San Jerónimo, hoy Claustro de Sor Juana, donde la Décima Musa buscó reglas que le permitieran estudiar y escribir a su antojo. Su libertad fue promesa cumplida, pues tuvo una biblioteca de cuatro mil volúmenes y un estilo de vida que mucho dejó a la crítica, pues a diferencia de lo que se esperaba de una mujer dedicada al clero, gozaba de privilegios.

El conflicto teológico y la censura

En 1690, Sor Juana Inés de la Cruz tuvo la osadía de participar con su Carta atenagórica en un debate teológico monopolizado por hombres. La Carta Atenagórica es un texto en el cual Sor Juana Inés de la Cruz argumenta en contra del sermón del Mandato del portugués Antonio Vieira. Reaccionando a esto, el obispo Manuel Fernández en la Carta de Sor Filotea de la Cruz, expone que una mujer no debería aprender de temas filosóficos y le recrimina no dedicarse meramente a la creación de literatura devocional. La respuesta del obispo, bajo seudónimo, no se hizo esperar: "Letras que engendran elación no las quiere Dios en la mujer".

La defensa: Respuesta a Sor Filotea de la Cruz

Para probar lo contrario, Sor Juana Inés de la Cruz en Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, vierte todo su conocimiento en temas de filosofía, física y teología. Buscando comprobar de forma pública que ella tiene la capacidad intelectual de inferir en estos temas y que el obispo no está en lugar de prohibirle hacerlo. En palabras de la autora: "¿Si el crimen está en la Carta Atenagórica, fue aquélla más que referir sencillamente mi sentir con todas las venias que debo a nuestra Santa Madre Iglesia?".

Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, escrita el primero de marzo de 1692, confrontó a la autora con las limitaciones que la época de ese siglo le imponía. Además de los riesgos -en los años de la inquisición- a los que se exponía al ir en contra de lo que se esperaba de una monja y defender sus ideas. En palabras de Mariana Gándara, “Sor Juana comprendía que su libertad como escritora estaría siempre supeditada a su obediencia como monja”.

La crítica a la doble moral

Sor Juana se defendió en la Respuesta a Sor Filotea, ironizando sobre su innegable e inalienable capacidad para discutir sobre filosofía y otros asuntos:

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  • ¿Qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina?
  • Bien dijo Lupercio Leonardo, que bien se puede filosofar y aderezar la cena.
  • Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito.

Años antes, Sor Juana había escrito su famosa redondilla, que echaba luz premonitoriamente a las acusaciones injustas de “los hombres, que con solo serlo piensan que son sabios”. En este poema, la autora cuestiona la contradicción de quienes acusan a la mujer sin razón, siendo ellos mismos la ocasión de lo que culpan, evidenciando una conducta donde se exige una templanza imposible ante el juicio desigual de una sociedad que castiga tanto la resistencia como la entrega.

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