El pragmatismo es una corriente de pensamiento que, desde el punto de vista etimológico (del griego “pragma”: hecho, obra, acción), define el significado de la verdad por su utilidad práctica. Como doctrina filosófica, el pragmatismo se formó a fines del siglo XIX, logrando su mayor difusión en América y en Inglaterra, donde fueron sus representantes Charles Sanders Peirce, William James y John Dewey.
Esta corriente filosófica, única en su tradición al nacer en Estados Unidos, refleja los ideales de la fundación de ese país y pone en valor la integración y la puesta en práctica del conocimiento. El pragmatismo rechaza la duda radical cartesiana y las visiones dualistas del mundo -como mente y materia, razón y emoción, o teoría y práctica-, poniendo el foco en la experiencia como el lugar de todo significado.
El método pragmático de Peirce
Charles Sanders Peirce, considerado el padre del pragmatismo, fue un pensador con una gran capacidad intelectual. En su artículo seminal “How to make our ideas clear”, Peirce busca una razón para pensar y un sentido de realidad para alejarse de la tradición filosófica anterior. Para él, el pragmatismo es un método que formula cómo aclarar nuestras ideas.
El proceso de razonamiento en el pragmatismo integra diversas formas lógicas:
- Abducción: Es una hipótesis explicativa basada en una observación sorprendente que permite la creación de nuevos conocimientos e ideas.
- Deducción: Mediante ella se sacan conclusiones sobre qué fenómenos deberían esperarse en el caso de que la hipótesis fuese correcta.
- Inducción: Inferencias probables que complementan el método científico.
La verdad y la utilidad práctica
La máxima del pragmatismo es que las hipótesis deben trazarse de acuerdo con las que serían sus consecuencias prácticas. Lo que hace esta filosofía es dejar de poner atención en la sustancia, la esencia o la verdad absoluta para atender a los resultados prácticos. Según William James, el pragmatismo funciona como un “método” para explicar su compromiso con las posibilidades en la naturaleza.
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En este sentido, el pensamiento sólo es válido cuando es útil para asegurar la conservación de ciertos modos de vida y garantiza las herramientas necesarias para adaptarnos a ellos. El contenido de nuestros pensamientos está determinado por la manera en que los usamos.
Dimensiones sociales y contemporáneas
Actualmente, el pragmatismo es un concepto bastante utilizado y extendido, no solo en la filosofía, sino en muchos ámbitos de la vida social. Su influencia se manifiesta en diversas áreas del saber y la praxis:
Aplicaciones del pensamiento pragmatista
- Política: John Dewey extendió el alcance del pragmatismo hacia el fortalecimiento de la cultura democrática y la deliberación pública.
- Arte: Se utiliza el énfasis en la experiencia vivida para dar cuenta del arte como un proceso de investigación y creación.
- Ciencia y tecnología: La interpretación de las ideas como herramientas que dan cuenta de la investigación como descubrimiento tecnológico.
- Ética: Se atiene al meliorismo, es decir, al punto de vista del mejoramiento gradual del orden existente.
El pensamiento pragmatista respeta la experiencia vivida y las perspectivas plurales, enfatiza la acción concreta y se muestra sensible a la transformación continua de la realidad. En efecto, esta corriente no busca derrotar conceptualmente al adversario, sino transformar el marco mismo del desacuerdo, reformulando o desplazando las categorías centrales para permitir nuevas posibilidades.
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