Descubre Cómo Comprender y Reducir las Conductas de Riesgo en la Adolescencia ¡Guía Infalible!post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La conducta de riesgo se define como aquel comportamiento que otorga una gratificación inmediata, pero que no considera adecuadamente sus posibles consecuencias futuras. Se trata de acciones voluntarias o involuntarias, realizadas por un individuo o comunidad, que pueden llevar a consecuencias nocivas. Estas conductas, diferentes de las acciones peligrosas o arriesgadas realizadas cuando las circunstancias lo exigen, reflejan una atracción por el riesgo y, en especial, por las sensaciones fuertes relacionadas con el enfrentamiento con el peligro.

Factores que influyen en las conductas de riesgo

El origen de las conductas de riesgo en adolescentes puede ser multifactorial, existiendo una diversidad de elementos, conocidos como factores de riesgo, alrededor de la vida de los jóvenes que los pueden orillar a realizar comportamientos que atenten contra su integridad y la de los demás. Los mecanismos cognitivos y emocionales juegan un papel fundamental en la aparición de estas conductas, especialmente porque las estructuras cerebrales que se encargan de regular las emociones, el juicio y el autocontrol aún no se encuentran totalmente maduras.

Los adolescentes con TDAH, por ejemplo, son más propensos a tomar riesgos y actuar impulsivamente que los otros chicos. Puede que les cueste resistir las tentaciones, considerar las consecuencias y, a menudo, tienen dificultad para evitar las situaciones complicadas o peligrosas.

Clasificación de las etapas de riesgo

Durante la adolescencia se puede dar inicio a una amplia gama de conductas de riesgo que afectan la salud biopsicosocial, cuya posibilidad varía según la etapa:

  • Inicial (10 a 13-14 años): Primeros intentos de la necesaria salida desde la familia al exterior. Se inician algunas conductas de riesgo, como el consumo de alcohol y tabaco.
  • Media (14-15 a 16-17 años): El hecho central es el distanciamiento afectivo de la familia y acercamiento al grupo de pares. Es el período de mayor posibilidad de involucramiento en conductas de riesgo.
  • Tardía (17-18 a 19 años): Última fase del camino hacia el logro de la identidad y autonomía. Las conductas de riesgo se intensificarán o disminuirán progresivamente según las experiencias previas y factores protectores.

Estrategias para ayudar a reducir conductas de riesgo

Que un adolescente presente conductas de riesgo no significa que no pueda desarrollar herramientas para tomar decisiones mejores y más seguras. A continuación, se presentan acciones clave que la familia puede implementar:

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  1. Entender los desafíos del adolescente: Comprender las deficiencias en las habilidades del funcionamiento ejecutivo, como el autocontrol y el pensamiento flexible, facilita ayudar al hijo sin juzgarlo incorrectamente.
  2. Hablar de las realidades: Los adolescentes a menudo son excesivamente optimistas. Es necesario presentar evidencias, como investigaciones o estadísticas, para que conozcan la realidad de ciertas situaciones.
  3. Establecer reglas y consecuencias: Los adolescentes se benefician de tener una estructura. Asegúrese de haber establecido reglas claras y haga efectivas las consecuencias de manera tranquila y objetiva.
  4. Comunicación abierta sobre sustancias: No minimice el uso de alcohol o drogas. Hable sobre los riesgos de las sustancias, pero también sobre el estrés, la ansiedad y la depresión, que son comunes en adolescentes.
  5. Proponer estrategias de escape: Ofrezca a su hijo una vía de salida para situaciones en las que no se sienta seguro, estableciendo reglas claras como recogerlo a cualquier hora y en cualquier lugar sin hacer preguntas en ese momento.
  6. Fomentar la cautela: Conversen sobre maneras de estar seguros antes de que se presente una situación peligrosa, desde el uso del cinturón de seguridad hasta la importancia de la protección sexual.
  7. Educar sobre el mal uso de medicamentos: Haga que su hijo sea consciente de los riesgos, tanto del mal uso del medicamento como de ofrecerlo a otros, especialmente en casos de medicamentos estimulantes.
  8. Aceptar los errores: Esfuércese por no enojarse o ser demasiado crítico. Mantener la comunicación abierta es fundamental, ya que su hijo seguirá necesitando su guía y apoyo.

La familia juega un rol primordial en la prevención de conductas de riesgo, siendo el primer agente protector y facilitador del desarrollo sano. El estilo parental de crianza incide en su aparición, observándose una disminución cuando hay apoyo, comunicación y monitoreo, en contraste con el rechazo, la desvinculación y el control intrusivo.

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