Desde los tiempos de la independencia africana, de la que ahora se cumplen medio siglo, el devenir de los gobiernos en el continente ha estado marcado por un complejo entrelazado de influencias externas y dinámicas internas. Frente a los dos monstruos del siglo pasado, a saber, el comunismo y el nazismo, Occidente, autoproclamado como el mundo libre, se siente asediado. No es cuestión de ceder su base de retaguardia. El continente negro rebosa de materias primas estratégicas y de recursos energéticos importantes para la industria occidental. Las independencias se proclaman una tras otra en gran parte del continente.
Entonces Occidente pone en marcha, con infinito cinismo, el plan de sustitución de los nacionalistas africanos por marionetas. Así, algunas potencias occidentales conciben un nuevo monstruo para reemplazar la colonización en África: la dictadura. Las dictaduras ganan el último combate contra los colonizadores. Las dictaduras tienen una misión: impedir la progresión del comunismo en el continente. La Unión Soviética, muy presente entre los nacionalistas negros durante la lucha por las independencias, no se amedrenta y proclama, también ella, a sus propios dictadores.
Con la Guerra Fría de fondo, los conflictos se extienden por todo el continente. El estridente sonido de las botas retumba por todos los rincones. Muchos son los alzamientos populares que tienen lugar y muchas las luchas armadas impulsadas con un único fin: expulsar del poder a los indomables nuevos líderes africanos. Poco a poco, la dictadura se impone como único modelo de gestión del Estado en África. Los jefes de Estado africanos lo patentan. En África, el poder es el que manda. La Guerra Fría da lugar a los regímenes de partido único. El pensamiento único se afianza. Una misma persona lo puede todo, lo sabe todo y lo hace todo. Además, tiene a la prensa en sus manos. El derecho a asociarse fuera de su voluntad está prohibido. Así va África en el ámbito político.
Líderes Revolucionarios y la Deriva Hacia la Tiranía
Comencemos por los más célebres. Kwame Nkrumah es expulsado del poder por los militares. Tras una acusación por corrupción, envían al líder panafricano a cruzar la puerta de no retorno hacia una jubilación política anticipada. El carismático ghanés representa una amenaza. Su acercamiento al Este exaspera a los ingleses. Continúa burlándose de la antigua potencia colonial al predicar la unidad africana y apoyar los movimientos nacionalistas africanos. En cuanto a Kinshasa, Lumumba fue condenado a arresto domiciliario. Intentó huir, pero fue capturado, atado, humillado ante las cámaras del mundo entero y expuesto ante sus enemigos declarados en Katanga, Moise Tshombe y Munongo.
Los pioneros, tales como Mobutu, Sékou Touré y Eyadema, entre otros, tendrán émulos por todo el continente. Las nuevas generaciones nacen a su imagen y semejanza y enseguida aprenden que gobernar en África no es sinónimo de previsión e iniciativa sino de truculencia. El ugandés Yoweri Museveni es otro revolucionario que emprende el camino del maquis para protestar contra el fraude electoral de su antiguo dirigente y compañero de armas Milton Obote. Museveni conduce al país a la guerra en nombre de la democracia. Finalmente, Museveni organiza unas elecciones que sabe de antemano que va a ganar, lo que le permite convertirse en un nuevo candidato a la presidencia de por vida.
Lea también: controversias actuales en los derechos humanos en África
Dictadores Implacables y Acusaciones de Genocidio
En este panorama, varios líderes africanos se destacaron por la brutalidad de sus regímenes y las graves violaciones de derechos humanos, llegando en algunos casos a ser acusados de genocidio.
- Sékou Touré (Guinea): Sékou Touré fue uno de los fieles seguidores soviéticos tras su negativa a la Francia de De Gaulle. Masacró a su pueblo y a todos aquellos que podían suponer una amenaza. No tuvo reparos en matar al primero en ocupar el puesto de secretario general de la Organización de la Unidad Africana (OUA). Diallo Telli murió de hambre al cabo de ocho días de «dieta negra» en el campo Boiro, la tristemente conocida prisión de Sékou Touré.
- Mengistu Haile Mariam (Etiopía): Mengistu Haile Mariam no fue menos implacable. El maestro de Adis Abeba impuso su ley mediante el terror en Etiopía después de acabar con la vida del negus Haile Selassie. El ex presidente de Etiopía, Menghistu, fue declarado el año pasado culpable de los delitos de genocidio y se le condenó a cadena perpetua.
- Michel Micombero (Burundi): Michel Micombero, el dictador burundés, extermina, sin ningún reparo, a una décima parte de sus ciudadanos; lo peor es que el mundo ni se inmuta. Trescientos mil asesinados en una población de menos de tres millones en 1972: estudiantes, alumnos, comerciantes, profesores, militares y funcionarios asesinados y arrojados en fosas comunes por ser hutus o miembros de la familia real que amenazaba al poder.
- Juvénal Habyarimana (Ruanda): Habyarimana de Ruanda alcanza el poder tras perpetrar un genocidio que se saldó con la vida de un millón de ciudadanos. Ruanda se desmoronaba. Un genocidio exterminó a los tutsi y a los hutus moderados ante las cámaras del mundo.
- Charles Taylor (Liberia): Charles Taylor, carente de esta herencia colonial, no será menos. Así, masacra a una parte de su pueblo y se vanagloria de haber liberado al país. Taylor está considerado como uno de los instigadores de las guerras civiles que asolaron Liberia y Sierra Leona, dejando casi 400.000 muertos.
El Reinado del Terror: Idi Amin Dada de Uganda
Idi Amin Dada Oumee fue un político, militar y dictador ugandés que ejerció como presidente de Uganda desde 1971 hasta su derrocamiento en 1979. Amin se unió en 1946 al regimiento colonial británico, los Fusileros Africanos del Rey. Ascendió al grado de teniente y participó en las operaciones británicas contra los rebeldes somalíes en la guerra de Shifta y después en la rebelión del Mau Mau en Kenia. Tras la independencia de Uganda del Reino Unido en 1962, continuó en las fuerzas armadas y ascendió a mayor antes de ser nombrado comandante del Ejército en 1965. Durante sus años en el poder, Amin pasó de la lealtad a occidente y de recibir un apoyo firme de Israel a ser respaldado después por la Libia de Muamar el Gadafi, la Unión Soviética y Alemania Oriental.
El gobierno de Amin se caracterizó por el abuso flagrante de los derechos humanos, la represión política, la persecución étnica, los asesinatos extrajudiciales, el nepotismo, la corrupción y la mala gestión económica. Amin anunció que él era un soldado, no un político, y que el gobierno militar se mantendría solo como un régimen provisional hasta las nuevas elecciones, que se anunciarían cuando la situación se normalizara. En julio de 1971 los soldados acholi y lango fueron masacrados en los cuarteles de Jinja y Mbarara, y para inicios de 1972 unos 5000 militares y al menos el doble de civiles de esas etnias había desaparecido. Las víctimas pronto comenzaron a incluir miembros de otros grupos étnicos, líderes religiosos, periodistas, artistas, altos ejecutivos, jueces, abogados, homosexuales, estudiantes e intelectuales, presuntos delincuentes y extranjeros. La Comisión Internacional de Juristas estimó que la cifra de muertos no era inferior a 80 000 y que muy probablemente rondara los 300 000.
En agosto de 1972 Amin declaró lo que él llamó una «guerra económica», un conjunto de políticas que incluían la expropiación de propiedades pertenecientes a asiáticos y europeos. 80 000 asiáticos de Uganda fueron expulsados. Bautizado “el Calígula del África”, Idi Amin es recordado como uno de los dictadores más sanguinarios de la historia moderna. Durante los ocho años que gobernó, ordenó asesinatos en masa y encarceló a los opositores, diezmó a las tribus hostiles e instauró pelotones de ejecución. Se atribuye a su régimen de 100.000 a 300.000 muertos. Se dice que practicaba el canibalismo con algunos de los disidentes a su régimen, o directamente los arrojaba como bocado a sus cocodrilos. También prohibió la entrada a asiáticos en el país, después de recibir la negación de una oriental para casarse con él. Se ganó la reputación de ser humano peligroso, imprevisible, megalómano, vengativo y violento. “Señor de las Bestias de la Tierra y los Peces del Mar, Conquistador del Imperio Británico, Mariscal de campo, Doctor, Rey de Escocia y Presidente vitalicio” fueron algunos de los títulos que se autoconcedió. Idi Amin Dada gobernó en Uganda como un déspota sanguinario: no solo ordenaba torturar, sino que él mismo desmembró a una de sus esposas.
Canibalismo y Abusos Extremos: Jean-Bédel Bokassa y Teodoro Obiang
- Jean-Bédel Bokassa (República Centroafricana): Bokassa llegó a ser otro de los tiranos más sanguinarios que conoció el África contemporánea. Megalómano y caníbal, pasó de ser presidente vitalicio a emperador en 1977. Apoyado por Francia se gastó la tercera parte de las divisas del país en la coronación, en la que sirvió carne humana. También le gustaba comerse a sus esposas y opositores, y cuando se cansó de aquellos empezó a matar a personas de diferentes profesiones. Se jactó de haberse comido al único matemático del país. Acusado del asesinato de un centenar de escolares que se rebelaron contra su decisión de que usaran un ridículo uniforme que él mismo había diseñado, fue derrocado en 1979 y condenado a muerte, aunque nunca se cumplió la sentencia.
- Teodoro Obiang Nguema (Guinea Ecuatorial): Obiang Nguema gobierna despóticamente su país desde que depuso y ejecutó a su tío, el presidente Francisco Macías, en un golpe sangriento. Fue descrito como un caníbal, y al parecer se come las partes nobles de los disidentes para obtener "poder". Un experto en asuntos africanos lo calificó no sólo de “el peor dictador de África”, sino de “un hombre cuya vida parece una parodia del género dictatorial”. Cuando se descubrió petróleo en su país, unos US$ 700 millones fueron transferidos a cuentas secretas bajo el control personal de Obiang. Nguema -quien nunca dudaba en alabar públicamente a Hitler- forma parte de uno de los peores dictadores del Planeta.
Otros Tiranos con Violaciones Flagrantes de Derechos Humanos
- Gnassingbe Eyadema (Togo): En Lomé, un sargento jefe se auto-invita al patio de los mayores. Eyadema Gnassingbé asesina, con ayuda de Francia, al presidente Sylvanus Olympio y se adueña del poder en Togo. Se aferró con uñas y dientes al asiento presidencial hasta el día de su muerte para después legárselo a su hijo. Creía que el era una especie de superhéroe, por lo que mandó publicar un libro de historietas protagonizada por él mismo.
- Robert Mugabe (Zimbabue): Mugabe, que cuenta con el respaldo del mundo entero en los años 80, resulta ser un opresor sanguinario y se engancha al poder, pese a su avanzado estado de senilidad. El premio Nobel de la Paz Desmond Tutu, dijo hace un tiempo que Mugabe -presidente desde 1980- se está convirtiendo en la caricatura del dictador africano. Mugabe es criticado por su incongruencia y falta de sensibilidad al mantener al país sumido en una crisis social, mientras gasta los recursos del país en placeres personales.
- Mobutu Sese Seko (Zaire, actual R.D. del Congo): En 1970, Nixon dijo de Mobutu Sese Seko, dictador de Zaire, que era un líder que proporcionaba “estabilidad”, y la siguió proporcionando hasta nada menos que 1997, año de su caída y muerte. Mientras el presidente estadounidense lo elogiaba, Mobutu estaba desvalijando el país en beneficio propio y en el de algunos inversores occidentales en las industrias del cobre, el cobalto y el diamante. Así amasó una fortuna que superaba los cinco billones de dólares, al tiempo que los zaireños morían de hambre, los hospitales cerraban por falta de medicinas y prestaba un inestimable apoyo a los hutus en el genocidio ruandés.
- Hassan El-Bashir (Sudán): Hassan El-Bashir, presidente de Sudán, está acusado de crímenes de guerra y abusos cometidos en Darfur desde 2003.
La Lucha por la Justicia: El Caso de Hissène Habré
Hissené Habré, dictador del Chad entre 1982 y 1990, fue acusado de asesinatos, torturas y vulneración de Derechos Humanos, por lo que Bélgica emitió una orden de arresto internacional. Hissène Habré gobernó Chad durante ocho años, desde 1982 hasta ser derrocado en 1990. A su vez, creó la Dirección de Documentación y Seguridad (DDS), un organismo de inteligencia y seguridad que desempeñó un rol clave en la represión y en la violación de los derechos humanos. Sus directores le reportaban directamente.
Lea también: qué sucede si un funcionario comete fraude fiscal
Un estudio de 714 páginas realizado por la organización Human Rights Watch (HRW) documenta cómo Habré fue responsable de asesinatos políticos y tortura sistemáticos y de miles de arrestos arbitrarios. "Atacó periódicamente a la población civil, y a diversos grupos étnicos (...), asesinando y arrestando masivamente cuando percibió que sus líderes representaban una amenaza para el gobierno", asegura el documento de HRW. Según un extracto del libro de Reed Brody, "cuando se producían interrogatorios a prisioneros, la tortura no era una excepción, sino la norma".
Uno de los métodos más empleados fue el tristemente célebre arbatachar, en el que se le ataban al prisionero las extremidades a la espalda para interrumpirle la circulación, cosa que a menudo daba como resultado la parálisis permanente. A otros presos les colocaban la cabeza sobre una plancha y se la prensaban, o les aplicaban descargas eléctricas, o los torturaban ahogándolos. Una comisión de investigación formada en Chad después de que Habré fuera depuesto aseguró que durante los ocho años que estuvo en el poder, hubo unos 40.000 asesinatos por motivos políticos y 200.000 casos de tortura.
Tras la detención de Pinochet en Londres en octubre de 1998, la búsqueda de justicia para casos como el de Habré cobró fuerza. El hecho de que Habré estuviera en Senegal podría jugar a favor de la justicia, pues era un país que se "enorgullecía de su adhesión a las leyes internacionales", y había sido el primero del mundo en formar parte de la Corte Penal Internacional (CPI). Además, había ratificado la Convención contra la Tortura (creada por las Naciones Unidas), obligándose así a "extraditar o juzgar" a los presuntos torturadores que se hallasen en su territorio.
En una de sus visitas a Chad en 2001, Reed Brody estuvo en La Piscina, uno de los centros de detención de Habré. Para su sorpresa, allí se encontró con cientos de documentos esparcidos en el suelo que contenían información muy relevante para la investigación: expedientes de los detenidos, listados de prisioneros, certificados de defunción, informes de interrogatorios y espionaje, y mucho más. El juicio, que duró casi tres años, culminó en mayo de 2016 con una decisión demoledora para Habré: fue condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y tortura, incluyendo violación y esclavitud sexual. Hissène Habré permaneció en prisión hasta agosto del 2021, cuando murió de covid-19 en un hospital en Dakar, la capital de Senegal.
Lea también: ¿Quién es Jack Teixeira y por qué fue arrestado?
tags: #dictadores #africanos #acusados #de #genocidio
