Descubre Cómo La Revolución Industrial Transformó El Mundo y Sólidamente Estableció El Capitalismopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Para el sentido común de la gente, el capitalismo surge con la Revolución Industrial en 1750 (mediados del siglo XVIII). Sin embargo, para que surgiera este nuevo modo de organizar la economía y la sociedad, basado en la producción industrial, la propiedad privada de los medios de producción y el trabajo asalariado, fue necesario un largo proceso de cambios en todos los planos de la vida de la sociedad europea.

Orígenes y Transformaciones en Inglaterra

Fue en Inglaterra donde, durante el siglo XVII (1600), se produjeron cambios económicos, políticos y sociales que transformaron la organización feudal (Edad Media) y prepararon las condiciones para el advenimiento de una sociedad capitalista.

La continua expansión de los mercados y el comercio produjeron cambios en la producción agrícola inglesa. Hasta este momento, la agricultura tenía como fin lograr la subsistencia. Con estos cambios, más las innovaciones técnicas, la producción agrícola aumentó. De este modo se obtenía un excedente para comercializar.

Los terratenientes ingleses para obtener más beneficios cercaron sus tierras, estos les permitió hacer de la comercialización de sus productos un negocio rentable. Sin embargo, muchos campesinos, sin tanta suerte, se quedaron sin tierras y sin herramientas, convirtiéndose en asalariados, ya que la mayoría emigra a la ciudad para encontrar un trabajo en las fábricas.

El Auge del Capitalismo Financiero y la Necesidad de Créditos

La fase de crecimiento se apoya en la abundancia de metales preciosos. Necesaria la disponibilidad de créditos para sustentar las grandes inversiones que caracterizaban a la nueva economía. El desarrollo industrial, con su demanda de capital para la maquinaria y para la instalación y renovación instrumental, impulsó la necesidad constante y cuantiosa de financiación.

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Avances Tecnológicos y su Impacto

Transporte y Energía

La Revolución Industrial impulsó un desarrollo sin precedentes en la infraestructura. A finales de siglo, más de un tercio de las vías férreas instaladas estaban en Europa, transformando la velocidad y capacidad de transporte.

En el ámbito del transporte personal, hay algunas fábricas de automóviles. Este vehículo revolucionará el transporte. Anteriormente, se experimentó con dirigibles gigantescos. Pero los resultados aconsejaron su abandono. Más adelante, aparecerían los primeros aviones.

La energía también experimentó una transformación fundamental. Electricidad, desplaza al carbón y al vapor. Incandescente por Edison se hace posible la instalación del alumbrado público, llevando la iluminación a las ciudades y transformando la vida nocturna y la producción.

La Teoría Centro-Periferia: Desigualdad en el Régimen Capitalista

La consolidación del régimen capitalista global, producto de la Revolución Industrial, generó una estructura económica y social desigual, analizada por la teoría centro-periferia.

La teoría del centro-periferia, teoría de la dependencia o del intercambio desigual es “una versión ampliada de la tesis de la causalidad acumulativa” (Richardson, 1986, pág. 117), y establece la estructura jerárquica de las regiones/países, define las diferencias entre el centro y la periferia. Según esta teoría, las actividades más avanzadas se concentran en el centro, el ambiente cultural es más favorable en el centro, la demanda creciente de exportaciones es propia del centro y los rendimientos crecientes duraderos en el tiempo son patrimonio del centro; sin embargo, las oportunidades de beneficio no son percibidas ni utilizadas en la periferia, que a su vez es incapaz de adaptarse por falta de mano de obra y de capital (Aydalot, 1985, págs. 147-148).

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Esta teoría establece una relación de dominación del centro, por su capacidad de innovación tecnológica e institucional, sobre la periferia, que no es apta a la innovación. Concluye que las disparidades regionales tienen su causa tanto en las relaciones interregionales como en la dinámica interna de la periferia, incapaz de generar una dinámica propia de desarrollo (Prebisch, 1949; Friedman, 1972; Lipietz, 1990).

La relación centro-periferia viene dado por un sistema colonial en el que los recursos (trabajo, capital, materias primas y bienes intermedios) fluyen de la periferia al centro, y en el que la tasa y la pauta de desarrollo de la periferia están controladas por el centro con el fin de lograr sus objetivos económicos, políticos y sociales (Richardson, 1986, pág. 117). Las regiones centro son subsistemas de la sociedad organizados sobre una base territorial que tienen una gran capacidad para generar y absorber cambios innovadores; mientras que las regiones periféricas son subsistemas cuya senda de desarrollo está determinada fundamentalmente por las instituciones de la región centro, con respecto a la cual se encuentran en una relación básica de dependencia (Friedman, 1973, pág. 67).

El argumento de esta teoría está basado en la idea de que la periferia constituye, en sí misma, un obstáculo para el crecimiento regional, ya que hace difícil acceder a los mercados de inputs, a los mercados de productos, a la información y a los activos innovadores. Si se identifica un centro dentro de un sistema interregional, la distancia al mismo supondrá mayores costes y menores rentas. La contrastación de esta hipótesis se encontrará sujeta a las tendencias opuestas de concentración/descentralización que se produzcan en dicho territorio, además de al azar.

Por lo anterior, la bipolaridad centro-periferia se produce en un doble sentido. En un primer lugar, en la diferencia de renta per cápita, que tiende a crecer en el centro más que la productividad del trabajo, ya que se beneficia de parte de los aumentos de productividad verificados en la periferia, mientras que la renta per cápita de la periferia tiende a crecer menos que la productividad, puesto que transfiere parte de los incrementos de productividad a los centros. Y en segundo lugar, en la diferenciación de sus estructuras productivas y económicas que tiende a perdurar o, si se quiere, a reproducirse bajo nuevas modalidades (Hounie et. al.).

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