Los precios internacionales del petróleo llegaron a tocar máximos de los últimos meses a inicios de año, justo cuando Rusia decidió invadir gran parte de Ucrania. Dicho comportamiento ha afectado directamente el valor de la energía y los combustibles a nivel global. En este contexto, alrededor de 10 países de América Latina subsidian los precios finales de la gasolina para mitigar el impacto en los consumidores.
Entre estos se encuentran Bolivia, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragua, Perú, República Dominicana y Chile. Cada una de estas naciones emplea un porcentaje de su presupuesto público para limitar el incremento desmesurado de esta materia. En la región, los subsidios a los combustibles y energía constituyen una transferencia que hace el Estado a los hogares y empresas para atenuar el potencial impacto en las condiciones de bienestar y productividad.
Análisis de los subsidios por país
Las estrategias para mantener los precios bajos varían significativamente entre las naciones andinas y norteamericanas:
- Bolivia: El Gobierno ha reconocido que estabilizar las tarifas le cuesta US$1.000 millones al erario cada año. Los subsidios a hidrocarburos como el diésel y la gasolina tienen un peso de hasta el 3,60% del PIB, lo que representa una carga persistente que coexiste con déficits fiscales estructurales.
- Colombia: Existe el Fondo de Estabilización de Precios de los combustibles (Fepc), cuya filosofía inicial era ahorrar cuando los precios estuvieran bajos y financiar el precio cuando el crudo estuviera alto. Es un fondo de ahorro que cubre parte de la diferencia entre los precios internacionales y los precios nacionales, pagando a los productores e importadores dicha diferencia.
- Ecuador: Se estima que el subsidio asciende a cerca de US$3.000 millones para todo 2022. Esta ayuda económica se mide según las variaciones de las materias primas y se determina de forma mensual. Ecuador está aún entre los países que más subsidia los combustibles en el mundo, ocupando el puesto 15 de entre 33 países analizados.
- México: El Estado interviene y subsidia la gasolina a través de la subvención de 100% del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Cuando suben los precios del petróleo, Hacienda brinda un estímulo a la cuota del IEPS que les cobra a las gasolinas para amortizar el alza en precios en el mercado interior.
- Perú: Opera con un modelo similar al de Colombia con un costo en 2022 de US$803 millones y utiliza un Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) como colchón ante shocks externos.
Comparativa de precios de la gasolina en la región
Según datos de Global Petrol Prices, el costo para los ciudadanos varía drásticamente dependiendo de la intensidad de los subsidios aplicados por cada Gobierno. A continuación se presenta una tabla con los valores registrados:
| País | Precio de la gasolina (US$ por galón/unidad) |
|---|---|
| Venezuela | 0,022 |
| Bolivia | 0,542 |
| Colombia | 0,557 |
| Ecuador | 0,634 |
| Trinidad y Tobago | 0,997 |
| Chile | 1,521 |
| Barbados | 2,176 |
Nota: Los valores reflejan el ranking de la gasolina más barata liderado por Venezuela, seguido por Bolivia y Colombia.
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Países con medidas indirectas y control de precios
No todos los países aplican subsidios directos al precio final. Si bien otros países como Argentina, Brasil, El Salvador, Panamá, Honduras y Costa Rica no asumen los repuntes del combustible de forma directa, inciden en su valor mediante su posición de dominio en las petroleras estatales o la reducción de impuestos a dicho insumo, poniendo un tope a lo que pagan los consumidores.
En el caso de México, la presidenta también pactó un tope máximo con los gasolineros para no permitir que la gasolina regular exceda los 24 pesos por litro. Por otro lado, en Brasil existen subsidios tanto para la producción como para la venta de combustibles fósiles y renovables, sumando unos R$99.810 millones en 2023.
Desafíos y consecuencias económicas
Los subsidios a los combustibles fósiles generan una factura costosa de pagar en países como Venezuela, Bolivia y Ecuador, tanto desde el punto de vista económico como político. El costo de mantener precios artificialmente bajos erosiona la capacidad fiscal para invertir en salud, educación, infraestructura o energías limpias.
Desde una perspectiva macroeconómica, mantener subsidios generalizados distorsiona los precios relativos, desalienta la eficiencia energética y limita el margen para gasto social más progresivo. Además, en Venezuela, los subsidios a combustibles pueden equivaler hasta el 6% del PIB y reflejan la incapacidad del Estado para sostener un crecimiento económico que permita a los hogares pagar precios internacionales.
El costo político de los ajustes es lo que ha postergado muchas reformas fiscales necesarias en Latinoamérica. La eliminación del subsidio al diésel en Ecuador disparó los precios y desató protestas indígenas y bloqueos viales, reflejando la sensibilidad que pueden causar estos ajustes en una región que sigue siendo dependiente a estos auxilios.
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