La adolescencia es un periodo crítico de cambios biológicos, comportamentales y sociales que permite desarrollar y reafirmar la personalidad, la autoestima, la autoconciencia y, en definitiva, la identidad del adolescente y futuro adulto. Es una etapa de muchos cambios que se experimentan, como los cambios físicos; también están los que suceden en los rasgos de la personalidad, así como los gustos e intereses. Por tal razón, durante la adolescencia hay una sensación de inestabilidad, ya que implica adaptarse en forma rápida a los constantes cambios que se viven. Como parte de estas vivencias, seguramente se cuestiona constantemente quién es, qué debe hacer, para qué o cómo quiere ser. En este período, los menores son el sector de la población más sensible a las influencias del entorno, lo que puede intensificar la búsqueda de nuevas sensaciones y de experimentación propias de esta etapa.
¿Qué son las Conductas de Riesgo?
La conducta de riesgo se define como aquel comportamiento que otorga una gratificación inmediata, pero que no considera adecuadamente sus posibles consecuencias futuras. Entendemos por conductas de riesgo aquellas que conllevan una excitación fisiológica placentera inmediata pero que se asocian a resultados indeseables. Ejemplos comunes incluyen el consumo de sustancias, las prácticas sexuales sin protección, el abandono escolar y las conductas antisociales, la conducción temeraria, entre otras. La conducta de riesgo es un fenómeno complejo que afecta tanto a adolescentes como a adultos, con implicaciones significativas para la salud física, emocional y social. Analizarás qué son las situaciones de riesgo y cómo éstas afectan tu bienestar, es decir, la salud física, mental y social. Las conductas de riesgo son las que pueden propiciar que los adolescentes afronten situaciones de riesgo. Al asumir conductas de riesgo, los adolescentes se exponen a situaciones que pueden trastornar su estado de salud, bienestar, y su relación con sus familiares, amigas, amigos y personas con quienes conviven.
Distinción de perfiles de adolescentes ante el riesgo
Es importante distinguir distintas realidades al respecto de esta relación entre adolescencia y conductas de riesgo.
- Adolescentes con conductas de riesgo. Se trata de la gran mayoría de jóvenes adolescentes. La búsqueda de nuevas sensaciones y de experimentación propias de esta etapa hacen que se lleven a cabo conductas que suponen riesgos. Ejemplos de ello son conductas como conducir la bici sin casco, probar porros, tener episodios de abuso de alcohol, exponerse a peligros físicos, etc.
- Adolescentes con conductas de riesgo problemáticas. Aunque toda conducta de riesgo entraña peligro y puede tener consecuencias negativas, existen algunas de ellas que se caracterizan por un riesgo más elevado o más probable. Suelen darse en ciertos grupos o ambientes en los que se propician dichas conductas; no son generalizadas, sino propias de jóvenes que asumen este mayor riesgo. Hay adolescentes que llevan a cabo conductas como algunos tipos de delincuencia, consumo habitual de alcohol o porros, trapicheos, conductas sexuales de riesgo, etc.
- Adolescentes en riesgo con conductas peligrosas. Se trata de jóvenes con mayor vulnerabilidad, que acumulan importantes factores de riesgo, cuyas conductas de riesgo son un síntoma de un problema o de un estado personal. Suelen presentar diferentes conductas de riesgo asociadas o relacionadas entre sí, como por ejemplo borracheras, consumos de tabaco y hachís, sexo sin protección o comportamiento vial inseguro, que conllevan consecuencias que se van sumando. Adolescentes que están en el circuito de centros de menores de protección o de reforma son un ejemplo de esos perfiles.
Etapas de la adolescencia y desarrollo de conductas de riesgo
Durante la adolescencia se puede dar inicio a una amplia gama de conductas de riesgo que afectan la salud biopsicosocial, posibilidad que varía según la etapa de la adolescencia que estén cursando.
| Etapa de la adolescencia | Conductas de riesgo |
|---|---|
| Inicial de 10 a 13 - 14 años | Primeros intentos de la necesaria salida desde la familia al exterior. Se inician algunas conductas de riesgo, por ejemplo, consumo de alcohol y tabaco. |
| Media de 14 - 15 a 16 - 17 años | El hecho central es el distanciamiento afectivo de la familia y acercamiento al grupo de pares. Período de mayor posibilidad de involucramiento en conductas de riesgo. |
| Tardía de 17 - 18 a 19 años | Última fase del camino hacia el logro de la identidad y autonomía. En general el adolescente ha aprendido de sus experiencias y según cómo éstas hayan sido, y según el equilibrio con factores y conductas protectoras, las conductas de riesgo se intensificarán (o más frecuentemente disminuirán) progresivamente. |
Percepción Social versus Realidad en el Consumo de Drogas
Existen determinados fenómenos que socialmente tienen un impacto importante y que preocupan recurrentemente a la sociedad en su conjunto. La percepción general, cuando aparecen este tipo de noticias, suele ser que son realidades que están aumentando, y se acompaña de una sensación de impotencia y de miedo a la falta de control de dichas realidades. Sin embargo, muchas de estas percepciones no responden a la realidad. La proximidad de los hechos recientes, o la gravedad de algunos de ellos, llevan a las personas y a los medios a alimentar un sesgo de percepción que nos induce a pensar que los fenómenos graves que conocemos son más generalizados de lo que en realidad lo son.
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Ante la pregunta “¿por qué están aumentando los consumos de drogas en los adolescentes?”, cabe empezar la respuesta negando la mayor. No es cierto que los consumos estén aumentando conforme pasan los años. Pese a la percepción social de que la prevalencia del consumo de drogas en la etapa adolescente ha aumentado con el paso del tiempo, los datos disponibles indican que los consumos de todas las drogas, legales e ilegales, en los adolescentes han disminuido o se han mantenido desde que se tiene información (año 1994) hasta la actualidad (2018). Esta percepción de la realidad por encima de los datos objetivos puede deberse a diversas razones. Por un lado, a la mayor visibilización del fenómeno, llevada a cabo por medios de comunicación y colectivos sociales. Por otro lado, a la mayor conciencia social y el hecho de que se denuncien cada vez más los hechos visibilizados.
Por todo lo anterior, resulta fundamental no dejarse arrastrar por estas “olas mediáticas” y por las sensaciones generales que se generan a menudo ante estos fenómenos preocupantes. Conviene ser personas críticas y contrastarlas con la realidad disponible. Por ello, la responsabilidad de los profesionales es saber que se trata de conductas que siguen estando ahí, que tienen una gran importancia, pero que deben ser analizadas con cautela a la hora de ser cuantificadas o de valorar su progresión.
Datos sobre el Consumo de Drogas en Adolescentes (Encuesta ESTUDES)
Si se atiende a la mejor encuesta que existe en nuestro país respecto a los datos de consumo en adolescentes de entre 14 y 18 años, denominada ESTUDES y que es llevada a cabo cada dos años por el Plan Nacional Sobre Drogas, se encuentra un descenso o una estabilización en las diferentes sustancias consumidas por la población adolescente.
| Sustancia | Prevalencia 1994 | Prevalencia en Pico (Año) | Prevalencia 2018 | Comentarios |
|---|---|---|---|---|
| Tabaco (consumo diario) | 21,6% | 9,8% | Descenso progresivo a lo largo de los años. | |
| Alcohol (último mes, varones) | 75,3% | 57,2% | Descenso. | |
| Alcohol (último mes, chicas) | 74,9% | 59,8% | Descenso. | |
| Cannabis (último mes) | 12,4% | 25,1% (2004) | 19,3% | Aumento vertiginoso hasta 2004, luego estabilización y descenso progresivo. |
| Cocaína (último mes, varones) | 1,4% | 5,1% (2004) | 1,3% | Aumento hasta 2004, luego descenso. |
| Cocaína (último mes, chicas) | 0,7% (2004), 2,6% (2014) | 0,6% | Menor proporción que varones. Aumento 2004-2014, luego descenso. |
A modo de resumen, se puede afirmar que el consumo de drogas en la adolescencia no está aumentando, lo que contradice ciertas percepciones sociales. Sin embargo, hay ciertos consumos que son muy significativos, bien porque afectan a una parte importante de adolescentes, bien porque su abuso y su adicción acarrean consecuencias negativas importantes.
Causas y Factores que Propician las Conductas de Riesgo
Pese a que se ha aclarado que lo cierto es que los consumos no han aumentado, no es menos cierto que se sigue consumiendo de una manera significativa. El consumo de drogas es una conducta de riesgo cuyo inicio se suele dar en la adolescencia y que puede causar diversos problemas, desde el abuso hasta la adicción. Algunas de las características de la adolescencia favorecen el inicio y el mantenimiento de esta y otras conductas de riesgo. Es fundamental comprender qué mecanismos cognitivos guían al adolescente a la asunción de conductas de riesgo.
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Características Evolutivas y Valores Sociales
Entre las características evolutivas propias de la adolescencia que aumentan la probabilidad del consumo de drogas se encuentra, por un lado, el progresivo aumento de la influencia de los iguales en detrimento de la influencia de los padres, con las consiguientes conductas de conformidad grupal. Los procesos cognitivos que se desarrollan ante estas conductas son interpretaciones mayoritariamente erróneas que aparecen de forma espontánea ante diferentes situaciones y que son aceptadas como verdaderas. Así pues, aprender a identificar los pensamientos automáticos erróneos o distorsiones cognitivas permitirá al adolescente alcanzar un mayor bienestar.
Dos características propias de nuestro tiempo son: la inmediatez y la baja tolerancia a la frustración. Ambas están ligadas al consumo, ya que este proporciona efectos inmediatos y no exige ninguna demora para alcanzar el bienestar. En este sentido, no hay que olvidar que los consumos de drogas, como cualquier conducta de riesgo, se caracterizan por su efecto a corto plazo positivo, que se produce casi con total seguridad, mientras que los posibles efectos negativos suelen llegar a largo plazo, y no siempre llegan. Por ese motivo, el consumo de drogas responde a esa inmediatez con efectos agradables que motivan hacia dicho consumo a la persona que no tiene un criterio claro o una decisión tomada. Esta es la “trampa” de las drogas, que explica por qué se consumen aun cuando se conozca el riesgo que entrañan.
Añadamos a esto otros valores sociales asociados. En primer lugar, el consumismo, que empuja a las personas a consumir lo que sea, en aras de la satisfacción más rápida. Se consumen ropas, actividades, comidas, caprichos, drogas. En segundo lugar, el hedonismo, esa cultura cada vez más impregnada en nuestra sociedad que nos transmite que no se puede estar mal, hay que pasarlo bien, y para ello vale cualquier medio que se utilice.
Factores de Riesgo y Protección
El modelo de salud basado en la existencia de factores de riesgo y factores de protección asociados al desarrollo de un problema de salud es perfectamente aplicable al campo de los consumos de drogas y las adicciones, al igual que ayuda a entender otros problemas de salud. Las investigaciones en el campo de las adicciones vienen a confirmar que existe una serie de situaciones de índole personal y social que predisponen a una persona a desarrollar problemas al consumir drogas. A las circunstancias personales y sociales que favorecen el consumo se les denomina factores de riesgo; a las que reducen la probabilidad de consumir o de tener problemas con las drogas, factores de protección.
Así, los factores de riesgo son aquellos aspectos personales o sociales que incrementan la probabilidad de que exista un consumo problemático o no deseable.
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- A nivel personal para el abuso de las drogas: la baja autoestima, la dificultad para asumir responsabilidades, la ausencia de normas y límites, la impulsividad, la agresividad en el afrontamiento de problemas o la presencia de valores como el individualismo, el presentismo, el hedonismo o el consumismo.
- En el ámbito familiar: la falta de cohesión familiar, la ausencia o inconsistencia de límites y normas, la inadecuada supervisión parental, la sobreprotección y las actitudes permisivas por parte de los progenitores. El papel de las familias ha sido considerado relevante en la prevención de las conductas de riesgo, apreciado como el primer agente protector y facilitador del desarrollo en el/la adolescente.
Por el contrario, se ha observado igualmente que hay determinadas condiciones que protegen a las personas de este tipo de situaciones, reduciendo la probabilidad de que tengan problemas por el consumo de sustancias. Cuanto mayores factores de protección existan en la persona o se potencien en ella, más probable será que desarrolle recursos para poder afrontar con éxito las situaciones de riesgo, como lo son por ejemplo las relacionadas con los consumos de drogas. Son de gran interés las acciones encaminadas a trabajar con los adultos significativos, sobre todo en los medios familiar y escolar.
Tipos de Conductas de Riesgo y sus Consecuencias
Durante la adolescencia se pueden iniciar una amplia gama de conductas de riesgo que afectan a la salud biopsicosocial de los chicos y chicas de esta etapa.
- Consumo de drogas: en especial alcohol, tabaco y marihuana. El contacto de los jóvenes con las drogas aparece cada vez de forma más temprana. El tabaco es la sustancia con la que tienen un contacto más precoz, situándose la edad media de inicio al consumo en los 13,20 años, seguido del alcohol con 13,70 años. El consumo de drogas es una conducta de riesgo cuyo inicio se suele dar en la adolescencia y que puede causar diversos problemas, desde el abuso hasta la adicción. El abuso de alcohol en la adolescencia se relaciona con problemas de salud, fracaso escolar, relaciones sexuales sin protección, problemas legales, alteraciones afectivas e incluso el consumo de otras drogas.
- Fracaso y absentismo escolar: ocasionan en los menores dificultades en su crecimiento personal y social.
- Conducta antisocial: los menores que manifiestan conductas antisociales se caracterizan, en general, por presentar conductas agresivas repetitivas, robos, provocación de incendios, vandalismo, y, en general, un quebrantamiento de las normas. Cuando los niños se convierten en adolescentes y adultos, sus problemas suelen continuar en forma de conducta criminal, alcoholismo, dificultad de adaptación manifiesta en el trabajo, afectaciones psiquiátricas graves, dificultad de adaptación en la familia y problemas interpersonales.
- Relaciones sexuales precoces y sin medidas de protección: La mayoría de las personas inician su vida sexual durante la adolescencia. El número de abortos en esta etapa supera los 2,5 millones. Estas elevadas cifras parecen estar relacionadas con una iniciación sexual más precoz, mayor número de parejas sexuales y el no uso del preservativo o de otras medidas anticonceptivas.
- Trastornos de la alimentación: La aparición de trastornos como la Anorexia Nerviosa y la Bulimia Nerviosa es mayor en la adolescencia dada la magnitud de los cambios biológicos, psicológicos y de redefinición del papel social en esta etapa de la vida, asociada a la preocupación por el culto a la belleza. Estos trastornos se asocian a conductas de riesgo como el suicidio, las autolesiones y problemas graves de salud que pueden llegar a la muerte.
- Conducta suicida: es un importante factor de riesgo en la adolescencia y, a su vez, es uno de los mayores tabúes. La conducta suicida engloba varios fenómenos entre los cuales destacan el suicidio consumado, la tentativa suicida y la ideación suicida.
Las Adicciones: Farmacológicas y No Farmacológicas
El consumo de drogas es una conducta de riesgo cuyo inicio se suele dar en la adolescencia y que puede causar diversos problemas, desde el abuso hasta la adicción. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) una adicción es una enfermedad física y psicoemocional que crea una dependencia o necesidad hacia una sustancia, actividad o relación. Se caracteriza por un conjunto de signos y síntomas, en los que se involucran factores biológicos, genéticos, psicológicos y sociales. Para la Asociación Americana de Medicina de la Adicción (ASAM), la adicción es una enfermedad primaria y crónica de recompensa cerebral, motivación, memoria y circuitos relacionados.
Al hablar de dependencia física o psicológica, el individuo presenta tres o más de los siguientes criterios en un período de 12 meses:
- Fuerte deseo o necesidad de consumir la sustancia
- Dificultades para controlar dicho consumo
- Síndrome de abstinencia al interrumpir o reducir el consumo
- Tolerancia
- Abandono progresivo de intereses ajenos al consumo de la sustancia
- Persistencia en el uso de la sustancia a pesar de percibir de forma clara sus efectos perjudiciales
Niveles y Clasificación de la Adicción
Existen diversos niveles de adicción en los que un individuo que se adentra al consumo de alguna sustancia puede caer:
- Experimentación: es el caso donde la persona, guiada por la curiosidad, se anima a probar una droga, pudiendo posteriormente continuar el consumo o interrumpirlo.
- Uso: el compromiso con la droga es bajo. Se consume los fines de semana y en oportunidades casuales. No existe deterioro laboral, social o familiar. No presenta episodios de intoxicación. El consumidor sólo busca un cambio de sensaciones.
- Abuso: el uso se hace regular durante casi todas las semanas y hay episodios de intoxicación. La droga va dirigiendo progresivamente la vida, se presenta deterioro académico, laboral, social y familiar.
- Adicción: relación de amigos y familiar se rompe, dificultades académicas y laborales. La búsqueda de la droga se realiza de forma compulsiva. Es difícil la abstinencia. Hay compromiso orgánico. Hay conductas de riesgo como: promiscuidad sexual, uso de drogas intravenosas o combinación de varias drogas, el estado de ánimo depende de la etapa consumidor/abstinencia, accidentes automovilísticos.
El fenómeno de las adicciones es de amplio espectro, ya que no solo implica el consumo o dependencia de alcohol, tabaco o sustancias psicoactivas. La capacidad adictiva del ser humano va más allá de las drogas, abarca una amplia gama de conductas y de objetos vinculados a la adicción. Las adicciones sin drogas o adicciones no farmacológicas, implican conductas, adicciones sociales, psicológicas, etc. Aunque estas adicciones no representan un consumo de droga, sí representa un riesgo para quienes la padecen, ya que impacta en su comportamiento y esto conlleva la afección de su entorno biopsicosocial.
A continuación te presento una tabla donde podrás observar los ejemplos de adicciones farmacológicas y no farmacológicas:
| Adicciones farmacológicas | Adicciones no farmacológicas |
|---|---|
| Eufóricas: opio y sus derivados, cocaína | Ludopatía |
| Fantásticas: Mezcalina, marihuana, beleño entre otras | Trastornos alimenticios |
| Embriagantes: Alcohol, éter, cloroformo y bencina | Compras compulsivas |
| Hipnóticas: barbitúricos y otros somníferos | Conductas sexuales compulsivas |
| Excitantes: cafeína, tabaco entre otros | Relaciones sociales alienantes |
| De diseño: feniletilaminas, arilhexilaminas, opiáceos, derivados del fentanilo, la meperidina y la metacualona | Dependencia de internet y nuevas tecnologías, entre otros. |
El Papel de la Familia y Adultos en la Prevención
La familia cumple un rol primordial en el desarrollo de cada uno de sus integrantes, es moduladora y promotora de emociones y sentimientos, es escenario constante de modelos de conducta, transmisora de valores y normas de convivencia. Por todo ello, los modelos parentales y de otros adultos significativos en la vida del adolescente desempeñan un papel transcendental, ya que ejercen una importante influencia en el desarrollo de hábitos de vida, formas de expresar afectos, relacionarse con los demás, de resolver conflictos y de desarrollar conductas de autocuidado.
No cabe duda de que el papel de las personas adultas tiene una gran relevancia e influencia en lo que las personas jóvenes hacen. Por un lado, por el modelado que aquellos ejercen sobre estos, como ya se ha comentado en lo referido a ciertos valores y conductas, como el propio consumo. El modelo de salud explicado puede ofrecer algunas respuestas a estas preguntas. En concreto, trabajar con los hijos e hijas desde el momento del nacimiento en algunos de estos factores de protección es clave y mejora el pronóstico en lo que se refiere a potenciales futuros problemas con las drogas.
Es fundamental que hijos y padres consulten con un profesional en caso de ser necesario. Ayudar a desarrollar competencias personales que genéricamente se denominan “habilidades para la vida”. Fomentar un clima familiar positivo, que cubra las necesidades tanto de afecto como de control. Acompañar y orientar en el desempeño académico (o en algunos casos laboral) fomentando la identificación con las personas, las actividades y la cultura del centro. Posibilitar el descubrimiento de áreas de interés personal que reporten satisfacción a la persona. El desarrollo de alternativas de ocio en las que pueda desarrollarse y sentirse bien.
