El Contexto Político: La Segunda República y el Surgimiento de la Ultralerecha
La proclamación de la Segunda República en abril de 1931 marcó un punto de inflexión en la política española. Antes de este evento, durante la década de 1920, España, que no había participado en la Primera Guerra Mundial, conoció momentos de bienestar gracias a la exportación de alimentos, textiles, cuero, metales y material de guerra. Sin embargo, el gobierno español conservador no dio soluciones a la crisis, lo que hizo incrementar la agitación y el malestar en el país. Mientras los representantes de la monarquía española (aristócratas, terratenientes, militares y clero) intentaron frenar la modernización, algunos grupos progresistas de la burguesía y la clase obrera buscaron consolidar la reforma social, económica y política.
El Estado era gobernado por un parlamento con conservadores y liberales a nivel nacional y por caciques rurales a nivel regional y local. Durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera, se agudizó el enfrentamiento con los grupos de oposición de izquierda y con las minorías culturales. Tras las elecciones de 1931, que terminaron en una rotunda victoria para una coalición de republicanos, socialistas y catalanes, el rey Alfonso XIII abdicó el 14 de abril, dando paso a la proclamación de la Segunda República Española. El nuevo gobierno promulgó una nueva Constitución buscando mejorar la situación económica, social, política y cultural del país.
Frente a este nuevo régimen, que los grupos ultraderechistas aseguraban ver como la plasmación de los ideales bolcheviques, los conservadores extremistas empezaron a conspirar. Defendían el antiparlamentarismo, convencidos de que la hora de la democracia había pasado ya. Los diversos grupos de la derecha española emprendieron varios intentos para derrocar al gobierno popular.
Orígenes y Fundación de la Falange Española
En este ambiente de creciente polarización, en octubre de 1931, aparecieron las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), una organización ultranacionalista bajo el liderazgo de Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma Ramos. Para Ledesma, esta era la manera de oponerse a una clase dirigente formada por traidores manipulados por la masonería y el judaísmo. Su evolución fue rápida, dejando de ser un ultraderechista clásico para convertirse en un partidario de las doctrinas fascistas, en las que veía una herramienta para recuperar las esencias nacionales perdidas: “El fascismo es como una inyección que tuviera la virtud de resucitar”.
Siguiendo la inspiración del fascismo italiano, que había triunfado con la Marcha sobre Roma de Benito Mussolini en 1922, José Antonio Primo de Rivera (hijo del dictador Miguel Primo de Rivera) comenzó a interesarse por la ideología fascista en 1933. Ese mismo año, junto a Manuel Delgado Barreto y otros, lanzó el periódico El Fascio, que incluía artículos de Primo de Rivera, Ramiro Ledesma, Mussolini y Hitler, aunque tuvo un único número y fue retirado por la policía.
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Los primeros intentos de crear una organización fascista al estilo italiano en España cristalizaron en la Falange Española (FE). José Antonio fundó el Movimiento Español Sindicalista, que a los pocos meses de su irrupción se reconvertiría en Falange Española. La fundación formal de la Falange tuvo lugar el domingo 29 de octubre de 1933 en el Teatro de la Comedia de Madrid, por Alfonso García Valdecasas, Julio Ruiz de Alda y José Antonio Primo de Rivera. Poco después, el 15 de febrero de 1934, FE se fusionó con las JONS, fundadas por Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma Ramos, entre otros, consolidando su estructura paramilitar.
Ideología y Doctrina Nacionalsindicalista
La ideología de Falange era el nacionalsindicalismo, una mezcla de fascismo a la italiana con componentes tomados del catolicismo. En el mitin inaugural, los participantes hablaron en contra del sistema democrático. La Falange propugnaba la creación de un Estado Sindical totalitario en el que la “lucha de clases” sería superada por el Sindicato Vertical, que agruparía en un mismo organismo a empresarios y trabajadores organizados por ramas de la producción.
Principios Clave de la Falange:
- Antiparlamentarismo: Su mensaje insistía en la abolición de los partidos políticos. "Para que el Estado no pueda nunca ser de un partido, hay que acabar con los partidos políticos." Consideraban que "Los partidos políticos se producen como resultado de una organización política falsa: el régimen parlamentario." Denunciaban que "En el Parlamento unos cuantos señores dicen representar a quienes los eligen." y que "Los candidatos vociferan, se injurian, prometen cosas imposibles. Los bandos se exaltan, se increpan, se asesinan. Los más feroces odios son azuzados en esos días."
- Anticapitalismo (retórico) y Justicia Social: El liberalismo económico producía la esclavitud de los más débiles, al obligarlos a aceptar salarios de hambre: “El pobre lleva la peor parte y se ve obligado a claudicar”. Por eso mismo, según Primo de Rivera, el socialismo había estado justificado en su origen. Sin estos defectos, Falange lucharía en favor de la justicia social aunque tuviera que imponer duras obligaciones “a los de arriba”. "La riqueza tiene como primer destino mejorar las condiciones de vida de los más, no sacrificar a los más para lujo y regalo de los menos." "El trabajo es el mejor título de dignidad civil."
- Estado Totalitario y Bienestar Social: "El nuevo Estado no se inhibirá cruelmente de la lucha por la vida que sostienen los hombres. No dejará que cada clase se las arregle como pueda para librarse del yugo de la otra o para tiranizarla. El nuevo Estado, por ser de todos, totalitario, considerará como fines propios los fines de cada uno de los grupos que lo integren, y velará, como por sí mismo, por los intereses de todos."
- Unidad de España y Antinacionalismo: "España es una unidad total en la que se integran todos los individuos y todas las clases; la Patria no puede estar en manos de la clase más fuerte ni del partido mejor organizado. Que desaparezcan los partidos políticos." "España es una unidad de destino en lo universal." José Antonio se oponía a los nacionalismos no españolistas. Los separatistas, en su opinión, se fijaban en si hablaban lengua propia, en si tenían características raciales propias, o si su comarca presentaba clima propio o especial fisonomía topográfica, pero “una nación no es una lengua, ni una raza, ni un territorio”.
- Catolicismo: "Falange Española no puede considerar la vida como un mero juego de factores económicos. Aspecto preeminente de lo espiritual es lo religioso." Afirmaban que "España contestó siempre con la afirmación católica. La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera, pero es además, históricamente, la española. Por su sentido de catolicidad, de universalidad, ganó España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Así, pues, toda reconstrucción de España ha de tener un sentido católico." No obstante, esto no significaría que renacerían las persecuciones contra quienes no fueran católicos.
Aunque se interesaron por un fascismo de cuño italiano y en los primeros tiempos no se opusieron al empleo de la etiqueta "fascista", después de la Segunda Guerra Mundial, los falangistas no quisieron verse asociados con una ideología derrotada; de ahí que insistieran en que no eran fascistas. Sin embargo, no se diferenciaba en lo fundamental del partido fascista italiano, utilizando en ocasiones su misma retórica, aunque el falangismo dispuso de rasgos propios, entre los que destacaba su catolicismo.
El Carácter Violento y las Contradicciones de la Falange
El ADN de Falange era violento. Primo de Rivera había justificado los actos de violencia contra los que, a su criterio, ofendieran a la justicia y la patria. De ahí que sus seguidores protagonizaran una ola de atentados contra izquierdistas. La práctica de la violencia era parte de su ideario. "Si nuestros objetivos han de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia."
Las milicias, denominadas Falange de la Sangre (posteriormente Primera Línea), dirigidas por Luis Arredondo y más tarde por Juan Antonio Ansaldo, comenzaron a provocar y mezclarse en escaramuzas, sucediéndose altercados callejeros y operaciones de castigo. La distribución de su publicación F.E., voceada por sus propios militantes (los quioscos se negaban a distribuirla), propició los principales focos de enfrentamientos. En la Universidad de Madrid, Falange creó un sindicato de estudiantes, el SEU, en contraposición al mayoritario FUE, con el objetivo de "destruirle".
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Sus pistoleros llegaron a matar al juez que se ocupaba de instruir la causa y acabaron con el teniente Castillo, afín al PSOE. En represalia, los compañeros del difunto asesinaron a José Calvo Sotelo, el conocido dirigente derechista. Cabe destacar que las milicias no dudaron en utilizar a adolescentes en sus acciones, como se demostró con la muerte en un enfrentamiento con armas del estudiante de bachillerato Jesús Hernández, de quince años.
A pesar de su discurso, el líder del nuevo partido incurría en las mismas contradicciones en las que han caído, antes o después, otros políticos similares. Aseguraba, por un lado, que las soluciones para los problemas colectivos no saldrían de unas elecciones. Así, gracias al sistema que pretendía destruir con la “dialéctica de los puños y las pistolas”, obtuvo un sueldo como diputado e inmunidad parlamentaria. Todo gracias al mismo sufragio universal contra el que dirigía críticas feroces.
Falange era un partido reaccionario, por más que insistiera en que no se identificaba ni con la derecha ni con la izquierda. Pero, a diferencia de la ultraderecha tradicional, se presentaba ante el mundo como portavoz de la rebeldía y de la incorrección política frente a un sistema injusto.
Impacto y Relevancia Durante la Segunda República
Hasta 1936, Falange no dejó de ser un grupo muy marginal, igual que lo era el Partido Comunista en el otro extremo del espectro político. Los resultados electorales de la Falange durante la Segunda República fueron siempre muy escasos. No consiguieron una solvencia económica suficiente hasta que en 1935 fue subvencionada mensualmente con 50.000 liras por el gobierno italiano, subvención que fue reducida y posteriormente retirada tras los pobres resultados electorales de 1936.
Ni la doctrina nacionalsindicalista logró atraer a los trabajadores, encuadrados éstos en los sindicatos de clase mayoritarios (UGT y CNT). La actividad de la Falange estuvo dificultada por frecuentes clausuras de sus locales y la prohibición de muchos de sus actos a causa de los numerosos incidentes violentos que protagonizaban. Ambas fuerzas, Falange y el Partido Comunista, solo acumularon protagonismo cuando la Guerra Civil, al desquiciarlo todo, favoreció su rápido crecimiento. Falange, fusionada con los carlistas, acabó domesticada por Franco.
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