Descubre la Fascinante Historia de la Hacienda Coyoacán Pacífico: Un Viaje al Pasadopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Coyoacán, cuyo nombre deriva del vocablo náhuatl Coyohuacan que significa “lugar de coyotes”, ha sido un lugar de recreo y descanso desde la época colonial. Fue la primera capital del virreinato, bastión de defensa contra la invasión de Estados Unidos a México en el siglo XIX y, actualmente, un centro de cultura fundamental en la Ciudad de México.

Historia temprana de Coyoacán

En 1332, se asentó un grupo proveniente de Chalco. Durante la conquista de Tenochtitlan, Coyoacán se alió con los españoles, al igual que otros pueblos tributarios de los mexicas. Una vez que la ciudad fue tomada, Hernán Cortés y sus tropas se asentaron en Coyoacán, donde fundaron el primer Ayuntamiento del Valle de México.

Durante la época virreinal, Coyoacán se caracterizó por ser un lugar muy fértil, lleno de huertas, iglesias y conventos. La mayor parte de sus habitantes se dedicaban a la agricultura y a la ganadería, pero, a partir del siglo XVII, comenzó el arribo de empresarios que establecieron obrajes, talleres de hilados y tejidos. Durante la invasión estadounidense fue escenario de importantes batallas, como la de Churubusco que tuvo lugar el 20 de agosto de 1847 en el exconvento del mismo nombre.

En 1890, Porfirio Díaz inauguró la colonia Del Carmen en los terrenos que formaban parte de la Hacienda de San Pedro. Fue nombrada en honor de su esposa Carmen Romero Rubio y se constituyó en símbolo de modernidad. Después de los tiempos turbulentos de la Revolución, se aceleró el proceso de urbanización de Coyoacán.

Se inauguró la calzada México-Coyoacán, se pavimentó la avenida Hidalgo y se estableció una ruta de camiones que iba del centro de Coyoacán al pueblo de los Reyes y que pasaba por el pueblo de la Conchita. Como resultado de este proceso, el carácter agrícola de la región se transformó y los habitantes de los pueblos y barrios comenzaron a incorporarse al trabajo de las fábricas.

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En 1929 Coyoacán dejó de ser municipio para transformarse en una Delegación del Distrito Federal y, en 1940, el proceso de urbanización se hizo inminente. Coyoacán ha sido residencia de mexicanos sobresalientes en el ámbito cultural: los poetas José Juan Tablada y Salvador Novo, los historiadores Francisco Sosa, Manuel Toussaint y José Goroztiza, los pintores Diego Rivera, Frida Kahlo, José Chávez Morado y Rufino Tamayo, así como el ingeniero Miguel Ángel de Quevedo.

La Zona de Monumentos Históricos comprende un área de 1.64 km2 y está conformada por 86 manzanas que contienen 50 edificios con valor histórico, construidos entre los siglos XVI y XIX. Entre sus edificios religiosos destacan el Templo y antiguo convento San Juan Bautista, Antiguo convento de los padres camilos, los Templos de Santa Catarina y la Purísima Concepción y la Capilla San Antonio Panzacola. Entre los edificios de carácter civil cabe mencionar la casa de Hernán Cortés, el puente de San Antonio Panzacola y el quiosco.

Coyoacán fue célebre por sus huertas, haciendas, conventos y fábricas textiles -obrajes- que de alguna manera se beneficiaron con su prodigiosa naturaleza. En ocasiones, es posible todavía vislumbrar algunos vestigios de estos elementos en los barrios y pueblos.

Transformación Territorial y la Hacienda La Peña Pobre

El estudio de los procesos de transformación territorial en el Valle de México durante la transición del periodo prehispánico al colonial, revela patrones complejos de continuidad y cambio, especialmente en zonas de significativa importancia histórica como Cuicuilco. Esta región experimentó importantes desarrollos culturales desde el preclásico hasta el establecimiento del virreinato.

Inicialmente el registro arqueológico confirma esta continuidad histórica. Las investigaciones científicas en Cuicuilco han documentado una extensa secuencia cultural desde el Preclásico (800 a. C. - 250 d. C.), a través del Clásico, Epiclásico y Posclásico (250 - 1521 d. C.), hasta el periodo colonial (Ramírez y Moguel, 2018, p. 3). A pesar del impacto devastador de la erupción del volcán Xitle sobre el paisaje natural, la región demostró una extraordinaria capacidad de adaptación. Ramírez y Moguel, 2018, p.

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Esta transformación se consolidó durante los primeros años del periodo novohispano, cuando Hernán Cortés otorgó las primeras mercedes de tierra en la región, iniciando así un proceso sistemático de reorganización territorial. La administración de estas concesiones evolucionó significativamente al pasar a la supervisión de la Real Audiencia, institución que asumió la responsabilidad de registrar y controlar los pueblos pertenecientes al Marquesado del Valle (García Martínez, 1968, pp. 15-25).

La importancia de esta transición administrativa se refleja en los documentos generados, que no solo recopilaron las características físicas de los asentamientos, sino que también proporcionaron información detallada sobre el reparto, tamaño y nombre de los dueños de parcelas hacia el siglo XVII, coincidiendo con el surgimiento de la Superintendencia de Beneficio y Composición de Tierras (Menegus, 2022, pp. 315-27).

Bajo este criterio, la documentación histórica sobre la propiedad de La Peña Pobre, fue registrada posterior a su fundación. Estos documentos revelan que inicialmente fue otorgada como merced a Bernardino Del Castillo, quien fue mayordomo de Hernán Cortés. Esta particularidad marcó el proceso de transformación territorial en el Marquesado del Valle.

Cortés señaló en las cartas que escribió al rey Carlos v,2 que el funcionario repartidor del virrey Antonio De Mendoza había dividido las tierras (García, 2004, p. 133). Coyoacán, designada como cabecera del Marquesado del Valle, ejercía jurisdicción sobre diversos territorios, incluido San Agustín de las Cuevas (actualmente Tlalpan). Este espacio aparece documentado en el lienzo de San Agustín de las Cuevas (Rodríguez y Rodríguez, 1982, p. 13).

Paralelamente la expansión y desarrollo en La Peña Pobre se intensificó hasta alcanzar el reconocimiento regional (Reyna, 1990, pp. 64-70).

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La configuración geográfica del Valle de México, caracterizada por su complejo sistema lacustre, sus formaciones volcánicas y la riqueza de sus recursos naturales, ha jugado un papel fundamental en los procesos históricos de ocupación y transformación territorial desde tiempos prehispánicos (Pastrana, 2018, pp. 22-23).

El Agua y su Importancia

El origen de este asentamiento hacia el siglo xvi se vio definido por una serie de características geográficas que incidieron en su desarrollo y evolución económica, entre las cuales destacan el tipo de suelo sobre el que se estableció, caracterizado por una capa baja nutrida por los escurrimientos de los cerros Zacayuca y Zacatepetl entre los cuales se formó un delta (véase Figura 1). Fuente: Córdova et al. (1994, p. 17).

El asentamiento humano en esta región estuvo fundamentalmente condicionado por las características geológicas del territorio, lo que determinó la configuración del espacio urbano y sus áreas de uso público. Aunado a ello en esta área se halló el nacimiento de varios recursos hídricos en la región, como fue el río Cuicuilco (León-Portilla y Aguilera, 2021, p. 161, secc. 11).

De hecho, en el área de Cuicuilco existe presencia que señala el culto a Tlaloc desde el periodo Preclásico (véase Figura 4) y Posclásico (véase Figura 5); ello puede considerarse evidencia del fuerte simbolismo religioso que mantuvieron las sociedades indígenas arraigadas en su cosmovisión respecto del agua y la fertilidad. Cabe destacar que estas representaciones tuvieron una fuerte relación con la petición de lluvias (Broda, 2019, p. 547).

La disponibilidad de recursos hídricos fue un factor determinante para la transformación del paisaje agrícola durante el periodo colonial temprano. La presencia de manantiales y escurrimientos naturales en la zona de Peña Pobre posibilitó el establecimiento de cultivos de trigo, un cereal introducido por los españoles que requería condiciones específicas de irrigación. Tal introducción agrícola en el territorio quedó documentada en el Mapa México -Tenochtitlán y sus Contornos hacia 1550 (León-Portilla y Aguilera, 2021, p. 161).

El desarrollo económico de La Peña Pobre estuvo marcado por una significativa transformación agrícola que se consolidó hacia mediados del siglo XVI. La introducción del cultivo de trigo no solo representó un cambio en los patrones agrícolas tradicionales, sino que también impulsó el desarrollo de una sofisticada infraestructura hidráulica destinada a optimizar la producción de este cereal. Los diversos testimonios históricos documentan la construcción y utilización de sistemas de riego, canales y otras obras hidráulicas que evidencian una clara intención de maximizar el rendimiento de los cultivos. Esta evolución tecnológica y productiva sentó las bases para el establecimiento de un sistema mercantilista que transformaría profundamente la dinámica económica de la región.

Expansión de la Propiedad y Conflictos

La Peña Pobre, tras constituirse como hacienda, desarrolló un sistema económico que impuso severas restricciones a los habitantes del pueblo de indios San Pedro Apóstol “Tzoncuicuilco”, quienes vieron mermado su acceso a los recursos del entorno. La expansión de la propiedad afectó especialmente el aprovechamiento del agua, lo que perjudicó tanto el cultivo de las huertas como la disponibilidad de otros recursos naturales.

En sus inicios, según registran las fuentes documentales,4 La Peña Pobre operaba como una estancia de labor y ganado menor, lo que ya entonces comenzó a modificar significativamente el paisaje local. La hacienda expandió su control sobre los caudales de ríos y manantiales, principalmente para intensificar el cultivo de trigo, un cereal que demanda grandes cantidades de agua y requiere irrigación constante en camas o microcuencas para mantener la humedad del suelo (Villaseñor et al., 2011, p. 282).

La transformación económica de La Peña Pobre fue notable: partiendo de una modesta estancia de labor y ganado menor, logró intensificar significativamente su actividad agropecuaria. Varias de las fuentes analizadas5 señalan que el pueblo de indios San Pedro Apóstol, “Tzoncuicuilco”, introdujo litigios para recuperar los afluentes y tierras, ya que La Peña Pobre acaparó los bienes disponibles a su alrededor, lo cual apoya en gran medida los estudios que refieren la actividad comercial de las estancias, al considerarlas en su evolución como unidades económicas, que se adjudicaron las tierras comunes como pastizales, bosques, afluentes y a veces incluso, depósitos de materias primas y minas (Semo, 2012, p. 103).

La propiedad de La Peña Pobre se benefició de los recursos hídricos en tierras aluviales para intensificar labores agrícolas; entre el cerro Zacayuca y Zacatepetl, dispuso de manantiales que brotaban de manera natural y el río Cuicuilco (Salvia, 1980, p. 135).

El desarrollo histórico de la ganadería menor en la Nueva España estuvo estrechamente vinculado con el establecimiento de actividades comerciales e industriales. En las zonas despobladas, conocidas como caballerías de pastaderos, se asentaron principalmente rebaños, aprovechando una práctica común de la época: la alimentación del ganado con los rastrojos que quedaban después de la cosecha del trigo. Esta relación simbiótica entre agricultura y ganadería menor fue particularmente relevante para el desarrollo de los obrajes, o fábricas textiles coloniales, como lo demuestran en sus investigaciones, Cubillo y Montes (2022, p. 173).

Bajo esta premisa, resulta interesante analizar el caso específico de la merced otorgada en La Peña Pobre. Es importante señalar que esta conexión es todavía una hipótesis preliminar, pues las fuentes documentales no establecen explícitamente dicha relación. La existencia de un patrón regional que asociaba los obrajes con las haciendas agrícolas, como señala Chevalier (1975, p. 73).

La subsistencia hispana se fundamentó en la agricultura y ganadería que proveyó en sus inicios de semillas, con el propósito de lograr la diseminación y garantizar el abasto local de los españoles. Existen tres etapas estudiadas a fondo que refieren: la introducción de especies foráneas, la aclimatación y la plena integración en las sementeras indígenas, al igual que intercalar animales, técnicas agrícolas y de regadío en zonas con población asentada permanentemente (Florescano, 1990, pp. 92-101).

Las órdenes religiosas mendicantes jugaron un papel fundamental en la educación agrícola de los indígenas durante el periodo colonial (véase Figura 9). En el caso específico de la merced de La Peña Pobre, el área se dedicó inicialmente al monocultivo de trigo, como lo evidencia el Mapa México-Tenochtitlán (León-Portilla y Aguilera, 2021, p. 161).

La expansión de las propiedades particulares en la Nueva España estuvo estrechamente ligada al dramático descenso de la población indígena durante el siglo XVI (Martín et al., 2021, pp. 34-35). En este contexto, el caso de La Peña Pobre resulta ilustrativo. Su expansión territorial se intensificó con la llegada de la orden del Carmen, que incorporó estas tierras al área de cultivos y huertas del Convento/Colegio de San Ángel (Ramírez, 2015, pp. 235-37; Ramos, 2008, p. 35).

De particular importancia fue la huerta Temalistiaca (Chimalistac), estratégicamente ubicada entre el río del Molino de Miraflores y el Camino Real que conducía a San Agustín de las Cuevas. Como señala Gerhard (1986, p. 116).

El establecimiento de la orden del Carmen partió de la aspiración de los religiosos por alcanzar el continente asiático, a través de la ruta del Pacífico y del Camino Real a Acapulco. En el área de Cuicuilco - Peña Pobre se han encontrado una serie de modificaciones constructivas y arquitectónicas que podrían relacionarse con la actividad de la orden del Carmen.

Una es el área de represa y un canal descubierto en el año 2018 (véase Figura 10), recordando la enorme labor hidráulica que sostuvieron los carmelitas en el Convento/Colegio del Carmen y en el Desierto de los Leones. De acuerdo con Sanders y Price (1968, p. 95).

La propiedad se transformó en un espacio agrícola diversificado que incluía múltiples cultivos. Por un lado, se producían cereales como trigo y cebada; por otro, se desarrolló una importante producción frutícola que incluía olivos, cítricos, nogales, duraznos, manzanos, higueras, granados, ciruelos y moras (Ramos, 2008, p. 133). La huerta también albergaba una variada producción de hortalizas, verduras y legumbres, entre las que destacaban zanahorias, rábanos, lechugas, lentejas, habas y espinacas.

Respecto de la actividad ganadera, los primeros animales introducidos por los españoles en América fueron los caballos, a los que se les incorporó el ganado ovino, bovino y porcino, lo cual tuvo relevancia en la dieta, faenas agrícolas, transporte e incorporación de yunta con tracción animal (Martín et al., 2021, p. 35).

El Comercio en la Nueva España

El desarrollo del comercio en la Nueva España estuvo estrechamente vinculado a la evolución de los sistemas de transporte. En la década de 1540, la introducción de animales de carga y tiro revolucionó la capacidad de movilización de mercancías. Las mulas, en particular, destacaron p...

Pueblos y Barrios de Coyoacán

Para llegar simplemente camine por la calle Francisco Sosa (destacado escritor mexicano). La iglesia de Santa Catarina, ya reconstruida, data del siglo XVI. Junto a su bella plaza hay varios sitios de interés, comenzando con la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles, restaurantes de comida mexicana y casonas de carácter señorial.

Al sur, cruzando la Avenida Miguel A. de Quevedo, los callejones estrechos y tortuosos nos indican la presencia de un antiguo pueblo: San Francisco, con una capilla cuya historia se remonta al siglo XVI. Notaremos aquí que las calles comienzan a ascender porque hasta aquí llegó la lava que el volcán Xitle expulsó hace unos 3,000 años. En octubre, los habitantes de San Francisco decoran sus casas con papel picado para festejar a su santo patrón.

Con un breve recorrido en vehículo por las calles de Real y Plazuela de los Reyes, uno enseguida llega a su colorida iglesia, situada entre la Avenida Pacífico y el Eje 10 Sur. La iglesia fue antigua y al parecer de la original sólo quedó una de las torres. Aquí son celebradas varias fiestas: la más notable es la del Señor de la Misericordia en septiembre, pero la gente tiene especial cariño por la de Los Tres Reyitos, en enero.

De Los Reyes nos acercamos nuevamente al centro de la Villa de Coyoacán por la Avenida Pacífico y al llegar al cruce con Fernández Leal, aparece esta bella plaza. Aquí encontramos la mejor obra arquitectónica de entre las capillas de Coyoacán, con la decoración mudéjar de su fachada, en un estilo también barroco (s. XVIII) y con interior de retablo y pinturas virreinales. Se cuenta que Hernán Cortés mandó construirla para marcar el sitio donde fue celebrada la primera misa en esta región.

Está a unas cuatro o cinco calles al oriente de la Conchita, caminando primero por la calle Tepalcatitla y después al norte por San Lucas. Los cronistas dicen que ésta era una zona de maizales y llanos ganaderos, y aquí también la gente disfrutó de sus manantiales que llegaron a alcanzar dimensiones de pozas. Es una capilla ya muy modificada, que se ve incluso inclinada hacia un costado.

Las actuales calles de Hidalgo y General Anaya eran en la antigüedad una calzada que unía a Coyoacán con Churubusco. A partir de la unión de Hidalgo con la Avenida División del Norte, inicia la ancha calle de Héroes del 47, donde se encuentra el barrio y la capilla de San Mateo. Esta iglesia fue obra de franciscanos del siglo XVII. Después sufrió reedificaciones y conservó su atrio arbolado y también su tradicional fiesta de la Asunción de la Virgen María, cada 2 de agosto.

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