En el norte del Municipio de Choix, durante el Porfiriato y entrado el siglo XX, existieron dos haciendas principales de las familias: Arvizu y William o Guillermo Lanphar. En Agua Caliente de Baca o de Lanphar, hasta hace poco se apreciaban, a las orillas del arroyo, unos depósitos; seguramente donde procesaban el mezcal.
En Loreto de los Arvizu todavía se aprecian los restos de un antiguo casco de hacienda, donde están dos palmeras de taco, y muy cerca en el arroyo, está una noria, lo mismo que en San Javier. Los ejidos de Tabucahui (en el que se incluye la comunidad de Loreto) y San Javier surgieron también de las afectaciones que sufrieran en sus propiedades la familia Arvizu.
Tiempos ingratos refieren los abuelos, cuando no había maíz, o tenían que caminar con recuas y burros a buscar el sustento a otros lugares, lejos, para conseguir los alimentos. En Bajósori estaba otra hacienda de la cual se ven sus restos todavía en una lomita o altito a la entrada del pueblo.
En Bajósori hay dos ejidos, Bajósori I y Bajósori II. De estos ejidos el más viejo es Baca, lo mismo que con más extensión de tierra, así como con más ejidatarios, pues su dotación de tierras es del año de 1954. Como he dicho la revolución de 1910 vino a destruir el sistema político-económico de la hacienda, pero el proceso no tiene un corte preciso ni exacto, sino que se va transitando paulatinamente, por lo que en diferentes periodos pueden coexistir diferentes formas de producción, quizá unos vayan más capitalistas y las otras más feudales.
Hasta ya cerca de fenecer el pasado siglo todavía por los pueblos de Choix siguieron existiendo las tiendas tipo de raya, donde los hombres ricos del pueblo financiaban a los campiranos y ejidatarios, a cambio de entregar sus cosechas al término de la temporada de siembras, ya en la pizca, para ello pedían fiado y en una libreta les anotaban lo que sacaban o consumían día con día (el tiendero llevaba un registro lo mismo que el deudor) y al final hacían cuentas. Verbigracia: Ángel Echave en cada poblado de Choix tenía un compadre que ponía una tienda y a la vez compraba lo que se producía en los pueblos, como el ajonjolí. Los hombres fuertes de la cabecera eran Raúl Couret, que fungía como financiero; los hermanos Ángel y Beto Echave comerciantes, en menor proporción refaccionaban a los rancheros y pobladores de las comunidades satélites.
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Posterior a esto entró el neoliberalismo cruel y descarnado, sin que los campesinos de Choix lo alcanzaran a entender, ni haber transitado por los diferentes estadíos económicos y políticos, pero sí resintiéndo y padeciéndolo.
La Ex Hacienda de Atotonilquillo: Un Ejemplo de Hacienda en Guanajuato
La Ex Hacienda de Atotonilquillo, ubicada en el municipio de Manuel Doblado, es un testimonio vivo de la riqueza histórica y arquitectónica de la región del Bajío. Su nombre, de origen náhuatl, se traduce como “en el agua caliente”, derivado de las palabras “atl” (agua), “totonilli” (caliente) y “co” (locativo), haciendo referencia a un pequeño manantial de aguas termales cercano.
La historia de esta hacienda se remonta a 1613, cuando el virrey marqués de Guadalcázar otorgó una merced de tierras al bachiller Diego de la Rosa, quien un año después decide venderlas a Pedro Calderón. De esta manera los jesuitas se fueron haciendo de una enorme cantidad de tierras, ya que en los años subsecuentes continuaron recibiendo donaciones, como las que les hicieran Pedro de Cuéllar en 1615 y Gerónimo de Aranda en 1617, además de que los mismos sacerdotes le compraron a Esteban de Anda algunos sitios y caballerías en 1650, con lo que hasta ese año sumaban ya 22 sitios para ganado menor y 9 caballerías. Un año después, estas tierras fueron vendidas a Pedro Calderón, quien las donó al Colegio Jesuita de Valladolid. A lo largo de los años, los jesuitas ampliaron la propiedad mediante donaciones y compras adicionales, consolidando una vasta extensión dedicada principalmente a actividades agro-ganaderas.
Bajo la administración jesuita, Atotonilquillo prosperó notablemente. Bajo la acertada administración de los sacerdotes, la ya conocida hacienda de Atotonilquillo llegó a tener un gran desarrollo, por lo que extrañó mucho que en abril de 1703 fuera vendida a la famosa y adinerada Mariscala de Castilla, doña Juana de Luna y Arellano; a partir de entonces Atotonilquillo pasó a engrosar la lista de bienes de la familia de doña Juana, hasta que, hacia 1770, la relatoría de poseedores de la hacienda nos muestra a Pedro Luciano de Otero como su propietario. Sin embargo, en abril de 1703, la hacienda fue vendida a doña Juana de Luna y Arellano, conocida como la Mariscala de Castilla.
Posteriormente, hacia 1770, Pedro Luciano de Otero, propietario también de la mina de Valenciana y otras haciendas, adquirió Atotonilquillo, anexando las haciendas vecinas de Ayo el Grande y Milpillas, lo que incrementó aún más su tamaño e importancia. Mientras estuvo en poder de Pedro Luciano de Otero, Atotonilquillo llegó a crecer aún más con la anexión de las vecinas haciendas de Ayo el Grande y Milpillas.
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Tras la muerte de Pedro Luciano en 1788, su hermano Manuel Antonio de Otero asumió la administración, pero su mala gestión llevó a que María Francisca Sánchez Dovalina, viuda de Pedro Luciano, delegara la administración a su nuevo esposo, José Antonio del Mazo. A la muerte de María Francisca en 1793, Del Mazo decide rentarle la hacienda de Atotonilquillo a Manuel Ignacio García, con la consigna de que construyera una presa y un molino de trigo. Durante este periodo, se construyeron la casa principal y la capilla que aún se conservan, además de otras edificaciones como trojes y dependencias.
Aunque no existen datos que lo confirmen, entre los habitantes locales se cree que el arquitecto guanajuatense Eduardo Tresguerras fue el responsable del diseño de la capilla y la casa principal. Además, se dice que José Antonio Torres, conocido como el “Amo Torres” y destacado caudillo insurgente, fue administrador de la hacienda antes del inicio de la lucha por la independencia de México.
En la actualidad, la Ex Hacienda de Atotonilquillo se encuentra en buen estado de conservación, gracias a los esfuerzos de su propietario, don Salvador León Oñate. En nuestros días, el propietario del casco de Atotonilquillo, don Salvador León Oñate, mantiene en muy buen estado la mayor parte de la construcción y permite que todo aquel curioso que se detenga en la finca, visite el interior de la casa si lo desea. La capilla del lugar todavía ofrece servicios religiosos el último jueves de cada mes, y a unos cuantos metros al poniente, sobre la misma carretera, se puede disfrutar de un buen chapuzón en lo que en tiempos de bonanza fue el baño termal del hacendado, el cual aún se conserva en magníficas condiciones. La capilla continúa ofreciendo servicios religiosos el último jueves de cada mes, y el antiguo baño termal del hacendado, ubicado a pocos metros al poniente sobre la misma carretera, se mantiene en magníficas condiciones, ofreciendo a los visitantes la oportunidad de disfrutar de sus aguas termales.
De la ciudad de León, Guanajuato, se toma la carretera núm. Para llegar a la Ex Hacienda de Atotonilquillo desde la ciudad de León, Guanajuato, se toma la carretera número 37 en dirección a Manuel Doblado. Ubicada en el lado sur de la carretera Manuel Doblado-Arandas, esta hacienda tuvo su origen en una merced de tierras que en 1613 hiciera el virrey marqués de Guadalcázar al bachiller Diego de la Rosa, quien un año después decide venderlas a Pedro Calderón.
Las Haciendas y los Hombres Fuertes de Baca
Me fijo en las palmeras porque veo en ellas el México viejo. Los cascos y vestigios de haciendas, por lo regular, tienen palmas, ya sea de dátil o de la llamada “de taco”. Esos cascos o ruinas de haciendas fueron antiguos centros de población con historias que contar. En muchos casos, alrededor de las haciendas del México porfiriano y lo que quedó después de la Revolución de 1910 se formaron caseríos rancherías; algunos llegaron a ser centros de población o comunidades.
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En el caso de Baca no fue así, ya que este pueblo es prehispánico: de la nación de los sinaloas, lo que no obstó para que hubiera hombres con poderío económico, político y militar con una economía tipo hacienda. En Baca hay dos palmeras de dátil que coinciden con las moradas o casonas señoriales de las dos familias u hombres fuertes de su época. La casona de Heraclio Félix y la de Los Torres. La de estos últimos ya está muy deteriorada. Su último morador de los Torres fue Ramón Torres Navarro y esporádicamente llegaban dos de sus hermanas de edad avanzada a visitarlo y a quedarse por días en el pueblo.
En Baca vivió también Pedro Torres (hermano de Ramón) y Diego Torres (hijo de Abraham, quien era primo hermano de Pedro y Ramón). De la familia de los Torres también había y hay en Agua Caliente de Baca y en La Higuerita. Tanto Heraclio Félix como los Torres eran hombres con poder económico, con bastante ganado, tierras y dinero, que incluso financiaban a campesinos y agricultores, no sólo en la región sino en los valles de Sonora, como Jesús Torres que vivía con Mariana Sarmiento en La Higuerita y donde tenía sus tierras, pero era del linaje de Los Torres de Baca de quienes era primo.
La historia de la familia Torres en Baca se remonta a la segunda mitad del siglo XIX cuando Lorenzo Torres procedente de Mochicahui, El Fuerte llega a vivir a Baca; igualmente se menciona a su hermano el coronel Anastasio Torres padre de Hermolao Torres. Este último en su calidad de hombre fuerte y Síndico de Baca se vio implicado en las muertes de dos ciudadanos estadunidenses en la hacienda de Agua Caliente de Lamphar, generando a la postre un conflicto diplomático con el vecino país, causa por la cual muere desterrado de Baca. El General Lorenzo Torres combatió en la Reforma y fue un hombre clave en el mantenimiento del orden porfirista en Sonora, sobre todo en el valle del Yaqui y del Mayo.
Llegó a ser gobernador de Sonora, pero él era un hombre de armas y de negocios con fuertes intereses en el Valle del Yaqui. El otro hombre fuerte de Baca también fue Heraclio Félix, quien despunta con el inicio del siglo XX. Fue muy amigo del general revolucionario Roberto Cruz, quien recaló a su hacienda de La Guasa (Valle, sembradío, sementera en lengua mayo) allá por 1935 procedente de la ciudad de México y en sus visitas a Choix u otras partes pasaba a visitar a Heraclio Félix. Siendo el general Roberto Cruz uno de los primeros que tuvo carro en la región y fue él quien financió el primer pango para pasar su carro sobre el río Fuerte entre Baca y El Embarcadero, allá por los años cuarenta del siglo pasado. Todavía está la brecha-callejón hacia El Conicari rumbo a La Guasa por donde transitaban los vehículos en aquellos años.
Una de las hijas de Heraclio Félix, doña Jesús se casó con Abraham Iza Ayub, hermano de Felipe y Celim, quienes eran de origen libanés, aunque por el rumbo les decían árabes; el líder de los hermanos era Felipe. La familia Iza en la segunda mitad del siglo pasado adquirió poder económico y político. Hoy esas casonas siguen viendo pasar el tiempo. Sus palmeras siguen con vida, verdes, no así quienes las plantaron.
En ambas familias miembros de ellas tuvieron muertes trágicas o violentas, como Enrique Félix Espinoza, Héctor “El Gato” Félix y Diego Torres Sarmiento. No escaparon al tiempo que les tocó vivir, un México también convulso y violento, pero no tanto como ahora, donde los barones y señores son otros.
Desarrollo Urbano en Tijuana y la Influencia del Agua Caliente
La ciudad de Tijuana ha experimentado un crecimiento significativo a lo largo del siglo XX, y la zona de Agua Caliente ha jugado un papel importante en este desarrollo. A principios de los años cincuenta, gran parte de la zona norte y sur de Tijuana estaban escasamente habitadas. Las colonias y fraccionamientos comenzaron a formarse en la década de los cincuenta, incluyendo colonias como Castillo, Alemán, Soler, y Playas de Tijuana.
La mayoría de las colonias existentes carecían de los servicios públicos indispensables, particularmente el de agua. Las causas de este problema eran de diversa índole, destacando las limitaciones presupuestales de los organismos gubernamentales, la difícil ubicación topográfica de las colonias con el consecuente aumento del costo de la introducción del servicio; el régimen irregular de precipitaciones pluviales, con alternación de ciclos húmedos con otros prolongados de sequía y la falta de planeación que daba como consecuencia una exagerada extracción de agua de la Presa Abelardo L. Rodríguez, para fines domésticos y agrícolas con grandes desperdicios.
Por tal motivo, en 1961, el gobernador, ingeniero Eligio Esquivel Méndez, decretó de utilidad pública la planeación urbana y la construcción de obras de abastecimiento de agua potable y alcantarillado de Tijuana. El decreto establecía principalmente que para dotar a la ciudad de los servicios de agua potable y alcantarillado, se limitarían las superficies urbanas o urbanizables por un perímetro que comprendería un área a la que se llamó “Distrito Urbano de Tijuana“.
Simultáneamente a los intentos de planificación y previsión del desarrollo urbano, la ciudad continuaba su crecimiento natural, principalmente hacia el oriente, en la zona conocida como La Mesa, en donde se continuaba fraccionando terrenos. En 1967, se construyó la calzada Presidente Díaz Ordaz, conocida actualmente como bulevar Díaz Ordaz, lo cual fue de especial significación en el desarrollo urbano de la zona de La Mesa.
En la década de los setentas se inicio en pleno corazón de Tijuana la obra urbanística de mayor importancia a nivel nacional, tanto por el monto de la inversión, como por la rapidez con que se efectuó. Simultáneamente se procedió al desalojo y limpieza de “Cartolandia“ construyéndose el “Centro Urbano 70-76”, para dar cabida a las 633 familias desalojadas. Tomando en cuenta el atractivo turístico de la costa del municipio, se sentaron las bases para su desenvolvimiento, promulgándose al efecto en abril de 1973, el Reglamento de Ordenación para los desarrollos turísticos en el Estado de Baja California.
Es así como a fines de 1980 el ejecutivo del estado aprobó el Plan Municipal de Desarrollo Urbano de Tijuana, que tiene como principales propósitos racionalizar la distribución territorial de la población y de las actividades económicas que se desarrollan en el municipio; mejorar y preservar el medio ambiente, integrar más adecuadamente las rutas de transporte y comunicación interurbanas; evitar asentamientos urbanos en predios agropecuarios y generar alternativas para que los sectores de escasos recursos económicos tengan acceso a la adquisición de lotes urbanos.
