La historia de la región de Yahualica de González Gallo, Jalisco, está profundamente entrelazada con las haciendas que florecieron en la zona. Al transcurrir las décadas del siglo XX se catalogaron y clasificaron infinidad de documentos que fueron puestos a la consulta pública tanto en Archivos Gubernamentales como Eclesiásticos, los que han brindado nuevas pistas de nuestro pasado.
Sin embargo, con motivo de conmemorar en el año 2010, el Bicentenario del Inicio de la Independencia, el Gobierno de la República abrió fondos que eran reservados y de difícil acceso, y que ahora se pueden consultar hasta por internet. Estos documentos ofrecen valiosa información sobre la evolución histórica de las instituciones y el control ejercido por los grupos oligárquicos en la región.
Investigadores y Fuentes Históricas
Antes de dar inicio a la Cronología Insurgente de Encarnación, creo de justicia el recordar algunos de los Investigadores Nacionales o Regionales, que les tocó el desempolvar papeles ó recopilar datos, brindando su tiempo y un espacio en sus publicaciones a los acontecimientos Insurgentes o Realistas ocurridos en la Villa de la Encarnación y su jurisdicción: Al Doctor Don Agustín Rivera y San Román, y su libro titulado Viaje a las ruinas del fuerte del Sombrero, 1875; Don Luis Pérez Verdía y sus Apuntes históricos sobre la guerra de independencia en Jalisco, 1876 y sus tres volúmenes de la Historia particular del estado de Jalisco, 1910; J. E.
De aquí la importancia de nuevos estudios encaminados a conocer la evolución histórica de las Instituciones y el control ejercido por parte de las grupos oligárquicos quienes han permitido o impedido, según sus conveniencias los cambios en cada periodo histórico, adaptándose finalmente a las circunstancias, como lo han hecho magistralmente en sus investigaciones la Doctora Beatriz Rojas publicadas en su libro titulado Las Instituciones de Gobierno y la Élite Local, Aguascalientes del Siglo XVII hasta la Independencia, 1998; La Doctora Celina Becerra Jiménez, en Gobierno, justicia e instituciones en la Nueva Galicia, La Alcaldía Mayor de Santa María de los Lagos, 1563-1750, 2008; y el Doctor Jesús Gómez Serrano con su estudio Los Españoles en Aguascalientes durante la época colonial.
Contexto Social y Político en la Región
Respecto a la Villa y luego Ciudad de Encarnación de Díaz, se le ha generalizado de tener un espíritu tradicionalmente conservador, incluso se llegó a decir de ella, que tenia “Vientre de Sacristía”, (1) por el crecido numero de vocaciones sacerdotales y religiosas que de ella salían. Sin duda alguna, los principales promotores vocacionales eran los propios familiares: “El Tío Padre” o “La Tía Monja”.
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Pero quienes desempañaron un papel primordial por su cercanía fueron los jerarcas de la Iglesia en la Encarnación, los Ministros y Curas del Bajo Clero, causando un mayor impacto los pertenecientes al Alto Clero, como el Obispo de Sonora, los Obispos de Zacatecas y el Arzobispo de Guadalajara, originarios de esta villa o su jurisdicción, quienes hacían su entrada triunfal a esta población, viéndose un amento considerable en la vocaciones sacerdotales tras la apertura de los seminarios al común del pueblo.
En contraparte, la vocación de esta Villa como “Lugar de Paso a la vera del Camino Real de Tierra Adentro”, (2) contribuyó a que fuera común entre las familias de un fuerte arraigo local, el escuchar la siguiente queja: “¡Encarnación es Madre de los de fuera y Madrastra de los de aquí!”.
Pues siempre que llegaba alguien de fuera a radicar a esta población, ya fuera un comerciante, un profesionista, o simplemente una cara bonita para ver en el pueblo, todos los parroquianos se volcaban en atenciones hacia él o su familia, buscando un aliado en lo económico, lo político y hasta en lo familiar, integrándolo por medio de alianzas matrimoniales a la elite local, garantizando así la permanencia del grupo en el poder, sin que esto provocara el descenso y ascenso de las familias, como ocurrió en la Alcaldía Mayor de Aguascalientes, donde observó la Doctora Beatriz Rojas que la rotación de las familias de la oligarquía, tiene un promedio de cada 30 años (Rojas Beatriz, 1998: 293 y 294).
Para el Maestro Vicente Ribes Iborra, al finalizar el Virreinato, el poder político y económico regional, se encontraba en manos de familias Criollas casi en su totalidad, íntimamente ligadas al poder religioso y militar, y muy allegadas a los grupos de peninsulares existentes en la comarca, con quienes entroncaban familiar y económicamente.
Sin embargo, existía una confrontación latente de grupos populares contra los peninsulares que dominaban los Ayuntamientos y la Burocracia Virreinal. En la Villa de la Encarnación, desde su fundación ya existían dos bandos que se disputaban el Cabildo: por un lado el grupo encabezado por los descendientes de Agustín Manuel Calvillo (3) en unión con otras familias llegadas a raíz de la fundación como los descendientes de Don Salvador de Carvajal, Alcalde Ordinario en 1760; (4) Don Isidro Cayetano Romo de Vivar y Lomelin, Depositario General en 1760; (5) Don Miguel Santos Romo, Fiel Ejecutor en 1760; (6) Don José Martin del Campo, Alcalde Ordinario en 1775; (7) Don Francisco Martin del Campo, Alcalde Ordinario en 1777; (8) Don Ignacio Buena Ventura Ramírez, Alcalde Ordinario en 1782; (9) Don Casimiro de Villalobos, Alcalde Ordinario en 1783; (10) Don Lorenzo Mayoral, Alcalde Ordinario en 1787; (11) Don José Ignacio Calistro Lomelín y Martín del Campo, Alcalde Ordinario en 1790; (12) quienes compartieron el control del Ayuntamiento con Don Agustín Manuel Calvillo quien ostentaba el cargo vitalicio de Alférez Real.
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No es de extrañar que en esta lucha de poder por el control político de la Villa, haya participado e influido en la población para la elección de los Alcaldes, el Primer Párroco de la Encarnación, el Señor Cura Don Manuel María Gutiérrez Coronado, (13) quien sostuvo siempre una postura contraria a los intereses personales del Alférez Real Don Agustín Manuel Calvillo y su familia, debiendo ser este el principal motivo por el cual no se presentó como Cura a oficiar el 1º de Septiembre de 1790 la Ceremonia de Defunción del Alférez de esta Villa, enviando en su lugar al Bachiller Juan Joseph Gutiérrez, quien desempeñaba el cargo de su “Theniente de Cura”.
La predilección que debió sentir el Señor Cura Gutiérrez Coronado por las familias de sus Ministros y Colaboradores, como sus aliados en la lucha política queda de manifiesto en la lista de Mayordomos que estuvieron a cargo de la administración de la Cofradía de las Benditas Animas del Purgatorio, donde estuvieron miembros de las familias locales como Los Macias, 1780-1784; los y los Ramírez, 1784-1806. Entre los Ministros y Capellanes que auxiliaron en la Administración Parroquial a este primer Señor Cura, se encuentran El Bachiller Don Miguel Martin del Campo; El Bachiller Don Antonio Romo; el Bachiller Juan Joseph Gutiérrez; el Bachiller José Ignacio Carreón; el Bachiller Miguel Leandro Guerra (15) y el Bachiller Joaquín Muñoz de Nava. (16)
Casi todos originarios de la jurisdicción, siendo el Bachiller Muñoz de Nava quien estaba emparentado con las familias de la Cañada de San Diego, lugar conocido también como la Cañada de los Muñoz de Hermosillo, de donde proceden la mayor parte de los Alcaldes de este periodo, pues en dicha Cañada también los Ramírez descendientes del Alguacil Mayor Don Félix Ramírez, contaban con tierras en el punto “La Labor” (Hernández Chávez Rodolfo H., Bosquejo Parroquial, fichas de los Señores Curas y Capellanes de la Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación. Visitas Pastorales, Obras Espirituales y Materiales. En conmemoración del primer centenario de la Diócesis de Aguascalientes. Impresión Digital, 1999).
Desde su fundación en la Villa de la Encarnación, la lucha por el control político se volvió también una lucha entre el Poder Civil y el Poder Eclesiástico, entre lo Material y lo Espiritual. De acuerdo con lo investigado por la Maestra en Historia Doña Paulina Torres Franco, aquí no abundaron las familias acaudaladas, pues a principios del siglo XIX se consideraba acaudalado a quien poseía arriba de cinco mil pesos, agrupándose en tres categorías; los de primera clase con más de 10,000 pesos, los de segunda clase eran los que tenían más de 5,000 pesos y los de tercera que tenían 5,000 pesos.
Según los datos publicados por el Doctor José Antonio Gutiérrez, en 1803, en la Villa de la Encarnación, no había ninguna persona de primera clase, pero había 4 de la segunda y 16 de la tercera. “Encarnación nunca alcanzó la importancia económica o religiosa de otras Villas de los Altos, fue una población de segundo orden en el Estado de Jalisco, pero compuesta de un vecindario honrado y laborioso.
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Su principal actividad económica estaba basada en la agricultura y cría de cerdos, que se vendían en Zacatecas, además, producían tejidos de lana y de algodón. Fue así, que además de quienes tenían por lo general el control político, surgió otro grupo integrado principalmente por las antiguas familias del Sauz de los Macias, contrarias a los intereses de los recién llegados y que debieron de estar en espera de la muerte de los “Primeros Regidores”, cuyos cargos eran vitalicios por haber participado en la fundación de esta Villa.
No ha de ser coincidencia que en 1792, dos años después de la muerte de Agustín Calvillo, ya aparece como Alcalde Ordinario Don José Ignacio Alva; (17) Don Manuel Padilla, Alcalde en 1793; (18) Don Antonio de Ortega, Alcalde Pr. Tras la muerte del Bachiller Muñoz de Nava y Rubio de Monroy en 1801, aparece como Theniente de Cura el Bachiller Don Atanasio López, quien continuo su ministerio en esta población auxiliando al Bachiller Don José Gutiérrez, cuando este tuvo que asumir el cargo de Cura Interino a raíz de la hidropesía que llevo a la muerte el 26 de Junio de 1806 al Doctor Don Manuel María Gutiérrez Coronado, primer Cura de esta Villa.
El Bachiller Juan José Gutiérrez de Laris fungía como Sacristán Mayor, Notario y Colector de Limosnas de la Cofradía de Ánimas, de la que fue su Mayordomo durante el largo periodo de 1806 a 1813. El 3 de Enero de 1807 recibió la Parroquia de la Encarnación el Señor Cura Don Victoriano Ortega, quien había sido Cura de San Juan de los Lagos y ahora se le entregaba la administración de la Parroquia de la Encarnación, de la que fue el “Segundo Párroco”, terminando su mandato el 1º de Julio de 1816.
El periodo del Señor Cura Ortega, fue una etapa de convulsiones a raíz de los levantamientos armados por la Insurgencia, los que se ven reflejados en la participación de nuevas familias que antes estaban al margen de las decisiones locales, como se puede notar entre los Mayordomos de la Cofradía de Animas, donde ya aparecen registrados Don José Antonio de la Mora, 1813-1814, y Don Antonio Cervantes, 1814-1816. (23) También hubo nuevos Ministros como el Pbro. José Antonio Vallejo y el Pbro.
En Noviembre de 1815, el Obispo de Guadalajara Don Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo, había nombrado por Cura propio de la Encarnación, al Bachiller Don José Manuel Jáuregui, (24) quien estaba al frente de la Parroquia de Santa María de los Lagos, pero este se hizo cargo efectivo a partir del 30 de Noviembre de 1816. Por esto se le tuvo que encargar temporalmente la administración de la parroquia al Bachiller Don Guadalupe Aldrete a quien además se le confió la Cofradía de Animas, 1816-1819; continuado posteriormente como Mayordomo por segunda ocasión Don Antonio Cervantes, 1819-1839.
Dos Años después de consumada la independencia, según el padrón parroquial levantado en 1823, para conocer el estado en que había quedado la población, al Señor Cura Jáuregui, lo acompañan como Ministros el Pbro. Don Guadalupe Aldrete; el Dr. Don Juan José Gutiérrez; el Pbro. Don Claudio Navarro; el Pbro. Don José Antonio Vallejo y el Pbro. Don Cecilio Robles.
Los problemas por controlar el Cabildo de la Encarnación, dieron inicio en 1760, pues una vez conseguida la Licencia de Villa y electo su cabildo, la Nueva Villa del Sauz siguió estando adscrita a la Jurisdicción de la Alcaldía Mayor de los Lagos, y el Ayuntamiento a su vez debía depender del Alcalde Mayor, quien por lo general era de origen Peninsular.
Este fue el motivo por el cual Don Carlos de San Gil, natural de la Diócesis de Borja en el Reino de Aragón, quien por proceder del Viejo Mundo llegó con el cargo de Alcalde Mayor de Lagos y sin tener experiencia previa, pues la mayoría de los magistrados de Lagos utilizaron ese cargo como un trampolín para obtener una promoción a cargos más ventajosos.
San Gil en su calidad de Alcalde Mayor pasó a la Villa de la Encarnación, para saber los fueros que se les debía guardar, y a efecto los mandó juntar a Cabildo. Por este incidente el Alcalde Mayor tomó la providencia de mandar a sus Tenientes le aprontaran gente, para que acompañado de ella, bajar a la villa a notificarles le manifestaran sus títulos.
Pasadas todas estas tormentas, y debiendo aceptar la autoridad del Alcalde Mayor de Santa María de los Lagos, por medio de su Teniente de Alcalde quien debió residir en la Nueva Villa. La lucha por controlar el poder religioso también dio inicio desde los tiempos de la fundación en que Agustin Calvillo apoyó los intereses del Bachiller Don Ysidro Raphael de Espino, capitulándolo para que él fuera el párroco de la Nueva Villa, a pesar de que los pobladores originarios del Sauz de los Macias preferían a su pariente el Padre José Emazabel, trabándose una gran disensión entre Calvillo y demás vecinos, hasta que tomó la providencia el Señor Obispo de notificar destierro a los dos padres.
Como otro de los motivos por los cuales Don Agustín Manuel Calvillo se empeñó en fundar la Villa con el título de La Encarnación, fue con el fin de adquirir derecho a quitarles también la Santísima Imagen a los vecinos de San Miguel de los Alba. Durante el Gobierno Virreinal, por Ley la elección de los Alcaldes Ordinarios la efectuaba el Cabildo Restringido o Regidores.
Así, quienes ingresaban al cabildo a través de los puestos de elección, después buscaban permanecer en él, por medio de los cargos como el de Regidor que eran vendibles. No es simple coincidencia, que entre los Tenientes, enviados a la Villa de la Encarnación en representación de la Autoridad del Alcalde Mayor o del Subdelegado, en ocasiones se escogieran miembros pertenecientes al grupo contrario a los Calvillo, y con fuertes nexos familiares con los habitantes del Puesto de San Miguel de los Albas.
Así, ante la autonomía buscada por quienes controlaban el Cabildo local, surgió un grupo de Criollos que se asoció a los intereses de los ricos peninsulares pertenecientes a la Burocracia Virreinal. Así, llegaron a la Villa de la Encarnación en representación de la Autoridad Real, los siguientes Tenientes de Alcalde, de quien se tiene noticia:
Hoy en día, a pesar de las luchas armadas por las que ha tenido que pasar el país, sigue en la mesa de debates el tema de la libertad, la igualdad, la democracia, y se ha agregado a estos el tema del respeto a las minorías y la diversidad como un valor, pero dentro de un nuevo marco de intolerancia tanto laica como religiosa ante las nuevas formas en que se están desintegrando y reintegrando las familias Mexicanas.
