La Hacienda del Mar Los Cabos Resort, ubicada en la carretera transpeninsular, es mucho más que un simple lugar de hospedaje. Situado a medio camino entre Cabo San Lucas y San José, este hotel se ha consolidado como un emblema de la hospitalidad mexicana, un santuario del arte, la cultura, las reliquias marinas y un pionero en la sostenibilidad.
Arte en Cada Rincón
Los propietarios del hotel son fervientes amantes del arte y han adornado cada espacio con piezas que narran historias de México. "Desde arte sacro hasta reliquias de la época de la conquista española, los huéspedes se sumergen en un viaje cultural único, rodeados de monedas antiguas y obras que reflejan la rica historia de nuestro país", comentó Angélica Basurto, directora de Marketing de Grupo Olarena.
Tradición y Celebración
La Hacienda del Mar es famosa por organizar eventos culturales, como el vibrante festival del Día de Muertos. Este evento atrae a visitantes de todo el mundo, ansiosos por experimentar esta tradición mexicana llena de color y espiritualidad. Más del 80% de los huéspedes son extranjeros, lo que subraya el atractivo de estas festividades.
Competencias Deportivas
Hacienda del Mar fue uno de los hoteles sede del Abierto de Tenis de Los Cabos durante 7 años. Además, el hotel alberga eventos deportivos internacionales. Este año, del 28 de noviembre al 2 de diciembre, el hotel celebró el primer torneo internacional de pickleball, un deporte en auge. "Este evento no solo promueve el deporte, sino que también sirve como una plataforma para mostrar la hospitalidad y belleza del hotel, fusionando el lujo con la competencia deportiva", señaló Basurto.
Sustentabilidad
La Hacienda del Mar también destaca por su compromiso con la sostenibilidad. Desde productos de cuidado personal orgánicos hasta sistemas de iluminación de bajo consumo, cada aspecto refleja un esfuerzo por proteger el medio ambiente y a sus colaboradores.
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Creación Visionaria
"La historia de la Hacienda del Mar Los Cabos Resort es única: comenzó con el restaurante Pitahayas hace 25 años, creciendo hasta convertirse en un resort completo. Esta visión permitió compartir la cultura mexicana en un área predominantemente influenciada por Estados Unidos. Con el tiempo, la demanda por experiencias auténticas y locales ha crecido, lo que el hotel ha sabido capitalizar magistralmente", explicó Angélica Basurto.
El hotel es una expresión viva de México, con una arquitectura única y un ambiente que no podría replicarse fuera del país. Ofrece a los visitantes un auténtico "saborcito de México".
Un Acercamiento al Proceso de Urbanización en San José del Cabo
El propósito del presente trabajo es describir el proceso de urbanización durante la época porfiriana, en San José del Cabo, un poblado de origen misional que se ubica en el extremo sur de la península de Baja California. Hemos retomado la idea de Max Weber de que lo urbano es un espacio que se caracteriza fundamentalmente por la existencia de intercambios comerciales regulares, la función política-administrativa y una organización social relativamente diferenciada. En tanto Michel Foucault nos dio luz sobre aquellos aspectos que fueron eje en la ordenación del espacio urbano, tales como el emplazamiento; la coexistencia entre los hombres y de éstos con las cosas, los animales y los muertos; las residencias, y los desplazamientos.
Fue en 1730 cuando los padres jesuitas José de Echeverría y Nicolás Tamaral fundaron la misión de San José del Cabo, en un lugar distante a pocas leguas del mar, cercano a la corriente de un arroyo y con un clima seco. Si bien la misión se mantuvo hasta 1830, cuando adquirió el rango de pueblo, junto a ella fue cobrando fuerza un grupo de colonos civiles como consecuencia del reparto de tierras que el visitador José de Gálvez dispuso en 1768; distribución que continuó tras la independencia mediante la expedición de nuevas leyes, con lo que se fue configurando un nuevo régimen económico basado en los ranchos ganaderos y agrícolas.
Hasta 1857, en la municipalidad de San José del Cabo, estatus que adquirió en 1824, se habían repartido 109 sitios de ganado mayor y 89 suertes de tierra, 21 y 23 por ciento respectivamente del total de las dotaciones otorgadas en el Territorio de la Baja California, con lo que se colocó a la cabeza de todas las municipalidades existentes en ese entonces (La Paz, Todos Santos, San Antonio, Comondú, Mulegé y Santo Tomás).
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Vale apuntar que en el pueblo de San José del Cabo, asiento de la cabecera municipal, entre 1841 y 1856 se otorgaron 402 mil 666 varas de terreno para el desarrollo de la agricultura, es decir, 20 suertes de tierra. Ese proceso de apropiación de tierras trajo consigo el desarrollo de las actividades agropecuarias, cuyo resultado para 1857 fue el siguiente: en la producción agrícola, que en todo el territorio se basaba en los cultivos de maíz, frijol, garbanzo, lenteja, higo, dátil, olivo y caña, la jurisdicción de San José del Cabo obtuvo la primacía en los dos primeros y en el último; se posicionó en segundo lugar en la riqueza de ganado vacuno y primero en la de caballar.
Los excedentes agropecuarios y las características del emplazamiento de su cabecera municipal, dieron pie a que en ésta, desde muy temprano, se registrara un intercambio mercantil de altura y de cabotaje sin tener una habilitación oficial como puerto, reconocimiento que obtuvo en 1837 con carácter de cabotaje, mismo que le fue retirado en 1850, para adquirirlo de nueva cuenta en 1853.
Al respecto, Dení Trejo refiere:Sabemos que hasta 1837 llegaban embarcaciones extranjeras, tanto a San José como a La Paz; sin embargo, es evidente que aquél gozó de mayores ventajas dado que las costas de la zona de Los Cabos eran tradicionales lugares de paso de las naves de otras naciones que iban a los puertos del macizo continental o de los barcos que hacían la pesca de la ballena; además, con el cierre de La Paz al comercio de altura, entre los años de 1837 y 1854, la antigua ventaja de San José y San Lucas con respecto al comercio con los extranjeros volvió a salir a flote a causa del cuantioso contrabando que se suponía se hacía por dichos embarcaderos.
Si bien la misma autora apunta que esa situación comenzó a revertirse a partir de 1854, en que el puerto de La Paz volvió a tener su carácter de altura, además de su importancia política por encontrarse ahí la sede del poder territorial, la municipalidad de San José del Cabo no dejó de poblarse. En 1857, la demarcación josefina seguía siendo la más poblada, con tres mil 334 personas -un incremento de más de 120 por ciento-, las cuales mil 91 se encontraban en el pueblo de San José del Cabo; mientras en la de La Paz estaban registrados mil 379 habitantes -un aumento de apenas 12 por ciento, de éstos, mil 57 se localizaban en el puerto.
Por consiguiente, en los 20 años que corren entre 1836 y 1857 el crecimiento demográfico en el poblado josefino se multiplicó por tres, no obstante que La Paz tenía las ventajas de ser puerto de altura y capital del territorio. La inestabilidad política que se suscitó en la Baja California tras el inicio de la guerra civil en el país y después por la intervención francesa, donde algunos habitantes del poblado de San José del Cabo tuvieron una destacada participación, que fue desde la protesta pública hasta la sublevación, no obstó para que en este lugar siguiera registrándose un crecimiento económico y demográfico, que requirió la ordenación del espacio con fines económicos y políticos.
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El Ordenamiento Legal
El crecimiento económico y demográfico en la municipalidad Josefina y las necesidades que demandaba el vivir en aglomeración en una sola localidad, implicó un ordenamiento legal que normara el comportamiento social. En este sentido, Foucault sostiene:
La disciplina procede ante todo a la distribución de los individuos en el espacio. Se trata de establecer las presencias y las ausencias, de saber dónde y cómo encontrar a los individuos, de instaurar comunicaciones útiles, de interrumpir las que no lo son, de poder en cada instante vigilar la conducta de cada uno, apreciarla, sancionarla.
Una sociedad cada vez más compleja como la que empezaba a configurarse en San José del Cabo, exigía de regulaciones acordes a los nuevos vínculos entre los intereses privados y el interés público, es decir, la convivencia social debía ajustarse dentro de un marco de disciplina tendiente a moldear actitudes y conductas que favorecieran el desarrollo de las múltiples relaciones a que daba lugar la coexistencia entre los hombres. De ahí la pertinencia de lo dicho por Foucault, en el sentido de que la disciplina era orden, aunque el poder público no se sustrajo de éste, como se deja ver en seguida.
A fines de 1873, el Ayuntamiento se dotó de un Reglamento Interior, donde quedaron reguladas las obligaciones de la corporación, pero también las de los pobladores en general. Uno de los aspectos que sobresale de dicho documento es la creación de comisiones para la organización del trabajo de los ediles, entre éstas destacaban: Hacienda, Mercados y Abasto, Salubridad Pública y Aguas, Ornato y Comodidad, y Diversiones Públicas.
Además de las funciones de vigilancia y supervisión, las comisiones fueron creadas para imponer multas y arrestos a todos aquellos que transgredieran la reglamentación. Se normaba así una nueva relación entre el poder público y los intereses privados, donde la búsqueda de la seguridad y la disciplina era consecuencia de las nuevas actitudes y valores que traía el vivir en un medio urbano.
Con la aglomeración se acrecentó también la demanda de solares, por lo que la autoridad municipal, a fines de 1873, dispuso que éstos se clasificarían en dos categorías: de primera clase, cuyo metro cuadrado se tasó en dos centavos; y de segunda, que tendrían un costo de uno y medio centavos.
Normar el actuar de la función pública y de los pobladores en general cobró mayor vigor a partir del régimen porfiriano como efecto de la expansión de la economía en el territorio, que se sustentó principalmente en la extracción y el beneficio de plata y cobre. La explotación en gran escala de dicha actividad por parte de los capitales estadounidense y francés requirió de grandes contingentes de trabajadores y de una diversidad de bienes de capital y de consumo. De ahí que paralelamente al crecimiento demográfico, tomaron fuerza las actividades agrícola, pecuaria, industrial y comercial, amén del desarrollo de las comunicaciones terrestres y marítimas. En este contexto se explica el devenir de San José del Cabo, donde en 1882 se aprobó un Plan de Propios y Arbitrios, que si bien era para toda la municipalidad, lo que ahí se reguló fueron aquellas actividades que se derivaban de la coexistencia de la población, como: establecimientos mercantiles, casas de empeño, billares, fondas, panaderías, fábricas de azúcar y panocha, ordeñas, adjudicación de solares, diversiones públicas y alumbrado público.
Cabe mencionar que, en 1892, el gobierno central aprobó la Ley de Dotación de Fondos Municipales para el Territorio de la Baja California, por lo que el Plan de Propios y Arbitrios de la jurisdicción Josefina se adecuó a ese nuevo marco jurídico, como se deja ver en sus informes de ingresos.
Poner orden en la adjudicación de solares fue otra tarea de la autoridad municipal, lo que hizo en 1887 al expedir un reglamento al respecto. En él se estableció que eran denunciables todos los solares baldíos existentes dentro del fundo legal del poblado de San José del Cabo, se fijó el límite de éstos en dos mil 500 metros cuadrados, así como la forma de pago y el tiempo para acotarlos o construir en ellos.
La prostitución fue otro de los rubros que se ordenó desde principios de los años noventa, cuando el ayuntamiento josefino hizo suyo el reglamento que para tal efecto habían aprobado los ediles de La Paz. Por dicha norma se dispuso que toda mujer que se dedicara a esa labor debía tener una patente expedida por la jefatura política y sujetarse a la vigilancia de la policía de salubridad; asimismo, quedó regulada la prostitución aislada y la pública, prohibiéndose que ambas se realizaran en viviendas ubicadas en las calles más céntricas de la población o cerca de los establecimientos de instrucción de ambos sexos.
Si bien el Reglamento Interior de 1873 indicaba multas y arrestos para quienes infringieran las disposiciones ahí señaladas, el Bando de Policía y Buen Gobierno, que se aprobó en marzo de 1895, fue el instrumento normativo general para orientar la conducta de todos los sectores sociales. Ahí se contemplaban los tipos de faltas y de castigos, amén de señalar la responsabilidad que tenían las autoridades encargadas de hacer cumplir dicho ordenamiento.
El servicio de agua doméstico fue también objeto de regulación por parte del ayuntamiento. En la reglamentación se definió quiénes tenían derecho a dicho servicio, el costo y la medida del líquido, así como las obligaciones de la autoridad y de los consumidores.
Se ha podido advertir que el ordenamiento legal, por un lado, tendió a organizar el espacio, brindar seguridad y responder a las necesidades de urbanización que exigía el vivir en colectividad; por el otro, constriñó a esa colectividad a una disciplina moral y fiscal en beneficio de la expansión económica.
Crecimiento y Diversificación Económica del Poblado
El crecimiento de la población en San José del Cabo siguió su curso, no obstante que casi al finalizar el primer lustro de los años setenta se registró una epidemia de viruela y fue el centro de una sublevación en contra del jefe político del territorio.
Hoy San José del Cabo nos invita a caminar por las pintorescas calles que rodean su recién remodelada plaza. Restaurantes de todos los estilos, precios y gustos, joyerías, boutiques y una gran variedad de tiendas alegran el ir y venir de locales y turistas. Un recorrido de 32 kilómetros por la carretera de cuatro carriles enlaza a San José del Cabo con Cabo San Lucas, atravesando lujosos complejos turísticos, muchos de ellos alfombrados por espectaculares campos de golf, junto a hoteles de alto nivel internacional y zonas residenciales y de condominios.
Ex Hacienda San Onofre
Siendo un rancho ganadero, hacia los años 1880 y 1885 se convirtió en una exitosa hacienda maderera, a partir de 1903 comenzó a dedicarse a la producción comercial cuando la compañía minera Suchi Mining Company ofreció subsidiar la construcción de una vía férrea. Fue una de las más prósperas del siglo XIX ya que contaba con todos los servicios, además de sala de juegos frontón y cancha de tenis. Aunque fue deteriorada por los encargados debido a las historias de tesoros escondidos, aún se conserva en buenas condiciones una parte de la “Casa Grande”.
A partir de esa época se comienza a mencionarse el nombre Cabo o Punta California para nombrar a la zona más austral de la península. Ambos nombres, Cabo California y el Cabo de San Lucas empiezan a figurar en la cartografía mundial. El mapa más antiguo que hasta ahora se conoce donde aparece registrada la «Punta California» data de 1545, es el mapa de América de Antonio Pereira.
Después del descubrimiento de las Islas Filipinas comenzaron a navegar las naves de la ruta comercial del Galeón de Manila frente a las costas de California, lo que ocasionó la presencia de piratas, el atraco más famoso fue el del inglés Thomas Cavendish en 1587, quien asaltó la Nao Santa Anna frente a la bahía de Cabo San Lucas obteniendo un rico botín.
El primer título de propiedad en Cabo San Lucas fue concedido a Don Cipriano Ceseña en 1823. Durante las próximas décadas el comercio marítimo contribuyó al desarrollo regional, los ranchos locales exportaban carne fresca y seca, queso, chorizo y algunos derivados de la talabartería como cuero curtido, vaqueta y gamuza de venado.
El siglo XX traería grandes avances para el desarrollo en la región, en 1905 fue inaugurado el Faro de Cabo Falso en la parte más austral de la península con el objetivo de dar señal de tierra y rumbo a la navegación transpacífica y de establecer presencia federal en la zona que siempre había estado en la mira de los invasores extranjeros, por ser un punto estratégico en la navegación y separado por la distancia con el resto de la república.
Durante más de 50 años la industria atunera benefició a toda la región con empleos y fue la base económica de Cabo San Lucas. En 1939 Cabo San Lucas sufrió un cambio trascendental, la noche del 14 de septiembre una gran tormenta azotó la región, grandes corrientes de agua bajaron de la sierra arrasando al pueblo sepultándolo bajo el lodo.
El turismo se inicia a mediados del siglo XX a través de los hoteles Palmilla en San José del Cabo, Hotel Cabo San Lucas en Puerto Chileno y el Hotel Hacienda en Cabo San Lucas, los cuales manejaban turismo de elite.
Sin duda el corazón de la vida nocturna. La ebullición de sus restaurantes y bares comienza al atardecer, con un recorrido por la gran variedad de tiendas o por el imponente centro comercial de Puerto Paraíso. Pasear por la marina frente a Margaritavilla y Nowhere Bar y dejarse seducir por los aromas de los exquisitos restaurantes de esta zona, es un verdadero placer. Ya entrada la noche las opciones son muchas, para después acabar bailando en los tradicionales Squid Roe, Cabo Wabo y Giggling Marlin, o escuchando jazz o música de salsa en el Sancho Panza o en el Spicy.
Pero Cabo San Lucas también es el centro de la acción en el mar. Cada amanecer la actividad comienza en la bahía y en su marina, con sus más de 350 atraques. Durante el día le recomendamos la tradicional playa de El Médano, donde sanluqueños y turistas disfrutan de las tranquilas olas. Aquí se pueden practicar todo tipo de deportes acuáticos, como la banana y el kayac, así como bucear o abordar una lancha de fondo de cristal para ver de cerca el impresionante Arco y visitar a los lobos marinos, pasando por la famosa Playa del Amor.
Para los amantes de la adrenalina, en Cabo San Lucas, pueden conducir un auto de carreras de “Off Road”, escalar las más empinadas rocas, lanzarse en paracaídas o sentir la emoción de la velocidad sobre las dunas que rodean al Faro Viejo, frente al Pacífico.
Cuadro 1
Se puede observar que entre 1878 y 1900 la población en la municipalidad creció 49 por ciento en promedio. Aunque para el poblado de San José del Cabo no se cuenta con información del año de 1878, es presumible que ...
