Este artículo presenta los resultados de una investigación cualitativa sobre los migrantes del Valle de Solís (Temascalcingo, Estado de México, México), una región alejada de la tradición migratoria internacional. El presente trabajo se ve referido en estas corrientes, donde se privilegian el análisis de historias individuales para entender cómo cada generación de migrantes moviliza experiencias de personas, tanto de las que se van como de las que se quedan y de las que regresan, dándose lugar a cambios sociales importantes en la comunidad, en la familia y en las relaciones de género.
Mediante la observación de tres generaciones de migrantes se analizan cambios sociales importantes en la vida cotidiana de tres comunidades pertenecientes al Valle de Solís para entender la lógica migratoria a partir de motivaciones locales que exigen un cambio social frente a procesos globales de movilidad. Se abordan diversas etapas de la migración masculina y la incorporación de las mujeres al flujo migratorio.
El Valle de Solís y sus Comunidades
De las diecinueve comunidades que comprende la región del Valle de Solís, elegimos tres localidades para nuestro estudio: San Nicolás, Calderas y Cerritos de Cárdena. En estos pueblos es posible identificar la progresión del fenómeno migratorio a Estados Unidos y la trayectoria de estos migrantes. Dentro de ellas se seleccionaron a hogares con hombres muy experimentados en la migración internacional y otros que empezaron a incorporarse en las décadas de 1980, 1990 y principios del siglo XXI.
El Valle de Solís pertenece al municipio de Temascalcingo, el cual está ubicado al noroeste del Estado de México y colinda con los estados de Querétaro y Michoacán. Actualmente, estos tres pueblos conforman el ejido de Cerritos de Cárdenas. Geográficamente se encuentran a 10 kilómetros de la cabecera municipal de Temascalcingo.
Según el Conteo de Población 2005 (INEGI), en los tres pueblos habitan 2 861 personas (1 558 mujeres y 1 303 hombres). Son sociedades que históricamente han estado ligadas a la explotación de la tierra por el cultivo de granos básicos, como el maíz y el trigo.
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Orígenes Prehispánicos e Identidad Mestiza
Los ancestros de hombres y mujeres tienen sus arraigos prehispánicos en la cultura otopame (otomí-mazahua); sin embargo, la población actual reconoce poco a sus antecesores indígenas, sólo en Cerritos de Cárdenas se mantienen ancianos de origen otomí. Más bien los habitantes del Valle de Solís se identifican como mestizos, y sus raíces se las atribuyen al dominio del sistema de organización (social y económica) de la Hacienda de Solís durante el periodo colonial.
La Hacienda de Solís y su Impacto Histórico
Los pocos datos históricos de la región recuperados en la monografía del cronista Garduño (1999) constan que San Nicolás, Calderas y Cerritos de Cárdenas, así como otros 16 pueblos que forman parte del Valle de Solís, fueron formándose a lo largo de eventos importantes, como la Independencia (1810) y la Revolución Mexicana (1910).
El movimiento revolucionario de 1910 tuvo repercusión entre mineros y trabajadores de la hacienda de Solís donde surgieron partidarios de Francisco I. Madero, Emiliano Zapata y Francisco Villa. La rebelión agraria de Temascalcingo destruyó la hacienda de Solís que manejó la economía y la vida social de Temascalcingo desde 1540 hasta 1940.
Migración: Un Motor de Cambio Social
Hasta iniciada la década de 1990, los excedentes de la producción del maíz se destinaban al mercado regional, pero entradas las reformas estructurales y el retiro paulatino del Estado como rector del sistema de producción maíz-tortilla, así como la puesta en marcha del modelo económico neoliberal, el maíz que se produce en la región sólo se destina al autoconsumo y a la alimentación para el ganado bovino, ovino o porcino. Para subsistir, la mayoría de los hogares necesitan de ingresos extra-agrícolas. No obstante el amplio sector de profesionales, el sector mayoritario es el de migrantes a Estados Unidos.
Programa Bracero y Migración Indocumentada
Dentro de las relaciones político-laborales instrumentadas entre ambos países se resalta el programa Bracero que va de 1942 a 1964. El programa nace ante varias circunstancias coyunturales. De un lado, la sociedad mexicana del medio rural seguía adaptándose a los cambios promovidos por la política agraria, del otro lado, Estados Unidos, que había entrado a la Segunda Guerra Mundial, se enfrentaba al problema de falta de obra para trabajar en el sector agrícola.
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Muchos habitantes del Valle de Solís, desde la década de 1930, migraban temporal y cíclicamente a la Ciudad de México. Por lo general emigraba un integrante del sexo masculino de la familia y por corto tiempo. Esta migración fue la antesala para dar experiencia a quienes fueron los primeros en ir a Estados Unidos durante el periodo de Bracero.
Aquí presentamos la trayectoria de tres generaciones de emigrantes: los de San Nicolás, quienes participaron en el programa Bracero y luego fueron de los primeros migrantes indocumentados (primera etapa legal e ilegal), a la cual sucedió la segunda generación de migrantes de la década de 1980 (segunda etapa ilegal), mientras que los de Calderas y Cerritos iniciaron en los años noventa y aumentaron a principios del año 2000. Así mismo, las etapas para migrar determinan diversos aspectos de la vida personal, familiar y de grupo social.
Quienes participaron en el programa Bracero, lo hicieron como parte de una estrategia importante para dar salida tanto a los problemas de subsistencia como a las situaciones de emergencia (salud, legales, etc.) y compromisos sociales (fiestas cívicas y religiosas).
Reflexiones Finales
La heterogeneidad nos conduce a entender que la migración transnacional es sólo una parte de un proceso más amplio y global que marca al mundo contemporáneo, pero que al mismo tiempo representa un anclaje a las experiencias específicas de las personas que transitan entre dos o más territorios. En este sentido, el cambio social se refiere no sólo a los cambios en la estratificación de hombres y mujeres, sino sobretodo al cambio como un proceso que permite avances en la reducción de las desigualdades basadas en las diferencias entre ambos, sin importar las clases, las etnias y las razas en cada uno de los procesos sociales (macro-meso y micro), siendo la igualdad el marco regulatorio de la vida cotidiana en hombres y mujeres, en la familia y en la comunidad.
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