Descubre la Increíble Evolución del Comercio: Historia Global y su Impacto en Méxicopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La historia del comercio es un fascinante viaje de resiliencia y adaptación que se remonta a los albores de la civilización. Los orígenes del comercio se remontan al periodo Neolítico, con la aparición de la agricultura. Al inicio, se practicaba una agricultura de subsistencia donde las cosechas eran justas para la población. Sin embargo, a medida que fueron incorporándose nuevos desarrollos tecnológicos para las labores agrarias, como por ejemplo la fuerza animal con animales de tiro o el uso de diferentes herramientas, las cosechas obtenidas eran cada vez más productivas. Por lo tanto, los excedentes de las cosechas se empezaron a intercambiar por otros productos que no se disponían y donde otras comunidades estaban especializadas. Este comercio primitivo, no solo supuso un intercambio local de bienes y alimentos, sino también un intercambio con otras regiones de innovaciones científicas y tecnológicas, entre otros, el trabajo en hierro, el trabajo de bronce, la rueda, el torno, la navegación, la escritura, nuevas formas de urbanismo, y un largo etcétera. En la península ibérica este periodo se conoce como el Orientalizante, por las continuas influencias recibidas de Oriente. Además del intercambio de innovaciones, el comercio también propició un paulatino cambio de las sociedades. Ahora la riqueza podía almacenarse e intercambiarse. Empezaron a aparecer las primeras sociedades con acumulación de riqueza y diferenciación social. En un inicio las clases sociales eran simplemente la gente del poblado y la familia del dirigente.

El Trueque y la Invención de la Moneda

El trueque era la manera en que las antiguas comunidades empezaron a comerciar. Se trataba de intercambiar mercancías por otras que pudieran aportar más valor para satisfacer las necesidades. El principal inconveniente de este tipo de comercio era que las dos partes involucradas en la transacción comercial tenían que coincidir en la necesidad de las mercancías ofertadas por la otra parte. Para solucionar este problema surgieron una serie de intermediarios que almacenaban las mercancías para facilitar las transacciones comerciales.

La moneda, o dinero, en una definición más general, es un medio acordado en una comunidad para el intercambio de mercancías y bienes. El dinero no solo tiene que servir para el intercambio, sino que también es una unidad de cuenta y una herramienta para almacenar valor y hacer posible el fraccionamiento. Históricamente ha habido muchos tipos diferentes de moneda, desde cerdos, dientes de ballena, cacao, o determinados tipos de conchas marinas. El uso del dinero en las transacciones comerciales supuso un gran avance en la economía. Ahora ya no hace falta que las partes implicadas en la transacción necesitaran las mercancías de la parte opuesta. Civilizaciones más adelantadas, como los romanos, extendieron este concepto y empezaron a acuñar monedas. Las monedas eran objetos especialmente diseñados para este asunto. Aunque estas primitivas monedas, al contrario de las monedas modernas, tenían el valor de la moneda implícito en ella. El único inconveniente que tenía el dinero era que al ser un acuerdo dentro de una comunidad, no tenía valor fuera de contexto. Por ello un poco más adelante surgió el concepto de divisa. La divisa, ahora sí, es un elemento de intercambio aceptado en una zona mucho más amplía que la propia comunidad.

Rutas Comerciales Antiguas y el Origen de las Aduanas

A lo largo de la Edad Media, empezaron a surgir unas rutas comerciales transcontinentales que intentaban suplir la alta demanda europea de bienes y mercancías, sobre todo de lujo. Entre las rutas más famosas destaca la Ruta de la Seda, pero también había otros importantes como las rutas de importación de pimienta, de sal o de tintes. El comercio a través de estas rutas era un comercio directo. La mayor parte de las mercancías cambiaban de propietario cada pocas decenas de kilómetros, hasta llegar a las ricas cortes europeas. A pesar de eso, estas primeras rutas comerciales ya empezaban a plantearse regulaciones en las importaciones. Las Cruzadas fueron una importante ruta comercial creada de manera indirecta. La ruta que se creó a raíz del movimiento de tropas, suministros, armas, artesanos especializados, botines de guerra, etc. reactivó la economía de muchas regiones europeas. Entre los servicios ofertados estaba el transporte de dinero.

El control del comercio en la frontera se remonta a muchos siglos atrás, más incluso de lo que pensamos. La historia de las aduanas se remonta hasta el año 616 a.C. Si bien se cree que son mucho más antiguas, este es el primer punto en el que se tiene constancia de la presencia de estas oficinas en las fronteras de un territorio. Se atribuye la creación de la primera aduana al rey Anco Marcio, fundador del puerto de Ostia Antica en la desembocadura del Tiber. Sin embargo, en Grecia las aduanas estaban presentes desde mucho tiempo atrás. De hecho, Aristóteles ya nos daba una pista al comentar en su trabajo que los ingresos ordinarios de los Estados griegos estaban muy limitados a los patrimoniales sobre el consumo, por un lado, y los aduaneros, por el otro. La idea de establecer un control sobre las mercancías que entran y salen de un territorio no fue tan novedosa, puesto que también la incorporaron los fenicios, grandes navegantes. Estos fueron quienes iniciaron el registro de las operaciones en el comercio de importación y exportación.

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Evolución de las Aduanas

Establecer un punto de control y cobro en los límites territoriales fue una idea que muchos aprovecharon, desde los griegos hasta los fenicios, los cartagineses e incluso los árabes. Estos introdujeron el concepto en nuestro país en el siglo VIII, bajo el nombre de 'pontazgo', el cual continuó vigente durante el feudalismo y la Edad Media. El pontazgo se convirtió en uno de los principales instrumentos de los nobles medievales para obtener financiación en las tierras de su propiedad. Los vasallos debían pagar un tributo para cruzar los puentes de las grandes vías que comunicaban las poblaciones, con el objetivo de asistir a los mercados. La evolución de las aduanas continuó hasta finales del siglo XVIII con la creación de los Fielatos; el nombre común con el que se conocía a las casetas de cobro. Otro nombre con el que se les conocía era el de 'estación sanitaria', ya que cumplían con un papel importante en la salud pública: realizar controles sanitarios sobre los alimentos que entraban en las ciudades. Estos fielatos, aunque pueda parecernos un nombre muy antiguo, estuvieron vigentes hasta 1964. Fue a partir de este año en el que se comienza a llevar una gestión de los impuestos más controlada por las haciendas públicas, tanto locales como los propios ayuntamientos, hasta convertirse en lo que conocemos como aduanas actualmente.

Transformaciones en la Era Moderna: Banca, Descubrimientos y Mercantilismo

Hacia finales de la Edad Media y principios del Renacimiento una banca o banco era un establecimiento monetario con una serie de servicios que facilitaban mucho el comercio. Los pioneros en esta área fueron cambistas que actuaban en ferias anuales y básicamente se dedicaban a realizar cambios de moneda cobrando una comisión.

Alrededor del año 1400, la disrupción del Imperio mongol, el crecimiento del Imperio otomano y el fin del Imperio bizantino provoca que todas las rutas de comercio europeas con el Este queden bloqueadas. Así pues, Europa se volcó en la búsqueda de nuevas rutas hacia la India con el fin de restablecer la importación de especias. El descubrimiento de América por los europeos supuso otro paso en el comercio. El nuevo flujo de oro y plata que obtenían los españoles de manera «casi-gratuita» en las Américas, saneó y consolidó las redes comerciales y de capital europeas. El dominio español y portugués de las nuevas rutas establecidas, forzó a otras potencias europeas, como Inglaterra y Países Bajos, a buscar rutas alternativas. Estos países se dedicaron a explorar sistemáticamente los océanos Índico y Pacífico.

El mercantilismo es la teoría económica que considera que la riqueza de un país se basa únicamente con los suministros de oro y plata. De aquí se deriva que se tienen que potenciar las exportaciones mientras que se tienen que gravar fuertemente con aranceles las importaciones. Esta teoría caló intensamente en los estados europeos en los siglos XVII y XVIII, y es uno de los principales motivos que propiciaron el colonialismo. Los países tenían que ser lo más independientes posibles con el fin de no importar mucho recursos de otros países. Gracias a las teorías económicas de Adam Smith y la teoría económica liberal, se fue dejando de lado el mercantilismo.

La Revolución Industrial y el Capitalismo

Antes de la revolución del transporte del siglo XIX, las mercancías de consumo tenían que ser manufacturadas cerca del lugar de destino. Era económicamente inviable transportar mercancías desde un lugar distante. Junto con la Revolución Industrial, se llevaron a cabo una serie de innovaciones en el transporte que revitalizaron el comercio. Una de las primeras aportaciones de la revolución del transporte fue el ferrocarril. Gran Bretaña fue la pionera en este ámbito, y a consecuencia de esto, en la actualidad tiene la red de ferrocarriles más densa del mundo. En otros lugares de Europa y de Estados Unidos, también tuvieron mucha importancia el transporte fluvial. Se empezó a ensanchar y a profundizar muchos ríos con el fin de hacerlos navegables. Antes del siglo XIX las travesías transatlánticas entre América y Europa se hacían en barcos de vela, lo cual era lento y a menudo peligroso. Con los barcos de vapor, las travesías se convirtieron más rápidas y seguras. Entonces empezaron a surgir grandes compañías oceánicas con travesías muy frecuentes. Desde el siglo XVII en adelante, casi todas las travesías transatlánticas con destino Norteamérica, el puerto de llegada era el de Nueva York. Pronto el comercio transatlántico convirtió Nueva York en el primer puerto de Norteamérica, y como consecuencia, atrajo la mayor parte de las futuras mercancías transatlánticas y todo el tráfico de pasajeros. Nueva York se convirtió en la capital comercial de los Estados Unidos y una de las ciudades más importantes del mundo. Además, la mayor parte de los inmigrantes que iban de Europa a Estados Unidos, llegaban a Nueva York, con lo que esta ciudad también era el destino de todos los famosos y ricos viajantes en cruceros de lujo, así como de los pobres inmigrantes, que viajaban en las partes inferiores de estos barcos.

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El capitalismo es el sistema económico que se instituyó en Europa entre los siglos XVIII y XIX. El fundamento del capitalismo es el establecimiento de compañías especializadas en la compra, producción y venta de bienes y servicios, en un mercado libre del control del Estado. La única regla que rige en un sistema capitalista puro es la ley de la oferta y la demanda. Este sistema económico generó una situación de libre competencia en un mercado autoregulado por la oferta y demanda, la cual supuso un nuevo cambio en el comercio mundial. Históricamente, la apertura al libre comercio aumentó sustancialmente en algunas zonas desde 1815 hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. La apertura comercial volvió a aumentar durante la década de 1920, pero se desplomó (en particular en Europa y América del Norte) durante la Gran Depresión de la década de 1930. La apertura comercial volvió a aumentar considerablemente a partir de la década de 1950 (aunque con una desaceleración durante la crisis del petróleo de la década de 1970).

Historia del Régimen Comercial en México

México cuenta con una historia comercial vibrante y diversa que se remonta a siglos atrás. Su prominencia moderna en el escenario del comercio global es un testimonio de sus tradiciones profundamente arraigadas y estrategias cambiantes en el comercio. Desde sus antiguos sistemas de trueque hasta su papel moderno como potencia comercial global, la evolución comercial de México es un fascinante viaje de resiliencia y adaptación.

Comercio Precolombino en México

El comercio en México se remonta a la época precolombina, cuando los sistemas de trueque dominaban la región. Durante el apogeo de las civilizaciones maya, azteca y otras civilizaciones indígenas, el comercio sirvió como una parte vital de la vida económica y cultural. El trueque era el principal medio de intercambio, y bienes como los granos de cacao, las plumas de quetzal y el maíz actuaban como moneda. Los mayas establecieron intrincadas rutas comerciales que los conectaban con otras regiones, incluidas las actuales Nicaragua y Panamá. En el Valle de México, los aztecas crearon chinampas (jardines flotantes en el lago de Texcoco) para cultivar de manera eficiente. Los mercados, conocidos como tianguis, eran el alma del comercio azteca. Los pochtecas, gremios de comerciantes profesionales, desempeñaron un papel crucial para facilitar el comercio a larga distancia.

El Período Colonial y la Plata

La llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI marcó el comienzo de una nueva era de comercio en México. La colonización de las Américas fue impulsada en gran medida por la búsqueda de nuevas rutas comerciales y recursos. Durante el período colonial, la plata surgió como el producto de exportación más valioso de la Nueva España. Uno de los aspectos más fascinantes del comercio colonial fue el comercio de los galeones de Manila-Acapulco. Durante casi 300 años, el comercio en Nueva España estuvo estrictamente controlado por España.

México Independiente y la Modernización Comercial

Después de obtener la independencia en 1810, México enfrentó desafíos para establecer relaciones comerciales estables. Los primeros años del siglo XIX estuvieron marcados por la inestabilidad política y una infraestructura limitada. A pesar de ello, desde el inicio del México independiente los gobiernos republicanos negociaron y firmaron acuerdos de amistad, comercio y navegación con las potencias europeas y los Estados Unidos. Desde los años veinte hasta la multiplicidad de negociaciones a lo largo de los ochenta, los europeos presionaron por la inclusión de la cláusula de Nación Más Favorecida (NMF).

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El triunfo republicano de 1867 tuvo importantes connotaciones que determinaron el curso de México para las siguientes cuatro décadas. Los gobiernos de Juárez, Lerdo, Díaz y González paulatinamente experimentaron una consolidación de las facultades, controles y poderes que de tiempo atrás ansiaban los presidentes mexicanos. La gradual consolidación del poder político de los presidentes mexicanos y del ostracismo al reconocimiento diplomático constituyeron dos elementos que hicieron posible que paulatinamente diversos inversionistas viesen en México un lugar para realizar importantes transacciones. La introducción de los ferrocarriles a fines del siglo XIX revolucionó el comercio de México. Los ferrocarriles proporcionaron una forma más rápida y eficiente de transportar bienes a través del país y más allá de sus fronteras. A lo largo de la década de los ochenta, los gobiernos de González y Díaz aportaron, a manera de subsidios, grandes sumas para la construcción de tales obras. A principios del siglo XX, Estados Unidos se había convertido en el socio comercial más importante de México.

Desde las últimas dos décadas del siglo XIX hasta 1914 el mundo se tornó más competitivo y obligó a México a modernizar sus instituciones. El gobierno de Manuel González desarrolló una política de Estado para promover una intensa relación comercial con los Estados Unidos y otras naciones. Los gobiernos de las potencias industrializadas buscaron la forma de proteger y promover sus exportaciones a la república, estrategia dentro del marco de una mayor competitividad internacional que consolidaba un comercio bilateral a partir de la conclusión de tratados de amistad, comercio y navegación. Estos últimos involucraron lo mismo a gobiernos como a grupos productores, complementaron la iniciativa de mercaderes que de años atrás habían buscado en México una plaza para hacer negocios. Para los políticos mexicanos, la prosperidad del país significaba propiciar la existencia de una extensa clase propietaria que no había crecido debido a los problemas derivados de décadas de inestabilidad política, la cual se materializaba entre otros aspectos en la incertidumbre jurídica cuyo amplio abanico comprendía, desde los vacíos y ambigüedades sobre derechos de propiedad hasta la compleja legislación tributaria. Especialistas habían concluido que la necesidad de reformar las instituciones para brindar un marco de seguridad acabaría por ser la mejor herramienta para fomentar al mismo tiempo la producción nacional, el comercio, la inversión extranjera, todas ellas en su especificidad indispensables para la construcción de la gran obra pública.

Walter Bernecker ha señalado que en el último tercio del siglo XIX América Latina se encontraba en un nuevo y diferente estado de subordinación frente a las llamadas potencias. La dependencia ya no era colonial, donde la metrópoli ejercía un control directo, sino ahora las naciones industrializadas influían en el subcontinente a partir de una compleja y cada vez más creciente sujeción económica. Las estrategias de los gobiernos de los países industrializados, en conjunción con los intereses representados en las diversas cámaras de comercio de cada país, competían por un mercado internacional cada vez más dividido y al mismo tiempo, debido a enormes presiones, los países receptores de inversión se vieron obligados a establecer tarifas impositivas cada vez menos onerosas. La dependencia de estos países se definió por tener una oligarquía que, a pesar de poseer cuantiosos recursos, no contaba con los suficientemente importantes como para completar grandes obras de infraestructura, tal es el caso de la construcción de ferrocarriles en territorios dominados por abruptas serranías, o bien, que esa misma oligarquía prefirió invertir sus capitales en igual tipo de obras, pero en Europa.

Carlos Marichal ha señalado la posibilidad de reinterpretar la historia del periodo entre la segunda mitad del siglo XIX y la Primera Guerra Mundial, al comprenderse la existencia de una compleja red de capitales provenientes de los países industrializados, los cuales impulsaron procesos de transformación y modernización económica fundamentales en ciertos espacios latinoamericanos. Sin embargo, también ha puntualizado que tales flujos no fueron los únicos para el financiamiento de actividades productivas locales, más bien "fueron complemento de inversión doméstica, destacándose en ciertos terrenos más que en otros". Charles Jones introduce una variable interesante para el análisis: a pesar de que en muchas compañías anglo-latinoamericanas existieron accionistas de diversos países, incluidos aquéllos donde la obra fue construida, "la inversión directa externa tomó su nacionalidad a partir de sus controladores (administradores), no de sus propietarios". Lo anterior fue una preocupación esencial para la generación de políticos mexicanos que en el pasado había enfrentado a la Intervención Francesa. Resolver el problema se materializó años después en las reformas jurídicas promovidas por el régimen del presidente González, las cuales especificaban la nacionalidad mexicana de cualquier obra o compañía asentada en la república, independientemente del país de donde proviniera el capital invertido. Hay que subrayar que los fenómenos económicos que se materializaron en inversiones para una sociedad determinada propiciaron cambios en las políticas laborales, en reformas fiscales y jurídicas, todas ellas eslabones de una táctica tendiente a crear un espacio propicio para la inversión.

Globalización y Tratados de Libre Comercio

El siglo XX trajo consigo cambios radicales en el comercio global, y México se adaptó a estos cambios con notable agilidad. Las guerras mundiales afectaron a las economías europeas y crearon oportunidades para que México expandiera su sector manufacturero. México invirtió fuertemente en el desarrollo de su infraestructura, incluidas carreteras y puertos, para facilitar el comercio. La segunda mitad del siglo XX y principios del siglo XXI fueron testigos de la adopción por parte de México de la globalización a través de los tratados de libre comercio (TLC).

En 1994, México firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Estados Unidos y Canadá. El TLCAN eliminó muchas barreras comerciales y estableció a México como un actor clave en el mercado norteamericano. Hoy, México ha firmado 13 TLC con 50 países, lo que lo convierte en una de las naciones más conectadas a nivel mundial. La diversa economía de México se refleja en su gama de exportaciones. En 2020, el país exportó bienes por un valor de $427 mil millones. Automóviles y autopartes: México es un exportador líder de automóviles y componentes automotrices, que abastece a los mercados de todo el mundo. La rica historia comercial de México y su sólida infraestructura lo convierten en un destino atractivo para las empresas que buscan exportar o participar en el comercio global. México, la novena nación exportadora más grande del mundo, cuenta con una historia comercial vibrante y diversa que se remonta a siglos atrás.

Instituciones y Gobernanza del Comercio Global

La Organización Mundial del Comercio (OMC) es una organización internacional con sede en Ginebra (Suiza), que vigila los tratados comerciales entre sus miembros. La ronda de Doha de negociaciones de la Organización Mundial del Comercio tenía como objetivo reducir las obstáculos al comercio en todo el mundo, centrándose en hacer comercio más justo para los países en desarrollo. Las conversaciones se han visto obstaculizadas por una división entre los países desarrollados ricos, representados por el G20, y los principales países en desarrollo. Los subsidios agrícolas son el tema más importante sobre el que ha sido más difícil negociar un acuerdo. Por el contrario, se ha llegado a un gran acuerdo sobre la facilitación del comercio y la creación de capacidades.

Como en todas las acciones humanas, los aspectos éticos también tienen relación con el comercio. Caracterizan, por ejemplo, el llamado comercio justo (fair trade), como un modelo de comercio social y ecológicamente compatible, en el que todos los niveles de comercio, desde los productores hasta los consumidores, se consideran conscientemente desde un punto de vista ético y en el que sobre todo los productores agrícolas de los países en desarrollo deben recibir una remuneración justa. No cabe duda de que la gestión comercial moderna utiliza medidas inteligentes de mercadotecnia aseguradas estratégicamente para inducir a los participantes en el mercado a tomar determinadas decisiones de compra o venta.

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