Descubre la Verdadera Crítica y Legado de "Hombres Necios que Acusáis" de Sor Juana Inés de la Cruzpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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"Hombres necios que acusáis" es un poema breve de Sor Juana Inés de la Cruz incluido en la sección "Redondillas" de su primer libro, Inundación Castálida, publicado en España en 1689. Este poema no tiene un título propiamente dicho, sino que usamos la frase de su primer verso para identificarlo. La aclaración inicial que se encuentra justo antes del poema propiamente dicho explica el tema general de los versos siguientes: se sostiene que los hombres tienen una actitud inconsecuente porque castigan a las mujeres por actitudes que ellos mismos provocan.

Años antes, Sor Juana había escrito esta redondilla, que echaba luz premonitoriamente a las acusaciones injustas de “los hombres, que con solo serlo piensan que son sabios”:

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia,
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

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Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que falta de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

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¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?

Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos enhorabuena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada,
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

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Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?

El Contexto Histórico y la Lucha Intelectual de Sor Juana

Sor Juana Inés de la Cruz denuncia la desigualdad de género en un contexto patriarcal del siglo XVII, destacando la difamación y calumnias que los hombres utilizan contra las mujeres, así como su doble moral al incitar a acciones inapropiadas y luego acusarlas de liviandad. Es preciso recordar que en el siglo XVII la cultura virreinal en América es dominada por los hombres y por lo masculino: ellos son las autoridades civiles y religiosas, son los únicos que tienen verdadero acceso al poder y al conocimiento. Al mismo tiempo, la moral cristiana es dominante y por lo tanto la sexualidad está muy controlada y regulada. Este poema de Sor Juana Inés de la Cruz, creado en el siglo XVII, desafía los estereotipos de género al romper con el rol tradicional de la mujer como esposa y madre, optando por dedicarse al estudio académico. Su obra se considera pionera y revolucionaria para la época, ya que no se había escrito nada similar por una mujer hasta entonces. Aunque es considerado pionero y revolucionario para su época, se debate si puede ser considerado el primer "manifiesto feminista".

La desigualdad entre los hombres y las mujeres es muy pronunciada en el período en que vive y escribe la autora. Es por ello que la hipocresía masculina resulta particularmente peligrosa: los hombres son los sujetos más poderosos de la cultura de la época, entonces, su visión del mundo, y en este caso, su concepción de las mujeres y lo que esperan de ellas, afecta directamente a la sociedad en su conjunto.

En 1690, Sor Juana Inés de la Cruz tuvo la osadía de participar con su “Carta atenagórica” en un debate teológico monopolizado por hombres. En plena madurez literaria, criticó al Padre Vieyra, portugués de origen, jesuita, un sermón, y lo impugnó sosteniendo lo relativo a los límites entre lo humano y lo divino, entre el amor de Dios y el de los hombres. Esto dio motivo a que el Obispo de Puebla, D. Manuel Fernández de Santa Cruz (Sor Filotea), le escribiera pidiéndole que se alejara de las letras profanas y se dedicara por entero a la religión. La respuesta del obispo, bajo seudónimo, no se hizo esperar. Las mujeres, le dijo, no estaban para esas cosas: “Letras que engendran elación no las quiere Dios en la mujer”.

Sor Juana se defendió en una larga misiva autobiográfica, en la cual abogó por las derechos culturales de la mujer y afirmó su derecho a criticar y a impugnar el tal sermón. Se defendió en la “Respuesta a Sor Filotea”, ironizando sobre su innegable e inalienable capacidad para discutir sobre filosofía y otros asuntos: “¿Qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina? Bien dijo Lupercio Leonardo, que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Y yo suelo decir viendo estas cosillas: Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito”. No obstante, obedeció, y al efecto entregó para su venta los cuatro mil volúmenes de su biblioteca (quitapesares, como la llamaba), sus útiles científicos y sus instrumentos musicales, para dedicar el producto de ellos a fines piadosos.

Análisis Temático: La Hipocresía Masculina y la Doble Moral

De inmediato, las primeras dos estrofas acusan a los hombres de necios porque quieren tener sexo con las mujeres, pero al mismo tiempo las acusan de inmorales justamente por tener relaciones sexuales. El poema expone de manera crítica la actitud hipócrita, egoísta e impulsiva de los hombres hacia las mujeres. Efectivamente, a través de esta comparación, Sor Juana Inés de la Cruz pone de manifiesto la contradicción en la actitud de los hombres. La aclaración inicial que se encuentra justo antes del poema propiamente dicho explica el tema general de los versos siguientes: "Arguye de inconsecuentes el gusto y la censura de los hombres que en las mujeres acusan lo que causan".

Esto se refleja en la estructura del texto. Las primeras dos estrofas pueden pensarse como el planteo de la hipótesis: los hombres son inconsecuentes, necios, hipócritas, porque se quejan de las actitudes de las mujeres que ellos mismos provocan, esto es, esperan que estén disponibles sexualmente pero después las acusan de fáciles e inmorales. Luego, esta hipótesis es defendida desde la tercera estrofa en adelante con ejemplos y variaciones de la misma acusación. El poema gira en torno a la inconsecuencia de los hombres con respecto a las expectativas que tienen de las mujeres.

La Sexualidad como Campo de Batalla y Arquetipos Femeninos

La sexualidad aparece relacionada con la violencia y las interacciones entre los dos sexos son presentadas como una guerra: los hombres buscan a las mujeres de manera combativa, y ellas les ofrecen resistencia. Ellos las solicitan, las pretenden, las buscan, les insisten, pero las que finalmente tienen sexo con ellos son acusadas de livianas, fáciles, inmorales. Por su parte, las que se niegan son tratadas de ingratas, crueles o maltratadoras.

Como consecuencia de la hipocresía masculina, para las mujeres, subordinadas a su lógica, solo existen dos alternativas contrapuestas: se comportan como Thais, es decir, como amantes, o como Lucrecia, o sea, como esposas recatadas y fieles. Sor Juana Inés de la Cruz utiliza alusiones mitológicas grecolatinas a través de las figuras de Thais y Lucrecia en la quinta estrofa del poema para representar dos prototipos de mujer.

Personaje Simbolismo
Thais Falta de moral, amante
Lucrecia Pureza y honestidad, esposa recatada y fiel

Sor Juana Inés de la Cruz expone la doble moralidad de los hombres al culpar a las mujeres, defendiendo a estas últimas mediante argumentos que resaltan la hipocresía masculina. La autora aboga por una moral justa e igualitaria para ambos géneros, destacando la responsabilidad tanto del seductor como de la mujer que se deja cautivar. A lo largo del poema el yo lírico compara a los hombres con niños; los tilda de caprichosos, necios, contradictorios, locos, infantiles, arrogantes y pecadores. A su vez, celebra a las mujeres que no aceptan tener relaciones sexuales pecaminosas. Por el contrario, cree que aquellas que ceden ante el deseo sexual de los hombres son pecadoras, pero en realidad son ellos los principales responsables de ese pecado. Tanto es así, que se afirma que las prostitutas no son tan culpables como sus clientes, ya que ellos deciden activamente pagar por pecar. Del mismo modo, aunque cree que las mujeres también pecan cuando se disponibilizan sexualmente para los hombres ("aunque cualquiera mal haga", v. 54), el poema sostiene que son ellos los verdaderos responsables de ese pecado. Al exponer los deseos más desatados de estos hombres que incitan sexualmente a las mujeres, la poeta da cuenta de su falsedad como católicos ya que no respetan principios básicos de la religión. El poema denuncia que, dada la inconsecuencia de los hombres y su doble estándar sexual, la sociedad entera está condenada a funcionar de manera incorrecta, inmoral.

Forma y Estilo: La Redondilla Satírica

"Hombres necios que acusáis" pertenece al subgénero lírico de las redondillas debido a sus aspectos formales. Su patrón métrico y rítmico se mantiene constante en todo el poema. Así, cada una de sus diecisiete estrofas está formada por cuatro versos de arte menor, en este caso octosilábicos. En cuanto al desarrollo argumentativo, es importante señalar que el poema recurre a las estrategias de la repetición y la redundancia, tiene una estructura acumulativa. En realidad, el poema no presenta una narración ni una serie extensa de conceptos sino que expone su idea única y principal en los primeros versos y luego la reitera a lo largo de sus diecisiete estrofas, con diferentes ejemplos y haciendo uso de diversas figuras retóricas. Plantea una única idea central (la hipocresía de los hombres y su doble estándar con respecto a la sexualidad femenina), "y todo el resto de la composición no es más que un insistir en la misma idea poniendo diversos ejemplos que confirman lo expuesto en las dos primeras estrofas" (Martínez, 1997). En ese sentido, se destaca el uso reiterado de algunos recursos retóricos, como el paralelismo y el retruécano, que juegan con la repetición de palabras o de estructuras sintácticas. Ambos procedimientos, incluso, llegan a combinarse en los mismos versos, como en el caso de "la que cae de rogada, / o el que ruega de caído?" (vv. 51-52). De esa manera, la redundancia aparece en el plano del contenido y también en el plano de la forma.

En la misma línea, es preciso iluminar que este texto pertenece a la producción satírico-burlesca de la autora. La sátira es una tradición literaria muy antigua. Se trata de textos que establecen una crítica social de carácter ético o moral. Generalmente causan gracia -hasta risa- a través de la ridiculización de algún elemento o sujeto de la sociedad. La poesía satírica en lengua castellana es muy abundante, pero el texto de Sor Juana se destaca porque ridiculiza a los hombres, es decir, a los sujetos más poderosos de su época. El hecho de que su autora sea una mujer, y todavía más, una monja, representa una transgresión que evidencia tanto su talento como su valentía y osadía. En efecto, hay una extensa tradición de sátiras antifeministas en la literatura de lengua española, por lo que "Hombres necios que acusáis" pertenece a la tradición satírica, pero también la innova, porque propone una burla original y atrevida. La burla es especialmente eficaz y está muy marcada en la cuarta estrofa, cuando compara a los hombres con niños y dice que tienen pensamientos de locos. El poema tiene un carácter moral porque expone, explica y denuncia la hipocresía de los hombres y demuestra que es una característica de la estructura social de su época y su cultura. Este poema es un poema sumamente osado y valiente en este contexto. En ese sentido, como destaca el crítico especialista Jaime Martínez (1997), este poema tiene un carácter moral fundamental ya que rechaza un elemento estructural del sistema dominante y busca promover una transformación. Esta redondilla es una acusación, una denuncia, y, al mismo tiempo, una argumentación.

La Voz Lírica y su Identificación con las Mujeres

Es curioso observar la posición del yo lírico al interior del poema con relación a los hombres y las mujeres. Por un lado, no hay ninguna marca gramatical que permita identificar el género de esa voz lírica. Esta es una característica recurrente en la poesía sorjuanina. Tal como afirma Octavio Paz, uno de sus estudiosos más célebres, la poeta tiene una tendencia a "neutralizar o trascender su sexo" (1982). Su escritura tiene tanto rasgos masculinos como elementos femeninos, muchas veces evita los adjetivos y los pronombres y se presenta como neutral o andrógina. Lo mismo sostiene Rosa Perelmuter, quien identifica "que Sor Juana a veces se expresa en voz masculina, y que a veces escoge una femenina, pero que la voz narrativa que predomina en sus poemas no se marca genéricamente como una u otra cosa" (2004). Eso es exactamente lo que ocurre en "Hombres necios que acusáis". De hecho, el yo lírico se dirige a los hombres usando la segunda persona ("vosotros") y se refiere a las mujeres usando la tercera persona ("ellas"). Sin embargo, la denuncia en sí misma nos permite pensar que la voz lírica se identifica con las mujeres a las que defiende. Esto hace eco, a su vez, de la defensa de los derechos de las mujeres que la escritora lleva a cabo a lo largo de toda su vida y que expresa en diferentes textos literarios, sobre todo en cuanto a la igualdad de condiciones intelectuales de ambos sexos (dentro del esquema binario propio de la época). Se destaca así un verso que en una primera lectura rápida puede parecer insignificante: en la decimoprimera estrofa, el yo lírico deja filtrar su subjetividad con especial fuerza y enuncia "bien haya la que no os quiere" (v. 43). Se trata de una felicitación, una celebración de las mujeres que mantienen su decencia cristiana y se niegan a tener sexo con los hombres que las solicitan pecaminosamente.

Propuesta de Transformación Social

Sor Juana Inés de la Cruz hace una clara petición a los hombres utilizando el imperativo del verbo "dejar", instándolos a no culpar a las mujeres. En las estrofas finales, propone una transformación social que se desprende del cambio que les ordena a los hombres. Usa verbos en modo imperativo y les indica que deben asumir una postura coherente: "Dejad de solicitar, / y después, con más razón, / acusaréis la afición / de la que os fuere a rogar" (vv. 61-64). Este sería un funcionamiento social acorde a los mandatos divinos, en oposición a la actitud hipócrita de los hombres, contraria a la voluntad de Dios, ya que reune "diablo, carne y mundo" (v. 68), es decir, lo diabólico y lo carnal, las tentaciones y pecados del ser humano. No obstante, en el último verso, de manera burlona, ella duda de que esto suceda, señalándolos como "arrogantes".

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