En una época donde gravar los ingresos y el patrimonio de cada persona no era tarea fácil, se concibieron contribuciones como estas para gravar objetos de lujo y bienes que, a diferencia del dinero, no podían ocultarse.
Impuestos a Puertas y Ventanas, Perros, Carros y Caballos de Antonio López de Santa Anna
Contrario a lo que suele afirmarse, los impuestos a puertas y ventanas, perros, carros y caballos de Antonio López de Santa Anna no fueron una invención absurda del dictador. Tampoco fueron considerados en su época como “ridículos”, “extravagantes” u “odiosos”.
El impuesto por cada puerta y ventana fue creado en Inglaterra por Guillermo III en el siglo XVII. En las décadas siguientes, se adoptó en Francia, Suecia, España, Países Bajos, Bélgica y en varias ciudades y reinos alemanes.
En 1776 el famoso economista Adam Smith lo aplaudió por tratarse de una contribución que se podía empadronar y recaudar fácilmente, sin necesidad de incomodar a los ciudadanos al inspeccionar propiedades y finanzas.
En el siglo XIX, dicho impuesto se convirtió en uno de los cuatro pilares de la fiscalidad europea, junto con las contribuciones a la propiedad, el patrimonio y la industria.
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Países latinoamericanos como Brasil, Colombia, Guatemala, El Salvador y México también adoptaron en distintos momentos el impuesto a puertas y ventanas luego de sus independencias.
La primera vez que se cobró en México el impuesto a puertas y ventanas fue de noviembre a diciembre de 1832, y en 1843 se mandó elaborar un proyecto de ley para instaurarlo, pero jamás se concretó.
Santa Anna decretó su versión del gravamen el 9 de enero de 1854, durante el que sería su último periodo de gobierno. Su propósito era gravar la cantidad de puertas (incluyendo zaguanes) y de ventanas o balcones.
La tarifa era progresiva y variaba de acuerdo con el sitio de la vivienda. Las casas de Ciudad de México y las de las capitales de los estados, por ejemplo, pagaban más que las de otras ciudades, villas o pueblos del país.
Según se estipuló, la recaudación debía ser mensual y debía hacerse sin aumento de gastos. Fueron exentas del pago las casas solariegas “de gentes pobres”, las que se hallaban deshabitadas, las del gobierno, las del clero, hospitales, hospicios y escuelas gratuitas.
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En los meses siguientes, fueron eximidas también todas las casas de la península de Yucatán por la Guerra de Castas, y las del norte de Chihuahua por los ataques de los apaches. También se eximieron todas las viviendas de menos de cuatro piezas, las de campesinos anexas a las de sus patrones y las de vecindades que pagaban menos de veinticinco pesos de renta.
El impuesto por cada perro fue decretado el 3 de octubre de 1853, como parte de un paquete de contribuciones concedidas exclusivamente al ayuntamiento de la capital mexicana. En ninguna otra ciudad del país se cobró.
De hecho, este impuesto en la actualidad sigue siendo cobrado por los gobiernos municipales de Alemania, Suiza, Países Bajos, Italia, Irlanda, Australia, Nueva Zelanda y Quebec, Canadá, ya que continúa siendo buen indicador de riqueza.
En cuanto a los impuestos a caballos y carros particulares y de alquiler, a diferencia de lo que se ha dicho, no fueron implementados en México por Santa Anna. En algunos municipios se cobraron desde la Colonia, también por influencia europea, como forma de gravar la riqueza.
Fueron fáciles de cobrar, redituables y persistieron a lo largo del siglo XIX y en parte del XX.
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El gran problema de ambos fue que se diseñaron con prisa y sin consultar a los encargados de la recaudación, con tal de ahorrar y de comenzar pronto el cobro.
Asimismo, tampoco se hicieron padrones y no se cuidó que se pagaran ni se castigó a los infractores. En la práctica, el pago recayó en la voluntad del contribuyente.
Por tal motivo, aunado al gran número de propiedades eximidas, fue muy poco lo que se pudo recaudar con ellos.
Los encargados de la recaudación solicitaron al gobierno facultades coercitivas y, para el caso del impuesto a perros, se propuso que se entregaran collares a quienes cubrieran su cuota, para que, si se detenía algún perro sin el suyo, se sacrificara al cabo de veinticuatro horas si su dueño no pagaba la contribución y el recargo.
Curiosamente, durante la dictadura de Santa Anna y los años posteriores, no existieron quejas en específico contra esas contribuciones. Lo que se criticó en su momento fue el paquete de impuestos pequeños entre los cuales figuraban estos.
Fue hasta mediados del siglo XX, cuando dejaron de ser asociados con la modernidad fiscal europea, que la historiografía e incluso la cultura popular mexicana los condenó por considerarlos extraños y relacionarlos con Santa Anna.
Impuestos Modernos sobre Mascotas
Debido a lo costoso que resulta a las autoridades limpiar los desechos de los canes, proponen que los dueños de estas mascotas contribuyan al gasto con un impuesto especial anual por la tenencia de perros.
La iniciativa se presentó en Zamora, España, y es que en esa localidad hay más perros que niños y limpiar los excrementos de las mascotas cuesta muy caro a las autoridades, justificaron en declaraciones a los medios. El impuesto es de apenas 10 dólares al año, con lo que la ciudad espera recaudar entre 50 a cien mil dólares.
Este tipo de impuestos ya existen en los Países Bajos en los que el monto es de 120 dólares al año y se incrementa con cada mascota adicional.
Se busca hacer un registro nacional de mascotas, y aseguran que será obligatorio a partir de este 1 de abril. Para muchos es una manera de poder cobrar impuestos por ser propietarios de una mascota, como sucede ya en países como Alemania.
Se trata del Registro Único de Animales de Compañía (RUAC), es gratuito y el Gobierno capitalino tendrá un padrón de los animales que cuentan con dueño para fomentar una tenencia responsable y evitar enfermedades. Una especie de CURP como el que tenemos los ciudadanos.
Se asegura que dicho registro se planteó ante las cifras emitidas por el Inegi, en las que México ocupa el tercer lugar en maltrato animal a nivel global, sobre todo en perros. Según este estudio, 7 de cada 10 canes son víctimas de maltrato.
Pero, además, las autoridades aseguran que los propietarios que no registren a su mascota en la capital del país recibirán una multa de 21 a 30 veces la Unidad de Medida y Actualización (UMA), que equivale a poco más de dos mil 200 pesos y tres mil 200 pesos.
Y no sólo eso, los dueños de mascotas que incumplan la ley recibirán un arresto administrativo de 25 a 36 horas.
Esto es parte de la llamada Ley Maple o Ley de Protección a los Animales, que consta de 13 puntos con los que se da protección a los animales de compañía, una ley que fue actualizada y aprobada en el Congreso de la Ciudad de México en mayo del año pasado.
A nivel federal, en agosto de 2023, la senadora por Morena, Olga Sánchez Cordero, presentó una iniciativa que reforma y adiciona diversas disposiciones del Código Civil Federal.
Planea la obligación de incorporar al Registro Civil el reconocimiento de los animales domésticos como parte de la familia.
El pasado 5 de febrero, el Presidente Andrés Manuel López Obrador incluyó la protección de animales dentro del paquete de iniciativas de reforma a la Constitución que envió al Poder Legislativo.
Para muchos se trata de un primer paso para cobrar impuestos por tener una mascota o animal de compañía. En 2013 hubo una gran discusión porque se implementó un impuesto sobre los alimentos para mascotas; en 2022, ese IVA fue eliminado.
El mismo Presidente López Obrador asegura que eso no va a suceder, y que lo que se busca es prevenir el maltrato animal.
Pero el que se tenga que pagar un impuesto por tener una mascota no es descabellado, ocurre ya en muchos países, y las ganancias fiscales son importantes para los gobiernos. Ahí está el ejemplo de Alemania, donde tener perros puede costar de 5 a 200 dólares anuales, dependiendo de la zona.
El informe de la Oficina Federal de Estadística de ese país indica una cifra récord en el último año por el impuesto sobre perros de 380 millones de euros, cifra que representó un aumento del 2.7% en comparación con 2019.
En casi toda Alemania, los propietarios de perros tienen que pagar un impuesto anual por su mascota y el valor de este impuesto varía, dependiendo de la ciudad o comunidad.
Parte del aumento de mascotas en este país europeo se atribuyó al largo confinamiento por la pandemia de Covid-19, pues muchas personas necesitaron de un perro para poder llevar su encierro solos, ya que el aislamiento les provocó estrés y ansiedad.
Hoy, se estima que en Alemania hay 35 millones de perros y no sólo el fisco recaudó enormes sumas de dinero con el impuesto a estos animales, también los minoristas para mascotas se beneficiaron al facturar 820 millones de euros en 2020, lo que significó 4.3% más con respecto a 2019.
Otros países donde ya es obligatorio el registro de un animal de compañía son Francia, Italia, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Chile, Argentina, Brasil y Colombia.
Las autoridades aseguran que con un registro será más difícil abandonar animales, pero la realidad es que en México al menos 27.9 millones de perros y gatos viven en la calle, de acuerdo con el índice de mascotas sin hogar.
Tener una mascota ya implica un gasto importante para las familias mexicanas, por ejemplo, datos de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), indican que 41.3% de la población que tiene un animal de compañía gasta más de 2 mil pesos, 9% eroga de dos mil a tres mil y 3% gasta más de tres mil pesos.
La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes reportó que sólo en vacunación y esterilización las familias que tienen mascotas llegan a gastar hasta tres mil 300 pesos.
Las mascotas son un apoyo importante para muchas personas, sobre todo algunas que se sienten solas, como los adultos mayores; 83.7% de personas mayores 50 años o más cuenta con un animal de compañía.
Por ahora, las autoridades aseguran que no cobrarán este impuesto, pero ¿cuánto tiempo durará esa promesa? Por ahora, el riesgo es ser multado si no registras a tu mascota.
En Cancún, Quintana Roo, existe un plazo hasta mediados de abril para que los dueños registren a sus mascotas y evitar multas que alcanzan los dos mil pesos, ya que muchos serán detectados en las campañas de vacunación organizadas por el Gobierno Municipal.
Apenas en octubre del año pasado, en Rosarito, Baja California, se puso sobre la mesa cobrar 400 pesos por inscribir en el Registro Único de Mascotas de Compañía a quien tenga un perro o gato, pero el tema generó una polémica enorme.
