La otitis se define como la inflamación del oído (Karlapudi, 2017), que, dependiendo de la parte afectada del órgano, las afecciones inflamatorias (otitis) se dividen en externas (otitis externa), medias (otitis media) e internas (otitis interna) (Terziev y Borissov, 2018).
Tipos de Otitis
- Otitis Externa: Incluye el conducto auditivo externo y el pabellón auricular. Es uno de los trastornos más comunes y multifactoriales que representan del 10 al 20% de las consultas en la práctica canina (Manju et al., 2018; Bajwa, 2019). También es conocida como “oído de nadador”. Es la inflamación de la piel del conducto auditivo externo, que transporta al tímpano los sonidos del exterior. Generalmente, este tipo de otitis solo ocurre cuando nuestro oído está en contacto con el agua de forma intensiva, como por ejemplo, en la playa o en la piscina, ya que favorece el desarrollo de hongos y bacterias. Aunque no siempre es el caso, también puede ser causado por alergias, eccemas, heridas por arañazos o daños en el oído provocados con algún objeto.
- Otitis Media: Inflamación de la cavidad del oído medio que incluye el tímpano, la bulla timpánica y la trompa de Eustaquio, se debe a una extensión común de la enfermedad del oído externo y a menudo ocurre secundaria a otitis externa crónica hasta en el 50% de los casos (Logas, 2012; Belmudes et al., 2017). La otitis media es reconocible por la presencia de líquido (con o sin pus), llamado exudado, y que se produce por una inflamación en la cavidad del oído medio, localizado justo detrás del tímpano. Se produce cuando la trompa de Eustaquio se obstruye por distintos motivos. La función de esta es drenar el líquido que se produce en el oído medio, por lo que, cuando se obstruye, es posible que se acumule ese líquido y se produzca una infección. Es uno de los problemas auditivos más frecuentes en la infancia y una de las principales consultas al pediatra. La otitis media afecta a todos los grupos de edad, pero es más frecuente en el rango de edad desde los 0 a los 7 años. Desde el punto de vista epidemiológico, se han descrito distintos factores relacionados con un mayor número de casos de otitis media durante los meses de otoño e invierno. También es más frecuente en niños que acuden a centros escolares o que presentan alteraciones anatómicas en el área rinofaríngea, como el paladar hendido, o que sufren inmunodeficiencias congénitas adquiridas.
- Otitis Interna: En algunos casos, la otitis media puede progresar a otitis interna (Belmudes et al., 2017). Esta última, es una inflamación más grave de las estructuras del oído interno y del aparato vestibular, que se manifiesta con signos nerviosos y a menudo, con síndrome de Horner (Terziev y Borissov, 2018).
Causas de la Otitis Externa
Muchos factores y causas están involucrados en la etiopatogenia de la otitis externa: factores predisponentes, causas primarias o desencadenantes, causas secundarias y factores perpetuantes o agravantes (Tambella et al., 2020). Desde el punto de vista clínico, pueden ser uni o bilaterales, agudas o crónicas (otitis persistente o recurrente que dura 3 meses o más), leves o graves, recurrentes o no y de acuerdo con el tipo de exudado se clasifican en eritematoceruminosas o supurativas (Bajwa, 2019; Broglia et al., 2020).
Causas de la Otitis Media
Por otro lado, la otitis media puede surgir de una variedad de causas infecciosas (bacterias, hongos y virus) y no infecciosas, que entran en el oído medio a través del conducto auditivo externo, la trompa de Eustaquio o, con menor frecuencia, el sistema vascular (Logas, 2012).
Síntomas de la Otitis
La otalgia es una afección que puede aparecer en cualquier parte del oído, ya sea interno, medio o externo. Los conductos auditivos sanos deben ser indoloros, no pruriginosos, flexibles y móviles.
En el caso de los bebés, la señal principal de que padecen infección es la irritabilidad y el llanto. La otitis media aguda presenta principalmente dolor intenso en el oído y una sensación de presión en ambos oídos. Los pacientes sufren trastornos de aparición repentina que generalmente se agudizan bruscamente en las horas de la tarde. Los niños pequeños también se quejan de trastornos no específicos concomitantes, como dolor en el abdomen. Ocasionalmente, una secreción purulenta sale del oído (otorrea). Es una señal de que el tímpano inflamado se ha "perforado" y se ha vertido pus en el canal auditivo externo.
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En una otitis externa típica, primero ocurre picor, seguido de quemaduras de oído muy agudas. En caso de padecer alguno de estos síntomas, debes consultar de inmediato con tu médico.
- Otalgia primaria: Cuando el origen del dolor está directamente en el oído.
- Otalgia secundaria o referida: El dolor solo puede afectar el oído o puede extenderse a la región circundante, a la mandíbula, o, más generalmente, a todo el lado de la cabeza del oído afectado.
Los bebés pueden experimentar crisis repentinas de llanto inconsolable y disminución del apetito (debido al dolor provocado por la succión durante la lactancia). Los niños mayores pueden indicar el oído afectado y quejarse de una disminución en la capacidad auditiva o distorsión del sonido.
En casos de dolor de oído no acompañado de fiebre, como a veces ocurre después de un baño o después de estar en el mar o en una piscina, el sitio afectado es el oído externo, y el proceso infeccioso se determina con mayor frecuencia por una bacteria. En caso de fiebre, congestión nasal y dolor, los síntomas pueden determinarse por otitis media. En este caso, el dolor es causado por la presión de la mucosidad o el material purulento en la membrana del tímpano.
Si, como resultado de la presión excesiva del pus, la membrana se perfora, se podría ver líquido mezclado con sangre saliendo del canal auditivo con una clara reducción del dolor. En este caso, el canal auditivo se tapona suavemente, se debe evitar humedecer el oído con agua y se debe llevar al niño al especialista.
En los casos de otitis media catarral, a menudo bilateral, el dolor es pobre o ausente, el niño parecerá distraído y tenderá a pedir que le repitan las palabras. A menudo, es causada por una infección que, desde la garganta o la nariz, invade la trompa de Eustaquio (un pequeño canal que conecta la nariz con el oído medio) y en consecuencia se expande al oído.
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Diagnóstico de la Otitis
La evaluación de la otitis y su diagnóstico comienza con una anamnesis dermatológica detallada, seguida de un examen de todo el animal, la palpación del canal auditivo, la inspección visual de los oídos, incluido el examen otoscópico y el análisis citológico del contenido ótico (Wilhelm, 2012; Bajwa, 2019). Un otoscopio ayudará a evaluar las lesiones presentes dentro del canal auditivo y ayudará a identificar cuerpos extraños o masas y es la única forma de evaluar el estado de la membrana timpánica (Kennis, 2012). Siempre está indicada una evaluación otoscópica (con sedación y limpieza cuando sea necesario) (Kennis, 2012; Nuttall, 2018), sin embargo, no siempre es posible realizar este paso en la consulta inicial (Wilhelm, 2012), por ello, es razonable dejar la evaluación para una fecha posterior, una vez corregidos los cambios atribuidos a la otitis activa (Bajwa, 2019).
Para la evaluación con otoscopio, se debe tirar firmemente del pabellón auricular y luego se debe revisar el canal vertical, el horizontal y la membrana timpánica en busca de cuerpos extraños, parásitos, masas, cambios inflamatorios, etc. Incluso si la otitis es unilateral, se deben inspeccionar ambos oídos, comenzando por el menos afectado (Wilhelm, 2012). De tener a la mano, prefiera el uso de un video otoscopio, ya que en general la luz es más intensa y tiene un mejor aumento, lo que facilita la detección de pequeños cuerpos extraños (Wilhelm, 2012).
La evaluación citológica del contenido ótico es la prueba de diagnóstico más informativa que ayuda con el tratamiento de la otitis y a monitorear la respuesta al tratamiento (Bajwa, 2019). La citología del exudado siempre debe realizarse inicialmente y en cada nuevo control (Wilhelm, 2012). Es rápido y fácil preparar, frotis con tinciones tipo Diff-Quik. La interpretación es rápida y sencilla en la mayoría de los casos. Malassezia, estafilococos y bacterias bastón se diferencian fácilmente, lo que permite opciones de tratamiento racionales (Nuttall, 2018).
Ocasionalmente, se puede usar una muestra de cultivo bacteriano para ayudar a determinar las opciones de tratamiento y para seleccionar la terapia con antibióticos sistémicos, si está indicado (Bajwa, 2019). Para diagnosticar a los pacientes con otitis media, en ocasiones es necesario realizar una miringotomía para obtener una muestra para citología y permitir el cultivo y las pruebas de sensibilidad a los antibióticos en el material atrapado detrás del tímpano (Gotthelf, 2004).
Los estudios de imágenes como radiografías, tomografía computarizada (TC) o imágenes por resonancia magnética (IRM) no se utilizan de forma rutinaria, pero pueden ser útiles en casos de otitis crónica o cuando la otitis media es motivo de preocupación (Bajwa, 2019). Los rayos X son la ayuda diagnóstica más económica y difundida, sin embargo, es la menos sensible ya que no siempre existen cambios de suficiente magnitud para producir signos radiológicos confiables, por eso la ausencia de signos radiológicos no descarta la enfermedad (Gaviria y Cruz, 2018). Se recomiendan vistas dorsoventral, oblicuos laterales derecho e izquierdo, así como vistas rostro-caudal de boca abierta. Esto necesitará anestesia general (Wilhelm, 2012)
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Las técnicas de imagen como la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM), son métodos de imagen complementarios que tienen un valor diagnóstico superior sobre otras modalidades de imagen.
Para diagnosticar correctamente la otalgia, el médico realizará una exploración con otoscopio para observar el canal auditivo y el tímpano. Si el dolor de oído es recurrente, persistente o se acompaña de pérdida auditiva, es fundamental acudir con un profesional.
Tratamiento de la Otitis
El tratamiento eficaz de la infección del oído incluye el control de la infección y los cambios inflamatorios, así como la determinación de los factores subyacentes que llevaron al desarrollo de la otitis en primer lugar.
El tratamiento del dolor de oído siempre dependerá de la causa diagnosticada. La gran mayoría de las formas de dolor de oído tienden a resolverse con la terapia correcta (antibióticos, corticosteroides, mucolíticos).
En presencia de otitis externa, la terapia con antibióticos en forma de gotas en el canal auditivo externo es la más prescrita por los profesionales médicos. En casos severos o con perforación de la membrana timpánica, se prescriben terapias sistémicas (tabletas o ampollas intramusculares).
Los tratamientos son variados e incluyen terapia tópica con medicamentos antibióticos, antimicóticos o corticosteroides usados solos o en combinación. Los glucocorticoides también pueden ayudar a interrumpir la formación de biopelículas y prevenir el desarrollo de cambios óticos crónicos (Bajwa, 2019). Se prefiere la terapia tópica ya que se administra el fármaco en el sitio afectado, evitando la exposición sistémica. El tratamiento sistémico es necesario si hay estenosis, fibrosis grave o calcificación, o si la terapia tópica no se puede administrar de forma segura.
Limpiar los oídos antes de la terapia tópica es fundamental para ayudar a disminuir el cerumen ótico, lo que permite que la terapia sea eficaz. Los líquidos de limpieza contienen más comúnmente: Ceruminolíticos, tensioactivos y espumantes, que ayudan a suavizar, emulsionar y disolver el cerumen y los desechos (de Bellis, 2015). Los limpiadores de oídos ácidos pueden inactivar los antibióticos y el limpiador residual puede inhibir la penetración de medicamentos tópicos. Los tópicos suelen representar una opción adecuada, ya que los fármacos pueden alcanzar una concentración de 100 a 1000 veces superior a la concentración mínima inhibitoria, superando la resistencia a los antibióticos (de Bellis, 2015).
La mayoría de los casos de otitis externa aguda se pueden tratar con productos para el oído tópicos polivalentes que incluyen un glucocorticoide, un antimicrobiano y un antifúngico para Malassezia (Karlapudi, 2017). Puede considerar pretratar el canal auditivo con un producto que contenga etilendiaminotetraacético de trometamina (TrizEDTA) antes de la administración de un antibiótico tópico cuando se trate de infecciones bacterianas resistentes, especialmente infecciones gramnegativas, como Pseudomonas aeruginosa (Mendelsohnet y Rosenkrantz, 2014). TrizEDTA daña las paredes de las células bacterianas y aumenta la eficacia antimicrobiana, lo que puede superar la resistencia parcial. Es mejor administrarlo de 20 a 30 minutos antes del antimicrobiano, aunque también puede coadministrarse. Es bien tolerado y no es ototóxico (Nutall, 2016).
La polimixina B, el ácido fusídico, el florfenicol, la gentamicina, la enrofloxacina y la marbofloxacina son adecuadas para la mayoría de las infecciones bacterianas (Nutall, 2016). El tiabendazol, clotrimazol y miconazol también son usados solos o, más comúnmente, en combinación con un corticosteroide y antibiótico. Incluso, el ketoconazol está disponible en combinación con TrizEDTA (Mendelsohnet y Rosenkrantz, 2014).
Habitualmente, con el tratamiento antibiótico los síntomas mejoran significativamente al cabo de 48 horas. Sin embargo, se utilizan diferentes enfoques terapéuticos según la causa de la otitis. Por ejemplo, la otitis media a menudo se trata con gotas nasales descongestionantes, a veces, incluso con antibióticos. En el caso de la otitis serosa, el otorrinolaringólogo se centra principalmente en medicamentos expectorantes en combinación con gotas nasales descongestionantes. Si la otitis serosa es de origen bacteriano, los antibióticos y los analgésicos también pueden ser apropiados. La inflamación aguda del canal auditivo se trata con la limpieza del canal realizada por un otorrinolaringólogo y con gotas antiinflamatorias para los oídos.
En muchos casos, una leve lesión timpánica se cura espontáneamente. Si la lesión es grave, se puede requerir cirugía.
En general, el oído medio está lleno de aire, pero si tiene una inflamación, el espacio se llena de mucosidad. El líquido en el oído medio puede infectarse con una bacteria, que se desplaza a la trompa de Eustaquio desde la nariz o garganta. Los glóbulos blancos que llegan para combatir la infección pueden acumularse en el oído medio en forma de pus.
A menudo el mejor tratamiento para una infección aguda de oído medio es aliviar los síntomas con analgésicos, como paracetamol (acetaminofeno) o ibuprofeno mientras desaparece la inflamación.
Si su hijo contrae varias infecciones agudas de oído medio en un período de seis meses o si un tímpano roto demora más de un mes en sanar, su médico de cabecera podría decidir remitirlo a un especialista de nariz, oído y garganta. La cirugía podría consistir en un procedimiento llamado miringotomía en la cual se realiza una pequeña incisión en el tímpano de su hijo para drenar el líquido. También podrían insertarse tubos de ventilación llamados tubos de timpanostomía o drenaje timpánico en la incisión en el oído de su hijo. Se trata de pequeños tubos de plástico que permiten la entrada y salida de aire del oído.
Clasificación de la Otitis Media según el tiempo de evolución
- Aguda: Cuando el proceso dura menos de 3 semanas.
- Subaguda: Cuando la infección perdura de 3 semanas a 3 meses.
- Crónica: Cuando la enfermedad se prolonga por más de 3 meses.
Clasificación de la Otitis Media según el tipo de afección
- Miringitis: Cuando se trata de la inflamación de la capa externa de la membrana timpánica (MT).
- Otitis media aguda supurada: Cuando es una infección aguda del oído con exudado y de corta duración.
- Otitis media secretoria: Cuando hay presencia de líquido en el oído medio, con MT íntegra y sin datos agudos evidentes.
- Otitis media crónica supurada: Ante presencia de otorrea crónica o MT perforada.
Tratamiento quirúrgico en la OMA
El tratamiento quirúrgico de la otitis media sólo está indicado para el drenaje del oído en cuadros graves con el fin de reducir la presión y la otalgia, o ante pacientes que no responden al tratamiento, se indica una timpanocentesis, que además se recomienda ante la presencia de complicaciones como parálisis facial (figura 2). Otros procedimientos quirúrgicos como la mastoidectomía simple se recomiendan ante complicaciones como mastoiditis, absceso subperióstico, entre otros.
Complicaciones esperadas ante una OMA
La mastoiditis aguda se presenta ante afectación importante de las celdillas mastoideas donde existe acumulación de secreción con aumento de la presión, necrosis de las finas trabéculas con la consiguiente coalescencia de pus y formación de abscesos. Después puede extenderse a zonas contiguas y manifestarse con otras complicaciones extra e intracraneales. A la exploración del oído identificamos edema y protrusión del pabellón auricular hacia adelante, con hiperemia en región retroauricular, abombamiento o zona de celulitis y/o absceso en mastoides1 (figuras 3a, 3b y 3c). Otras complicaciones pueden ser: parálisis facial, absceso subperióstico, las afecciones intracraneales son inusuales pero con alto potencial de morbimortalidad, entre ellas se encuentran: meningitis, absceso cerebral, epidural, trombosis del seno lateral, etc.
Prevención de la OMA
Sí, cuidando y atendiendo las infecciones de vías respiratorias superiores agudas, control de factores de riesgo, incrementando la hidratación ante infecciones, Realizar técnicas de alimentación adecuadas y llevando a cabo la vacunación.
Factores causales en la OMC
Existen diversos factores que contribuyen a la persistencia o no resolución de los procesos agudos que perpetúan la afección otológica como:
- Factores anatómicos: Malformaciones craneofaciales (p. ej., hendidura velopalatina, alteraciones mandibulares, síndrome de Down); neoplasias nasofaríngeas; traumatismos; en edad pediátrica, ante falta de desarrollo, donde el niño cursa con una trompa corta u horizontal.
- Factores infecciosos e inmunológicos: Alergias, síndrome de discinesia ciliar, fibrosis quística, infecciones de repetición, entre otras.
