Descubre Todo Sobre el IVA en Vinos y Licores en España: ¡Lo Que Nadie Te Cuenta!post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La industria de las bebidas alcohólicas en México resalta por su importancia en la generación de empleos, cadenas productivas y divisas. Se estima que la producción de bebidas alcohólicas (que incluye cerveza, vino y destilados) representa el 5% del PIB manufacturero.

Las exportaciones de bebidas representan cerca de 7,000 millones de dólares, de los cuales más de la mitad se deben a la cerveza, el principal producto agroalimentario de exportación. Sin embargo, el consumo de bebidas alcohólicas en México está asociado también a una serie de padecimientos, enfermedades y gastos en salud pública.

Los gobiernos nacionales alrededor del mundo emplean diversas estrategias para mitigar estos efectos adversos e influenciar la cantidad y calidad de los productos consumidos. Una de esas estrategias es el uso de impuestos especiales, como el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios implementado en México.

El sistema de impuestos especiales empleado en México sigue un método ad valorem, que no considera la cantidad de alcohol contenida en una bebida, sino que tasa el valor del producto final. En la nota se hace énfasis que los efectos son distintos para los productores con costos más bajos que para los productores artesanales o de bebidas tradicionales.

El esquema actual incentiva la un producción de bebidas en presentaciones grandes, mientras que un impuesto basado en el contenido alcohólico podría incrementar el precio de las bebidas con bajo contenido de alcohol y reducir el precios de los licores con mayor contenido alcohólico.

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Se destaca que los efectos de un cambio en el régimen de impuestos no pueden ser juzgados solo por sus efectos en la demanda en el corto plazo. El consumo de alcohol está ligado a algunos resultados negativos para los individuos y sus sociedades, tales como la prevalencia de enfermedades, la dependencia y el consumo adictivo y el incremento de accidentes de tráfico.

De acuerdo con el la Global Burden of Disease Collaborative Network (2018), el consumo de alcohol provocó en 2017 alrededor de 2.8 millones de muertes en todo el mundo. En el caso de México, para 2017, el alcohol causó poco más de 52 mil muertes, superando a otros factores de riesgo, como la contaminación o el uso de drogas.

Cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (2021) indican que del total de alcohol consumido en México ascendía a 5 litros per cápita al año en 2019. Las proyecciones de esta misma fuente muestran que esta cifra podía elevarse a 7.7 litros para 2021.

Comparado con los países donde más alcohol se consume - República Checa (14.3 litros al año), Letonia (13.2), Moldavia (12.9) o Alemania (12.8) -, la cantidad de alcohol consumida en México es mucho menor. Sin embargo, el consumo de alcohol en México presenta otras complicaciones.

Según datos de la Encuesta nacional de consumo de drogas, alcohol y tabaco (ENCODAT) 2016 (Instituto Nacional de Salud Pública, 2017), el consumo no es uniforme a lo largo de la semana, sino que se concentra en los días del fin de semana (aunque 2.9% de las personas de entre 12 y 65 años consume alcohol diariamente).

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De acuerdo con esta encuesta, de 2011 a 2016, la presencia de consumo excesivo de alcohol en el mes previo a la encuesta aumentó de 12.3 19.8% de la población de entre 12 y 65 años. Más aún, para la población de entre 12 y 17 años, el consumo excesivo pasó de 4.3 a 8.3% en el mismo periodo.

Además, el consumo consuetudinario (consumir cinco copas o más para el caso de los hombres o cuatro copas o más para el caso de mujeres en una sola ocasión y por lo menos una vez a la semana) pasó de 5.4 a 8.5% de 2011 a 2016.

De acuerdo con la ENCODAT 2016, la bebida con mayor preferencia en México es la cerveza (40.8% de los encuestados declararon preferirla), seguida de los destilados (tequila, whisky, ron, brandy, etc.) (19.1%), del vino (8.2%), las bebidas preparadas (7%), el pulque y otros fermentados (3.6%) y del alcohol puro y aguardientes (1.4%).

Es decir, si bien en volumen per cápita el consumo es mucho menor al de los países con mayor consumo, los hábitos de consumo de alcohol, preponderantemente entre jóvenes, tienen consecuencias de salud muy importantes.

Por el lado de la recaudación, los impuestos especiales representan una fuente de ingresos para las finanzas públicas adicionales a los impuestos a las ventas. El impuesto es relevante pues es percibido directamente por el consumidor: un impuesto más alto representa un precio de venta final mayor.

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Un factor esencial que considerar en la implementación o cambio en un impuesto es la elasticidad precio de la demanda, es decir, cómo cambia la demanda de bebidas alcohólicas cuando se incrementa el precio (posiblemente debido a la introducción o incremento de un impuesto).

Para el caso de México, el rango en que distintas estimaciones colocan a la elasticidad precio de las bebidas alcohólicas es muy amplio. Moreno-Aguilar et al. (2011) estiman una la elasticidad precio de la cerveza en México en el largo plazo fue de -1.40 y -1.31en el corto plazo.

Catalán y Moreno (2016) estiman la elasticidad precio de la cerveza en -0.25 para el corto plazo y -1.23 en el largo plazo; mientras que para el vino y los licores la estiman en -0.58 en el corto plazo y en -1.48 en el largo plazo.

La segunda motivación para el uso de impuestos especiales tiene que ver con la corrección de un problema de externalidades. Es decir, los impuestos corrigen el hecho de que los individuos no toman en cuenta los efectos negativos hacia otros individuos que surgen como consecuencia de sus acciones individuales.

El caso del consumo de alcohol es un ejemplo típico de estos efectos de externalidad. Una forma directa por la cual las decisiones de consumo de alcohol de un individuo afectan a otros es si el primero provoca un accidente que afecte la salud o incluso provoque la muerte del segundo a causa de conducir ebrio.

Otra forma de externalidad, quizás menos obvia, es el efecto sobre las finanzas públicas: el consumo de alcohol está relacionado con la prevalencia de padecimientos como enfermedades cardiacas y del hígado, problemas digestivos, diversos tipos de cáncer, así como enfermedades mentales (Centers for Desease Control and Prevention, 2021).

Finalmente, los impuestos especiales pueden corregir problemas de información. La economía del comportamiento ha revelado que los individuos frecuentemente se desvían de las predicciones clásicas del modelo racional. Por tanto, exhiben comportamientos miopes e inconsistentes en el tiempo.

La aplicación de impuestos especiales al alcohol ha mostrado ser eficaz para reducir el consumo y, por tanto, reducir enfermedades y fatalidades. Por estas razones, la OMS (2010) incluye las políticas de precios entre las acciones de la estrategia global para reducir el uso dañino de alcohol.

Por el lado de la cerveza, la producción nacional en 2019 fue de 119 millones de hectolitros, de los cuales 40 millones (33%) se exportaron. Además, se importó un millón de hectolitros (Cámara de la cerveza y la malta, 2021). La oferta de la cerveza en México está dominada por dos grandes grupos, Anheuser-Busch InBev, propietario de las marcas del Grupo Modelo con cerca de 59% del mercado, y Heineken, dueño de las marcas del Cuauhtémoc Moctezuma con 40% del mercado.

Las cervezas artesanales, por su parte, representan apenas 0.1% del mercado, y buscan una diferenciación a través de los sabores, la calidad y los métodos artesanales de producción. La industria del vino es diametralmente distinta. La oferta en el país está constituida fundamentalmente por productos importados (80%), principalmente de España, Chile y Estados Unidos.

La escala de la producción, las ventajas climáticas y las políticas industriales y de precios en los principales países productores hacen que los costos de producción del vino mexicano sean comparativamente mayores. Por tanto, los productores nacionales deben diferenciarse a través de la calidad y del complemento de experiencias ligadas al sector turístico.

Por el lado de los destilados, los principales tipos de bebidas consumidas en México son el tequila, y el whisky. La producción de tequila en 2019 fue de 350 millones de litros, de los que se exporta el 80%, principalmente a Estados Unidos.

El tequila es una bebida protegida por denominación de origen y puede producirse en el estado de Jalisco (todos los municipios), 30 municipios de Michoacán, 11 de Tamaulipas, 8 de Nayarit y 7 de Guanajuato.

Con lo que respecta al brandy, en México se consumen aproximadamente 25 millones de litros cada año y cuya oferta está dominada por los productos mexicanos de la casa Pedro Domecq y una amplia variedad de productos de importación de diversas calidades y precios.

Para simplificar el análisis sobre el tipo de impuestos que pueden aplicarse a las bebidas alcohólicas y sus posibles efectos en el consumo y la producción, consideremos que una bebida alcohólica está compuesta por alcohol, agua y un componente de calidad percibida. También en ánimos de simplificación, consideremos que el agua tiene un precio de cero, mientras que el precio del alcohol es el mismo para cualquier bebida y cualquier tipo de productor.

Por tanto, los productos difieren solo en el precio de su calidad percibida. Cuando una bebida tiene un impuesto ad valorem, el impuesto se calcula tomando como base el valor del producto, independientemente de su contenido de alcohol o su calidad percibida.

Así, supongamos que el impuesto es de 20% del valor de la bebidas. Entonces una bebida de un litro que contenga 100 mililitros de alcohol y que cueste 100 pesos deberá tener un impuesto de 20 pesos, siendo su precio final 120 pesos.

En cambio, cuando se impone un impuesto ad quantum, el impuesto se calcula como un porcentaje por unidad de volumen de alcohol. Suponiendo ahora que se tasa cada mililitro de alcohol a 20 centavos, la primera bebida del ejemplo anterior se compraría también en 120 pesos (20 pesos de impuesto). Sin embargo, la segunda tendría un costo de 140 pesos (20 pesos de impuesto).

El esquema impositivo más común en el mundo es el impuesto ad quantum, aunque no es raro la utilización de una combinación de ambos. En el caso de México, el impuesto aplicado al alcohol se denomina Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y se calcula de acuerdo con la siguiente regla, para la enajenación o importación de bebidas con contenido alcohólico y cerveza: para bebidas con hasta 14° GL de graduación alcohólica, la tasa es de 26.5% del valor de la bebida.

Si la bebida tiene más de 14 y hasta 20° GL, la tasa es de 30% del valor de la bebida. Y si la bebida tiene más de 20° GL, la tasa es de 53% del valor. Esto es, en México se emplea un esquema escalonado de impuestos ad quantum.

Las consecuencias para la salud y las finanzas públicas del consumo excesivo de alcohol requieren de una intervención más decidida del estado y una mezcla de decisiones de política que aborde el problema desde sus distintas aristas. Una propuesta actualmente discutida en México consiste en que las bebidas alcohólicas sean gravadas de acuerdo con el contenido de alcohol.

Específicamente, la propuesta actualmente en la Cámara de Diputados contempla gravar con 1.75 UMAs cada litro de alcohol. Esto tiene además la ventaja de tener en cuenta la inflación. Al considerar un cambio de régimen de impuestos es importante contemplar las distintas dimensiones que se verían afectadas. Desde el punto de vista presupuestario, el efecto del cambio dependerá de la magnitud del impuesto ad quantum introducido y de la vigilancia que se realice al respecto.

Los impactos presupuestarios caen fuera del alcance de la presente nota. Consideremos el caso de la cerveza, mercado que en años recientes se ha expandido y diversificado, no solo con la entrada de diversas marcas extranjeras, sino con el crecimiento de la aún incipiente cerveza artesanal.

Las grandes empresas tienen una estructura con costos más bajos, pues aprovechan mejor las economías de escala. Los potenciales entrantes no pueden competir vía precios, por lo que buscan ofrecer un producto con alta calidad percibida, como es el caso de la cerveza artesanal.

En el estado actual de las cosas, una cerveza de 355 mililitros con 4.5° GL cuesta aproximadamente $ 13 pesos en un supermercado. Esto implica que, descontando el IVA y el IEPS, el precio del producto sin impuestos es de $ 8.86 pesos. Esta cerveza contiene 16 mililitros de alcohol, por lo que, con la propuesta de 1.75 UMAs por litro de alcohol, esta cerveza pagaría un impuesto de $ 2.51 pesos de IEPS.

La cerveza industrial se vende en diversas presentaciones, incluyendo la popular caguama. Con el esquema actual, el IEPS que paga la caguama crece menos que proporcionalmente a la cantidad de alcohol adicional, en comparación con la botella de 355 ml. Es decir, existe un incentivo para los productores para producir una presentación más grande, que contiene una cantidad mayor de alcohol.

Por otro lado, los productores artesanales de cerveza, que representan una pequeñísima porción del mercado y que tienen unos costos de producción mayores, enfrentarían una situación diferente. Por ejemplo, una cerveza de 4.5° GL, pero con un alto contenido de calidad percibida, puede tener un precio en el mercado de $ 35.00 pesos.

Las situaciones previas implicarían una pequeña reducción de la demanda de la cerveza industrial de menor calidad percibida, pero un incremento mayor de la cerveza artesanal. Por supuesto, esto no implica que los consumidores sustituirían cerveza de baja calidad por cerveza de alta calidad de forma inmediata, pues cada una está destinada a un segmento de mercado distinto.

En conclusión, el cambio en el impuesto no solo tiene efectos en la demanda. El impuesto ad quantum también hace que las empresas se concentren en bebidas con menor contenido alcohólico, por lo que cumplen su propósito de reducir la cantidad de alcohol consumida.

Por el lado del vino, la producción de vino mexicana, que representa aproximadamente un quinto de la demanda, ha crecido de forma importante en años recientes, con producción localizada principalmente en Baja California. Otros estados productores incluyen a Coahuila, Querétaro y Aguascalientes.

De forma similar a lo que ocurre con la cerveza, existe un amplio rango de calidades incluso para productos con similares contenidos alcohólicos. Por otro lado, y a diferencia de la cerveza, el vino enfrenta un IEPS más alto (30% bajo el esquema ad valorem) pues la mayoría de los vinos tiene más 14° GL o más.

Por ejemplo, una botella de vino de 750 mililitros con 14° GL puede costar $ 275 pesos en un supermercado. Con la introducción del impuesto ad quantum, el precio de este producto se vería reducido en 16.13%. De nuevo, en el corto plazo el cambio al esquema ad quantum incrementaría la demanda de vino, pero incrementaría más que proporcionalmente la demanda de los vinos con una mayor calidad percibida.

Ejemplos de Precios de Licores

A continuación, se presenta una lista de precios de diferentes licores:

Marca Presentación Precio
Black and White 750ml $ 1 400.00
Ballantine’s 750ml $ 1 400.00
Bulleit 750ml $ 1 650.00
Clan Mac Gregor 750ml $ 1 200.00
Jameson 750ml $ 1 400.00
Passport 700ml $ 1 200.00
William Lawson’s n 750ml $ 1 200.00
J & B 750 ml $ 1 400.00
Wild Turkey 81 750ml $ 1 400.00
Johnnie Walker Red 700ml $ 1 400.00
Johnnie Walker Black 12A 750ml $ 2 600.00
Jack Daniel’s Old No. 7 700ml $ 1 500.00
Jack Daniel’s Gentleman 700ml $ 1 900.00
Bacardi Añejo 980ml $ 1 200.00
Bacardi Blanco 980ml $ 1 200.00
Bacardi Solera 750ml $ 1 200.00
Bacardi Limón 750ml $ 1 200.00
Bacardi Gran Añejo 750ml $ 1 200.00
Bacardi Oro 980ml $ 1 200.00
Bacardi 8 Años Gran Reserva 700ml $ 1 800.00
Matusalem Clasico 750ml $ 1 300.00
Matusalem Platino 750ml $ 1 300.00
Matusalem Gran Reserva 15A 750ml $ 1 700.00
Matusalem Gran reserva 18A 750ml $ 2 000.00
Havana Club 7 Años 700ml $ 1 500.00
Havana Club 3 Años 750ml $ 1 300.00
Havana Club Añejo Especial 750ml $ 1 300.00
Appleton Special 750ml $ 1 300.00
Appleton Blanco 750ml $ 1 300.00
Appleton State 750ml $ 1 400.00
Flor De Caña 4 Años Añejo Oro 750ml $ 1 300.00
Flor De Caña 4 Años Extra Dry 750ml $ 1 300.00
Courvoisier V.S.O.P. 700ml $ 2 700.00
Hennesy V.S.O.P 700ml $ 3 200.00
Remy Martin V.S.O.P. 700ml $ 2 900.00
Martell V.S.O.P. 700ml $ 2 900.00

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