Descubre Cómo los Memes Desafían la Represión en Regímenes Autoritarios y Rompen el Control de la Informaciónpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Los memes se han consolidado como una forma poderosa y viral de comunicación en la era digital. Son cápsulas humorísticas estructuradas a partir de una imagen y un texto que se difunden de forma masiva en las redes sociales. Básicamente, son mensajes que combinan fotografías con enunciados precisos, compartidos ampliamente por los usuarios de la web.

El concepto de “meme” fue introducido por el biólogo Richard Dawkins en 1976 en su libro El gen egoísta, para describir frases, conductas o melodías populares que se propagan a través de la imitación, de lo que se deriva el término “mímesis y memoria”. Sin embargo, este tipo de mensajes verbo-icónicos no son una novedad. Un antecedente histórico se encuentra en un mosaico de Pompeya, que muestra un perro amenazante con la inscripción latina Cave canem (cuidado con el perro), utilizado por el historiador del arte Ernest Gombrich como ejemplo de cómo un mensaje visual puede ser más universal que el verbal.

Una característica fundamental de las fotografías utilizadas en los memes es que se suelen tomar directamente de internet, percibiendo este espacio como un almacén de imágenes disponibles para su apropiación. Los creadores de memes intervienen, transforman y sacan de contexto estas imágenes para construir nuevos mensajes o ideas. Esto plantea preguntas importantes sobre los derechos de autor y la naturaleza pública de las imágenes en línea. Por el momento, la protección suele limitarse a subir las fotografías en baja resolución o con marcas de agua del autor o del medio al que pertenecen.

La reutilización y apropiación de imágenes no es un fenómeno exclusivo de la era digital; artistas dadaístas, surrealistas y del Pop Art ya emplearon imágenes de medios impresos para recontextualizarlas y crear nuevas obras. En el ámbito de los memes, las fotografías más adecuadas suelen ser aquellas donde los personajes son muy gestuales, con movimientos de rostro o manos que expresan diversos afectos del ánimo. El texto es crucial, ya que cierra, precisa o dirige el mensaje fotográfico para generar humor, aunque en ocasiones la imagen misma condensa el humor. Existe una web enciclopédica, knowyourmeme.org, dedicada a documentar este fenómeno de Internet.

El humor inherente a los memes es necesariamente de consumo social. Cuando se hace común, puede adquirir dimensiones significativas para una comunidad determinada. Los memes “nos dibujan y nos desdibujan como sociedad”, revelando mucho de lo que somos y sentimos. El humor nos desnuda, exponiendo nuestros pensamientos superficiales y profundos de manera consciente e inconsciente, y al compartirlos, estos pensamientos se certifican y avalan. Uno no puede reírse de algo que no comprende, desconoce o con lo que no está de acuerdo.

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Hoy, el humor colectivo está al alcance del teléfono celular. Los memes en las redes sociales permiten producir mensajes humorísticos de forma masiva y prácticamente sin restricciones. Son una nueva forma de fuga o escape social. Algunos son particularmente interesantes porque representan una crítica hacia figuras poderosas y fomentan la libertad de pensamiento. Hoy se producen y se consumen, de manera pública y directa, humor sin la mediación de instituciones culturales; se puede criticar y cuestionar a los poderes fácticos o institucionales. Sin embargo, los memes también pueden ser utilizados como elementos de bullying o burla masiva contra personas concretas.

La Persecución de Memes en Venezuela: Un Clima de Control Estricto

La opresión del régimen chavista en Venezuela no es un fenómeno reciente. Aunque los venezolanos ya están (mal) acostumbrados a esta situación, ahora toman mayores precauciones. Desde la captura del dictador Nicolás Maduro por orden de Estados Unidos, tanto las fuerzas de seguridad como “los colectivos” -la militancia chavista dispuesta a amedrentar- intensificaron la revisión de celulares. Su objetivo es buscar críticas al régimen y detener a quienes consideran opositores.

“No manden memes”, es uno de los mensajes alarmantes que los venezolanos envían a sus familiares en el exterior. Esta advertencia se ha vuelto común desde el incremento de los controles en las calles, especialmente en Caracas, y en los pasos fronterizos.

Orlando, desde Caracas, relata a Clarín que “lo de revisar los celulares existía, pero aumentó desde la campaña electoral de las presidenciales 2024, en especial cuando se robaron la elección. Desde ese momento decidí tener dos celulares, uno con el que salgo a la calle y el otro con el que me comunico con amigos y familiares en el exterior, que no me lo pueden revisar”. Los controles callejeros son ejecutados por uniformados de la Guardia Nacional Bolivariana y agentes del temido Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN).

Tras los comicios presidenciales en los que Nicolás Maduro se proclamó presidente sin presentar las actas que acreditaran el resultado, las inspecciones y los malos tratos se intensificaron. Ana, del Barrio 23 de enero en Caracas, describe que las solicitudes de revisión se hacen “de muy mala manera, es una búsqueda como de un sospechoso. Desde memes, a stickers, comentarios y links con noticias”.

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Los relatos coinciden en que esa oleada represiva que el régimen desató tras la elección presidencial, se multiplicó. Tras la incursión militar de Estados Unidos en territorio venezolano para la captura de Maduro y su esposa Cilia Flores, las fuerzas de seguridad salieron a buscar cualquier crítica al poder, ahora encabezado por Delcy Rodríguez, la nueva presidenta encargada. El argumento legal para estas acciones fue el decreto de Conmoción Exterior, firmado por Maduro antes de su detención y publicado en el Boletín Oficial ese sábado. Este decreto, en su artículo 5, establece que los órganos de policía nacionales, estaduales y municipales deben emprender de inmediato “la búsqueda y captura de toda persona involucrada en la promoción o apoyo del ataque armado de Estados Unidos” contra Venezuela, tratando a los capturados como terroristas.

Un caso viral reciente fue el video de una joven obligada a pedir disculpas a Maduro por una publicación sobre Estados Unidos. En el video, la mujer, esposada y flanqueada por soldados encapuchados, dice: “Señor presidente Nicolás Maduro, paso por aquí a dejarle este video con la intención de arrepentirme del que publiqué hace unas horas, ya que no lo hice con malas intenciones, ni estoy a favor de los gringos, ni mucho menos a favor del bombardeo”. Y añade: “Le pido que me disculpe, me arrepiento de haber hecho lo que hice. No soy terrorista, soy de acá de Venezuela, no estoy a favor de ningún gringo”.

Más allá de estos casos de alto impacto, la vida diaria está marcada por denuncias contra las fuerzas de seguridad. En algunos casos, si les encuentran algo, ya sea apenas una broma o un meme, les exigen dinero para no retenerlos. Los “colectivos” también juegan un rol clave en momentos de tensión, y sus revisiones son aún más violentas, impulsados por una mayor sed de buscar “traidores”.

Este miedo se manifiesta en los mensajes de los venezolanos a sus familias en el exterior. Una mujer desde Caracas grabó un audio para su familia en Argentina diciendo: “No me envíes nada de Maduro, de Milei, de noticias argentinas, nada de nada, por cualquier cosa en el teléfono están llevándose presa a la gente aquí”. Luego borró el mensaje. En el audio, describió sentimientos de ansiedad, miedo, estrés y angustia, aconsejando: “Sé que en cualquier momento me van a parar y revisar el teléfono, nada de memes políticos, precaución, voy a borrar este audio. Solo hablamos por teléfono desde la casa con wifi”.

El clima de estricto control no se limita a Caracas, sino que se replica en la frontera. Un cucuteño con doble nacionalidad relata que, del lado colombiano, no hay revisiones de papeles ni de celulares, pero advierte: “Créame que si no lo hace la puede pasar muy mal”. Este escenario se vive en un país bajo un “Estado de conmoción” decretado por Maduro, prorrogable por 90 días, una disposición que ya existía previamente con la revisión de teléfonos de la ciudadanía en controles de la calle.

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Memes y la Reacción del Régimen Cubano: El Caso Díaz-Canel

En Cuba, la respuesta del régimen a la crítica a través de memes también es notoria. Para que un gobernante como Miguel Díaz-Canel se atreva a trazar un gráfico en directo en televisión sobre un tema en el que no es experto, necesita del apoyo incondicional de periodistas como René Tamayo León y de medios de prensa oficiales como Juventud Rebelde. Para que un líder pueda presentar un despropósito ante un pueblo que busca explicaciones a sus males, es necesario que haya sido “educado en el desprecio paternalista hacia ese pueblo, en la impunidad diaria para soltar mentiras y lindezas”. Además, se requiere una limitación de derechos y ausencia de libertades que le permitan actuar como un gobernante legítimo, respaldado por el partido y los militares que, según el texto, “son los que de verdad cortan el bacalao” y “le han montado bien el timbiriche”.

Cuando el gobernante se convierte en objeto de chiste, los medios de prensa oficiales, como es su costumbre, “salen corriendo escandalizados a tapar el sol con un dedo”. Transforman la incompetencia en un “plano cartesiano” y al ingeniero Díaz-Canel en un “artista de la política”, un “ilustrado estadista”. En este contexto, “Atajando la libertad de expresión, Juventud Rebelde lanza a su Tamayo en una misión imposible: repeler el ataque de los memes estelares”.

El resultado es la opinión de un adulador que se esfuerza por presentar a su gobernante como el “alfa y el omega” de la dirigencia. A continuación, se presentan algunas de las “joyas del periodismo tracatán” que demuestran esta postura, con las críticas implícitas del borrador original:

  • Elogio al liderazgo: Tamayo afirma que “El programa fue una muestra del talante de estadistas y el buen decir de las dos figuras principales del ejecutivo nacional, el Presidente de la República y el Primer Ministro. Es un lujo para cualquier país tener en la dirigencia a personas así”. El borrador original ironiza: “Un lujo impuesto por la cúpula militar, que ya sabemos que entiende de lujos”.

  • Desprecio a la crítica: Respecto a las burlas por el gráfico de Díaz-Canel, el periodista declara: “Tratar de hacer chanzas sobre el plano cartesiano que trazó Díaz-Canel -que por demás le quedó tan bien como a cualquier profesor de física o matemáticas en una clase- es lo más ridículo que he visto por estos días”. El texto original señala: “Ya sabemos que el sentido del ridículo es subjetivo. Habrá quienes no hayan visto ridículo mayor que el artículo de Tamayo”.

  • Descalificación de opositores: Los críticos son tildados de “Mercenarios, asalariados”, y “todos unos fracasados”. El autor del borrador replica: “En realidad lo que en su artículo parece un fracaso es el empleo de estos adjetivos. ¿Hasta cuándo la mercenaria y asalariada prensa oficial va a dirigirse con estos términos a la sociedad civil cubana que no comulga con los dictados del poder?”

  • Interpretación sesgada del descontento: Tamayo sugiere que los memes son “Un claro reflejo de que la enjundiosa Mesa Redonda del pasado jueves les dolió hasta el tuétano. Por lo que se dijo y por quienes lo dijeron”. Se cuestiona si esto implica que los cubanos hacen memes por el dolor que les causan las decisiones de gobernantes que nunca eligieron, reconociendo que “en este punto puede que tenga razón el periodista de Juventud Rebelde”.

  • Atribución de emociones negativas a los críticos: “Los susodichos memes no pasaron de ser reflejo de la animosidad, el rencor, el resentimiento, el odio y la impotencia de quienes nos adversan”. Una nota irónica subraya que esta expresión, aunque en desuso, “reconoce adversarios, lo cual podría significar una novedad en el lenguaje de la prensa oficial”.

  • Cierre despectivo: El periodista concluye con “Y al que le duela, que haga pucheros”. El texto original refuta que “Décadas de dolor ya no provocan pucheros, provocan indignación y burla descarnada. Pucheritos solo es capaz de hacer quien llora por los viejos liderazgos con galimatías como 'una nueva e incontestable reafirmación de que la continuidad está garantizada'”.

El artículo de René Tamayo es un ejemplo de los “fárragos” de “un adulador muy competitivo en una redacción de probada coba con el régimen”. Sugerir que los problemas se resuelvan con “machetazos” es “una banalidad del machete mambí” que ya aburre. El régimen cubano, consciente del poder subversivo de los memes, “no es bobo y se las sabe todas”, por lo que ha creado el Decreto Ley 370 para controlar cualquier atisbo de disidencia, convirtiendo a los memes en un “nuevo enemigo” y un “inédito frente de batalla”. Incluso, se ironiza con la sugerencia de Tamayo a Díaz-Canel para que subaste su “obra” -generada por la publicidad gratuita de los memes- y destine las ganancias a comprar un laboratorio de PCR, con la exclamación “¡Qué lo haga, por favor! ¡Qué Díaz-Canel acepte la sugerencia de Tamayo!”.

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