Ante los bajos precios que mantienen las materias primas, el cobro de los impuestos se convirtió en una de las principales fuentes de ingresos para las finanzas de los diferentes gobiernos, por lo que es necesaria una mayor eficiencia para recolectarlos, pero también para devolverlos.
En su onceava edición del informe Paying Taxes 2017 elaborado por el Banco Mundial y la consultora PWC muestra el cambio de tendencias a nivel mundial, en donde destacan la reducción de la tasa que se cobra a nivel mundial (de 40.7 a 40.6 por ciento), las horas destinadas para la elaboración y recolección (251 horas vs 259 de 2014) y del número de pagos (de 25.8 a 25 en 2015).
En este estudio se incluye, por primera vez, el tiempo que destinan los gobiernos para la devolución de impuestos. En este renglón, solo 162 economías de las 190 tienen este beneficio.
A nivel mundial, la devolución del Impuesto al Valor Agregado (IVA) toma 21.6 semanas, en tanto que para las empresas toma 17.3 semanas.
1. Las Mejores Economías para Cobrar Impuestos
Estas economías se caracterizan por tener los mejores sistemas tributarios a nivel mundial, ya que su eficiencia se apoya en un menor número de pagos y de horas destinadas para el mismo, sino que también tienen algunas de las menores tasas impositivas a nivel mundial. En este renglón destaca Qatar que sólo requiere medio día para hacer el pago de los impuestos, superando incluso a naciones como Estados Unidos (7.3 días), Alemania (9.1 días) y Japón (7.3 días).
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2. Las que Presentan Mayores Dificultades
Estas naciones tienen como característica un sistema tributario lento, engorroso y caro, por lo que se sitúan en los últimos lugares a nivel general. Cabe mencionar que los cinco últimos lugares los ocupan dos países latinoamericanos y tres de África, que se caracterizan por colocarse en los niveles más bajos de bienestar social, esto aún cuando son poseedores de una abundante riqueza de materias primas. Chad es el país más difícil para el pago de los impuestos, ya que se requieren casi 32 días para realizar 54 pagos. En Venezuela son 33 días en 70 exposiciones al fisco.
3. ¿Cómo está México?
México se coloca a nivel mundial en la posición 114 en este índice de pago de impuestos; pero a nivel regional, se coloca en la quinta posición, superado por Costa Rica, Guatemala, Perú y Uruguay, todas economías menores a la mexicana.
Una de las limitantes para el sistema tributario mexicano es su elevada tasa impositiva (52 por ciento) y se requieren casi 12 días para preparar y pagar los impuestos.
A pesar de las infinitas bondades del sistema capitalista, su principal debilidad es la distribución del ingreso. Desde la década de 1980, período en que comenzó el movimiento neoliberal, la desigualdad de ingresos y riqueza se ha disparado en todo el mundo. Esta evolución de la desigualdad coincide con las reformas fiscales diseminadas por el mundo en las décadas de 1980-1990.
Uno de los ejes centrales de las reformas fue el retiro del Estado de la economía, lo que incluyó una importante reducción de la carga tributaria. De acuerdo con datos del Banco Mundial, la tasa impositiva total a nivel global (como porcentaje de las ganancias comerciales) pasó de 53 por ciento en 2005 a 40 por ciento en 2018. En México, por ejemplo, el impuesto sobre la renta para personas de altos ingresos cayó de 55 por ciento en 1980 a 35 por ciento en 2018.
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El objetivo de estas estrategias fiscales era eliminar el trade-off entre la tasa impositiva y el crecimiento económico. Desafortunadamente sucedió lo contrario. A pesar de la reducción del intervencionismo, la distribución del ingreso siguió formando parte de los objetivos prioritarios de los gobiernos. De acuerdo con Ampudia (2015), entre 2000 y 2015 varios países aumentaron su gasto social en más del 70 por ciento, pero aumentaron los niveles de pobreza y desigualdad.
Por este motivo, el objetivo de la investigación es evaluar la eficacia de los diferentes instrumentos de política fiscal para combatir la desigualdad en las economías del siglo 21. A través de los estimadores Pooled Mean-Group (PMG), Mean Group(MG) y Dynamic Fixed Effect DFE propuestos por Pesaran et al., (1999) y obtenidos a través de Error Correction Models (ECM) para un panel de 26 países de la OECD en el periodo 1995-2017, se confirma la hipótesis planteada.
Es importante mencionar que, de acuerdo con Ampudia (2015), existen pocos trabajos en la literatura moderna que evalúan la política de gasto versus la efectividad de la política tributaria para la desigualdad.
Desde fines de la década de 1970, pero principalmente durante la década de 1980 como parte del nuevo modelo económico, la política fiscal dio un giro radical hacia una fuerte reducción de la carga tributaria de las personas con mayores ingresos. Sin embargo, esta hipótesis es y ha sido muy difícil de probar empíricamente (Mozdzierz, 2015). Por lo tanto, dado que la creciente concentración de la riqueza y la participación en el ingreso del 1 por ciento más rico ha puesto el foco de nuevo en la desigualdad (Piketty y Saez, 2003), y aunado a la poca eficiencia del gasto público, el papel redistributivo de los impuestos ha sido discutido y considerado nuevamente en los últimos años.
A pesar de estos avances, aún no existe un consenso general sobre el alcance de la política tributaria y sus implicaciones redistributivas. Por ejemplo, en años recientes algunos países como Hungría aumentaron los impuestos al consumo como parte de una estrategia fiscal, provocando un deterioro de la desigualdad y la calidad de vida. Por el contrario, Mozdzierz (2015) encontró que desde 2004 Eslovaquia redujo los impuestos al consumo.
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Existen varios trabajos que sugieren una relación negativa entre la tasa promedio de impuesto a la renta y la desigualdad. Asimismo, Bargain et al., (2015) observan que la reducción de impuestos en Estados Unidos durante la década de 1980 provocó un aumento notable de la desigualdad, siendo el 1 por ciento más rico el sector más beneficiado. Hayes y Medina (2015) sugieren que tanto las políticas de gasto como las tributarias son efectivas para combatir la desigualdad, pero el mayor efecto se observa en los impuestos corporativos. Sáez (2017) coincide con estos autores en que las altas tasas del impuesto a las ganancias corporativas reducen la brecha de ingresos.
En resumen, estos estudios sugieren que los impuestos a la renta (principalmente a la renta corporativa) corrigen adecuadamente el problema de la desigualdad en el siglo 21. Sin embargo, los impuestos progresivos sobre la renta (tanto personales como corporativos) se han visto limitados debido a 2 razones. En primer lugar, la deficiente coordinación de la política tributaria. La escasa evidencia de la relación entre los impuestos y la distribución limita el conocimiento de las distorsiones económicas y sociales derivadas de la política tributaria. Sosnowski (2015) sugiere que un sistema tributario eficiente es aquel que se construye racionalmente, haciendo deseable el comportamiento de los agentes económicos y evitando que las distorsiones causen perturbaciones excesivas y negativas en los mercados.
Por ello, una política tributaria eficiente tiene la capacidad de reducir los fenómenos social y económicamente nocivos, como la excesiva concentración del ingreso, sin afectar negativamente el crecimiento económico. En segundo lugar, la fragilidad institucional que facilita la evasión y manipulación fiscal. Los mercados financieros cada vez más perfectos han fortalecido la relación entre el volumen de inversión y la tasa de rendimiento.
Debido a esto, Hayes y Medina (2015) sugieren que el impuesto a la renta está asociado con aumentos de la desigualdad en el largo plazo. Estas limitantes han ocasionado que a pesar de las estrategias tributarias redistributivas implementadas, como los impuestos progresivos a la renta, la desigualdad ha ido en ascenso en las últimas décadas. Los sistemas tributarios actuales no han podido influir significativamente en el rendimiento (flujo) de los activos más destacados. Sáez (2017) coincide en que la concentración de la riqueza ha evolucionado rápidamente desde 1980.
Este proceso ha sido tal que, según Hardoon (2017), desde 2015 el 1 por ciento de la población mundial tiene más riqueza que el 99 por ciento, mientras que poco más del 80 por ciento de la riqueza total se concentra en el 10 por ciento de la población. Saez (2017) ejemplifica este proceso con Estados Unidos. Entre 1980 y 2013 el aumento del ingreso nacional promedio por adulto (en términos reales) fue del 60 por ciento, del cual la mitad se distribuyó en el decil superior y la otra mitad entre los deciles 9 y 6, mientras que el ingreso en el 50 por ciento inferior se estancó. Además encuentra que el 90 por ciento ahorra cero, mientras que el 50 por ciento inferior tiene ahorros negativos.
En los últimos años ha surgido una ola de trabajos que sostienen que los impuestos a la riqueza pueden cumplir con el objetivo de combatir la desigualdad del siglo 21. Por ejemplo Ireland (2019) concluye que los impuestos progresivos al capital propuestos por Marx1 (herencias, valor de la tierra, transacciones financieras) podrían reducir la desigualdad en nuestra era. Trabajos como los de Yunker (2010), Farhi et al., (2012) y Glomm y Jung (2013) también concluyen que un impuesto al capital es la política más adecuada contra la concentración de ingresos y riqueza en el presente siglo2.
De hecho, esta idea no es del todo nueva. Tomó mucha fuerza a principios de la década de 1970 en el Reino Unido, pero no se implementó (Glennerster, 2012). En ese momento, la concentración de capital motivó esta propuesta: la relación riqueza/renta era de 3 a 1. A pesar de estos avances, todavía no hay muchos estudios al respecto, y menos que aborden empíricamente esta discusión. Por esta razón, se requiere más investigación académica para esclarecer el impacto de los impuestos al capital sobre la concentración.
De acuerdo con el Banco Mundial (2022), el coeficiente de Gini es el indicador más común para medir la desigualdad. Por otro lado, a diferencia de Gini que compara la distribución del ingreso con una distribución uniforme, top1 y top10 reflejan la concentración de los ingresos en el extremo superior, donde se acumula más del 80 por ciento de la riqueza mundial (Hardoon, 2017).
Todas las variables fueron calculadas como participación en el PIB (Producto Interno Bruto). Se construyó una base de datos de 26 países de la OECD5 para el período 1995-2017. Blackburne y Frank (2007) sugieren que estos estimadores, que se obtienen mediante Error Correction Models (ECM), son los mejores para analizar paneles heterogéneos y no estacionarios, en los que se utilizan observaciones transversales (N) y series de tiempo grandes (T). Como todos los paneles dinámicos, estos estimadores incorporan una estructura endógena al modelo al integrar los efectos pasados como variable independiente.
Se realizaron pruebas de dependencia de sección cruzada, raíz unitaria y cointegración para determinar que las variables fueran estacionarias de orden 1; es decir, que fueran I (1) y que estuvieran cointegradas. En primer lugar se examinó la dependencia de sección cruzada mediante la prueba CSD descrita en Pesaran (2015). Luego, dado que se comprobó la dependencia de sección cruzada, en las primeras diferencias se aplicó la prueba IPS descrita en Im, Pesaran y Shin (2003). Finalmente, como todas las series son estacionarias de orden 1, se realizó para todos los modelos el test de cointegración sugerido por Westerlund (2005). Los Cuadros 1, 2 y 3 confirman que las variables son estacionarias de orden 1 y que están cointegradas en los paneles en todos los modelos.
El análisis descriptivo sugiere que se incrementó la concentración de los ingresos en la parte alta, sobre todo en el 1 por ciento más rico: 18 países (70 por ciento de la muestra) muestran un aumento en la participación en el ingreso del percentil 99, destacando casos como Polonia (52 por ciento), Estados Unidos (24 por ciento) y Alemania (23 por ciento). También se observa un aumento importante en los impuestos al capital, aunque con una relevancia económica muy inferior al resto de instrumentos tributarios.
Hay 8 casos de países con sistemas de impuestos a la propiedad fuertes cuyo nivel de recaudación está por encima (o cerca) del 2 por ciento del PIB, entre los que destacan Islandia (3.09), Luxemburgo (3.04), Bélgica (2.66), España (2.30) e Italia (2.27). El resto, Reino Unido (3.73), Estados Unidos (3.06) y Suiza (2.20) no comparten el factor común. Sin embargo, a pesar de que la concentración en el Reino Unido es superior a la media muestral, su nivel se ha reducido mientras la recaudación ha aumentado. La evidencia sugiere una relación inversa entre los impuestos al capital y la concentración del ingreso en el 65 por ciento de la muestra.
A pesar de esto, un análisis entre países sugiere que no hay un consenso claro sobre este instrumento: solo 14 países de la OECD (54 por ciento de la muestra) aumentaron su recaudación en el siglo 21. Finalmente, las transferencias en especie aumentaron 12 por ciento, lideradas por el gasto en salud (22.8%, frente al 1.5 por ciento del gasto en educación); mientras que las transferencias monetarias aumentaron 6.3 por ciento.
Con respecto a la política tributaria, los resultados sugieren que los impuestos a la renta y los impuestos indirectos tuvieron un impacto leve en la concentración. Este fenómeno se debe a: 1) la incapacidad del gobierno para asignar recursos a las familias de menores ingresos, y 2) la falta de accesibilidad y pluralidad de oportunidades. También se observa que el gasto en protección social tuvo un impacto negativo y significativo sobre la concentración, tanto en el corto como en el largo plazo. Estudios futuros deberán centrarse en esta relación a través del tiempo, principalmente con espacios temporales más amplios.
De acuerdo con los resultados que se observan en el Cuadro 5, los modelos que miden la parte alta de la distribución (top1, top10 y gini) mostraron una relación en forma de U invertida entre los impuestos al capital y la concentración del ingreso. Es importante destacar que todas las variables son significativas en todos los modelos y los coeficientes son los de mayor impacto en cada uno de ellos.
El modelo sugiere una relación en forma de U invertida entre los impuestos al capital y la concentración del ingreso, con el punto de inflexión entre 2.5 y 3.5 por ciento de recaudación. Por otro lado, además de la función redistributiva, estos impuestos podrían promover el equilibrio fiscal al reducir la presión del endeudamiento contraído por muchos países para reactivar sus economías después de la crisis económica derivada del Covid-19.
México: Tasas de Impuestos Competitivas, Recaudación Rezagada
México tiene una de las tasas de impuestos sobre la renta más competitivas entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y de América Latina, sin embargo, es uno de los que menos ingresos tributarios reporta.
La tasa máxima de Impuesto sobre la Renta (ISR) en México es de 35%, frente a un promedio de los 34 países de la OCDE de 42.5 por ciento. En América Latina únicamente es superada por las de Chile (40%), Colombia (39%), Ecuador (37%) y Uruguay (36 por ciento).
Los países de la OCDE con las mayores tasas son Japón y Dinamarca, ambos con una tasa máxima de ISR de 55.90 por ciento. Mientras que la tasa más baja se cobra en Hungría y es de apenas 15 por ciento.
Víctor Gómez Ayala, jefe de analítica de datos en el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), dijo que las tasas de impuestos de México son bastante competitivas si se comparan con las del resto de los países de la OCDE.
Sin embargo, señaló que la recaudación tributaria en términos del Producto Interno Bruto (PIB) es una de las más rezagadas.
En el 2022, los ingresos tributarios en México representaron 16.9% del PIB mexicano, con lo que fue el país de los 34 de la OCDE que menos recaudó en términos relativos.
El promedio de ingresos tributarios respecto al PIB en toda la OCDE fue de 34 por ciento. El país con la tasa más alta fue Francia, con una recaudación que representó 46.1% de su PIB. En Colombia, por su parte, la recaudación respecto a su PIB fue de 19.7%; en Chile fue de 23.9%, mientras que en Estados Unidos fue de 27.7 por ciento.
“(Las razones por las que la recaudación es baja en México) es una combinación de varios factores, pero en principio, sí es relevante la evasión fiscal que hay en el país y los distintos regímenes de excepción que hay”, afirmó el especialista del Imco.
Pedro Cannabal, socio de Comercio Exterior e Impuestos de la firma de consultoría Baker Tilly, dijo que la baja recaudación en México respecto al PIB se debe a la baja eficiencia recaudatoria en los niveles municipal y estatal, con impuestos como el Predial.
“Cuando tú analizas cómo recaudan otros países, la mayoría de los impuestos que recaudan son a nivel municipal (o lo equivalente al nivel municipal). De ahí te vas al nivel estatal (o el equivalente), que en México también es muy ineficiente”, aseguró.
Dijo que sólo comparando la recaudación a nivel federal, México es uno de los países más competitivos en el mundo, pero es en los niveles locales en donde el país está rezagado.
Recaudación Baja Constante
La recaudación en términos del PIB se ha mantenido baja en los últimos años y apenas ha incrementado en lo que va del actual sexenio. En el 2018, la recaudado en impuestos era 16.1% de la economía mexicana.
De acuerdo con el SAT, durante el 2023 los ingresos tributarios crecieron 12.3% en términos reales respecto al año pasado, al totalizar 4 billones 517,730 millones de pesos. El impuesto que más recursos le da al fisco mexicano es el ISR.
Es importante aclarar que los ingresos tributarios que considera la OCDE incluyen las cuotas de seguridad social.
Impuesto al Valor Agregado (IVA) en América Latina
Entonces, ¿pagamos más o menos impuesto al valor agregado en América Latina que en el resto del mundo? Según datos de Baker & McKenzie, una firma legal que asesora a compañías globales, el promedio del IVA que se cobra a nivel mundial es de 15%.
Los ejemplos más llamativos de exenciones al pago del IVA son los del transporte público (Perú) y la venta de hidrocarburos (Venezuela), entre otros. Y los resultados están a la vista, añade: «En América Latina hay países como Argentina en los que el IVA representa un 30% del total de la recaudación fiscal.
Impuesto sobre las Ventas en EE. UU.
En EE. UU., el impuesto sobre las ventas se aplica a nivel estatal. Aunque la mayoría de los estados tienen el impuesto sobre las ventas, en algunos no lo hay. Ten presente que aquí tan solo te ofreceremos información general al respecto. El impuesto sobre las ventas es un tipo de impuesto indirecto que se aplica a las ventas de determinados bienes y servicios en EE. UU. Se denomina «impuesto indirecto» porque recae sobre la empresa, pero lo paga el cliente.
La empresa le cobra el impuesto al cliente y es responsable de remitirlo a la entidad reguladora del gobierno correspondiente antes de la fecha límite establecida.Los estados y las localidades utilizan los ingresos del impuesto sobre ventas para pagar proyectos como escuelas, carreteras e iniciativas de seguridad pública. En EE. UU. es obligatorio que las empresas con sede en otros estados cobren a sus clientes el impuesto sobre las ventas cuando superen determinados umbrales, que se conocen como «umbrales de nexo económico» y se basan en los ingresos o las transacciones, o en ambos aspectos.
Estados sin Impuesto sobre las Ventas
Aunque la mayoría de los estados tienen un impuesto sobre las ventas, estos cinco estados no:
- Alaska*
- Delaware
- Montana
- Nuevo Hampshire
- Oregón
* Aunque Alaska no tiene un impuesto sobre las ventas, el estado permite a las jurisdicciones locales exigir a las empresas de fuera con nexo económico cobrar el impuesto. Y más de 100 jurisdicciones en Alaska tienen un impuesto sobre las ventas local.
