Una mujer murió y dos más resultaron heridas de gravedad tras ser torturadas por practicar la brujería por los vecinos en la remota aldea de Kewabi, en Papúa Nueva Guinea. Las tres mujeres, de entre 30 y 40 años, fueron atadas y colocadas sobre una lámina de aluminio ardiendo en la cordillera central del país, al ser acusadas de matar a un vecino mediante brujería.
Un testigo indicó que las mujeres fueron torturadas durante un interrogatorio por el presunto asesinato y que la Policía evitó intervenir para impedir el ajusticiamiento arbitrario, según Radio New Zealand. Este tipo de actos se enmarcan en la denominada violencia relacionada a acusaciones de brujería (SARV por sus siglas en inglés), que es común en Papúa Nueva Guinea.
Contexto de la violencia y cifras alarmantes
Papúa Nueva Guinea cuenta con un territorio montañoso que dificulta la conexión entre los 7,5 millones de habitantes y donde las creencias sobre la magia negra están muy arraigadas. En los últimos seis meses se han documentado al menos 27 casos relacionados con brujería o "sanguma", según la denominación local, muchos de ellos fatales y con víctimas cada vez más jóvenes.
A pesar de que no hay datos confiables disponibles para entender con qué frecuencia ocurre, las cifras del gobierno revelan la magnitud del problema:
Estadísticas de la violencia SARV:
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- 6.000 incidentes de SARV registrados entre el año 2000 y junio de 2020.
- 156 casos documentados en el distrito capital en los últimos 42 meses.
- 19 convicciones por ofensas SARV en promedio al año entre 2010 y 2020.
- Miles de víctimas -normalmente mujeres y niñas- a las que se les acusa cada año.
Stephanie McLennan, administradora senior de iniciativas asiáticas en Human Rights Watch (HRW), afirma: "Hay muchos ataques crueles a manos de multitudes, en los que a las víctimas se les retiene en contra de su voluntad, se les tortura, se les quema con varillas de hierro, se les quita la ropa y, muchas veces, se les asesina. Es barbarismo, realmente".
Testimonios y motivaciones detrás de las acusaciones
Las acusaciones a menudo vienen después de muertes o enfermedades sin explicación. Mónica Paulus, una activista que enfrentó su propia acusación, relata su experiencia: "Cuando el padre de Mónica Paulus colapsó y falleció de un infarto al corazón, su hermano la acusó de asesinarlo usando brujería. La amenazaron con tortura y muerte". Ella cree que su hermano la acusó de brujería solamente para poder recibir la casa en herencia. Pero no todas las acusaciones tienen motivaciones financieras: muchas nacen de creencias muy arraigadas.
La crisis sanitaria global también ha empeorado la situación. Los aumentos en casos confirmados de covid-19 de los últimos dos años podrían relacionarse con los incrementos en la violencia relacionada con brujería. La reticencia a la vacunación y la negación de la covid-19 son "inmensos" en el país, queriendo decir que las muertes por covid son atribuidas a la brujería.
Raíces históricas y el "Martillo de las Brujas"
El fenómeno no es nuevo y tiene bases teóricas antiguas. El Malleus Maleficarum o "Martillo de las Brujas", escrito en el siglo XV por dos monjes inquisidores, fue el primer discurso criminológico moderno que explicaba las causas del mal y la forma de combatirlo. Este texto define la brujería como delito, justifica su existencia, explica por qué generalmente las autoras son mujeres, y establece el procedimiento para su persecución.
Respecto del por qué, el Malleus es bastante claro en apuntar que casi todas las brujas son mujeres, ya que éstas son seres moralmente inferiores. En la Europa medieval, se estima que entre 40.000 y 60.000 personas fueron ejecutadas entre finales del siglo XVI y finales del siglo XVII. En la Alemania actual, el número de ejecuciones que se estima tuvieron lugar ronda las 25.000.
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La situación actual en otros países
Las cacerías de bruja modernas no son únicas de Papúa Nueva Guinea; otros países como Arabia Saudita, Gambia y Nepal también han vivido incidentes tipo SARV. En Ghana, la caza de brujas no es fenómeno del pasado; en el país africano existen prisiones para mujeres que han sido acusadas de brujería. La mayoría de ellas han sido acusadas por sus maridos o familiares, que encuentran en la brujería la excusa perfecta para desterrarlas de sus vidas.
Mónica Paulus, quien ahora vive como refugiada, estima que ha salvado a más de 500 personas en 15 años desde que empezó a asistir a víctimas de SARV a través de su organización. "Reubicar a la gente y salvar vidas es importante, pero necesitamos conseguir justicia para las mujeres", agrega Mónica.
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