El Centro de Detención de Guantánamo, tal como oficialmente se denomina la cárcel donde permanecen “detenidos” 80 sospechosos de terrorismo, se encuentra en la base naval que Estados Unidos ocupa en la isla de Cuba desde 1903. Este recinto de 120 kilómetros cuadrados -50 de tierra firme- en plena bahía, está habitado por personal militar, algunos civiles estadounidenses y obreros filipinos y jamaicanos contratados a razón de dos dólares la hora. En total son unos 5.600 habitantes. El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba no ha afectado a la situación de Guantánamo. La primera potencia paga por ocupar la bahía un alquiler de 4.085 dólares al año que, por dignidad, el Gobierno cubano, que considera ilegal la ocupación, se niega a cobrar.
A partir de 2002, cuando después del 11-S el presidente George W. Bush inició la "guerra contra el terror", esta cárcel improvisada en una base militar en el oriente de Cuba se llenó con algunos de los hombres más buscados del mundo. En algún momento llegó a albergar más de 700 reos, pero ahora, solo queda un puñado allí. Tienen las características de las prisiones de máxima seguridad de Estados Unidos. Ahora quedan en funcionamiento los campos 5, 6 y 7.
Condiciones de Detención y Trato a los Internos
Los periodistas que visitan Guantánamo tienen prohibido sacar fotografías en las que se identifiquen personas, ya sean militares o presos. Han de estar necesariamente cortadas o desenfocadas. Tampoco deben descubrirse dispositivos de seguridad, ni siquiera las cámaras de vigilancia. Uno de los objetivos del Departamento de Defensa al organizar visitas de periodistas es demostrar que Estados Unidos está en guerra con el terrorismo pero no con el Islam.
Descripción de los Campos
- El Campo 5, construido en 2004, costó 16 millones de dólares y tiene capacidad para 100 internos. En este campo se encuentran los detenidos con peor comportamiento y los que no quieren tener relación con los demás detenidos. Viven en células individuales, sin acceso a ningún espacio común y se desplazan con grilletes, eso sí, acolchados”.
- El Campo 6, con un costo de 37 millones, tiene capacidad para 175 presos. El departamento de Defensa enseña a periodistas de todo el mundo el Campo 6, para intentar convencer a la opinión pública mundial que los presos reciben un trato “seguro, humano, legal y transparente”. Aquí los detenidos no llevan grilletes, tienen su celda individual pero comparten un espacio común en el que pueden relacionarse y un patio al aire libre donde suelen jugar al fútbol.
- Del Campo 7 no se suministra ninguna información, ni siquiera sobre su ubicación, alegando motivos de seguridad.
Atención Religiosa, Actividades y Salud
Todos los presos tienen a su disposición un ejemplar del Corán en su celda y todos los accesorios necesarios para realizar los cinco rezos diarios, que los guardias no interrumpen bajo ninguna circunstancia. Debajo del colchón, una flecha indica la dirección de la Meca. Un civil musulmán que se hace llamar Kazi, nacido en Jordania y criado en Kuwait, del que no se puede mostrar su cara, ejerce de “asesor cultural” para adiestrar a los guardianes en los preceptos del Islam. Kazi tiene interlocución directa con los presos del Campo 5 y 6, aunque algunos le rechazan.
Los presos del Campo 6 tienen acceso a una biblioteca con 35.000 libros, dvd, publicaciones y videojuegos en quince lenguas distintas. Las revistas en lengua árabe especializadas en fútbol son las más solicitadas y, por lo que se ve, las estrellas de la liga española tienen fervientes partidarios entre los presos. Los presos que lo solicitan también reciben suministro de material para actividades manuales como la pintura y la escritura.
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El médico encargado del campo explica que los detenidos reciben toda la atención médica necesaria para asegurar su salud, exactamente igual que los soldados. El equipo médico lo componen cien sanitarios, incluido el servicio de atención psiquiátrica. Pese a que se registraron suicidios antes de 2009, el capitán asegura los casos de depresión no son distintos de los que puedan registrarse entre los militares.
Los presos reciben tres comidas diarias. Los menús respetan los preceptos religiosos del Islam. Aún así, algunos presos se han declarado en huelga de hambre y han sido alimentados a la fuerza mediante sondas, tal como mostraba el médico. En la actualidad hay “menos de cinco” internos en huelga de hambre. Entre los nueve últimos presos transferidos este mes a Arabia Saudí se encontraba Tariq Ali Abdullah Ba Odah, que según su abogado pesaba 33,5 kilos en el momento del traslado. “Su vida no corría peligro”, aseguró el médico.
El Coronel David E. Heath, comandante que dirige la cárcel de Guantánamo, insiste a los periodistas que “aquí no se tortura a nadie, se cumple el Convenio de Ginebra, se respetan los derechos humanos y nuestra misión primordial es garantizar la seguridad actuando de acuerdo con los valores constitucionales de Estados Unidos”. Cuando se le pregunta por las restricciones durante la visita y por el secretismo del Campo 7 y por qué se empeña en defender algo de lo que abomina el propio presidente, responde que la existencia de la cárcel de Guantánamo es “una decisión política que corresponde al Congreso”.
El Costo Económico de Guantánamo
Mantener abierta la cárcel cuesta algo más: 485 millones de dólares al año. Esta es, según medios de Estados Unidos y organizaciones de derechos humanos, la cárcel más cara del mundo.
Evolución de los Costos Anuales
| Año | Número de Presos | Costo Anual Total | Costo Anual por Preso |
|---|---|---|---|
| 2013 | 166 | US$454 millones | US$2,7 millones |
| 2018 | ~40 | US$540 millones | US$13,5 millones |
| Actual | ~40 | US$485 millones | ~US$12,1 millones |
De acuerdo con datos del Departamento de Defensa (DoD) suministrados a la emisora NPR, Washington ha gastado más de US$6.000 millones desde la apertura de la cárcel hace 18 años, lo que implica un gasto promedio de US$380 millones por año. En comparación, una cárcel como la "supermax" en Colorado, donde se encuentran presos como "El Chapo" Guzmán, cuesta unos US$78.000 por reo al año, según estimaciones del periódico The New York Times.
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Factores que Influyen en el Alto Costo
Según Patricia Stottlemyer, abogada de Human Right First, varios factores inciden en que Guantánamo sea "la cárcel más cara" de todo el planeta. Entre ellos, señala, está su propia ubicación. "Al no estar en territorio continental de EE.UU., el gobierno tiene que desplazar por aire o barco a la mayoría de su personal y muchos de los elementos vitales para el mantenimiento de la prisión", señala. Actualmente, unos 1.800 soldados trabajan en el penal de Guantánamo, lo que equivale a 45 guardias por cada prisionero.
Además, como las audiencias preliminares para los casos se realizan allí, el gobierno también debe asumir el costo de los traslados semanales de jueces, abogados, periodistas, personal de apoyo o equipos para las vistas orales. La lejanía del continente también se está volviendo un problema humanitario. "Pasan los años y los prisioneros están envejeciendo y como la atención médica allí es tan inadecuada, a menudo, el gobierno necesita llevar por aire desde EE.UU. continental equipos médicos muy caros y especialistas, lo que lógicamente tiene un costo", comenta. Este limbo legal en el que se encuentran estos presos no les permite siquiera que sean trasladados a territorio de Estados Unidos ni siquiera en caso de una emergencia sanitaria.
La ubicación de la cárcel -cercana a una bahía y al inclemente clima tropical- ha hecho que su mantenimiento y funcionamiento también impliquen gastos adicionales. Mantener sus instalaciones se ha convertido en un "negocio redondo" para las empresas contratistas que buscan operar allí. Además de mantener la infraestructura y reacomodar los edificios, son estas compañías las que también proveen a Guantánamo del personal que asiste en el funcionamiento de la cárcel. Según los últimos datos del departamento de Defensa, unos 300 contratistas trabajan en la prisión, entre ellos, lingüistas, traductores, analistas de inteligencia, consultores o expertos en tecnologías. Se calcula que hay más de 2.100 personas trabajando para 40 reos, entre militares y empleados civiles.
Guantánamo y los Derechos Humanos: Controversias y Denuncias
La relatora especial sobre la protección de los derechos humanos en la lucha contra el terrorismo, Fionnuala Ní Aoláin, terminó este lunes una visita a la base naval de Estados Unidos en Guantánamo, donde conoció a algunos de los detenidos y pudo observar que todos viven con daños constantes como consecuencia de prácticas sistemáticas de entrega, tortura y detención arbitraria. Explicó que “para muchos [detenidos], la línea divisoria entre el pasado y el presente es sumamente delgada y las experiencias pasadas de tortura viven en el presente, sin un final evidente a la vista, en parte porque no han recibido una rehabilitación independiente, holística o adecuada”.
Hallazgos de la Relatora de la ONU
La experta dio cuenta de mejoras importantes en las condiciones de reclusión, pero expresó grandes preocupaciones por la detención continua de 30 hombres y la arbitrariedad sistemática que caracteriza su día a día, que conlleva “inseguridad, sufrimiento y ansiedad a todos, sin excepción”. Agregó que pese a la gravedad y naturaleza de los daños físicos y psicológicos actuales de muchos detenidos, la infraestructura implica una vigilancia casi constante, extracciones forzadas de celdas, uso indebido de restricciones y otros procedimientos operativos arbitrarios que no cumplen con los derechos humanos. Entre otras transgresiones de las garantías fundamentales, citó deficiencias en la atención de salud, acceso inadecuado a la familia, y detención arbitraria caracterizada por constantes violaciones a los juicios justos. “El conjunto de estas prácticas y omisiones tiene efectos acumulativos y agravantes sobre la dignidad y los derechos fundamentales de los detenidos, y equivalen a un trato cruel, inhumano y degradante continuo”, apuntó. Por lo mismo, declaró que “sigue siendo prioritario que se cierre esa instalación”.
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Situación de los Ex-Detenidos
Ní Aoláin se reunió también con detenidos repatriados y reasentados y sus familias, así como con funcionarios gubernamentales de otros países, tras lo cual señaló graves deficiencias en la provisión de los medios esenciales que los ex-detenidos necesitan para vivir una vida digna, incluida la identidad legal, la atención médica, la educación, la vivienda, la reunificación familiar y la libertad de movimiento. Afirmó que estas deficiencias contravienen las obligaciones de Estados Unidos en virtud del derecho internacional contraídas antes, durante y después de la transferencia de los detenidos, incluso en lo que respecta a la no devolución, y agregó que estas obligaciones son mayores porque el individuo ha sido torturado bajo su custodia, lo que requiere que se le garantice una rehabilitación adecuada. Una vez transferidos, los dejan a que se las arreglen solos, vulnerables a la penuria, la exclusión social, el estigma y la inferencia gubernamental. La experta destacó que el gobierno estadounidense no tiene un sistema adecuado para abordar el bienestar de los trasladados, o la falta de respeto por parte de los gobiernos a sus derechos, y añadió que la gran mayoría de los ex-detenidos siguen sufriendo violaciones continuas de sus garantías fundamentales.
La Detención de Migrantes en Guantánamo
Human Rights Watch afirmó que Estados Unidos debe detener de inmediato cualquier traslado de inmigrantes detenidos a la base naval de la bahía de Guantánamo, en Cuba, donde se enfrentan a condiciones de detención abusivas e inhumanas que podrían constituir malos tratos. Human Rights Watch entrevistó a 20 inmigrantes venezolanos trasladados allí a principios de febrero y detenidos entre 11 y 16 días, antes de ser deportados a Venezuela. Las personas entrevistadas dijeron que los funcionarios estadounidenses nunca les informaron que serían trasladados a Guantánamo, y sus familias no fueron notificadas. La mayoría de ellas afirmó que fueron recluidas en régimen de incomunicación en condiciones insalubres y que se les negó acceso a información sobre su situación legal o su posible futuro.
“Los migrantes detenidos en Guantánamo estuvieron incomunicados y sujetos a condiciones aberrantes”, afirmó Juanita Goebertus, directora para las Américas de Human Rights Watch. “Ningún inmigrante o solicitante de asilo que abandone su país en busca de protección debería ser llevado a un lugar como Guantánamo”. Algunos detenidos afirmaron haber intentado suicidarse. “Estaba tan desesperado que traté de cortarme las muñecas con los bordes de las botellas de agua de plástico, pero no eran lo suficientemente filosos”, afirmó uno de ellos. “La segunda vez intenté morderme la lengua y golpearme la cabeza contra la pared, pero no funcionó”. El gobierno no debería trasladar a ningún inmigrante de Estados Unidos a Guantánamo, señaló Human Rights Watch. A las personas detenidas allí se les debería garantizar el debido proceso en Estados Unidos y una oportunidad significativa para impugnar su expulsión.
Condiciones Inhumanas para Migrantes
La mayoría de las personas deportadas dijeron que las autoridades migratorias estadounidenses las detuvieron después de cruzar la frontera sur, y las acusaron de pertenecer al Tren de Aragua, un grupo criminal venezolano, basándose únicamente en sus tatuajes y su nacionalidad. Otros dijeron que llevaban varios meses viviendo en Estados Unidos y que fueron detenidos después de acudir a citas programadas con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Todos habían pasado días o meses en centros de detención de inmigrantes en Texas antes de ser trasladados a Guantánamo.
Un hombre de 30 años dijo que había acudido a una cita programada con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza en un centro de ICE en El Paso, Texas, el 19 de enero para solicitar asilo. Sin embargo, cuando un funcionario de inmigración vio sus tatuajes y se enteró de su nacionalidad, lo acusó de pertenecer al Tren de Aragua y lo envió a detención. El 4 de febrero lo esposaron y lo subieron a un avión con otros venezolanos. “Después de que el avión aterrizó, vi muchas cercas y alambres de púas. Uno de los oficiales de migración me dijo: ‘Bienvenido a Guantánamo’. Yo quedé en shock”.
La mayoría de las personas entrevistadas dijeron que, una vez en Guantánamo, fueron recluidas en una unidad de alta seguridad conocida como Campamento 6, donde permanecieron en régimen de aislamiento en celdas individuales de aproximadamente dos por tres metros, con paredes de concreto y acero, una sola cama de concreto y una combinación de lavabo-retrete. Dijeron que los guardias sólo les dieron una sábana y una almohada. Sólo unos pocos dijeron haber recibido un colchón; y la mayoría dijo que debieron dormir en la cama de concreto durante la mayor parte de su tiempo en detención. “Lo peor fue el encierro, [estar] aislados, sin saber qué iba a pasar con nuestras vidas”, dijo un hombre de 35 años.
Las personas entrevistadas dijeron que los guardias los mantenían aislados en sus celdas 23 horas al día y algunos días les permitían salir durante una hora o menos, a un patio de recreo cercado, donde se les advertía que no hablaran con los demás. “No nos dejaban hablar, así que por las noches gritábamos a través de las rendijas en las puertas para hacernos saber que seguíamos vivos”, dijo un deportado de 30 años. Algunos deportados dijeron que habían protestado porque las autoridades les negaban información sobre su situación legal y no les decían nada sobre lo que podría pasarles. “Un día, estaba tan desesperado que empecé a golpear la puerta y a gritar que quería hablar con mi familia”, dijo un barbero de 25 años. “Dos guardias entraron, me esposaron con las manos detrás de la espalda ... me pusieron grilletes en los pies y me ataron a una silla en otra celda, de cara a la pared, donde me dejaron durante horas”.
En el Campamento 6, así como en otro edificio donde algunas personas dijeron estar recluidas en habitaciones pequeñas, los entrevistados describieron condiciones insalubres, falta de higiene y deterioro de la infraestructura. Dijeron que no había ventanas ni luz natural, lo que les hacía perder la noción del tiempo. La mayoría de ellos afirmaron que sólo podían ducharse cada tres días, durante unos pocos minutos, y que les sacaban de sus celdas o habitaciones esposados. Un trabajador de la construcción de 38 años dijo que su celda estaba sucia y olía fuertemente a drenaje. “El agua era amarilla, partes del lavamanos estaban oxidadas y había humedad en el techo y las paredes, con insectos y telarañas por todas partes”, dijo. “Era totalmente insalubre y me enfermé por eso”.
Todos los entrevistados dijeron que, aunque recibían tres comidas al día, el alimento era insuficiente y de mala calidad. Un deportado de 33 años dijo que las comidas se pasaban a través de una pequeña ranura en la puerta y que a menudo consistían en arroz y frijoles poco cocidos o en mal estado. “Tenía hambre todo el tiempo y me dolía el estómago”, dijo. “Llegué allí pesando 78 kilos y regresé a Venezuela con 52”. Ocho personas entrevistadas dijeron que se enfermaron debido a las condiciones insalubres y que los funcionarios les negaron atención médica. Algunas dijeron que, cuando pidieron asistencia médica, los guardias sólo les ofrecieron o dieron pastillas para dormir.
El 20 de febrero, el gobierno de Trump transfirió a Honduras a 177 ciudadanos venezolanos detenidos en Guantánamo, donde fueron recibidos por un avión del gobierno venezolano y devueltos a su país de origen. Entre ellos se encontraban las personas entrevistadas por Human Rights Watch. A su llegada a Venezuela, informaron que recibieron atención médica temporal, alojamiento y comida durante tres días, mientras las autoridades realizaban verificaciones de antecedentes y emitían documentos de identificación. Posteriormente, funcionarios del gobierno los trasladaron a sus hogares, donde actualmente residen con sus familias e intentan reintegrarse en sus comunidades.
El derecho internacional de los derechos humanos prohíbe la detención arbitraria, la tortura y otros malos tratos. Ninguna de las personas entrevistadas informó haber sido agredida físicamente por el personal de seguridad de Guantánamo. Sin embargo, las condiciones inhumanas de detención, el aislamiento -en algunos casos, prolongado-, combinados con la denegación de información y la incertidumbre sobre su situación legal y su futuro, pueden constituir malos tratos prohibidos por el derecho internacional. “Todas las personas bajo detención migratoria deben ser tratadas con humanidad básica, lo que incluye el derecho a un contacto humano significativo”, señaló Goebertus.
El Laberinto Legal y Político de Guantánamo
Los ataques de septiembre de 2001 llevaron a Estados Unidos a la campaña más larga y costosa de su historia: la llamada "guerra contra el terror". Desde inicios de la década del 2000, las cabezas de supuestos miembros de Al Qaeda, el Talibán y otros grupos extremistas comenzaron a aparecer en la lista de los más buscados del mundo. En julio de 2003, ya había más de 603 detenidos. Según explica Patricia Stottlemyer, abogada de Human Right First, Washington los considera desde entonces "combatientes enemigos ilegales". "Esto implica que no son considerados prisioneros de guerra, por lo que EE.UU. entiende que no tiene que aplicarles las convenciones internacionales y, por tanto, puede retenerlos indefinidamente sin juicio y sin derecho a una representación legal", le dice a BBC Mundo.
En 2014, el Comité de Inteligencia del Senado reveló que la prisión de Guantánamo era parte de un "programa de detención secreta indefinida", en el que se hacía uso de violentos métodos de tortura. Y aunque desde 2008 el entonces presidente Barack Obama ordenó el cierre de dichos centros de detención a lo largo del mundo, la cárcel sigue abierta como el último vestigio en el continente americano de "guerra contra el terrorismo".
De acuerdo con la abogada de Human Right First, una de las razones detrás de mantener la cárcel en Guantánamo es política: cuando el gobierno de Barack Obama propuso cerrarla en 2008, el Congreso se opuso a traer a presuntos "terroristas" a territorio estadounidense. "En realidad, al mantenerlos fuera de territorio de Estados Unidos, lo que se logra es que las leyes y derechos que podrían tener en territorio continental no aplican para ellos", señala. Pero la razón detrás de esto, según los expertos consultados por BBC Mundo, no es solo poder aplicarles penas más duras o someterlos a un sistema penal más estricto.
"En realidad, estos presos en Guantánamo están bajo un sistema de justicia nuevo que no está destinado a proporcionar derechos fundamentales para los acusados, sino para ocultar el hecho de que estos acusados fueron torturados", considera Wells Dixon, abogado del Center for Constitutional Rights. "Es por eso que es funcional para el statu quo de EE.UU. mantener esa cárcel. Sirve a los intereses del gobierno y particularmente a los de la Agencia Central de Inteligencia, que es señalada por ser responsable de la tortura de estas personas", comenta el abogado. "Mientras estas personas estén detenidas en Guantánamo, la información sobre su tortura no será revelada. Ese es el principal interés del gobierno y por lo que paga para mantener la cárcel: evitar la divulgación sobre los casos de tortura, evitar que el mundo sepa exactamente qué les sucedió a estos hombres, dónde les sucedió y quién es el responsable", señala.
En octubre de 2006, el entonces presidente George W. Bush aprobó un nuevo mecanismo para juzgar a los convictos de la "guerra contra el terrorismo" a través de un sistema de tribunales militares que, según sus críticos, no respeta los derechos fundamentales de los acusados. Del total de presos que han pasado por Guantánamo, solo 8 han sido condenados (aunque tres de las condenas fueron completamente anuladas) mientras la mayoría de ellos todavía no ha llegado a juicio, incluidos los cinco presuntos "co-conspiradores" del atentado del 11 de septiembre de 2001. "Mientras, en el mismo período, los tribunales federales de EE.UU. demostraron ser mucho más efectivos para garantizar una justicia rápida para los casos de lucha contra el terrorismo. Desde el 11S, más de 650 personas han sido condenadas por delitos relacionados con el terrorismo", afirma Stottlemyer.
El presidente Donald Trump afirmó a inicios de mes que "creo que es una locura (lo que paga EE.UU. por la cárcel). Operarla cuesta una fortuna y creo que es una locura". El mandatario, que firmó en 2018 una orden para mantener la cárcel abierta de forma indefinida, rechazó el pasado viernes la idea de que su gobierno siga enviando nuevos presos al oriente de Cuba. "Estados Unidos no va a tener a miles y miles de personas varadas en la bahía de Guantánamo, cautivas en la bahía de Guantánamo durante los próximos 50 años y nosotros gastando miles y miles de millones de dólares", afirmó. Sin embargo, nada se dijo de los presos que quedan allí y los expertos creen poco probable que el centro de detención cierre en un futuro cercano. "Hay muchos elementos que nos hacen pensar que, lamentablemente, no están dadas las condiciones para que la cárcel deje de operar", le dice a BBC Mundo Wells Dixon.
